jueves, 29 de noviembre de 2012

Análisis de discos IV: Vida

Finalmente llegó. Ya había analizado algún disco de la carrera del Flaco, de Pappo y Led Zeppelin, faltaba aquel que fuera de otro de mis ídolos musicales: Charly García. Y celebrando que se cumplen 40 años de este disco en el mundo, decidí tirarme al análisis de este.


Contexto internacional
Empecemos por donde corresponde, el contexto. Y como en cualquier examen, corresponde ir de lo general a lo particular. Corría el año 1972, y el mundo, en su sana costumbre, no dejaba de autodestruirse. Había más de una dictadura a lo largo del mundo, ataques de grupos como el ETA, se desarrolla el famoso Bloody Sunday en Irlanda y continuaba la carrera espacial (o ‘Guerra de las Galaxias’) entre USA y la URSS.
A nivel Rock, varios clásicos desembarcaban en el mundo: ‘Machine Head’, de Deep Purple; ‘Transformers’, de Lou Reed; el simple ‘Pink Moon’, de Nick Drake; y 2 álbumes fundamentales: ‘The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars’, de David Bowie; y el recientemente remasterizado ‘Exile on Main Street’, de The Rolling Stones. Y por lo menos el año pasado ya habían saltado al mercado ‘RAM’, de Paul McCartney; ‘Aqualung’, de Jethro Tull; ‘Sticky Fingers’, de los mismos Stones; ‘Who’s Next’, de The Who; y ‘Meddle’, de Pink Floyd. O sea que desde afuera, la mano venía seria.
Contexto nacional
Por otro lado, en Argentina la mano no venía mucho mejor. Aún estaba Lanusse en el poder, con lo que el encierro, la persecución y la represión aún se podían sentir en el ambiente. En tanto, Montoneros y el E.R.P. seguían en lucha constante matando al Jefe del Segundo Cuerpo del Ejército Juan Carlos Sánchez, por ejemplo; el Ejército contestaba con la Massacre de Trelew. Para hacer más loca esta ensalada, Perón volvía al país de su exilio dando la candidatura de Cámpora, para luego volverse a ir. En definitiva, el país en su acostumbrada turbulencia, mucha muerte por todos lados.
El Rock Argentino, jamás ajeno a la situación –contrariamente a lo que sucede hoy en día -, se encargó muy bien de reflejar la misma, tanto intencionalmente como no. Se pondrían de manifiesto letras como “Pueblo Nuestro que estás en la Tierra”, de Pedro y Pablo; y “Sudamérica”, de Arcoíris. Comienzan a salir los primeros álbumes de las bandas derivadas de Almendra: Aquelarre (homónimo), Color Humano (homónimo), Pescado Rabioso (Desatomentándonos); y otros como ‘Vida y Vida de Sebastián’, de Vivencia. Vox Dei editaría otro clásico como ‘Jeremías Pies de plomo’; Piero sacaba ‘Coplas de mi país’ y Pappo volvería de Inglaterra para grabar el increíble ‘Pappo’s Blues Vol. 2’. Otra cosa rescatable estaba en el arte de tapas como el de ‘Descarga’, de Tótem; o ‘Rock de las Heridas’, de Piel de Pueblo. Para colmo, ese año moría Tanguito arrollado por un tren y se llevaba a cabo el famoso “Rompan todo”, de La Pesada del Rock and Roll en el Luna Park, aunque este último punto está sujeto a discusión. Pero sin lugar a dudas la violencia estaba en el ambiente y el Rock no iba a estar dispuesto a quedarse afuera, sino a dar batalla.
Sui Generis
La vida de Charly García no era ni un poco ajeno a esto. Sui Generis la venía remando por lo menos desde 1968 tratando de sacar algún lugar en teatritos y colegios. Pero como la cosa no marchaba, muchos de ellos (Juan Bellia, Carlos Piégari, Alejandro Correa y Beto Rodríguez) fueron emigrando. La banda salida del colegio Dámaso Centeno, de Caballito; fusión de otras dos llamadas ‘To Walk Spanish’ y ‘The Century Indignation’ –bandas de Charly y Nito, respectivamente-, y cuyo nombre salió del nombre de una montaña, parecía encontrarse más muerta que viva. Entre otras cosas, porque una buena porción de padres (sobre todo la de Nito) se oponían a que sus hijos se dedicaran a la música, o mejor dicho, que ‘se caguen de hambre’. Aunque si faltaba algo más faltaba, llegó lo peor: a Charly le cayó la colimba.
Esto aceleró las cosas – para mal. Sui Generis pasó a ser un punto muerto, casi literalmente. Si bien finalmente García pudo zafarse después de 2 meses (y se vendría con una perlita bajo el brazo), encontró las cosas peor que como las dejó: el único que seguía en pie era Nito.
