miércoles, 31 de diciembre de 2014

Análisis de Discos VII: Piano Bar


Uno de los aspectos más característicos de los discos clásicos es, sin lugar a dudas, su resistencia al paso del tiempo. En tal caso, discos hechos con el amor y el compromiso social y propio suficiente, sumado a la dosis justa de clásicos y hits correspondientes, y unas minúsculas gotas de azar, logran hacer de ellos pasiones inoxidables. Este es el caso de Piano Bar.
El tercer disco “oficial” de la carrera solista de Charly García llegó para marcar un quiebre y un cierre, para dejar en claro que si alguien tenía dudas de su independencia de Sui Generis o Serú Girán, debía despejarlas inmediatamente. Y hoy, en el año que se condecora su 30º aniversario de lanzamiento, nos sometemos al análisis en profundidad.
Un nuevo mundo se despertaba para la Argentina, para Charly, y para el Rock en general a principios de los años ’80. Que el mundo es y será turbulento lo saben todos. Ahora, saber adaptarse y estar a la altura de las circunstancias, no todo el mundo lo logra con rapidez. 1984 tal vez no terminó siendo lo que imaginó George Orwell pero muy lejos no estuvo: las principales dictaduras latinoamericanas ya se habían levantado o habían perdido suficiente legitimidad y poder antaño gozado como para sostenerse en el tiempo y buscaban una salida institucional hacia la democracia: Uruguay lo haría ese mismo año y en Paraguay se daría un hecho simbólico: Escolástico Covando, el preso político más antiguo de Latinoamérica, recuperaba su libertad. En lo que respecta a los demás, Ronald Reagan era reelecto en Estados Unidos mientras la URSS boicoteaba los Juegos Olímpicos y en Líbano comenzaban las millares de muertes, consecuencia de la hambruna.
Puertas adentro, Alfonsín descubría que con la democracia no era tan fácil comer, curar y educar. En el infierno inflacionario, los arreglos con los gremios eran complicados, no faltaría mucho para que le hagan un paro general al primer presidente electo post-dictadura; a pesar de haber sido el primero en haber dado una conferencia de prensa abierta sin restricciones, o el lanzamiento del Plan Alimentario Nacional (PAN). En paralelo, la CONADEP, con Ernesto Sábato a la cabeza, entregaba en mano a la cabeza de Estado el informe conocido como “Nunca Más”, donde registraban y confirmaban la desaparición de al menos 8960 personas por parte de la última dictadura militar. Se disolvía el Ente Cinematográfico Nacional y un tal César Milstein le daba otra vez a la Argentina un Premio Nobel, esta vez en medicina.
En definitiva, una época bisagra bastante complicada de leer y con un futuro cargado de incertidumbre. De parte del Rock, sonaban nombres bien distintos respecto a los de la última década. Prince y Bruce Sprigsteen sacarían dos álbumes legendarios: Purple Rain [Lluvia Púrpura] y Born in the USA [Nací en los Estados Unidos], respectivamente. También darían sus primeros pasos The Smiths con su disco homónimo, debut. Más hacia acá, la mezcla sería entre viejos y nuevos: Spinetta Jade y Los Abuelos de la Nada sacaban cada uno ‘Madre en Años Luz’ e ‘Himno de mi Corazón’ –y los líderes de ambas bandas ya habían sacado sus respectivos discos solistas: Luis Alberto Spinetta, Mondo di Cromo; y Miguel Abuelo, Buen día, día. Para las camadas nuevas, recién se abría el telón: Soda Stereo, La Torre, y GIT presentaban primeros discos, todos homónimos; y Fito Páez lanzaba Del ’63. Cabe aclarar que los últimos dos mencionados serían los integrantes de la banda que García usaría para tocar en su propio disco. Esto es: se rodeó de gente joven.
Y hablando de Charly, nuestro personaje en cuestión no se encontraba aquí, sino en Brasil. En compañía de su eterna Zoca, las vacaciones llegaban después de una época turbulenta: éxito y desprecio con Clics Modernos, giras eternas, juicios, consagración como ídolo de Rock/pop, acusaciones de venta a la música yankee. “Tiene que ver mucho con lo de New York; con el haber venido con 'Clics modernos' y haber sido tan rechazado. Tuve que luchar contra mentalidades muy cuadradas que decían que me había vendido a los yankis y que hacía música 'chingui-chingui'. Y de alguna manera me rompieron la paciencia. Estaba enojado: me suspendieron una gira por la mitad, por ridiculeces, los juicios, todo eso. No importa lo que hagas, si sos un poco diferente vas a molestar mucho”- se descargaba en una entrevista posterior – “En la gira presentación tuve muchos problemas porque me decían que me había vendido a los Estados Unidos porque el disco lo grabé allá. ¿Y Gardel, loco? ¿De qué me están hablando? No es cuestión de venderse, es cuestión de progresar. Acá hay gente que tiene el rollo ese de que todo lo yanqui es malo”.
Pero en el país carioca, el panorama cambió: “Estábamos en lo de los padres de Zoca en Belo Horizonte. Compraba discos en la plaza de Minas Gerais y pasaba las tardes escuchándolos en casa, que me parecía un buen ambiente, haciendo tapas de casetitos. Estaba muy copado con eso, y siempre tenía el Yamaha PS-55 a mano. Podía conectarlo con un grabador, hacer una música, cantar y tocar arriba de lo que hubiera hecho”, decía Charly. No obstante, Clics no fue la última producción Garciesca pre-Piano Bar: antes, se editó ‘Terapia Intensiva’. La misma es la banda sonora de la obra de teatro homónima de Antonio Gasalla. Una serie de instrumentales que lamentablemente pasaron sin pena ni gloria por las bateas del Rock. Para los fanáticos y coleccionistas, aun así es una pieza hermosa. Ale Sergi, de Miranda!, por ejemplo, considera que ‘Chicas muertas’ –el único track cantado- es uno de los mejores temas de los ’80.
La bomba caería mucho después. Si García quería “tomarse vacaciones” de la música, ésta no la dejó. Cuando las cosas tienen que pasar, pasan: “Mientras entretenía a los hermanos y amigos de Zoca con mis cosas, grababa y escribía canciones. Cuando tuve diez de esas, dije ‘mando’. Y volví a Buenos Aires: directamente al estudio”. Uno de los mejores discos del Rock Argentino se estaba gestando.
Hay canciones que nacieron para abrir discos, diría alguien. Tal es el caso de Demoliendo hoteles. Ese redoblante bien al palo y el bajo surfeando entre el rock y el pop ya es una marca bien García. Aquí se despliega algo interesante: además de querer captar la atención de entrada, Charly comenzará lo que la doctora en Letras Mara Favoretto definirá como “la construcción del yo-personaje”. Esto es: si bien antes García hablaba desde un “yo” más personal en épocas anteriores (Sui Generis), evaluando lo que pasaba para dentro suyo, cuando la situación se puso más jodida, evaluó desde sí mismo, en paralelo a los demás (La Máquina de Hacer Pájaros/Serú Girán); pero una vez consagrado, se da el lujo de juzgar desde arriba. Por supuesto, siempre con la pizca de humor correspondiente. Y a eso le es adicionado jugar con su imagen pública, riéndose de sí mismo, creando una parodia de aquella figura del artista que le permite codearse con cualquier escalón social a gusto. Entonces, desde esta postura, planteará una serie de letras muy interesantes.
            Para el caso de Demoliendo…, la letra –y la placa – arranca con una palabra muy precisa: “Yo”. Listo, es García, está acá. De allí en más, una historia de vida. Alguien que no nació en cuna de oro ni era nadie antes de ser. Y eso lo pone en directa consonancia con casi cualquier argentino. El hecho de que García ahí, a esa altura, no se la creyese, es francamente admirable. Porque desde esa postura más realista que nada puede seguir jugando el papel de antena captadora que siempre lo ha caracterizado. Por esa vía se desarrolla toda la letra: Yo que crecí con Videla/ Yo que nací sin poder/ Yo que luche por la libertad/ Pero nunca la pude tener”. Peleó por la libertad que se le negó. Como cualquier otro.
            Pequeñas delicias de la vida musical: gritar ‘Videla’ a apenas 2 años de finalizado el genocidio militar, cambiar dicho nombre por ‘Pinocho’ cuando lo cantaba en Chile, o tirar un ‘Perón!’ después del verso “Yo que viví entre fascistas…” –para dudas, chequear el video de la canción.
            De cualquier forma, el yo lírico marca que a pesar de haberse ido a vivir otra vida (hippie), aun se siente raro, incomprendido. Por lo tanto, lo único que le queda es “demoler hoteles” –canalizar violencia o diversión, por un lado o por otro. O sea, no es loco (o ‘anormal’) por su culpa: así lo trataron las cosas o lo forzaron las situaciones, sobre todo para aquellos que tratan de hacer las cosas bien yendo en contra de la corriente, y no los dejan. García en sí tuvo una vida como cualquier otro. El oído absoluto o el título de profesor de piano son anécdotas: también estuvo tras las rejas del secundario, se tuvo que bancar que sus compañeros abandonaran su banda y, para peor, tuvo que fumarse el servicio militar. No por nada –recuérdese – ya en 1982 se inquiría: “Yo me pregunto entonces/ Si aun estarías aquí/ Cuando yo no era nadie/ Y no tenía plata en el bolsillo” (Vos también estabas Verde, Yendo de la Cama al Living).
