miércoles, 10 de agosto de 2016

Futuro Pobre

Nunca me sentí tan cerca de Silvio Astolfi, el protagonista de esa maravillosa novela de Roberto Arlt, “El Juguete Rabioso”, como en este momento. Desde que comencé mi etapa laboral, tuve 8 trabajos, sin contar changas o aportes gratuitos. Por mi formación y mi capacidad –y mis antecedentes, luego – no creo tener pocas condiciones como para desempeñarme eficientemente en una tarea. Aquell@s que me conocen saben que a veces me hago renegar pero no soy tan impotente como para no afrontar una tarea y menos una grupal. Ahora bien, la intolerancia de ciertas empresas y lugares es abominable. Y los que te tercerizan, todavía son honestos: no quieren dejar de hacerte ver que te van a forrear hasta siempre. Pero lo peor son los lugares “progres”. Porque allí el funcionamiento es exactamente el mismo. De la boca para afuera es una cosa, de la boca para adentro otra: cunde el amiguismo y el verticalismo. Ok, no digo que nunca un amigo o un familiar te acerquen tu primera oportunidad, pero después dejate de romper las pelotas. Y creo que ya todos sabemos, a esta altura, que profesionalismo es dejar de lado las diferencias humanas para que cada uno se concentre en sus virtudes y ventajas que pueda aportar. De última nos cagamos a trompadas en la esquina, después.
Otra más: tres meses de prueba. ¡¿Qué carajo son 3 meses de prueba?! ¡¿Para qué carajo necesitás 3 meses de prueba?! ¿3 meses te sirven para especular con mi ansiedad y nerviosismo a ver si quedo? ¿3 meses son los que voy a tardar en agachar la cabeza y entregar el orto? ¿En 3 meses esperás que no me mande Una cagada? Si me la mando el último día, ¿invalida todo lo que hice anteriormente? ¿3 meses me vas a tener cortando clavos con las cejas para ver si entro o no? Y eso porque no bajamos hasta la raíz primera todavía peor: “Pasa que acá buscamos a alguien que tenga más experiencia”. ¡¿Cómo voy a tener experiencia si nadie me da trabajo, forro?!

Y el problema, otra vez, no es la manera de trabajar: el problema es que la mosca la tienen los mismos de siempre. Vivo históricamente en un barrio de casas bajas donde es muy difícil mantener un negocio: la gran mayoría de su población es jubilada y su ingreso no es mayúsculo, con lo que no sorprende ver un comercio cerrar (y sí a la inversa). Sucede que después su lugar lo ocupa una cadena grande. Ya no sé cuántos locales de Havanna, Santander, Starbucks o Adidas vi nacer en el último tiempo por toda la Capital. Crecen como hongos, germinan como plantas.

A la larga o a la corta, pretendo ser trabajador independiente. Prefiero morir en la pobreza a que mi situación dependa de la calidad del pete que le hizo la amante a mi jefe la noche anterior. Pero esto no se trata exclusivamente de mí, eso está más que claro. No puedo pretender que todo el mundo quiera ser trabajador independiente. Habrá quienes no quieran, no pretendan, o no puedan. No se trata de mí porque me excede. Pero sí se trata de mí, también, porque abarca toda mi generación, que quiere y no puede, o puede poco. Con trabajos de mierda o sin trabajo,  encapsulados en un sistema económico-humano según el cual, si no triunfás, sos un fracasado, un pelotudo o un incapaz. O todo eso junto. No me extiendo en eso porque ya se ocuparon varios mucho antes y mejor que yo.

Pero por ese lado viene mi exclamación. Las empresas se quejan de la falta de creatividad en sus zonas. Disculpame, ¿cómo querés que sea creativo si me tenés todo el día con el fusil en la frente? No, en serio. Seriamente hablando, ¿me creés tan pelotudo o sos tan hijo de yuta? Porque, créanme, pocas cosas son tan horribles como que te echen de tu trabajo. Que te digan “no pasaste la prueba”, “no necesitamos más de tus servicios” o directamente “estás despedido”. Es DE MIERDA. Un navajazo a los huevos. Te sentís lo peor. Con vos y con el mundo. Y guarda: en mi caso hablamos de un varón blanco heterosexual instruido de clase media sin enfermedades venéreas ni hijos de por medio. Imagínense las demás variantes.


Voces cercanas me piden que me conforme. No me puedo conformar. No me voy a conformar. Si me conformo con 22 años, ¿qué me queda para los 30, 40? ¿Matarme? Una personalidad muy nefasta dijo una vez que “a los veinte años no se puede andar sin coche y sin plata”. No tengo auto ni quiero, pero es muy deprimente darse gustos a cuentagotas o regatear hasta el último centavo; más en una economía tan traicionera como la argentina, donde hoy por ahí te das una alegría y  viajás a Chascomús y mañana no podés comprar manteca, aceite o gas. No creo en la dignidad ni en nada que deba ser dignificado porque no creo en un único criterio para el mundo a la hora de afrontar las cosas. Hasta la ética me parece personal y circunstancial. Pero el derecho a la paz y al bienestar es tan antiguo como el humano. Y no sé hasta dónde se podrá mantener la paz de seguir así o no poner un freno y que estos tipos cambien, porque van a terminar ahogados en su propio lodo. Aunque, si tengo que elegir un horizonte, prefiero volver al autor citado al principio y seguir su camino ya que “el futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo”.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Te aviso, te anuncio...

Jajaja, el título es una ironía. En breve, un pequeño aviso desde la administración de "Say No More"...
Desde aquí queremos informar que, simplemente, por cuestiones de calidad, prefiero no seguir posteando un maldito texto todos los meses con tal de cumplir con alguna especie de regla o rutina inventada. A partir de ahora se posteará cada vez que quiera, sin intención de forzar nada. Ya he escrito mil veces y más de una vez que el promedio de posteos estaba en decadencia y no quería dejar morir el blog. Pero, como se dijo en La Vanguardia es Así: blog que no cierra, blog que no muere. Por ende, por ahí más saltos entre un post y otro, pero todo hace a la calidad del sitio, sean cuantas sean sus visitas.
Así que si de algo sirve, esto seguirá funcionando. Más pausadamente, pero lo hará. Y no traicionaré la confianza de ningún lector, y menos de mí mismo.

Say No More

La Vanguardia es Así XVIII

116) "En el fondo, nadie es masoquista" - Florencia Almansi (18/01/15)
117) "Esto es la Vida" - Srta. Desconocida en marcha #NiUnaMenos (03/06/15)
118) "Prefiero ser feliz a estar cómoda" - Luli Díaz Colodrero (09/07/15)
119) "El que cree que puede controlar las drogas, está loco" - Cren Cha (04/11/15)
120) "La Poesía está para mirar a la Muerte con Dignidad" - Vicente Zito Lema (21/11/15)

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Análisis de Discos VIII: Physical Graffiti [segunda parte]

Zeppelin siempre se caracterizó por saber abrir discos y esta no sería la excepción: Custard Pie [Pastel de crema] era el indicado. El tema bebía de principalmente del ‘Shake ‘em Down’, de Bukka White, pero en realidad disparaba para todos lados: desde el ‘I want some of your Pie’, de Blind Boy Fuller (más tarde grabado como ‘Custard Pie Blues’, por Sony Terry y Brownie McGhee) hasta ‘Drop Down Mama’, de Sleepy John Estés y ‘Help me’, de Sonny Boy Williamson –nótese la similitud entre nombres y letrística. Letra que daba otra vuelta de tuerca sobre la proclama sexual de Plant, que decía: “Tu pastel de crema,/ dulce y lindo;/ cuando lo cortés, mami,/ guardame un pedazo’ –creo no hace falta aclarar de qué. Un demo del tema mostraba un solo de armónica donde finalmente iría la armonía sonando. Típicos elementos de Zep aquí mostrados: el riff, las voces, el solo más un fenomenal arreglo de Jones, interpretado con el clavinete.