Tiempo más tarde, a causa de estar grande y tener que buscar lugar propio, potenciado por las peleas con su papá, Charly emigraría a un departamentito ya emparejado con María Rosa Yorio a quien había conocido gracias a las presentaciones en el teatro ABC. Es así que el pianista se va a buscar una oportunidad a las discográficas. Cabe y mucho aclarar que esto tampoco fue fácil: los directivos de estas empresas, asquerosos como siempre, le reclamaban poner determinadas canciones comerciales del otro lado del Lp, cosa a la que García se negaba terminantemente (llegó a salir llorando de una entrevista con Lalo Fransen, de RCA). Quisiéramos destacar también lo que simboliza esta situación: si bien hoy sabemos que el disco fue un éxito, en esa época poder adivinarlo era dificilísimo y probablemente nadie se lo imaginaba seriamente. Por eso plasmamos la venturosidad tanto de Charly como de Nito a la hora de decidir qué hacer con su trabajo. Ante la posibilidad de quedar pobres, la siguieron remando. Un ejemplo.
No va a ser entonces hasta que el gordo Pierre Bayona (más conocido como “Pierre, el vitricida”) los contacte con Jorge Álvarez (prócer no reconocido de nuestro Rock), dueño del sello Talent, anexo de Microfón, que ya había editado a más bandas. Álvarez en principio no se mostraba muy convencido pero Bayona conectó los cables justos. “El álbum se lo grabaron casi de lástima” llegó a declarar MRY. Con la participación de Alejandro Medina y Cludio Gabis (ambos ex – Manal y pertenecientes a La Pesada), el disco se grabó en los estudios Phonalex. E incluso allí mismo la pasaron un toque mal; Nito afirmaba que cantaba las canciones y al otro lado de la vidriera se le reían por su “rock blandito”.
En fin, todo este clima de violencia, inestabilidad, tensión y represión es para hacer notar cómo el grupo irrumpiría en el mundo dándole a su primer Long play un título tal como Vida. Esto da lugar a varias lecturas: mostrar cómo es y era la vida a partir de las canciones que contenía este LP; o en código de mensaje diciendo: Hermano, acá hay esperanza, acá hay vida. El marco de la tapa es de un color pardo bordó, un poco más oscura que la sangre. La foto central aparece con los chicos entre sombras, en blanco y negro, en una construcción de la calle Medrano. A su vez, en la contratapa, aparecen ellos entre edificios de la calle Vidt –donde vivía Charly – como si fueran ángeles o presencias (¿muertos después de vida?) pero sonriendo al fin.
Si tuviéramos que definir a este disco en una palabra sería “adolescente”. ‘Vida’ es un disco adolescente. Y no por falta de elaboración (todo lo contrario). Pero sí porque describe el mundo desde un punto de vista muy juvenil, casi en las palabras exactas que todo puberto quisiera escuchar. De hecho, en lo personal considero a Sui Generis como la banda que toda persona de entre 13 y 18 años debería escuchar. Y eso que Charly tenía 21 ya.
El disco toca muchos temas que florecen o se vuelven más palpables a esta edad: el amor, la amistad, la madurez, las relaciones humana, la mentira, la hipocresía, las decepciones, el desengaño. En una frase, todo lo que constituye la vida.
Todas las composiciones, exceptuando una coproducida, son de Charly García (que en ese momento firmaba como Charlie García). No sabemos si por paja o falta de inspiración de Nito; o porque el bicolor necesitaba expresarse a toda costa, pero lo cierto es que predomina la pluma y música del pianista. A partir de acá se hace evidente por qué el piano está tan armado y suena con ciertos matices clásicos (no olvidemos que con esa música se formó Carlitos). Pero vamos a lo importante: las canciones.
Las canciones
Es así que, como si quisiera tomarnos el pelo desde el principio, el grupo inaugura “Vida” con… ‘Canción para mi muerte’. Una pieza que se transformará en un clásico, que Charly había compuesto nada menos que durante su estadía en la colimba (la ‘perlita’ que antes mencionamos) después de haberse empastillado mal y haber tenido una visión de un ángel durante un segundo. Es allí donde relata toda su vida como si ya se supiera próximo a irse para siempre (sensación que seguramente experimentó). Quisiera resaltar la metáfora empleada para expresar el dejar morir de pie al protagonista a la hora de usar el “sólo me quiero arreglar”. Si se va a ir, al menos va a hacerlo bien. Para tener en cuenta.
A continuación, ‘Necesito’ donde los chicos reclaman por la presencia de alguien que tenga de todo un poco: envestida en forma de mujer, alguien con corazón de madre, ternura de abuela, energía de amante, amor de compañera. Que lo libere de sus problemas pero que lo haga reparar en mínimos detalles (¿allí donde la felicidad se encuentra?). Una figura idílica que es un poco deseo de todos, utopía difícil de encontrar.
Sigue con ‘Dime quién me lo robó’, que bien podría ser el resumen de un diario íntimo. El relato de la escuela primario – católica, el banco, el patio, el barrio, hasta que el protagonista se da cuenta que ha crecido y necesita llevar una vida a cabo. Es allí donde trata de encarar una relación con su amada y ésta, concretando el miedo de todo varón enamorado, lo rechaza. Pero luego nos daremos cuenta que estos no son sino recuerdos de alguien a quien todos esos deseos y esperanzas le fueron arrebatados. No encuentra salida ni cosa en la que confiar ni por dónde escapar, por lo que quiere saber quién se lo robó. Es muy ingeniosa la expresión porque no es que lo perdió ni se dejó estar, se lo robaron. ¿Quién? ¿La sociedad? ¿La gente? ¿O la ‘vida’?