            Después de abandonar un tema que musicalmente roza lo punk –y de hecho termina con un derrumbe, como yéndose todo a la mierda-, García acomete con una metáfora deliciosa en Promesas sobre el Bidet. “Por favor, no hagas promesas sobre el bidet”, que lisa y llanamente significa “no prometas allí donde te lavás el orto”. Impecable. Porque además, es una frase que se puede aplicar a cualquiera, incluso al propio Charly. Tómese en cuenta que si fuera un mensaje a sí mismo, sería una forma de decir “No te traiciones”, algo en consonancia directa con la anterior canción.
            A mi juicio, hay un error en el canto de la lírica. En un momento dice: “Por favor, yo te prometo te esperaré/ si es que paro de correr” y en otro “Por favor, yo te prometo te escribiré/ si es que para de llover”. Me parece mucho más elocuente enunciar “Por favor, yo te prometo te escribiré/ si es que paro de correr” y “Por favor, yo te prometo te esperaré/ si es que para de llover”, pero teniendo en cuenta las circunstancias que rodearon la génesis de la canción (y del disco en general), no me sorprendería que se haya equivocado, y aun así lo dejara tal cual. “En determinado momento puse el aparato (Yamaha PS-55) esperando que hiciera una cosa, pero se retobó e hizo otra. Me puse a descubrir qué era lo que estaba haciendo, y ahí apareció el riff de ‘Promesas sobre el bidet[…] Después de comer, me fui a bañar, y cuando estaba en la ducha, se me ocurrió todo lo que iba a hacer con ese riff que quedó grabado. Le pedí a Zoca que me trajera lápiz y papel. A todo esto, yo estaba con la ducha al mango y lleno de champú. Ella me trajo lo que le pedí y se sentó en el bidet. Yo escribía bajo el agua y la lluvia me lo iba borrando. Así salió”, comentó García sobre otro factor que incidió en la composición del disco: el ‘azar’. Llámeselo circunstancias o como se quiera, lo cierto es que no sería la única ocasión donde la involuntad metería la pata. De cualquier forma, ilustra bastante bien el final de la poesía: todos tenemos un ‘trip’ [viaje] diferente en el bocho, que no dominamos bien, y lo jugoso aquí está en lo que se puede dar en esa contradicción, ese antagonismo, ese juego de opuestos. “Ese tema ilustra cómo fue hecho todo Piano Bar: portátil. Por ejemplo, me iba a Ouro Preto, una ciudad con cien iglesias en el medio de la montaña y me llevaba todo”, concluyó el músico, aunque dejó una frase más linda para el después: “Para hacer una buena canción hace falta una brasileña divina y un bidet”. Tenía razón.
“Tac tac… Tac! Tac tac… Tac!” suena la percusión de Raros Peinados Nuevos, como sometiéndonos a una espera. Y sale el bicolor: “Y si vas a la derecha/ Y cambiás hacia la izquierda,/ Adelante”. Asumamos una eventual postura apolítica para evitar discusiones eternas y podridas, tomándolo como potencial metáfora de cambio. Está bien, es lo que se encargará de decir toda la canción. Y para mejor, siempre apuntando a la juventud: no se habla del doctor, se habla del enfermero –o sea, aquel que al fin y al cabo suministra la medicina. Si ponemos atención, podemos ver que la premisa no es tan desacertada: si la música es una forma de mantenerse joven, Charly siempre ha estado atento a la frecuencia modulada del mundo (algo tajantemente demostrado en Clics Modernos). Ok, los dinosaurios van a desaparecer, pero eso no necesariamente significa que se aliente a la juventud. “Tenemos que apoyar lo que está saliendo, hay que ayudar a los grupos nuevos. Los pibes están tocando bien”, opinaba en 1985.
            Ahora bien, apúntese lo siguiente: si bien el contenido de las frases es contundente (“…desenchufa el cable del parlante!” “¡Apagá el televisor!”), el tono y modo con que son pronunciados, más el eco, los silencios y la solemnidad subyacente dan cuenta de una actitud de desesperante tranquilidad. Si a eso le sumamos la pistola y la “sangre” (ketchup) que se ve en el video, la entonación llega al punto de ser siniestra. No obstante, García insiste en actuar en vez de aquietarse (quién mejor que él para decirlo).
            En el medio, mete una frase genial: “El silencio tiene acción/ El más cuerdo es el más delirante”. Si se analiza en detalle, los significados apuntan para todas partes. “El silencio tiene acción”: en principio, ¿quién mejor que un músico para definir/saber  qué es el silencio? Ya el gran Jimi Hendrix decía: “La música está en el silencio”. Aun así, es curioso ver que, por ejemplo, sería una buena metáfora de lo que es estar en el ojo del huracán: parece que no pero, en realidad, todo se mueve –igual que la escena mundial en el cenit de los ’80. Al mismo tiempo, “el más cuerdo es el más delirante”. O sea, aquel que más trata de mantenerse en la línea estándar es quien más “loco” está, ya que el modo de vivir que “vale la pena” se opone totalmente a esa alienación. O al contrario, aquel supuesto “delirante” tal vez entienda tan bien las cosas que termine siendo el más ‘cuerdo’ cuando ve qué hay que hacer para escapar –y por eso lo llamen ‘loco’. Como se ve, es manifiesta la polivalencia de sentidos en la frase –frase que empalma directamente con la legendaria “La mediocridad para algunos es normal/ la locura es poder ver más allá”, de ‘El Tuerto y los Ciegos’ (Pequeñas Anécdotas sobre las Instituciones, 1974), donde se formó la primogénita ambigüedad que hoy dispara para los cuatro puntos cardinales la pluma de García, maravillosamente dominada. Para colmo, se dio el lujo de declarar en un reportaje posterior que estaba “más cuerdo que nunca”: “
Yo sé que con todas las noticias que di este año -creo que salí más veces en policiales que en la Pelo- mucha gente debe pensar que estoy loco. Yo quiero decirle a la gente que lo que hago no lo hago de loco sino de cuerdo. No me banco un montón de cosas y estoy peleando por mis derechos”. En síntesis, García no es ningún idiota.
He aquí el tema clave. La canción que, a mi juicio, funcionará como corazón del disco –aquella que le da nombre: Piano Bar. Porque además de lo simbólico de replicar el nombre de la placa, encierra verdaderamente todo aquello que pretende transmitir el disco: “La idea salió imaginándome ‘Grandes Valores del Tango’, pero en el futuro: con todos nosotros ahí. Todo el ambiente, con pelucas, tomando tragos exóticos de colores verdes y rojos. Eso sería en la Confitería Ideal: tendría que ser ahí. Todo lleno de mármol. Y cada vez que se muere uno, poner un busto. Por ejemplo, hacer transfusiones de sangre para los que están muy reventados, mano clínica, y poner un pasillo largo que dé a un jardín. Entonces cuando uno ya no tiene ganas de vivir, va por ese camino y del otro lado hay una máquina que te aplasta.
            Claro que me veo ahí. Creo que si no te ves ahí, es como que no te ves mucho. Tenés que verte ahí porque es algo real: están ahí porque rememoran una época, y por ahí algo queda.
[…] Un paraíso artificial, de neón, bien moderno”, clarificaba Charly.
Amén de que Renata Schussheim y Jean Francois Casanovas abrieran realmente un lugar del estilo el año anterior –y de hecho, este iba a ser el original título ‘Clics…’-la relación de Charly con el tango en sí viene de larga data. De chico, la madre de García, Carmen Moreno, laburaba en la radio y traía diariamente LPs tanto de folklore como de tango a su casa, cuyo hijo futuro músico se encargaba de escuchar y registrar. Le Pera, Falú, Mercedes Sosa y el Zorzal pasaron por su reproductor. “Me gusta el tango. Gardel me parece un marciano”, le dijo en enero de 2012 a Felipe Pigna.
El tiempo y los gustos fueron ubicando al pianista en una vereda musical diferente, pero no por eso le hizo asco al género –no olvidemos aquel famoso tema que salió en reemplazo de Botal Locas en “Instituciones”: Tango en Segunda. Sacando la obviedad del título, la canción así fue pensada. No obstante lo cual, encontronazos con los principales exponentes, hubo. Después de haberles dedicado el nostálgico A los jóvenes de ayer a aquellos que bastardeaban el Rock, Charly se encontró con Ástor Piazzola –uno de los primeros críticos- en un banco de Nueva York y se produjo el siguiente diálogo:
-        ¿Vos sos Piazzola?
-       
-        Agarrame las bolas
Palo aparte para el creador de Libertango (disco que cumplía 10 años en el ‘84), García reivindicaría posturas en Yo no quiero Volverme tan Loco: “Escucho un tango/ y un rock/ y presiento que soy yo/ y quisiera ver al mundo de fiesta” (Yendo de la Cama al Living, 1982). No se olvide que la banda sonora del film Pubis Angelical, publicada el mismo año como disco anexo a Yendo… había sido definida por él mismo como “tango hecho por Pink Floyd”. Más tarde, incluso, llamaría Tango a la producción conjunta con Pedro Aznar; y en 2003 grabaría una versión de V.S.D. [Vos sos Dios] solo al piano titulada precisamente… Tango (Rock and Roll Yo, 2003). “Lo único que no me gusta [del tango] es quizás el sonido. O sea, me gusta la idea. Cuando yo recuerdo una canción de tango en mi mente, suena mejor que en el disco. Pero me sé un montón de tangos y algún día voy a hacer un ‘tango-tango’”, le aclaraba otra vez a Pigna en el programa ‘Qué fue de tu vida’.
Volviendo al punto, además de la resignificancia de un lugar, allí realmente entran todos: chicos y chicas, para vivir sus vidas, desde los caretas (“escoge tu disfraz”) hasta lo popularmente asignado a las clases bajas (el cabaret, el tango/bandoneón, las prostitutas – “Rubias de New York”). Y todo, en la última palabra: la ciudad. Ese es el verdadero “piano-bar”, allí donde estamos todos. Todos los que nacieron ahí, de una u otra forma también mueren allí.