A continuación, uno de los más –sino el más – menospreciados temas de Zeppelin: ‘The Rover’ [El vagabundo]. Primer tema donde el disco comienza a retroceder en el tiempo. Escrito en el ’70 y grabado en el ’72, es una lástima que no haya salido en su momento porque es un fuckin’ temazo y se termina perdiendo entre tanta genialidad que desprende todo el disco. Con una de las letras más interesantes de Plant, donde boga por los ideales perdidos de los ’60, preguntándose a dónde va a parar todo, desde  la ambigua figura del vagabundo: alguien que no lleva una vida media ni “normal”, pero que por eso mismo es dueño de su tiempo y tiene otra visión de las cosas. Sabe perfectamente qué está pasando en el mundo, porque tiene más calle que otra cosa (“He estado en Londres, visto las siete maravillas… He visto a los reyes que gobiernan a todos…”). Y, ¿no eran acaso Zeppelin unos “vagabundos” ellos también? Con tanta carretera y ruta entre gira y gira, caía casi de cantado que tuvieran un panorama global del mundo, literalmente hablando. De hecho, hubiera sido muy difícil que Zep hiciese la música que hizo de no ser por tener los miembros los pies sobre la tierra. Ningún hombre es una isla ni está desprendido de su entorno –y esta banda, menos.
Sí había un deseo que terminaba de condecorar la canción: “Si tan sólo pudiéramos tomarnos las manos”. Este salto tan radicalmente temático respecto al anterior track sería un patrón en esta placa –y en toda la carrera del grupo – pero ante la grandeza y eclecticismo que se habló antes, todo estaba permitido. Incluso cambiar de ingeniero de sonido. En los créditos aparece la frase: “Guitarra perdida cortesía de [Roy] Neveson…, salvada por la gracia de [Keith] Harwood”. Habla del accidente en el cual el primero perdió un canal de guitarra y recién el otro pudo salvar. Nadie tiene la culpa salvo él… o no. El trabajo sobre el disco se había vuelto tan desorganizado que, cuando el pobre ingeniero preguntó que había pasado con esa línea de guitarra, nadie supo responder, desconocían. Y, cansado de que lo levantaran a cualquier hora para grabar, decidió irse. No se sabía de nadie que se hubiese desmembrado antes un proyecto de Zeppelin, pero la noticia no cayó bien. Sobre todo para Bonzo, que le dijo de todo menos ‘lindo’. 

Si ‘The Rover’ había abandonado su versión de blues acústica original para terminar siendo lo que fue, los muchachos volverían rápidamente a su género preferido con ‘In my Time of Dying’ [Al momento de mi Muerte], la canción grabada y publicada más larga de toda su ornamenta. Aunque no original, era un cover que reconocía sus inicios en ‘Jesús make up my Dying bed’, de Blind Willie Johnson. Pero hasta ahora había sido conocida y reconocida por figurar en el álbum debut de Bob Dylan, que también la grabó, pero con una escueta duración de 2 minutos… al lado de esta, que dura 11. Grabada en vivo en el estudio, no tiene guitarra rítmica y, mientras Bonham va siguiendo la Danelectro con slide de Page, Jones la pasa de maravillas con un bajo freatless (sin trastes). En versiones que no llegaron, se puede escuchar a vocalista y baterista discutir sobre cómo entrar a tempo –se discutía un método similar a ‘Black Dog’ – y a Page calmándolos. Como para dejar el rastro casero, se escucha a Bonzo gritar a Nevison: “Vamos a escucharla ahora” Y otra frase más: “¿Es esta [la versión] que queda?”; “Oh, sí, gracias”. En vivo, el rubio cantante le dedicaría la pieza vilmente a Denis Haley, ministro de hacienda del partido laborista británico (básicamente quien les cobraba los impuestos) y a la Reina de Inglaterra. La lírica póstuma refiere a la “última voluntad” del protagonista –lo que hizo declinar su interpretación luego del accidente de Plant en el ’76.
Para apagar semejante tormenta de blues del lado A del primer disco, el lado B arrancaba con otra toma descartada: ‘Houses of the Holy’. La pista que nominaba el álbum anterior había sido dejada de lado porque “no encajaba” con la línea del disco. Extrañísimo, ya que “Houses…” es un disco por de más raro y cuya coherencia musical es, precisamente, ir por cuanto camino se encontrase. Tal vez por eso quedó afuera: como recae otra vez en la fórmula zeppelinera, peca de “cuadrada”. Un tema demasiado Zeppelin –incluso para Zeppelin. Por otro lado, la lírica tiraba para 2 partes: en principio, así llamaban los chicos a los lugares donde grababan y tocaban: las ‘Casas de los Santos’. Lugares donde joder, divertirse y pasarla bien. Aunque en otro plano, apuntaba directamente a los lugares “sagrados” donde sus fans –y los pibes en general – podían tener sus “rituales” de sexo y orgías tranquilos: teatros, cines (“Déjame llevarte a las películas/ déjame llevarte a los shows…”), jardines y sigue la lista. Otra arremetida más a la larga vanagloria sexual del grupo. Un interesante paralelismo con ‘Custard Pie’, que también alboreaba el vinilo.
En 1935, Robert Johnson grabó una canción llamada ‘Terraplane Blues’ [Blues del Terraplén]. Esta es la especie de ‘Terraplane Blues’ de Led Zeppelin; se llama… ‘Trampled Underfoot[Atropellado bajo los pies]”, así evocaba y aludía ante el público voraz del O2 Arena Robert Plant allá por 2007, presentando el hit y clásico de la banda. Lo decía porque, si bien el primero habla de una infidelidad y el otro es una metáfora sexual, ambos usan elementos automovilísticos para mencionar a la mujer (el “terraplén” era un modelo de auto de ese momento, no se confunda con el término geográfico). Lo que hoy llamaríamos, lisa y llanamente, una canción machista y era moneda corriente en ese momento. Igual, si alguien lo hizo transpirar a Plant fue el mismo Bonzo, cuando declaró delante de 15.000 personas –borracho, claro – que su amigo le había afanado directamente la letra de ‘Trampled…’ a ‘Terraplane…’. Aunque en el fondo, el tema le caía bien: “Un gran ritmo para un baterista […] Te permitía hacer un montón de adornos”. No era el único agradecido: Jones reconoció la influencia del ‘Superstition’ (1972) de Stevie Wonder a la hora de elaborar el riff. Incluso los Zeppelin juniors quedaron satisfechos: en 1979, Bonzo aprovechó y sentó –proféticamente – a su hijo Jason Bonham a la batería mientras la banda lo interpretaba en vivo. “Fue la primera vez que vi a Led Zeppelin en vivo”, dijo en su momento. Todos contentos. Definitivamente, una bisagra uniendo lo viejo y lo nuevo. Hablando del vivo, entre otras mañas, los muchachos se encargaban de sumar lásers en el medio, y Plant se encargaba de sumar líneas de ‘Gallows Pole’ (1970) hacia el final, luego de largas improvisaciones, a pesar de no estar en el mismo tono (y acá ‘Trampled…’ zafa, porque es una canción en un tono menor que parece de tono mayor).
Pero si hubo una canción destinada a dejar como una de las mayores y más grandes composiciones de todos los tiempos, esa fue, es y será ‘Kashmir’. La épica obra que el primer LP con sus 8 minutos y medio de duración sería la pieza central de todo el disco. Al punto ha llegado de querer ser, por parte de Plant, aquella creación con la cual quisiese que se recordase Zeppelin, incluso más que ‘Stairway to Heaven’. De más está decir que le parece la mejor canción. Jones no se queda atrás: “Ahí está todo, todos los elementos que definen a la banda”.
Y he aquí la curiosidad más majestuosa: la canción no estaba originalmente pensada así. De hecho, Page quería arrancar con la abrumadora caída orquestal hasta que Bonham sugirió que fuese al revés –y como finalmente terminó quedando –: con esa subida creciente para luego desembocar en el arreglo orquestal comandado por el mellotrón de Jones. Ahí está el aporte fundamental del baterista, que por supuesto luego hizo lo suyo con la sección rítmica y ese tempo rimbombante en toda la epiléptica canción. Por lo que se escucha, “parece” simple, pero no es para nada simple. Sobre esa muralla rítmica se sostiene todo lo demás. “El ritmo fue idea de Bonzo”, echaba a luz Plant. Por cierto que Page añadió que cree que el riff es el mejor de toda la amalgama que ostenta la banda.
El elemento calmo y majestuoso la aportó la pasión por Oriente que compartíamos Jimmy  y yo –comentaba Mr. Percy– Escribí la letra después de viajar en coche por el desierto del Sahara, porque sabía que iba de camino al Sahara español y Marruecos y España estaban en guerra. Circulaba por los baches de una pista polvorienta del desierto y no había nadie en kilómetros y kilómetros”. De esta manera hacía referencia el autor a la letra de lo que inicialmente iba a ser una pieza instrumental y poco más tarde ‘Driving Through Kashmir’ [Conduciendo a través de Kashmir] –se puede apreciar las razones, claramente. Aunque no existe ningún lugar llamado así cabalmente, la región que más se le acerca es Cachemira, en el sudeste asiático. Cachemira es en sí un terreno en disputa entre China, Pakistán y la India donde los miembros de la banda… no estuvieron nunca. A pesar del “Cachemira es el sitio ideal. Creo que, si tuviera ocasión, tendría que ir allí y quedarme una buena temporada. O, si llegado el momento lo necesito, podría ser mi refugio, mi Shangri-la[1]” del vocalista. O a pesar de haber escrito sobre desiertos e imágenes que evocaban paisajes cálidos aludiendo a una zona húmeda y montañosa. Pero forma parte de la psicodelia y el existencialismo. Una lírica que habla de preguntas sin respuestas, de un todo por revelarse, y la necesidad de sentirse acompañado en ese viaje “a través del tiempo y el espacio”. Tal vez toda la imagen que encerraba el desierto más el silencio de la ruta hayan hecho reflexionar profundamente a Plant al respecto y de allí sacar una letra tan abierta. Como un pensamiento dentro de un sueño, el tema se va apagando en un lento fade-out que deja una ambigua sensación tanto de vacío como de plenitud –dependiendo de cada uno. Ahí se fue el evento sonoro supremo de esta banda de Rock. Todo Led Zeppelin compacto en una obra.
Así se fugaba la primera parte del disco total. Hasta ahora, sólo se tenía un temazo atrás de otro. Ante cada una de las cimas, cuando parecía que no se podía dar más, aparecía algo que lo hacía cada vez mejor. Las expectativas estaban cumplidas con creces. Restaba ver qué seguía.