Acá arranca una zona donde los muchachos dejan a un lado el costado tan personalista que venía teniendo el disco para empezar a contar historias. La primera mezcla un poco de ambos y es ‘Estación’, una simple historia de amor de verano narrada en tercera persona, acompañada por una hermosa flauta dulce; el tema más corto del disco. Mas de inmediato salta a algo que parece descolocado como ‘Toma dos blues’, un blues que le había pedido La Pesada a cambio de sus participaciones en el disco. A través de esto, García parecería estar contestando a una pregunta como “¿Querés un blues? Toma dos blues”. Con un letra simple (como el blues), donde el personaje parece estar –una vez al menos – más acompañado; para que luego todos los instrumentos [bajo, guitarra, batería, armónica e incluso el violín (!) de ) destaquen.
Pero si de historias vamos a hablar, nada como las dos que se vienen. La primera es ‘Natalio Ruiz, el hombrecito del sombrero gris’, el único tema co-escrito… con Carlos Piégari. La breve historia de un hombre de la Recoleta que ya no está más (¿desaparecido?), pero que sirve para describir a un típico personaje de la alcurnia porteña (cualquier similitud con la realidad contemporánea no es pura coincidencia). No hay que olvidar que García es un tipo que a pesar de vivir en Palermo le sobra calle y bien podría haber percibido a personajes como este.
Mejor salgamos del aburrimiento y pasemos a la segunda historia: ‘Mariel y el Capitán’. Una historia trágica, donde la envidia de las demás mujeres hacia Mariel logra matar el amor entre estos 2 personas cortando las cuerdas del ascensor del edificio donde vive el buen hombre. Bien emo la cosa.
Pasando a otra sub-parte del disco, entramos en mi favorita. Comienza con ‘Amigo, vuelve a casa pronto’, a mi gusto uno de los temas más trabajados. Tiene un aire a texto de carta enviado a alguien lejana, pero querido y anhelado, en una versión más realista de ‘Necesito’. Con solo mediante, la canción atraviesa un vuelco temporal y al regreso de la letra, aquel parece estar más cerca, dispuesto a atravesar con su hermano los tiempos turbulentos que se le aproximan (algo que a todos, todos nos debería pasar cuando nosotros o algún ser querido pase malos tragos).
A todo esto, pasamos a una sección acústica muy linda con “Quizás, por qué”. Una pieza que deslumbra por su sencillez, pero ahí es donde desembarca su genialidad. Ya sabemos que para que algo sea bueno no necesariamente tiene que ser complejo, y los Beatles se cansaron de demostrar esto. Aquí, el autor pone de manifiesto todos sus pensamientos frente a un sujeto amoroso, describiéndole todos sus defectos y debilidades, su pobreza y escasez humana, pero con una profundísima honestidad. Porque todo eso hace al espíritu de la canción: la humildad. Es una canción humilde, y es gracias a eso que el sujeto amoroso está hoy en su lecho.
Ya acercándonos al final, nos encontramos con un temazo: ‘Cuando comenzamos a nacer’. Una breve reseña de la vida de cualquiera. Describiendo cómo nos encierran, nos esconden, nos mienten, nos enseñan a tirar nuestros ideales abajo, nos denigran, nos discriminan. Todo para mantener un orden y canon social de mierda que no hace otra cosa que pudrir a quien esté inserto (y a quien no, también). Por eso Sui Generis lo plantea desde el primer disco, desde la primera frase. Todo es un continuado explicando claramente qué es lo que hace mucha gente y con ellos mismos. Una última interpretación categórica.
Como cierre, la breve interpretación de ‘Posludio’, una palabra que no existe pero claramente se opone a preludio. Un instrumental que sí existe, pero que lamentablemente pasa desapercibido. Lástima, vale la pena. Aparece como algo que marca el final de la vida, donde ya no queda voz, sino algo de él en el ambiente, que configura la salida final.
Conclusiones
Y también marca el final de todo. Acabás de pasar por algo más de media hora donde 2 pibitos, con una guitarra, un piano y una flautita te pintaron la vida. Es muy posible que te hayas sentido identificado. Bien, era la intención.
Al disco no se le puede recriminar mucho más. Tal vez suene un poco bajo, pero en su momento no importó para que la placa llegase a vender 80.000 copias y sonara todo el tiempo en la radio, llegando a hacer que los chicos aparecieran en el documental “Rock hasta que se ponga el Sol”, generando la envidia de más de un rockero “pesado”. En definitiva, un disco bello pero triste, simple pero disfrutable (un poco como The Beatles, si lo pensamos bien) para sumar otra joya a nuestra música nacional. Que sea Rock

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