Por último, y para cerrar la cara A del LP, ¿No te animás a despegar?, un tema compuesto para su amiga Fabi Cantilo, que en ese momento se estaba atravesando un duro momento en su lucha por la desintoxicación de drogas. Por eso García, además, le pregunta: “¿Por qué/ te quedás en vía muerta?/¿Por qué/ te quedás en la puerta?”. Más allá de la obvia y repetida metáfora de ‘tener que saltar’ o ‘pegar el salto’, el tema es que Charly le señala (y nos señala a todos) por qué nos quedamos en ese lugar del mundo cuando sabemos que es campo muerto, que es estéril. Cuando se sabe que ahí no pasa nada y nada va a pasar, ni a mejorar. Y así como la canción arrancó con clima suspicaz, escondido casi, lo mismo nos va a dejar el cantor con esa duda cuando entone: “Por qué…/ no te animás a despegar/ Yo te digo por qué…/ ¿Porqué?”. Parece que va a dar una respuesta (que para todo siempre tiene) y finalmente no. Tal vez porque no la tenga realmente, tal vez porque ya la dijo, tal vez porque la respuesta está en nosotros mismos, en nuestro interior.
Y así se nos va esta primera cara del LP, con suspenso, al contrario que la mayoría de los temas anteriores, que habían sido austeros, pero contundentes y conclusivos. Austero como las versiones de ambas tapas que tuvo esta placa. La primera mostraba una foto extraída de las sesiones de grabación (luego editadas en DVD) de nuestro músico, de frente, cantando. Una vez más: es Charly. La reedición en compacto sacó una versión un poco más divertida y original, donde se observaban las letras de las 6 primeras canciones escritas con puño y letra, en diferentes colores, por García. Una vez más, el Piano-Bar no deja de ser un lugar de referencia, de pertenencia, de auto-exilio, inclusive para el propio disco. Que por cierto, dará lugar, en la otra cara, a una particular historia de amor.