[1] Shangri-la es un lugar ficticio descripto en la novela Horizontes perdidos, de James Hilton. Se sobreentiende que es un paraíso terrenal, alejada del mundo exterior, que siempre se la está buscando.

Análisis de Discos VIII: Physical Graffiti [primera parte]

Si hay algo bonito en las obras maestras de la música, es que de ellas se puede extraer enseñanzas a montón y un conocimiento inagotable. Como si cada uno de ellos fuese un pozo sin fondo de donde sacar oro sin fin. Y lo más importante de todo, sobreviven como si nada al paso de tiempo. Esa es la garantía de que algo fue hecho con genuinamente con Amor: el soportar el avance de las épocas cambiantes y sin embargo mantenerse imbatible a los cambios, como si fuera la posta de su propio tiempo y sobre ella descansase la verdad que fue dictada en sus días. No envejece mal, al contrario: va subiendo de valor a medida que se aleja de su momento.

            El caso que nos acontece esta vez es Physical Graffiti, de Led Zeppelin (1975) al cumplirse el 40º aniversario de la salida del álbum. En realidad, el álbum fue lanzado en febrero de aquel año; si nos ocupamos de él ahora es por meros trámites burocráticos. Pero no podíamos pasar por alto semejante obra magna del Rock, menos aun cuando hablamos de una de las mejores -¿sino la mejor?- placa de una banda que gobernaba el mundo cuando el Rock gobernaba el mundo. Y no solo eso, porque si nos acotáramos sólo a la música, estaríamos pasando por alto un montón de elementos que hacen grande a este álbum múltiple, polisémico y ampliamente cosmopolita.
           
Pero para hacer un análisis adecuado, hay que irse por lo menos 2 años atrás (sino 4, en el mejor de los casos). La banda venía de presentar un disco tan extraño como Houses of the Holy (1973), tras contar con el difícil antecedente de Led Zeppelin IV (1971) en sus filas. O sea, tener que “superar” algo que contenía Stairway to Heaven en ella (algo que no es obligatorio, pero en una banda se sobreentiende que sí),. Sin embargo, la gira había dejado un sabor agridulce: habiendo llenado 3 veces el Madison Square Garden de Nueva York; el mercado y el público de EEUU –donde Zeppelin jugaba de local - estaban asegurados. De hecho, muchas de las imágenes de esa gira se verían después en su película The Song Remains the Same (1976).

Pero las ganas y las energías de todos estaban minadas. Las giras habían dejado un rédito económico súper, pero el ritmo de las mismas estaban gastando a todos. Absolutamente a todos. Jimmy Page (guitarras, coros y producción) ya declaraba en su momento: “Cuando volví del último tour, no sabía dónde estaba. Ni siquiera sabía a dónde estaba yendo. Sencillamente no podía… Estaba total y completamente sin espacio”. Robert Plant (voz, armónica y letrista) tampoco se quedó atrás: “Estaba tan aliviado de estar en casa otra vez, porque me había perdido una estación, y realmente necesito cada estación como viene. Volví en Agosto después de esa gira y me di cuenta que me había perdido la primavera volviéndose verano ese año. No quiero perder esas perspectivas en lo que considero importante para el contenido lírico de lo que escribo. Quiero tomar todo de todo, en vez de irme de gira hasta no saber dónde mierda estoy”.

Y por si algo faltaba, John Paul Jones (bajo, piano, teclados, mellotrón, mandolina y coros) casi abandona Led Zeppelin, directamente, para pasar a ser el director de orquesta de la catedral de Winchester, Inglaterra. “Solo estaba generalmente furioso –creo que esa era la palabra – con las cosas. Le dije ‘¿Le has dicho a alguien más?’. Y me dijo ‘No. Vine directamente a vos’. Le dije ‘Bueno, vas a estar ‘No muy bien’. Estuvo guardado bajo llave. Se lo conté a Jimmy, por supuesto, que no lo podía creer. Pero era la presión. Era un hombre de familia, lo era. Eventualmente, creo que se dio cuenta que estaba haciendo algo que realmente amaba. No se volvió a discutir” –así hablaba Peter Grant, mánager y productor ejecutivo de la banda, acerca de la posible partida de Jones. Pero déjese al propio Jonesy defenderse: “Había tenido suficiente de girar, y fui a Peter y le dije que me quería ir a menos que las cosas cambiaran. Había un montón de presión en mi familia”. Llamado a la reflexión de parte del bajista, que estuvo a punto de dejar a la banda más grande del mundo (porque en ese momento eran la banda más grande del mundo) para pasar más tiempo con su mujer y sus 3 hijas. Si eso no habla de Jones como persona, nada lo hace. Afortunadamente, Grant lo persuadió de que no se fuera y se pudo queda. Desconocemos a través de qué métodos.

Como para que nadie quede afuera del combo, teníamos al gran John Bonham (batería, percusión y coros) que ya la pasaba mal de gira desde el primer momento en que tenía lejos a la familia; su esposa y su hijo Jason. Detalle en absoluto menor, ya que esto era tenido en cuenta por toda la banda. Todo el mundo lo notaba. Lo notaban porque eso repercutía en el después: o sea, Bonzo totalmente alcoholizado. Con pánico a volar, usaba la bebida de aliada para pasar el momento, pero lo peor venía más tarde. “Bonzo tomaba con motivos. Odiaba estar fuera de casa – contaba John Paul Jones – Realmente lo odiaba y entre los shows le era difícil de llevar. Y le aterraba volar: a veces tomaba mucho y hacía que el conductor [del coche que los llevaba] diera vuelta antes de llegar al aeropuerto. Cosas como esas, entonces, no ayudaban realmente”. Un accidente de la época cuenta que John trató de propasarse seriamente con una de las azafatas del Starship (el avión de Zeppelin); turbulencia que no pasó a mayores gracias a Grant y Cole que retuvieron a Bonham y a Page que se llevó a la azafata y le calmó los nervios en 10 minutos. El músico también tenía su explicación: “Me voy poniendo peor –terriblemente nervioso todo el tiempo. Una vez que empezamos con ‘Rock and Roll’ estoy bien. Simplemente no me puedo quedar sentado y tengo miedo de tocar mal. Pasa lo mismo con todos en la banda, cada uno tiene su cosita para hacer antes de tocar”. No por nada Bonzo se ganó el apodo de La Bête ó The Beast: La Bestia.
Súmesele a esto el look Naranja Mecánica (el clásico de 1962 de Anthony Burgess llevado al cine en 1971 por Stanley Kubrick) que había adoptado y obligado a adoptar a su ayudante de gira, Mick Hinton. Los testimonios difieren acerca del trato a su roadie –como se le dice en la jerga rockera – pero lo seguro es que el pobre pibe se las tuvo que ver con el más pesado. Si se le puede agregar un testimonio de valor, está el del batero de Black Sabbath, Bill Ward: “No hay duda de que lo que tenés acá es a un tipo súper sensible. Aunque golpeara fuerte la batería, era la sutileza en su interpretación lo que la hacía [lo que es], la sensibilidad en eso. Lo digo porque lo vi – sin irme en asuntos privados de los que hablamos. Tenía una enorme sensibilidad, sí, definitivamente”. Otro llamado a la reflexión, esta vez de la mano del baterista, de cómo aún en su posición se podía extrañar y tener otras prioridades por encima de la fama o el dinero, incluso de la música. O mejor (¿o peor?) aún: siendo el mejor batero del mundo, tener miedo a tocar mal. Una vez más, si ello no habla por él, nada lo hace.