Siguiendo la misma lógica de la cara anterior, abre con un hit: No se va a llamar mi Amor. Dos minutos y monedas para una canción que simplemente hablaba de la estupidez de no poder titular una canción “Mi Amor” (cortesía de S.A.D.A.I.C.) al ya estar registrado. Abundan casos del estilo en el rock local: desde ¿Qué hago en Manila?, de Virus hasta todos los títulos del primer disco solista de David Lebón (cortesía de Pappo). No obstante, es interesante abstraer la letra de la burocrática circunstancia y notar cómo García se referirá a un “la” a lo largo de casi todas las demás canciones. “Estás prohibida,/ estás prohibida, ya/ […] pásenlo en la radio,/ ¡por mi amor!”: aquí al frase es abiertamente polisémica. Bien la “prohibida” podría ser la mujer, la música, la democracia, la denuncia…, todo englobado bajo el concepto de “mi amor”, que al mismo tiempo busca salir en libertad justificándose en sí misma. Que la pasen porque la tienen que pasar. Es el principio, el fin, y el camino.
Para cerrar esta locura, la grabación de una tarde cualquiera en Buenos Aires (tal vez, la implicada en el fondo): “Era la bendita época en ue había discos; yo no tenía el primer tema del lado dos, y grabábamos esa tarde. Me levanté a las diez de la mañana y me puse a grabar los ruidos de la calle. Justo pasó un colectivo, el 92, creo, y quedó. En Nueva York me preguntaban cómo era Buenos Aires, les ponía ese casete, y les decía ‘es esto”. No por nada esta canción cerró el Concierto Subacuático.
Ya que “no se iba a llamar” su amor, consecuentemente cayó Tuve tu Amor. Aquí, anticipando lo que vendrá, se menciona por primera vez el exilio. Charly jamás tuvo que exiliarse por cuestiones netamente políticas –tal vez sí musicales – pero el exilio pudo haberle pasado a cualquiera en cualquier momento. En la confusión hay idos, venidos, muertos, desaparecidos. Bien incluso la lírica podría travestir exilios internos, evadiendo realidades, a través de la cocaína, droga muy de moda en ese momento: “Los sitios girarán por siempre,/ sitios para transgredir…/ Hay algo en tu nariz/ que escondes muy bien,/ te encuentro feliz: triste”. Como buena letra de tango –otra vez – el yo se despide de su amor, prometiendo volver a tenerla consigo, “no importa dónde esté”.
Una vez que se alejó del objeto amoroso, a Garcia no le quedó otra que componer Rap del Exilio, una suerte de sacarina para la triste despedida que él y muchos más deben afrontar. Porque es ponerse en boca de todos decir “Tenía un sólido futuro artístico/ y me comí el bajón” –a punto tal que ahora tiene “mil años, y muy poco que hacer” al respecto. Aun así, empuja al “¡Vamo’ a bailar!”, con onda. Esto seguirá la línea de “bailar sobre los escombros” que más tarde catapultarían Sumo, Los Twist, Los Pericos, y Los Fabulosos Cadillacs, entre otros: bailar a pesar de todo, seguir, buscar diversión después del terror.
Y como epílogo de esta extraña historia de amor, el emblemático tema del disco: Cerca de la Revolución. Alguna vez electa mejor canción del Rock Argentino, este noveno track, grabado en vivo en el estudio, marca el grito definitivo de Charly: ante la falta de Amor, hacer una Revolución. No necesariamente una Revolución con armas, tal vez una Revolución de Amor en sí. El pueblo pide sangre, pero no más sangre, sino aquella de los desaparecidos, que urge (de)volver.  En este enigmático cierre, el bicolor vuelve a cantar a aquel objeto amoroso que tanto desea, siempre abierto a libre interpretación: la mujer, la música, la democracia… Y un estribillo eterno para dejar a todos con ganas de más: “Pero si insisto/ –yo sé muy bien –/ ¡te conseguiré –seguiré!”. A qué punto llegará el deseo del compositor que en un momento exclama: “Si estas palabras te pudieran dar fe,/ si esta armonía te ayudara a creer,/ yo sería tan feliz, tan feliz en el mundo,/ que moriría arrodillado a tus pies”, parafraseando al Che Guevara, recientemente mencionado. Para colgar esta canción en un cuadrito, el solo de Guyot puede pasar de simple, pero encaja perfecto con la obra. Colapso con el estribillo final pero dejándonos en ese exquisito precipicio que ya había abierto con la palabra “cerca”. Ni próxima, ni pasada: cerca. O sea, puede ocurrir en cualquier momento. Ojalá ocurra en cualquier momento.
La edición original del LP coronaba con Total Interferencia, al primer composición García/Spinetta de la historia. Brota aquí una de las mejores características del Rock: con sumas tan simples se pueden hallar resultados extraordinarios. En este caso, el Flaco fue a visitar a Charly a una quinta que había alquilado, y este le propuso hacer un tema. Así fue que mientras el maestro de piano y solfeo básico (que en este tema da fucking cátedra) generaba desde las teclas, el otro músico generaba desde la cabeza e iba sugiriendo estructuras y partes. Así salió este maravilloso opus que habla de la vida día a día y deja una frase certera que brilla de actualidad: “Violamos todo lo que amamos para vivir”.
Fito Páez estaba en la consola al momento de grabar esta pieza, que de hecho, no iba a entrar. “Era la primera vez que un tema de Charly y Luis iba a tener registro. Charly no lo quiso poner y yo le insistí para que lo pusiera. […] Yo estaba del otro lado de la consola con [Jorge] Da Silva [N.R: técnico de los estudios ION] y tuvimos una larga charla de 20 minutos, él en el micrófono, en donde decidió que iba a hacer el tema, que lo iba a cantar, y que lo iba a meter en el disco. Después de todo es muy sugerente: un tema de Charly y Luis que se llame ‘Total Interferencia’ parece como si fuera una suerte de emblema argentino. […] Yo percibí que el asunto tenía una gravedad histórica”, comentó el rosarino.
La salida en CD se encontró con una “extraña” versión de Canción para mi Muerte, de Sui Generis (Vida, 1972) incluida como bonus track con Daniel Melingo al saxo. Si volvemos al concepto principal de Piano Bar, encaja bien –sobre todo ubicándose al final, al contrario de su álbum de aparición. Pero si algún ingrediente faltaba en esta ensalada, fue el proceso de locura que sobrevino a la mezcla. García tenía originalmente que ir a Nueva York a mostrarle el material a Joe Blaney, quien ya había mezclado Clics…, pero en el medio, Amílcar Gilavert le propuso al bicolor hacer el primer disco digital de la Argentina. Todo marchaba bien, con pistas mezcladas en una semana; ahora sólo había que conseguir un sistema Pal-N en Nueva York para dárselo a Ted Jensen, uno de los mejores “cortadores” de discos a nivel mundial, para que terminara de cocinar el trabajo.
Pero el sistema fue imposible de operar debido a un decodificador muy complicado de conseguir. Charly volvió a los brazos de papá Blaney, a este no le gustaba el sonido, y de a poco se iba abriendo una grieta de duda más grande respecto a la “obra maestra” del argentino (¡si hasta la esposa de Blaney se percató de los errores!). Resultado: volver a mezclar todas las pistas de vuelta. Tanto jolgorio y quilombo en algún momento tenían que tirar alguna pálida. Esa fue la ocasión donde Joe tiró su famosa frase: “los casetes son para las putas, los compacts para los yuppies, y un disco es un disco”. Nada tan a la altura de esta aventura.
Piano Bar fue un disco incomprendido en su momento. Con el fantasma de ‘Clics’ todavía detrás, sumado a la edición cercana a fin de año (septiembre), la placa recién comenzó a tomar relevancia al año siguiente. Sin embargo, esto no opacó que García coronara una trilogía legendaria: ‘Yendo de la Cama al Living’ – ‘Clics Modernos’ - Piano Bar’. Como esos discos simbólicos destacados al principio, P.B. es uno de aquellos que sigue tirando la posta, aun muchos años después: “Afuera se cae el mundo y el Piano Bar sigue inamovible, batiendo lo que pasa afuera”, le dijo el músico más tarde a la revista Humor Registrado. No en vano fue el disco con más “seleccionados” para El Concierto Subacuático. La demostración final sencillamente es su vigencia, perseverancia, y honestidad tanto lírica como musical –enjuto proyecto para un artista que estaba en la cima (y la volvería a conquistar) pero que no arrugó cuando dijo lo que había que decir y que, finalmente, se animó a despegar.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Good Times Bad Times II

A fines del año pasado, abduje la teoría de que, en consonancia con la ley del péndulo, que va y viene, compensando unos y otros costados de la vida, el 2014 iba a ser lo suficientemente malo como para "compensar" todo lo bueno que había sido el 2013. 
Bueno, no fue tan así. 2014 fue un año intenso -y por alguna razón, a todos mis cercanos parece haberles ido exactamente igual. En realidad, viéndolo en una perspectiva mediana, las cosas no son tan blanco y negro. No necesariamente una cosa se compensará exactamente con otra en cuestión de años, minutos o días. Cada pedazo de cada experiencia va completando un rompecabezas muy loco. Pero lo que sí va dando cuenta es que no hay una división del tiempo tal que tal año será así y tal año será asá. Las cosas sencillamente van tomando forma. Con lo que, afortunadamente, las divisiones occidentales del tiempo, sometidas a juicio explícito del reloj, van perdiendo cada vez más valor. Por lo que todo se va configurando en un único y metamórfico trance de crecimiento. Ya no se trata de esperar a que termine un año, hacer un balance y ver cómo seguir el año que viene. Ya es sencillamente andar. Ir, caminar, tropezarse, levantarse, volver a caminar. Incluso los 'stops' son parte del camino.
La gran lección de 2014 fue que si uno quiere conseguir algo, debe romperse sistemáticamente el orto para ello. Forzar las circunstancias. No darle más opción a la vida que darle a cada uno lo que quiere. No hacer que exista otra opción que no sea aquella que se quiere. Obviamente, sin lastimar a nadie. Pero "demostrar" que uno merece lo que quiere. Y el único momento donde realmente se merece aquello que se quiere es cuando se lo obtiene -por supuesto, sin trampas ni boicoteos en contra. Ya suficiente hay con las circunstancias del día para encima sumar pálidas ajenas. 
Pero es parte del camino a seguir. Momentos buenos, momentos malos...hacer balances es casi inútil. La vida sigue. Y lo que uno le aporte o no, eso es lo que valdrá la pena.

sábado, 29 de noviembre de 2014

"Don't carry the world upon your shoulders..."