Yendo al álbum en específico: es un disco doble. Y aunque parezca una obviedad, no lo es. En su momento, era una manera de decir: ‘Acá estamos, consagrados’. Por lo menos así lo habían hecho –aun sin querer – artistas como Los Beatles, Bob Dylan o la Jimi Hendrix Experience. Pero en sí, un álbum doble era y es una apuesta muy fuerte: no sólo por la afrenta económica que supone (que Zeppelin podía cubrir holgadamente) sino por la puesta valorativa en términos artísticos, musicales, estéticos y conceptuales. No es necesario aclarar cuál de los 2 planos importaba más a los muchachos.
Aunque sí es necesario aclarar que en este caso salió por abundancia de material. “Decíamos: ‘por favor, hay que sacar esto ya’”, aclaraba Plant en una entrevista televisiva. Tenía razón: algunos de los temas editados retrocedían hasta las sesiones en Headley Grange para la época de Led Zeppelin III, circa 1970. Sólo 8 temas pertenecían a la época original de grabación –7  si tenemos en cuenta que hay un cover. Tal vez si se hubiese respetado la puesta de temas sólo colocando aquellos de su momento de creación, hubiera sido el álbum perfecto de Zeppelin –las opiniones difieren entre músicos, críticos y fanáticos. Los últimos temas creados datan de Octubre y Noviembre de 1973. O sea que hubo realmente un tiempo entre su grabación y edición. Y aun así no se cayó.

La tapa corre por cuenta de Mike Doud y Peter Carriston y muestra el frente de un típico edificio neoyorquino ubicado en el 95 y 97 de St. Mark’s Place. En su interior, con las ventanitas recortadas, se encontraban imágenes de todo el mundillo cultural. Una postal de la época: las influencias, los gustos o no que ilustraban el ecléctico universo con el que Zeppelin se codeaba o podía llegar a tener algún contacto. En otras palabras, tras la explosión (contra)cultural de los ’60, el arte tiene un orden sin perder un cierto sentido estético brillante: las fotitos van desde W.C. Fields hasta Lee Harvey Oswald pasando por la Cleopatra de Elizabeth Taylor, el Flash Gordon de Buster Crabbe, Charles Atlas, Neil Armstrong, Jerry Lee Lewis, la reina de Inglaterra, King Kong, Peter Grant, Marlene Dietrich, Laurel y Hardy (el Gordo y el Flaco), la virgen María, la Proserpina de Rossetti, la Dorothy de Judy Gorland, el elenco de El Mago de Oz, y hasta los propios miembros de Zeppelin disfrazados de mujeres en retratos para la ocasión (ocasión en la que desafortunadamente se cruzaron con Stevie Wonder). Además de, por supuesto, el infaltable zeppelín característico, referencia de al menos 4 de sus 6 tapas al momento. Otra curiosidad, muy sana por cierto, es que mostraba 2 fotos con una pareja cada uno, integradas por miembros de la banda. Por un lado, Bonzo y Plant; por el otro, Jones y Page. Tenía sentido: casi se podría decir que fueron las 2 partes que se unieron a la hora de formar Zeppelin. De un costado, aquellos que venían de la Band of Joy y del otro, aquellos que venían de ser sesionistas, respectivamente.

La tapa dialogaba con varias portadas. Si bien se la podía ver como una copia ampliada de Compartments (1973) de José Feliciano, lo cierto es que se tocaba con más de uno. Sin ir más lejos: el Exile on Main Street (1972), de Los Rolling Stones. La pluralidad de caras, personajes, y todos ellos juntos refiriéndose a un lugar común (Main Street, como el edificio de NY) trazaba un paralelismo. Tenía un cierto sentido: siempre hubo una ligera “competencia” implícita entre ambas bandas. No por nada Plant dijo allá por 2012, en la avant-première de ‘Celebration Day’, que los Stones en su momento tenían “toda la prensa”. Y Richards ya había comentado que tanto Jagger como el cantante rubio se copiaban el uno al otro. Estas tapas tan “románticas” y cargadas hasta el tope de elementos tendrían otra respuesta más adelante en aquella que ilustrara la placa Some Girls (1978).

El nombre en sí salió de un local que queda justo, justito debajo a la derecha del edificio, que se llama Physical Graffitea. Esa diferencia en las últimas 3 letras hace a lo que es el negocio: ni más ni menos que una casa de té. Negocio que funciona al día de hoy, por cierto. No tiene ningún rastro de querer relacionarse con el disco, pero es un paso obligatorio para los fanáticos que visitan Nueva York. Cuenta la leyenda que el título surgió por idea de Page a último minuto, ante la simple urgencia de poner un título. Y ni siquiera eso es un gesto menor en Zeppelin: por fin había un álbum cuyo nombre no era un número, ni estaba innominado, ni con símbolos y podía leerse en la tapa. Luego de 6 años y medio, casi 7, los muchachos finalmente podían decir con toda certeza: ‘Aquí estamos, esto somos’. Hoy pareciera inadmisible desde la perspectiva del tiempo, pero el mito de la muerte agiganta las cosas. En su momento no era tan fácil.

Otro elemento que no se puede pasar por alto es que Zeppelin había decidido independizarse de Atlantic Records, su histórica discográfica, para fundar su propio sello. Un gesto audaz al que sólo se habían atrevido los Beatles (Apple Records) y los Rolling Stones (Rolling Stones Records). A ninguno de los 2 les había ido bien con la idea… y esta no sería la excepción. Pero la iniciativa de llevar adelante su propio proyecto tenía más que ver con no aceptar condiciones de ningún tipo, además de lanzar artistas que a ellos les gustaban (Maggie Bell, Bad Company, Detective)–y sus propios discos, claro. Algo extraño si se tiene en cuenta que Atlantic había invertido mucho en ellos sin ninguna especulación –algo que sólo se explica por la increíble química comercial que había entre Grant y Ahmet Ertegun, CEO de Atlantic y “responsable” de la última reunión de Zep en el O2 Arena de Londres, para el concierto homenaje. No por nada Plant terminaría diciendo que Atlantic era “la más magnifica compañía de discos del mundo” al final del recital, por ser esta una que apoyaba a sus artistas sin reclamar nada “comercial” a cambio. Hoy pretender una compañía como Atlantic – en cuanto a grandeza y reclamos – es poco menos que una utopía. El nombre terminó siendo Swan Song [El canto del Cisne], nombre que originalmente se había barajado para el disco en sí, y tras desechar también Slag Song [Canción de la Escoria] y Slot Song [La canción que faltaba]. Su ilustración se basó en el óleo kitsch ‘Evening: Fall of a Day’ [Anochecer: Caída del Día], del pintor americano del S. XIX William Rimmer. Allí aparece el dios del Sol, Apolo. Su caracterización tenía bastante relación con ese viejo anhelo de Page de buscar “un ángel con un ala rota”.

lunes, 30 de noviembre de 2015

What is and What Should Never Be

Haber estudiado durante años historia de Rock me ha llevado a, por lo menos, una conclusión importante: no hay hecho en la historia que no haya tenido por detrás a un genio, a un gran inversor, o ambas. Más allá de ese detalle... 

[continuará...]

martes, 13 de octubre de 2015

Go your Own Way

De la mano con lo anterior, esto podría ser una especia de segunda parte de lo anterior. El Revolver de este Rubber Soul.
Habíamos (había) quedado en que ante la falta de estímulos había pocas chances -o un camino innecesariamente más dificultoso a la hora- de descubrirse a uno mismo. Esto viene a cuento de lo siguiente: ¿no será que al no tener los estímulos alrededor uno no tendrá más remedio que salir a buscarlos? Y por salir a buscarlos me refiero a dos emergencias de acción.
La primera, que consiste en romper la burbuja que lo acontece a cada uno y acceder a otros lugares, ir a otros mundos, conocer otra gente. En lo metafórico y en lo literal. La segunda, en lo que refiere a educarse por uno mismo. Ir cada uno a su velocidad, sin compromisos, sin exámenes, sin nada que lo ponga a prueba más que la vida misma todos los días. Cada uno podría entender las cosas a su tiempo sin nada que lo detenga o poder salir/conocer elementos cada vez que se lo proponga. Con la ayuda de Internet hoy en día que en épocas anteriores. No está todo allí, pero no quita que no sea una gran herramienta. 
Ojo, por supuesto no descarto que en el medio -lamentablemente- haya que conseguir el mango, la guita, la tarasca. Es una mierda tener que implementar tiempo en eso (a menos que sea una materia que te encante) pudiendo ser útil ese momento en otro motivo. Gastar tiempo en algo que te hace sufrir es el gran cáncer de este mundo. Si para colmo se piensa que en la gran mayoría de los casos no sirve para otra cosa que acumular para pagar deudas que te impone una institución que miente diciendo que es tuya y te ayuda (y finalmente es todo lo contrario), el doble de bronca. Yo no sé si voy a poder saber todo lo que quiero ("Daría todo lo que sé por la mitad de lo que ignoro", decía Descartes) y sinceramente me da mucho miedo no poder lograrlo debido al tiempo que voy a tener que ocuparme gastando energías en algo que me dé de comer. ¿No es horrible eso, acaso? Pero la sociedad, la familia, requieren que haya "tiempo productivo" inmediato, para probar que su hijo no es una inversión al pedo. Qué estupidez pensar que alguien que se avoca seriamente al estudio es un desperdicio.
Por eso, para no irme por las ramas y conectar con lo anterior, el construirse camino por uno mismo tal vez sea la solución más provechosa. Desearía -o tal vez no- que la vida no me empujara a ser "tan valiente", pero a las claras las cosas así están planteadas. El armarse uno de sus propias herramientas puede allanar el camino para más adelante poder sostenerse uno por su cuenta.

[Entrada Nº 200 del Blog!!]

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Vos, ¿sabés?

Reconozco que históricamente, a través de este blog, bogo y bogaré por el descubrirse y conocerse a uno mismo. Y no está mal, no voy a negar algo que vine afirmando durante años. No de orgulloso, pero sí porque quisiera rescatar algo que no es blanco y negro. También porque me convenzo cada vez más de lo mismo, pero lo que sigue es un punto de apoyo, u otra arista de referencia, en lo que respecta al tema. También se crece en estas cuestiones. Y como otra manera de que sigan siendo ciertas. A modo de importancia colectiva.
La posmodernidad, entre otras cosas, hizo todo demasiado fácil. E hizo que, al no tener nada un punto fijo, nada es 'correcto' o 'incorrecto', todo es variable y maleable, nada sirve de referencia. Y lo que esto deja de campo abierto a ideas, caminos, pensamientos, puntos de vista; lo suprime en tanto anclas a las cuales aferrarse. Quiero decir que hoy por hoy, para los escépticos y descreídos del mundo -entre los cuales me cuento-, no tenemos una puta referencia de la cual agarrarnos.
La historia ya fue, se demostró que las ideologías pueden traer cosas piolas, pero son mejores fabricantes de fundamentalistas que otra cosa y no creo que ninguna idea valga totalmente la vida de un hombre. Amén de aquellos que se han sacrificado por una idea hasta el fin de sus días, desde ya que su tarea es sumamente rescatable y valorable pero, ¿hace falta sacrificarse por una idea siendo el mundo un lugar tan amplio y aceptable a las diferencias? Está bien que la realidad nos supera como seres objetivos -algo bastante lógico- pero no hay que olvidar que las ideas también son subjetivas. Ok, no se matan y todo eso. Está bien, pero eso no significa que tengan que matar.
De esta manera, al no ser ninguna idea "segura", ¿de qué carajo cazarse? Más allá de todo, se entiende que tener una salida segura también sería demasiado fácil y aburrido, pero al no tener un faro es muy complicado avanzar. Y esto atenta directamente contra el auto-descubrimiento. Claro, ¿cómo puede haber respuestas sin nada que lo estimule? Y si la realidad es embolante o repetitiva, ¿cómo se puede descubrir otras sensaciones o respuestas novedosas (para uno)?
Entonces, mucho cuidado con quién es uno y quién cree ser. Porque no es lo mismo responder a estímulos (de mierda) que fabricarse una personalidad propia. Por supuesto que uno y otro van de la mano -pero insisto en que si hubieran provocativas adecuadas. Yo estaba convencido, pero seriamente, de qué quería desarrollar para mi vida de esta edad en adelante. Que por favor no se me prejuzgue por tener 21 (uno se cree dueño del mundo a esta edad, se sabe), pero pasan períodos cada vez más largos de tiempo hasta que (re)descubro (¿o me re-desengaño?) de que lo que quería no era tan así. O no lo quería de esa forma. Por ende, una vez más hay que calar hondo, profundo, rigurosamente, con estilo, con precisión, con hermetismo, para saber a qué carajo apuntar todas tus fuerzas.
No me quejo del esfuerzo (todo árbol bien tratado da sus frutos), pero sólo espero que para aquellos que nos esforzamos día a día en encontrar una luz, hallemos algo al final del túnel.

lunes, 31 de agosto de 2015

Años VI

¡Feliz cumple (atrasado), blog! Bueno, si me demoré una semana casi en poder postear el único escrito asegurado de todo el año, creo que las palabras están de más. Creo que esto describe a la perfección la relación entre esta página de ya seis pirulos y yo. No me quejo de tener que estar ocupado con varias cosas más -muy productivas, por cierto-, pero sí de no tener ya ese caudal de ideas ("ideas" de posteos, entiéndase) para desparramar por aquí como cuando tenía 15 años.
El otro día, un amigo me decía que ya no se reía tanto con los sketchs de Capusotto como hacía en un momento. Y yo le contestaba que no era el mismo humor. Y el replicaba: "O tal vez porque crecimos". No sé por cuál de las 2 razones será, pero de ser por la segunda, confirmo que crecer es una mierda. Bah, "feo", lo incomprensible o trístemente entendible es ver que por necesidades ajenas se van desgastando gustos propios genuinos. Sí, nacerán otros pero, ¿por qué no mantener aquellos más viejos?
En fin, no sé qué será de este blog de acá a un futuro, sólo espero llegar a por lo menos 10 años de postear sin parar, o bien significará dar por terminada una etapa. Sad but true...

jueves, 30 de julio de 2015

I am a Loser [?]