"El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo"
Roberto Arlt

La vigorosidad y la voluntad de vivir funden un pequeño milagro durante la adolescencia. Definen exactamente qué es lo que quiere uno y con cuánto anhelo lo desea. Ya Montaigne señalaba que a los 20 años cada individuo ha anunciado lo que de él puede esperarse. Está buenísimo, es fantástico.
Lo que sí, una vez más hay que tener cuidado con los extremos. Porque una cosa es querer vivir, y otra muy distinta es querer llevarse todo por delante -para que la vida termine llevándose por delante a uno. Digo por el valeroso espíritu de querer hacer muchas cosas a la vez, de forma perfecta, y que a la larga se transforme en una carga, en algo complicado de llevar. 
También hablo de y desde una cierta "responsabilidad" adolescente. Si nunca quisiste cambiar el mundo es porque nunca fuiste joven -no importa la edad que tengas. Entonces, en ese caso, las cargas propias, auto-impuestas, están buenas en el sentido en el que te van a llevar por un camino lleno de aprendizajes, amistades, gente y hechos grossos. Pero no quita que, a la larga, eso puede generar un peso extra. Y ¿por qué?
Primeramente porque, si está bien entendido, y con una responsabilidad demasiado seriamente tomada, va a generar ansiedad. Y va a hacerlo porque, principalmente, las cosas al ser trabajadas, no dan resultado de modo inmediato. Trabajando, no esperes resultados inmediatos. Si querés resultados inmediatos, vendé el orto. Si no querés vender el orto, laburá. Va a ser más difícil, más costoso, más arduo... pero va a salir mucho mejor, y no vas a tener encima la sensación de que hicieron lo que quisieron con vos. Eso sin contar la cantidad de personas, experiencias, enseñanzas imprevistas a lo largo de la ruta. Es una sensación que el mundo se cansa de denostar y de tirar para atrás, pero es lo que vale la pena. 
Y he aquí una línea muy fina y delicada en tanto impulso y arrastre, porque aquello por lo que uno lucha, empujado de forma incorrecta, puede terminar siendo dañino, provocando más dolor que verdadero placer -y todo por una puesta de óptica errónea. Si uno suma el cúmulo de actividades en el que está inmerso, y en todo pretende dar el 100 por 100, es probable que no llegue a todo, ni en todo le vaya bien. No está "mal" pretenderlo, y que luego pase (de hecho). Es lógico -y es humano. Pero a partir de allí, puede evanecer la frustración (palabra horrible, pero adecuada para el barroco adolecer) que sí envenena en lo hondo, y eso no es nada bonito. Sobretodo porque uno piensa que podría dar todo y más al momento de hacerlo; que esa es la única razón por la que las cosas no salen.
No es así. Aunque parezca que no, cuesta decirlo. Es como reconocer una derrota y una victoria simultáneas. Y no es por poner una excusa. Sucede porque uno no puede cargar con la vida de todos todo el tiempo. El alma, el cuerpo, el espíritu, el cerebro, necesitan un descanso, un recreo. Einstein salía a bicicletear antes de ponerse a trabajar, Mozart salía a pasear antes de sentarse a componer (y cito esos dos casos no por equiparar, sino para dar ejemplos paradigmáticos). Es preciso darles a nuestros instrumentos un respiro, algo con lo que dispersarse, de lo contrario se agotan muy rápido y no terminan sirviendo para nada -tal como queremos. Si pasa que no llegamos a todo todo el tiempo constantemente, será que el pobre bocho pide inconscientemente un lugar a donde escaparse. Y no es nuestra culpa, es así como hemos sido criados; y es así como ha sido criada la humanidad en general. Podríamos amargarnos al respecto (creo que tenemos derecho a hacerlo) o podríamos empezar a cambiarlo.
Aquí una diatriba muy interesante es el hecho de la diversión. Porque, al fin y al cabo, de qué nos sirve aventurarnos en todas estas circunstancias si no nos podemos divertir. Seguramente escucharíamos a más de un adulto decirnos que lo importante es divertirnos, que no hay que tomarse la vida tan en serio, que hay que reírse más. Sí, lo más probable es que deba ser así -y creo que en el fondo todos lo sabemos-, el problema es ver la risa por encima del problema, algo para lo que tampoco nos entrenan. Cierto es que la juventud no puede ser un camino de rosas nomás, pero si no nos ayudan a disfrutar del error, poco podemos hacer al respecto. 
En fin, si bien este proceso es bueno para conocer el límite de cada uno; una vez descubierto, no volverse a acercar. Porque, si no le podemos asignar a cada cosa el tiempo que cada una requiere, el disfrute y la alegría se van por el caño. Y el paso del tiempo, existente o no, pero inexorable al fin, puede terminar siendo la piedra más pesada de llevar. No creo que nadie quiera cargar de por vida con eso nunca más.

domingo, 26 de octubre de 2014

Silencio

"La música está en el silencio"
Jimi Hendrix

Lo siguiente a reflexionar ocurrió así: salí de un recital de El Limacoco en Niceto B donde todo había sonado muy bien, con la única excepción de que salí aturdido. Insisto, todo bien con el sonido pero luego no me podía dormir porque escuchaba mis oídos zumbar. Ahí dije: "Basta".
Para los que somos adictos musicales y no podemos pasar un minuto sin tener música de fondo, buscamos de cualquier forma que algo suene y nos cree el clima o escenario ideal para lo que estamos haciendo. Sucede que, como todo extremo, llega un punto en el que comienza a ser perjudicial, Muchas veces escuché que oír música a un volumen arrollador puede dejar sordo a la larga; pero no sé si no le presté atención por miedo a que fuera verdad o porque me comía la vorágine de las canciones. Lo cierto es que, de ocurrir, sería el peor de los castigos para quienes hacemos de la música nuestra religión, pero en el Rock está difícil no ser así. Cuanto más bajo pedís escuchás, más viejo estás -dicen.
En este caso, el miedo  cundió efecto y elegí pasar a un proceso nuevo donde pudiera re-significar el silencio. Sacarme los auriculares cuando voy por la calle, dejar de tener siempre un telón musical. Pasar a escuchar otras cosas y darle el aire necesario al oído para que vea otras cosas.
El silencio, aquella materia que muchas veces ignoramos o miramos en menos porque creemos que no aporta nada. Llamamos 'silencio incómodo' a ese momento donde nadie dice nada, o no sabe qué decir y tiene miedo que el otro se sienta mal, o piense mal de uno. Por eso se lo evita.
El silencio, como cualquier otro elemento, complementa nuestras vidas, le da otro color. Hablando de colores, se me ocurre analogar el silencio como el color negro, ya que uno es la "ausencia" (nunca total) de sonidos; y el otro, la ausencia de luz. Tiene sentido: el "color" negro sólo se ve interrumpido por la presencia de la luz luego transformada a colores, no al revés. Con el silencio pasa lo mismo. 
Pero creo que es necesario para nuestro bien y nuestra vida. El silencio llena, está, nos acompaña nos guste o no. Es nuestra hoja en blanco para hacer sonar lo que querramos. Empezar a valorarlo como tal y dejarse llevar un poco por ese río sordo, dándose la posibilidad uno de poder encontrarse con uno mismo. 
De la experiencia -que duró una semana- rescaté cosas muy buenas. Una tarde donde me tocó almorzar sin compañía, estaba nublado y se prestaba el clima ideal para poner un disco de fondo (Texas Flood, para ser más preciso), decidí no hacerlo. No me fue mal: descansé, pensé, reflexioné, y no por eso me sentí solo -a pesar de nunca estarlo en total. También pasé a escuchar mejor, pudiendo focalizar el oído en aquello a lo que le quiero prestar atención. Transité por un "silencio incómodo" que no fue tal, sino que decidí atravesarlo con el merecido espacio y respeto que le debía y no la pasé mal. Por eso, creo que su debería tratar de buscar una alianza con aquello que nos rodea en la vida -evitando malditos estímulos externos- para poder entenderlo un poco mejor. El plan aquí no es sufrir, al contrario. A través de nuevos modos, puede que nos interpele una sabiduría con más profundidad.