Ahora que las aguas se calmaron, me gustaría hacer un breve reparo sobre una altisonante palabra que emerge siempre y cada vez que le toca una derrota de tono medianamente importante a nuestra Selección Argentina de Fútbol: la palabra 'Fracaso'.
Se sabe que por lo general, cuando un término -o cualquier cosa en sí - es utilizado con demasiada frecuencia es porque o bien se lo está amplificando al pedo ("Periodismo"), o bien porque la gran mayoría de gente no sabe ni entiende de qué mierda está hablando -y sino, pregúntenle a Dios o a la Democracia. 
Si vuelvo sobre este sustantivo es porque en lo particular giraba satelitalmente a mi alrededor en los albores de la primaria. Sin importar el porqué, creo que puedo sumar algo a la discusión, y el/la que crea que no, puede pasar a otro post.
Se tiende a utilizar el concepto 'Fracaso' como aquel punto de no retorno donde la derrota, la frustración, el dolor, la impotencia, la tristeza son tales que uno no puede darse siquiera el lujo de pensar en una nueva oportunidad  -y en consecuencia, es de fácil acoso para los demás, que no pueden (ni quieren) evitar apuntarle con el dedo, burlarse, gastarlo. Total, es blanco de broma fácil y cualquier ínfimo intento de respuesta se verá automáticamente bloqueado debido a su 'fracaso', y a que su 'fracaso' es tal que no puede abrir la boca ni para defenderse.
Bien, hagamos zoom out: estamos hablando de un partido de fútbol. Y creo que hasta el más ignoto en materia de balonpié sabe o escuchó decir que "el fútbol siempre da revancha". Y no me extiendo sobre lo que es esta camada de jugadores en particular para no irme por las ramas...
Lo preocupante es ver Qué se toma por fracaso. Qué es de tan asqueroso fulgor que ni siquiera merece ser tratado como tal.
¿Fracaso? Fracaso es no tener amigos. Fracaso es no tener un Amor. No sentir Amor o sentir que nunca tuvieron Amor por vos (que es más o menos lo mismo). Fracaso es no tener un objetivo en la Vida. Fracaso es no tener una mínima duda en la cabeza. Fracaso es que tu vida imaginaria sea una fiesta y tu realidad, vomitiva. Fracaso es que no veas ni tus propias contradicciones. Fracaso es aplaudir sola y únicamente a cualquiera que te diga lo que querés escuchar. Fracaso es no tener UN sueño. Fracaso es memorizar excusas e ignorar argumentos. Fracaso es tener una imaginación de 48 pulgadas...
ESO es fracasar. ESO es estar en el fondo de la mismísima mierda y no hacer el más minúsculo intento por tirar arriba. Fracasar es errar, equivocar (en un principio) y no tener la Valentía ni la Dignidad de volverlo a intentar.
Por eso digo, creo, que Fracaso es una palabra que le queda demasiado grande incluso a la gente que abusa de ella. 
Porque si llegaste, volviendo, a un lugar como la Selección, en Algún momento te tenés que haber equivocado, en Algún momento tuviste que fallar, pero de la misma manera, irrevocablemente lo tuviste que volver a intentar. Se sabe que el que quiere puede, y si puede, es porque se equivocó, lo intentó, y mejoró. Y por esa conducta constante mereció el llamado a la Selección. Si sos solicitado para jugar con los mejores representantes del deporte más popular de la República Argentina y del Mundo, me parece que no sos un fracasado. Y si encima te toca hacerlo al lado de alguien como Messi, me parece que tampoco...

lunes, 29 de junio de 2015

El Genio del... [?]

A riesgo de polémicas, me animaría a decir que hay solo 3 cosas "naturales" en la Vida, o que vienen con ella: el Amor; el Miedo, su contrario (no así el Odio); y la necesidad de comunicarse. Por lo demás, creo que el resto es completamente prescindible -siempre que no hablemos del aspecto o psicológico. 
Ahora bien, ¿cómo se explicarían ciertas habilidades "innatas" que tiene cierta gente? ¿Cómo se justificaría aquello que a uno le sale "naturalmente" bien y muestra destreza en sus primeros signos de incursión? Lo único que se me ocurre es que estas actividades contienen rasgos más atractivos para aquellos que los descubren y permite, nuevamente, a cada uno descubrir su personalidad (en el sentido más etimológico de la expresión) porque encajan en mayor que los demás con lo mismo. O porque directamente uno lo entiende con más facilidad y en base a eso, elige profundizar al respecto -al fin y al cabo, nada mejor que verse a uno haciendo las cosas bien. 
Con todo esto quiero decir que, en principio, no creo que haya "elegidos" ni genios innatos en absolutamente nada. En principio porque no tendría ningún sentido. Debería existir para el caso un designio divino que justifique quién tiene que hacerse cargo de qué. Y con eso, una cadena inquebrantable que pese como carga. ¿Por qué alguien tendría que "nacer" para algo? Con eso también se coartaría la posibilidad de cambiar. Basta recordar el caso de Ernesto Sábato, que iba a dedicarse a la física -con el visto bueno de Bernardo Houssay, incluso - y hoy lo recordamos por su labor como escritor. 
Por otro lado, es muy triste ver cómo los medios de comunicación pintan a los artistas -o a cualquier profesional medianamente destacado de su rubro- como a alguien que llegó hasta su puesto porque es un superdotado y todo le sale bien. Tal vez sea porque a los jefes de marketing les conviene que así sea y por eso pagan, o porque esa es la bajada de línea del medio -y quieren así cortar la posibilidad de que surgan más, a fin de que el público consumidor se quede con las ideas y el prejuicio. "No, si para ser músico tenés que tener oído"; "Si no tenés buen pie en el fútbol, no triunfás", "Hay que tener pulso para dibujar", etc...
Pero no. No, loco. Quien crea que sólo se es bueno por algo "natural" está incursionando en un grave error y me gustaría advertirle al respecto. Porque lo que se menciona siempre es el talento, pero se borra todo lo que es el trabajo por detrás. Ser "un genio" no es una nota halagando a un artista por su obra. Es todo el laburo que se tomó el artista para llegar a donde llegó, haciéndole frente a las negativas, juzgando críticamente, sin temor al "qué dirán"; es todo lo que transpiró para ser y hacer lo que se proponía, todo lo que se equivocó para pegar un acierto. Es Hendrix sacando una canción cada 2 días (cuando no era nadie); es Charly tocando 8 horas por día al piano en las épocas de Sui Generis; es Hemingway sentándose religiosamente a escribir durante una parte del día. No me acuerdo si fue el bajista de Megadeth o Metallica que contó que él no era bueno al principio, pero que se pasó 6 horas tocando todos los días al punto que llegó a agarrarle tendinitis. Y hoy está donde está -diferencias musicales aparte. 
Si no fuera por la filosofía del trabajo, ¿cómo se explica que cierta gente con dificultades -de cualquier tipo- sean hoy una eminencia en su rubro? Pensemos en Miles Davis y la discriminación que sufría por su color de piel. Django Reinhardt tenía ausentes 2 dedos y medio y sin embargo es considerado uno de los mejores guitarristas de jazz de toda la historia. Un hermano de Ludwig Wittgenstein estaba falto de un brazo y  así y todo llegó a ser un renombrado pianista, al punto que le dedicaron un concierto (en tanto obra) entero para él. Maradona, 'Maravilla' Martínez emergiendo de la pobreza...
En fin, no se trata de sentir únicamente un aprecio por algo y despuntar el talante sin querer ir más allá, pretendiendo que las cosas caigan solas. Y si uno bien puede ver desde afuera que un otro consigue que las cosas le salgan "naturalmente" mejor, sin que implique un esfuerzo mayúsculo como en el caso propio, atino a preguntar: ¿quién tendrá, al final, mayor mérito? ¿Aquel que las cosas le salgan 'de por sí' mejor, o quien que se esforzó para que las cosas le salgan, y conoce más errores y caminos que el primero? Lo que sea, pero que al fin y al cabo sirva para que veamos que genio no se nace, sino que se hace.

viernes, 29 de mayo de 2015

Sentirse Bien

"Después de todo,
no es tan malo sentirse bien -
te lo agradecerán los demás"
Sentirse Bien -
Virus (1984)

A riesgo de ser redundante -que en el fondo no me importa mucho- no me cansaré de repetir la frase que epigrafía este escrito. Porque parecerá tonto insistir en algo tan obvio, pero no lo es. O en todo caso, no es obvio. Porque si vivimos en un mundo social dispuesto a masturbarse el ego a base de campañas, propagandas, solicitadas, publicidades, exitismo, sentirse bien con uno mismo no es una tarea sencilla. Más aun para la porción del mundo que elegimos diferenciarnos alegando bajo perfil y humildad -pero en serio. Ahora bien, no es cuestión de irse al otro extremo.
Hablo, sin más, que del Amor Propio. Aquel elemento que parece tan ridiculizado en redes sociales y medios de comunicación, que muchos confunden con soberbia, con ego, con confianza, con autoestima. Pero que es sin dudas la base y -por qué no- el trampolín para saltar hacia el futuro de uno mismo. No dejarse pisar, no ametrallarse por los demás ni por uno mismo (¡¡cuestión nada menor!!) es básico, clave para un progreso personal propio, auténtico, genuino. Insisto, no es sencillo, y no culpo a nadie de entrar en crisis con eso, pero algo puede hacerse y acá diré por qué. No por tener la razón ni ver nada desde arriba, pero si la experiencia personal puede servir para observar la generalización de algunas vías, esto tal vez sea productivo.
Lo primero que surgiría es la pregunta '¿Cómo no caer en la soberbia y/o egocentrismo?'. La respuesta -así he concluido- sería que el límite está... en los demás. Los derechos de uno acaban donde empiezan los del otro, ja. Pero no, en serio, el Amor Propio no debería exceder los propios límites del cuerpo de cada poseedor, sino sí se termina transformando en soberbia. Y si va más allá de la profundidad de uno, en egocentrismo. Si uno no quiere lastimar no va a hacerlo -siempre y cuando, esté bien consigo mismo, he aquí el punto clave. Aunque suene irónico, es una buen receta para que cada uno se sienta lo suficientemente bien como para hacerse bien uno y no hacerle mal a los demás.
Solía pensar que tener Amor Propio y preocuparse por cosas netamente personales era poco menos que pecado. Claro, cómo ocuparse de algo tan ridículo como cuestiones sentimentales habiendo gente que tiene necesidades definitivamente más serias (casa, comida) que las de uno. Lo cierto es que si uno no está tranquilo consigo mismo el resto será difícil. No se puede dar amor si no se tiene uno amor a sí mismo. 
Si, por ejemplo, se tratara de dar un consejo amistoso, aunque fuese dicho con el mayor "amor" del mundo, pero sintiéndose insoportablemente enojado con el mundo y con el ego, de nada va a servir tener las mejores intenciones al aconsejar. La violencia se nota. Y un consejo con una violencia sentida suena más a querer sacarse una responsabilidad de encima a querer ayudar. Inutilidad absoluta. 
Por otro lado, este razonamiento entraría en "sana" contradicción consigo mismo. Si tanto preocupa ayudar a los demás, lo ideal sería primero ayudarse a uno mismo. No porque sí, sino para dar el ejemplo correspondiente. Y en segundo lugar, porque si de verdad hay gente que nos quiere, no le va a molestar vernos bien. Al contrario: cuando se ve a un ser querido en estado de alegría, nos alegramos por él -caso contrario en el caso contrario. Feliz de verdad.
Y en último lugar porque... ¡¡qué onda!! A la mierda con darse latigazos sin razón, nada más lindo que pasarla bien en este mundo sabiendo que nos queda una sola vida. Nada de todo eso nos convertirá en un Cristo Redentor de nada. No. Uno vale por lo que es, por lo que elige y no elige ser. No hay muchas más vueltas. Poder regalarse, hoy, una sonrisa y una tranquilidad tal al punto de saberse querido y apreciado por los demás es casi un lujo. No quita ni la responsabilidad ni el compromiso sobre cosas "más serias"(siempre a juicio de cada uno). Es más, me animaría a decir: la fomenta.
Porque estará muy bien dar una mano al prójimo pero, ¿qué onda una mano en el hombro cada tanto?

jueves, 30 de abril de 2015

Con el Destino II

Ir a buscar una cosa y encontrar otra. Exactamente eso me pasó hace 5 días en la Plaza del Nunca Más, en Villa Pueyrredón. A veces está bueno que la vida dé sorpresas inesperadas (¿existen sorpresas esperables?), al menos para ver qué onda nosotros, cómo nos desenvolvemos, cómo nos manifestamos frente a estas situaciones.
Me encontraba redactando justamente una entrada para este blog -¡aguante escribir a mano!- que saldrá en aproximadamente dos meses cuando un gentilhombre que estaba sentado a escasos metros de mi mesa, ocupando otra, me pregunta si no tengo fuego. No, no tengo. Pero cuántas charlas han salido -y saldrán- gracias a esa inquietud. Y como el 99% de la gente a la que le contesté eso ("No, no fumo"), me devolvió un "Muy bien, no lo hagas", y a continuación volvió a probar su mechero, que sí le funcionó y fumó, nomás. 
Hasta ahí nada del otro mundo... a no ser por su inconfundible tono extranjero. El libro que él tenía entre manos sirvió de excusa. Se maravilló contándome sobre su autor y las historias tradicionales inglesas literarias que traía adentro. 
Se llamaba -se llama- Trevor. Y no era inglés, era de Sudáfrica. Me contó que vivía viajando por el mundo y que estaba en pleno viaje por toda Sudamérica y ya había visitado Colombia, Perú, Ecuador, y buena parte de Argentina: Misiones, Corrientes, Córdoba, Chubut. Vivía en base a pequeños negocios que ofrecía/creaba en su momento. Como el alquiler de carpas en el límite Perú-Ecuador donde es verano todo el año y los otros extranjeros, los que se quedan 3 días, les encanta disfrutar. 
Si bien sus canas y su falta de dientes le otorgaban ciertos años, su mirada pacífica, tranquila, dueño de una deliciosa sabiduría le daban más juventud. Se me ocurrió preguntarle, en ese caso, qué era lo que había de la vida, o qué consejo podía darme al respecto. 
Fue bastante explícito: "You just have to take care of  your friends and yourself, the rest doesn't matter, just fuck off". O sea: Sólo tenés que preocuparte de vos y tus amigos, el resto no importa, mandalo a la mierda. 
Asumo que alguien con tanto mundo, tanta edad, tanta experiencia, algo tiene que saber. No es una garantía, pero no sonaba ningún tono soberbio en su voz ni ganas de ganarle a nadie. Por ende, se podía confiar. Y si estaba equivocado, al menos estaba honestamente equivocado. No daba la sensación de que estar en desacuerdo con él fuese a ser un problema -aun sin estarlo. Es curioso, por otro lado, ver cómo, sin ser famoso, adinerado (el tipo vivía acá, en este barrio, dentro de un micro de colegiales: le vi la ropa adentro) se puede vivir tranqui, yendo por el mundo, sin más preocupaciones que pasarla sanamente bien. Que no hace falta tener una garantía cuantiosa de plata para hacer lo que uno quiere. Sí, es verdad que los placeres de televisión contaminan, pero estos ejemplos de carne, animan de verdad. Y más aun, se puede seguir siendo simple. Y sabio, y compañero, y trabajador. 
Tal vez Trevor nunca buscó la fama, pero hacer conocer personajes de este estilo no estaría de más. El mundo quizá nunca lo reconozca como él "es". Pero así satisfecho está y no parece arrepentirse de nada -algo que, creo, también mencionó. Ahora lo que me queda es otro amigo disperso por el mundo. Siempre con un libro a mano, como él mismo me aclaró, vagando, viajando y buscando toda la vida que encierra la Vida en los diferentes cráteres de la humanidad. Y si todo sale como quisiera, en algún momento me lo volveré a encontrar. Quizá no en ese cuerpo, pero sí en todos aquellos seres que vagando buscan su destino cuyo nombre no es otro que el de Libertad.

lunes, 30 de marzo de 2015

Have you seen the Moon?

Have you seen the moon?
So cold and far
So soft near us...


When trains run
through nightmare time
a man die in love's hands

Have you seen the Moon?
She's so many stories to tell
Calm down and listen to you

Just a wolf barking away
with lonelyness as a partner
They don't know but suspect

Have you seen the moon?
Have you ever seen the moon?
Did you really see the moon?
Come on, sit down and join hands with me

Did you see the moon?
Have you seen the moon?...

Una de las tantas impresiones de ver la luna circular por el mundo desde una ventana en Chile, es esta. La sensación de que la Luna tiene muchas historias que contar, que protegernos. Por eso más vale escucharla. Hay que ver si uno realmente ha visto la Luna...