sábado, 13 de septiembre de 2014

La Memoria

Una de las teorías (así, al aire) que tengo sobre por qué al mundo le va mal habla de que la humanidad no conoce certeramente su origen, sus inicios. De suceder, probablemente se aclararían cuestiones relacionadas con Dios y esas cosas -aunque no faltaría el idiota que desestimaría estas deducciones y lo volvería a inventar, etcétera.
Otra de dichas teorías habla de que las personas no hacemos un buen ejercicio de memoria. En Argentina sólo se habla firme y profundamente de memoria cada 24 de Marzo, después nunca más. Pero la memoria a la cual me refiero tiene que ver con uno mismo. 
Científicamente hablando, la memoria -perdón la redundancia- no se define como la capacidad de recordad sino como la capacidad de no olvidar, que no es lo mismo. Esto quiere decir que, entre menos "capacidad" para olvidar tengamos, más "memoria" tendremos. El poder de filtro que tiene la mente nos permite dejar en el recuerdo o no (¿a voluntad?) aquellas cosas que nos han afectado para bien y para mal a lo largo de nuestra existencia -¿se imaginan acordarse la vida entera?- , y a partir de allí juzgar, analizar y obrar en consecuencia, según las enseñanzas. 
Ahora bien, el ejercicio de memoria no es tan sencillo. Hace poco, me he dado cuenta que el considerar todos estos eventos y actuar después no es fácil. Por alguna razón que desconozco -asumo será la vorágine de los días, que no nos deja pensar con paciencia- esas sensaciones que antes me obligaban a reaccionar, lentamente van desapareciendo.
Como todo adolescente, quise hacer la Revolución. Hoy también quiero, pero desde otro punto de vista. Ya el cerebro que dicta el accionar meditado y político le va ganando progresivamente a la pasión del corazón, que iba con todo con un poco más de fuerza que de argumentos. Sucede que también, aquello que antes irritaba y obligaba a reaccionar, hoy lo veo con más entereza y comprensión porque entendí que la Revolución no se hace sacando una bandera a la calle. Más silencio no implica menos militancia. 
Pero tampoco implica que nos vayamos a olvidar de esos motivos. Y en eso consiste el trabajo de memoria que pido y el pueblo no hace. Ahora que tengo algunos ingresos independientes, es notable ver cómo ya proyecté qué discos/libros/películas me quiero comprar. No sé si en otro momento pensar así me hubiera causado pánico, pero tampoco sé qué pensaría de otra forma. 
Y esa cierta independencia, lamentablemente o no empuja a olvidar necesidades que se tenían sencillamente porque ya no se las tiene al ocupar otro escalafón de la escalera. Otra opción no menos válida es que aquellos conceptos que parecen olvidados ya los haya incorporado y operen desde algún rincón oculto de la cabeza.
Por mi parte, hace poco comencé un lindo proyecto de auto-biografía inmediata que, lejos de ser un trabajo puramente narcisista, sirve para retomar ciertas sensaciones pasadas y no olvidar. No olvidar aquello que me hacía mal y hoy verlo como bien. No olvidar cuáles eran mis reclamos y dejar de reproducirlos porque así como me pasaba a mi le puede pasar a otros compañeros. Es el último paso para avanzar de la siempreviva memoria individual a la tan deseada conciencia colectiva.

lunes, 25 de agosto de 2014

Años V

¡Feliz cumpleaños, blog! 
Increíble pensar que aquello que al principio arrancó con todo y más tarde se caía, hoy sigue de pie. Pensar que uno creía que siempre iba a haber temas para hablar, opinar, debatir, objetar, siempre de forma escrita. Pero te comió la moda, blog querido, y como acá no nos gusta estar atado a las habladurías del mundo, este espacio siguió y siguió porque haber temas había, lo que falta ahora es dedicación, tiempo y un análisis más detallado y en profundidad -elementos de los cuales carezco gracias a las actividades que me rodean.
Pero si en estos momentos estoy trabajando o escribiendo en otros sitios, fue, es y será gracias a Say No More, la primera bandera que planté en la Web. Que esos sitios sean más conocidos no lo hacen menos importante. Menos importante lo haría el dejar de escribir en él; y, como dije en algún momento: blog que no cierra, blog que no muere.
El promedio de posteos no será el mismo, pero en tanto la calidad vaya subiendo, no le hará mal a nadie. Menos a aquellos a los que conocí gracias a esta plataforma, la que sin lugar a dudas han ayudado a crecer.
Ahora la responsabilidad de hacer que SNM se asiente de acá en más -como antes- sigue y seguirá siendo mía. Hasta siempre.

jueves, 31 de julio de 2014

Magia Veneno/Piano Man

Breve curiosidad de este post: salió sin querer, el texto fue pensado para otro ámbito y descubrí que calzaba perfecto aquí.

Un par de semanas atrás, un amigo de mi papá me sugirió que para poder tocar mejor yo necesitaba "dejar volar" mis manos, para que las mismas fueran solas y poder así disfrutar un poco más. Él mismo no es músico ni nada, pero (dejémoslo así) el tipo es brillante. Y mis problemas eran de índole de la impotencia: no me salía, no avanzaba, no disfrutaba, y así todo el tiempo.
Tenía razón. Sin embargo, fue lo mejor y lo peor que me podría haber dicho: al momento de intentar "volar" descubrí que efectivamente... no sabía hacerlo. La decepción que me produjo fue instantánea y muy, muy profunda. Llegué a cuestionarme seriamente si seguir con las clases de piano o no. Porque si en 3 años de clase no había podido aprender lo "elemental" -que va más allá de lo netamente pianístico- en materia musical, era para preguntarse si valía la pena seguir remando. 
La experiencia en sí fue aterradora. Me senté a practicar con 'ganas' de implementar eso y me fue seriamente mal: mal tocado, muchos, muchísimos pifies, pocas ganas, y encima practiqué poco, ganado de cabo a rabo por la bronca. Como si nada de esto bastara, dormí bastante mal -pesadillas mediante- acercándome poco o nada a lo que tengo que dormir para llegar tranquilo al trabajo (para el cual madrugo).
No era la primera vez que las cosas me salían mal (de hecho, así ocurre la gran mayoría de las veces) pero esa vez fue un anti-clímax absoluto. Ahora bien, lo curioso fue lo que pasó al día siguiente: me senté a practicar una vez más -cabeza dura soy- "convencido" de lo del día anterior había sido sólo un mal día -mentira, no me lo creía ni en pedo. Y me fue bien. Muy bien, de hecho. Hubo algo que mi cuerpo entendió en el breve periodo entre una práctica y otra que me permitió luego tocar mucho mejor. 
De todas formas, me incomoda un poco el no saber explicarlo bien. Porque si estoy dando clases de piano también, es un poco complicado pretender enseñar y no saber explicar algo 'esencial'. Pero es lógico que no todo se pueda explicar -y muy conforme estoy con ello-, además de que dichos procesos auto-revolucionarios deben correr por cuenta de uno. Pero tal vez allí esté lo lindo, en no poder explicarlo científicamente, sencillamente dejar que el corazón lo sienta.
Por último, me gustaría rescatar el apoyo dado por todos mis amigos músicos a los cuales consulté al respecto, y aclarar que, si bien se sentaron aquí las bases de escritos no  basados en experiencias personales, creo que esto constituye seriamente una excepción a la regla al ser la música un bellísimo arte que nos atañe a todos, más aun en el cambio personal y pasional, nada más. 

lunes, 23 de junio de 2014

"No sé qué quiero, pero sé lo que no quiero..."

Contra todos los que dicen, piensan o creen que no es necesario, el frecuentar con asiduidad la Ciudad permite tener un panorama mucho más social y humano a medida que uno visita lugares, conoce gente, acontece fenómenos, y demases. De esta forma, uno se da cuenta de que en el fondo del charco de la humanidad, los problemas son todos los mismos. Pero más interesante, las soluciones también son prácticamente las mismas, sólo que con distinta forma (dependiendo de circunstancias).

Sucede que una cosa es encarar con una solución hacia un objetivo determinado... y otra es no tener un objetivo determinado. No por ignorancia -o tal vez sí-sino por falta de intención (!) Me canso de ver gente que no sabe lo que quiere. Pero no se detiene sólo en un objetivo general de vida, sino incluso en cuestiones particulares. Al no saber qué es lo que uno quiere, no puede expresarse correctamente para conseguirlo. Increíblemente saqué esta conclusión luego de que un señor hiciese una "pregunta" a un orador en conferencia y nadie entendió lo que había preguntado por que no había sido claro. Pero no 'claro' en el sentido de la pregunta en sí, sino en saber qué estaba buscando.
A ver, es obvio que errores cometemos todos y a lo mejor fue sólo una circunstancia aquella oportunidad, pero es (o sería) gravísimo en términos generales si se amplifica a la vida diaria. Por supuesto que está bueno tener dudas respecto a la vida -cuándo no- pero esto vino directamente de un señor entrado en años e inmediatamente preguntarme: "Si no pudo expresar bien una mísera pregunta, ¿qué queda para sus palabras o sus intenciones?".

Por eso rompo tanto las pelotas con conocerse a uno mismo. Mientras más cerca esté uno de su yo -tarea nada sencilla, por cierto- más cerca estará de conocer sus intenciones, saber cómo se piensa, auto-corregirse como humano, como persona, y poder darle una mano al mundo. Sino, ¿qué nos queda? 

domingo, 25 de mayo de 2014

"...El silencio no es tiempo perdido..."

Luego de un brevísimo taller en la Facultad de Filosofía y Letras de índole más bien política, seguido de una charla respecto a una nueva corriente de pensamiento izquierdista, el inusitado y novedoso espectro político de agrupaciones zurdas me hizo reflexionar respecto de nuestro (mi propio) accionar.
No del cómo, sino del accionar en sí. Contemplando únicamente el comedor de la Facultad me dí cuenta de lo siguiente: es altamente probable que toda esa gente me supere en cantidad y calidad de conocimiento político, como así también de accionar militante. Por ende, será mucho más provechoso que yo continúe estudiando y formándome antes que largarme a opinar libremente al respecto, y estorbar más de lo que pueda contribuir. Esto, que a simple vista parece obvio y consecuente, no lo es: en la vorágine de sucesos encadenados del día a día, estar fuera de la gran bola lomo cuesta. Tanto viento atraviesa a la juventud y tantos sucesos explotan todas las mañanas, más la abundante información que como catarata desciende delante de nuestros ojos, que estar despegado no es posible por otra cosa más que desinterés. En este sentido, dejar que los otros "gobiernen" el movimiento de secundarios/terciarios/universitarios es lo más razonable, además de verme estudiando para el día de mañana elevar yo la bandera.
No es por desprestigio ni falta de confianza, sino tratar de encontrar mi posición. No creo que la falta de actividad propiamente orgánica en una agrupación afecte la militancia, al contrario. Ciertos usos del tiempo -la forma en que uno lo emplea- pueden ser más provechosos de lo que parecen. Por eso, el aparente no hacer no equivale a nula actividad. 
En dichos términos, en los que considero al tiempo como único juez irrefutable e inmutable, el poder darse a uno mismo esa posibilidad de esperar y cultivarse ya consta de una acción muy potable a futuro.

martes, 22 de abril de 2014

La Vanguardia es así XVI

106) The Medium is the Message
107) Más importante que la entrada, es la salida de emergencia
108) El Capitalismo es a la Democracia, lo que el Orgullo a mi Vida
109) El que conoce, aplica; y el que sabe, enseña
110) "El cambio social es casi imposible... pero en el 'casi' está la respuesta" (Valentina Avelluto)

domingo, 13 de abril de 2014

Yo Vivo en esta Ciudad

"Tener veinte años es sentirse dueño del futuro y propietario del pasado. Es levantarse todas las mañanas con la llama encendida , preparado para cualquier cosa; salir a la calle y comprobar que la ciudad es nuestra; que las esquinas nos deparan amigos y los amigos una caminata hasta el café. Tener veinte años es interpretar la venia que nos hacen los árboles en su desnuedo invierno, es descubrir el sol rebotando en alguna ventana perdida entre los edificios, es quedarse en silencio a escuchar cómo los gorriones no cesan un segundo de cantar. Es ir para el trabajo cotidiano enumerando las maxifaldas, o los baches que sonríen en el rostro empedrado de la calle; de setenta balcones y todavía ninguna flor; es demorarse en una plaza contemplando chiquitos de inmenso flequillo, con el sol atrapado entre los dedos y asignárselos a las madres más bonitas, a la que teja más graciosamente.
Tener veinte es descubrirle una nueva cara al obelisco, redescubrir esquinas en el centro y matrimonios de palomas. Con veinte años nos quedamos quietos en medio de la calle Florida y somos empujados por otras generaciones que corren ciegamente hacia sus oficinas. Pero hay que estarse firmes, saber darse el lugar, porque para algo se tienen veinte años (o un poco más o menos), para algo más que hacer la conscripción o salvarse y gozar de la melena. En la contratapa del libro de estudio, en la hora libre de trabajo, en un instante del día feriado debemos buscar ese "algo más" del que nuestra ciudad también es cómplice. 

Yo tengo veinte años, nueve hermanos, dos guitarras y una melena. Canto, leo, escribo; soy de Escorpio, de River, de los Beatles, de Cortázar y de Piazzolla. Yo me llamo Pedro, pero me llamo Miguel...

Yo tengo veinte años, estoy en la colimba y estudio arquitectura. Soy Pablo, soy Jorge. Primera guitarra y primera vez que grabo un L.P. Soy otro habitante del mundo y también soy de Escorpio...

A todo esto agregamos que casi al finalizar la grabación de este L.P. Pedro y Pablo fueron presentados por C.B.S. en el 2º Festival Nacional de la Música Beat , donde obtuvieron el "Beat Master 70", 1er. Premio del Festival, con el tema LA MARCHA DE LA BRONCA y el 4º puesto final con VIVIMOS, PAREMOS. Por lo visto a estos chicos con el talento que tienen ya nadie los para."

Texto original de la contratapa de "Yo vivo en esta ciudad", de Pedro y Pablo. El último testimonio que habla del Festival no sé de quién es. Un texto que tengo ganas de publicar desde los 17, pero ahora que cumplí 20 me siento más permitido a hacerlo. 

jueves, 20 de marzo de 2014

Mientras miro las Nuevas Olas

            Desde que se disolvieron las últimas bandas populares/masivas (dependiendo del caso) de los años ’90, fue y es común escuchar por las calles que “el Rock argentino es una mierda”. Un poco por prejuicio, otro por ignorancia, por creer que lo de afuera o el pasado siempre es mejor, o por esa maniática tradición que tiene nuestra sociedad de auto-lacerarse, mucha gente desconoce (o pretende pasar por alto) que un nuevo Rock se avecina.
            Es cierto, no parece obvio a simple vista. Teniendo en cuenta que la escena under y media quedó herida de muerte tras Cromagnón, era difícil esperar una resurrección neta cuando aún no han pasado ni 10 años. Pero más allá de que la problemática de lugares para tocar siga presente (y lejos esté de resolverse), las bandas dejan todo en cada ocasión que se les presenta sabiendo que alquilar cualquier lugar decente es muy caro (La Trastienda, por caso, estaba a $3.000 el año pasado).
Acorde a los cambios que se viven, la actividad cultural-artística musical fue y va respirando de un nuevo oxígeno. A partir del periodo económico ascendente vivido entre los años 2008 – 2011 donde el poder adquisitivo de las clases medio-altas, altas y muy altas fue creciendo progresivamente, muchos de ellos decidieron invertir en equipos de instrumentos, sonido y elementos para decorar su música (pedales, sintetizadores, entre otros) o para sus producciones estéticas (Compost, de Cielorazzo, Historias perdidas, de El Bordo o Frente a frente¸ de Carajo; por ejemplo) y sus consecuencias comienzan a aflorar.
Gracias a la monstruosa ayuda que ofrecen las redes sociales e Internet general, las bandas pueden lograr una auto-difusión sin depender de una discográfica que les imponga condiciones a cambio. No les deja rédito económico alguno, pero logra que gente que tal vez no compraría sus CD’s en primera instancia –por escuchar 2 temas locos en la radio – tenga un primer acercamiento a los sonidos y pase de ser un público virtual a uno potencialmente real.
Sería absurdo ignorar que una parte de nuestra música sigue produciendo contenidos de una chatura impresionante, impulsado por el olfato platino de las radios. Pero no debemos darle bolilla a sus intereses burgueses, lo importante es lo que pasa fuera de los grandes medios de comunicación, ahí donde no llegan porque creen, erróneamente, que no interesa al público –y no saben, ahí se fecunda la generación naciente.
Un factor de suma importancia es que las bandas se conocen entre sí: Salta la Banca invitando a Eduardo "Vasco" Bariain (Chevy Rockets) en su show en el Malvinas Argentinas; la gente de Eruca Sativa en los videos de Connor Questa (si bien las protagonistas de ambas bandas son hermanas, no implicaría necesariamente una conexión). En otro plano, Charly invitando a Pity Álvarez para hacer La Sal no sala (y quedó trunca la invitación a Skay) deja entrever una conexión entre los ‘70/’80 y los ’90 a través de sus 2 exponentes estrella. El Rock argentino no pareciera solo renacer de sus cenizas, sino también estarse perdonando a sí mismo.
Por otro lado, las bandas históricas y populares siguen captando gente en grandes lugares cuando se lo proponen (La Renga en el Hipódromo, El Indio Solari en Mendoza), con lo que se sigue revitalizando la frescura de los clásicos. El público respeta lo que hizo historia en su momento pero también hay una forma de hacerle saber que el panorama se transforma.
De la mano con esto viene el respeto hacia los mayores, algo que la generación del ’90 se había encargado de romper. Un claro ejemplo es la versión de Ana No Duerme (Almendra, 1969) que grabaron Lula Bertoldi (Eruca Sativa), Santi Aysine (Salta la Banca) y Ale Kurz (El Bordo) en voz; Gaspar Benegas (Las Manos de Filippi/ Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado) y Julián Kanevsky (Andrés Calamaro) en guitarras; Joni Monty en bajo y Andrés El Niño Vilanova (Carajo) en batería. Al mismo tiempo ocurren casos como Litto Nebbia tocando con Los Reyes del Falsete o La Perla Irregular; o el de Javier Malosetti apadrinando a Sambara. Me ha tocado escuchar al épico Pipo Lernoud hablando bien de Les Mentettes.

En suma, con talentos nuevos –e inagotables, por definición -, medios independientes para difundir, posibilidad de acceso a herramientas vía web, un panorama compañero para las bandas, respeto hacia los grandes pero con hambre de gloria, ¿por qué no creer en el nuevo Rock argentino? ¿Qué duda cabe de que posibilidades tiene? Luego, como cualquier tarea de partes, dependerá del público saber elegir o no. ¿Quién dijo que todo está perdido? Ellos van a entregar su corazón.

viernes, 28 de febrero de 2014

Mi Escuela, el Camino

Esta cuestión viene a tapete porque creo que suma una cantidad de cuestiones que a lo largo de mucho tiempo negué, cuestioné o repudié, pero que a causa de los últimos acontecimientos conviene volver a traer a coalición. 
Es cierto que innumerables veces critiqué el sistema de enseñanza/educación en Argentina diciendo que era horrible y estaba mal dado -aun lo sostengo. Pero una cosa es que te eduquen mal y otra muy distinta que directamente no lo hagan. Porque el que te eduquen mal te da la chance, al menos, de cuestionarte más y más el sistema educativo y el general para ver cómo solucionarlo o para explicarte por qué las cosas están como están. Y si bien la mayoría de los profesores son malos o mediocres, uno bueno que te abra la cabeza va a haber.
En este último tiempo, el sistema de inscripción online dejó a 17.000 pibes sin vacantes en colegios de índole pública; y por la irregularidad de las mismas (llamarte para que una voz de grabadora te diga que te la sacaron) quedaron en suspenso -o sea, sin nada asegurado- más de 68.000 chicos. No hay lecturas inocentes en esto: fue un claro ataque a la educación pública. A través de un progresivo vaciamiento, y una actitud hipócrita distraída e indiferente, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires está tratando de socavar lentamente la educación de la mayoría. Se gastaron 15.000.000 de pesos en la inscripción vía Internet. ¿No era más fácil dejar que los 2 métodos funcionaran conjuntamente?
Ahora, para colmo, se planteó que los chicos que no entran (la mayoría de zona sur, raro, ¿no?) van a estudiar en... containers! ¿Cómo se puede pretender que alguien aprenda estando dentro de un tacho de basura? Pero no son inventos míos, estas cosas están hechas de durlock, sin la aislación térmica necesaria. ¿Parece poco? Cada aula container cuesta más que construir un aula individual en cada escuela...

Otra cosa que, creo, a esta altura no debería sorprenderme es la indiferencia de la sociedad. Gracias a todos, pedazo de hijos de mil putas, por defender a este sorete justificándolo a más no poder y no preocuparse por la educación general de los bepis, que se van a ahogar adentro de esas cajas de zapato. Poca gente en las movilizaciones, en las marchas, en las sentadas, en las puertas de los edificios. Si el día de mañana se encuentran diciendo 'qué mal está la educación', ya saben, alguien dejó que esto accionara. No es casualidad que se abriera una sesión extraordinaria en la Legislatura de CABA para resolver -un eufemismo- este conflicto. No muchos lo saben, pero pertenezco a un colectivo (no me gusta llamarlo 'agrupación') conocido como Campaña por Mi Escuela Pública, compuesto por adolescentes del ámbito secundario o inminente facultad. Pero la mejor parte sin duda es que no sólo somos independientes de verdad, sino que somos bien heterogéneos (o sea, compuesta de gente que viene de agrupaciones bien distintas). Pero entendemos a la educación por encima de cualquier cosa, emergiendo como el combustible para cambiar el mundo al calor de los días venideros. Hemos tenido apoyo de padres, docentes, compañeros, amigos, y todos estamos de acuerdo en que la fuerza que provoca el estar junto bogando por una sabiduría popular y solidaria es el picaporte hacia un planeta más abierto. Por ende, no nos vengan a decir que la juventud está perdida: en todo caso, afirmen que a muchos les chupa un huevo y prefieren el derrotismo a levantarse de sus cómodos asientos burgueses.
Otra posible salida sería auto-educar uno a sus propios hijos, que no lo veo mal pero tampoco veo certeramente cómo salir adelante en cualquier emprendimiento sin un título universitario. Ojalá me equivoque. Lo cierto es que, sin la posibilidad de compartir un lugar colectivo, aprendiendo esas cosas que no están en los libros, difícil está el salir adelante. Ojalá la sociedad encuentre la solución, o será el futuro el que le será difícil de encontrar.

lunes, 17 de febrero de 2014

Intraterreno II

La pregunta inicial de este posteo iba a ser si había o se podía llegar a un estado superior de la propia vida después de vivirla. Esto es, si estamos inscriptos entre dos estados en los cuales uno sería la muerte y el otro... no se sabe, pero es lo que estaba tratando de descubrir pensando. De esta forma, el llegar a la muerte sería algo "negativo", pero haciendo un determinado proceso de cosas "buenas"; o bien disfrutando de la vida a más no poder, contemplarla totalmente con placer, uno pudiera acceder a un estado superior. La pregunta sería cómo sería ese estado superior, o dónde estaría el límite para pasar de una cosa a la otra, cuál sería el examen a superar para llegar allí...
Sin embargo, después de preguntarme semejante pelotudez, llegué a ver que a todos finalmente nos alcanza la muerte y no hay otro paso aparte, o por lo menos nunca se (de)mostró que pase. Por lo que la conclusión devino a que la muerte no es un estado ni superior ni inferior, es sencillamente un paso más. Desde mi perspectiva irregularmente circular de la vida, la muerte es solo parte del proceso; probablemente significando un nuevo comienzo -y eso, en una nueva vida, ya es bastante loco de por sí.

martes, 28 de enero de 2014

De [Placer] y de Miedo

Siempre pensé que si tuviera un solo deseo, uno solito, pediría dejar de tener miedo. No tener miedo a nada. Porque la verdad es que este puto miedo no te deja hacer mucho. O casi nada. O no todo lo que uno quisiera. 
El miedo a la Muerte, que es el miedo final, es también la raíz madre de donde salen todos los otros miedos. El miedo al agua -ahogarse; el miedo al fuego -quemarse; el miedo a las alturas -caerse, todas tienen que ver con el dolor. Y después están los macro-miedos, digamos, tales como el miedo a las tormentas, la soledad o la oscuridad, que al fin y al cabo también están emparentados, pero son más generales. Sí conviene aclarar, no obstante, que no me refiero a fobias, porque sería entrar en otro terreno.
En fin, el miedo es una mierda bajo cualquier forma. Pero si algo se cansó de demostrar la vida -y yo en este blog- es que ningún extremo es bueno. Y con esto me refiero a que si no tuviera miedo a nada, tampoco sentiría placer por nada. Sin miedo no hay placer. El valor y la valentía que se requieren para superar cualquier escollo día a día sólo se compara con el placer que se siente una vez superado el mismo. El resultado puede no siempre ser positivo, pero sin lugar a dudas traza una enseñanza tremenda.
Son cuestiones de vida nomás. Nada es certero, nada es absoluto -o casi nada. No me gusta tener miedo, pero si para sentir placer hay que tener un poco, bueno, otra salida no queda. Pero evidentemente de anda serviría no tener miedo. Beware of what you dream...