(¡Cuánto hace que no creaba una letra de canción!)

miércoles, 25 de febrero de 2015

Pensar en... Nada? II

Jamás pensé en volver a usar este título para otro post del blog

La primera semana del año decidí tomarme "vacaciones mentales" y no pensar ni preocuparme por nada. No hacer absolutamente nada: no leer, ni escribir, ni tocar el piano, ni pensar y casi ni salir. Consciente de que no voy a poder realizar dicha actividad a mediados de año, intenté aprovechar un poco este tiempo muerto vacacional para ver qué se siente. 
Hay quienes afirman que la felicidad está en no pensar, o que entre menos se piensa se es más feliz. En un objetivo de relevancia, hay 2 formas de llegar al mismo: la corta y la larga. El idiota suele tomar la corta, y el inteligente la larga. Ambos terminan pensando lo mismo, sólo que uno sabe explicar los errores, y el otro no -adivinen cuál. En este caso, tanto el tonto como el sabio pueden terminar siendo "felices", pero uno tendrá una felicidad de plástico y el otro, una 'felicidad' más "real", quizá... tan real que, seguramente, comience a dudar de ella. 
Es gracioso como a veces no nos conformamos con nada, que llegamos a un punto y queremos más. Y en el caso de la felicidad 'trabajada', llegar al irónico punto dudar de ella si se la obtiene. Somos de caprichosos los humanos...
Pero en este caso no sé si sirvió específicamente para algo. No creo que sea realmente útil no pensar, o al menos no tener una preocupación que guíe nuestras mentes, una inquietud que nos conmueva. Como cantó el Indio Solari (y me encargué de replicar en La Vanguardia es Así XIV): "La vida sin problemas/ es matar el tiempo a lo bobo".
En mi situación no sentí nada con mayor o menor intensidad; en todo caso dejar fluir el tiempo sin una noción exacta da una sensación de placentera libertad. O de última, otorgar un poco de oxígeno a la masa encefálica de vez en cuando no viene mal en tanto se puedan reacomodar conceptos, ideas, quilombos, y todo tipo de cambalaches en el bocho. Al fin y al cabo, es probable que el tren calendario no nos lo deje hacer en profundidad.
También cabría preguntarse si establecer un "no pensar" como objetivo no es al mismo tiempo 'pensar' en él mismo; pero de ese modo también habría que inquirir en qué es pensar y así sucesivamente... De todas formas, desde el momento en que percibimos y vivimos en sí, nuestro cerebro está en actividad. Y en paralelo, nuestro eterno desconocimiento a tantísimas ciencia vistas por el hombre y no casi que empala el 'no poder pensarlo' ya que, precisamente, no las conocemos.
Por ende, el no-pensar siempre está implícito, pero esto no quita que nos saque tranquilidad. Ahora, sí muy lejos está del pensamiento activo, en directa relación con la propia 'actividad'. Por eso, tener una célula que sea corazón de nuestro accionar es casi indispensable en cualquier momento de la vida. Y no hace falta mucho para darse cuenta, apenas una semana -y menos mal, porque la verdad era terriblemente aburrido.

jueves, 22 de enero de 2015

La Vanguardia es Así XVII

A partir de ahora, las frases correspondientes a la etiqueta "La Vanguardia es Así" serán únicamente mías o de conocidos míos -léase, gente común, distante de ser célebre.

111) "El karma está zarpado en gato" (Martín Lafroscia) [01/01/14]
112) "Siendo músico se estudia toda la vida" (Luciano, profesor de música de la UNTREF) [24/02/14]
113) "Tarde o temprano se va a repetir la historia" (Desconocido en marcha por la educación) [26/02/14]
114) "Sobrevivir es fácil, vivir es difícil" (Cren Cha) [27/10/14]
115) "Lo más importante del arte es el error" (Sebastián Kizner/ Sagrado Sebakis) [02/12/14]

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Análisis de Discos VII: Piano Bar


Uno de los aspectos más característicos de los discos clásicos es, sin lugar a dudas, su resistencia al paso del tiempo. En tal caso, discos hechos con el amor y el compromiso social y propio suficiente, sumado a la dosis justa de clásicos y hits correspondientes, y unas minúsculas gotas de azar, logran hacer de ellos pasiones inoxidables. Este es el caso de Piano Bar.
El tercer disco “oficial” de la carrera solista de Charly García llegó para marcar un quiebre y un cierre, para dejar en claro que si alguien tenía dudas de su independencia de Sui Generis o Serú Girán, debía despejarlas inmediatamente. Y hoy, en el año que se condecora su 30º aniversario de lanzamiento, nos sometemos al análisis en profundidad.
Un nuevo mundo se despertaba para la Argentina, para Charly, y para el Rock en general a principios de los años ’80. Que el mundo es y será turbulento lo saben todos. Ahora, saber adaptarse y estar a la altura de las circunstancias, no todo el mundo lo logra con rapidez. 1984 tal vez no terminó siendo lo que imaginó George Orwell pero muy lejos no estuvo: las principales dictaduras latinoamericanas ya se habían levantado o habían perdido suficiente legitimidad y poder antaño gozado como para sostenerse en el tiempo y buscaban una salida institucional hacia la democracia: Uruguay lo haría ese mismo año y en Paraguay se daría un hecho simbólico: Escolástico Covando, el preso político más antiguo de Latinoamérica, recuperaba su libertad. En lo que respecta a los demás, Ronald Reagan era reelecto en Estados Unidos mientras la URSS boicoteaba los Juegos Olímpicos y en Líbano comenzaban las millares de muertes, consecuencia de la hambruna.
Puertas adentro, Alfonsín descubría que con la democracia no era tan fácil comer, curar y educar. En el infierno inflacionario, los arreglos con los gremios eran complicados, no faltaría mucho para que le hagan un paro general al primer presidente electo post-dictadura; a pesar de haber sido el primero en haber dado una conferencia de prensa abierta sin restricciones, o el lanzamiento del Plan Alimentario Nacional (PAN). En paralelo, la CONADEP, con Ernesto Sábato a la cabeza, entregaba en mano a la cabeza de Estado el informe conocido como “Nunca Más”, donde registraban y confirmaban la desaparición de al menos 8960 personas por parte de la última dictadura militar. Se disolvía el Ente Cinematográfico Nacional y un tal César Milstein le daba otra vez a la Argentina un Premio Nobel, esta vez en medicina.
En definitiva, una época bisagra bastante complicada de leer y con un futuro cargado de incertidumbre. De parte del Rock, sonaban nombres bien distintos respecto a los de la última década. Prince y Bruce Sprigsteen sacarían dos álbumes legendarios: Purple Rain [Lluvia Púrpura] y Born in the USA [Nací en los Estados Unidos], respectivamente. También darían sus primeros pasos The Smiths con su disco homónimo, debut. Más hacia acá, la mezcla sería entre viejos y nuevos: Spinetta Jade y Los Abuelos de la Nada sacaban cada uno ‘Madre en Años Luz’ e ‘Himno de mi Corazón’ –y los líderes de ambas bandas ya habían sacado sus respectivos discos solistas: Luis Alberto Spinetta, Mondo di Cromo; y Miguel Abuelo, Buen día, día. Para las camadas nuevas, recién se abría el telón: Soda Stereo, La Torre, y GIT presentaban primeros discos, todos homónimos; y Fito Páez lanzaba Del ’63. Cabe aclarar que los últimos dos mencionados serían los integrantes de la banda que García usaría para tocar en su propio disco. Esto es: se rodeó de gente joven.
Y hablando de Charly, nuestro personaje en cuestión no se encontraba aquí, sino en Brasil. En compañía de su eterna Zoca, las vacaciones llegaban después de una época turbulenta: éxito y desprecio con Clics Modernos, giras eternas, juicios, consagración como ídolo de Rock/pop, acusaciones de venta a la música yankee. “Tiene que ver mucho con lo de New York; con el haber venido con 'Clics modernos' y haber sido tan rechazado. Tuve que luchar contra mentalidades muy cuadradas que decían que me había vendido a los yankis y que hacía música 'chingui-chingui'. Y de alguna manera me rompieron la paciencia. Estaba enojado: me suspendieron una gira por la mitad, por ridiculeces, los juicios, todo eso. No importa lo que hagas, si sos un poco diferente vas a molestar mucho”- se descargaba en una entrevista posterior – “En la gira presentación tuve muchos problemas porque me decían que me había vendido a los Estados Unidos porque el disco lo grabé allá. ¿Y Gardel, loco? ¿De qué me están hablando? No es cuestión de venderse, es cuestión de progresar. Acá hay gente que tiene el rollo ese de que todo lo yanqui es malo”.
Pero en el país carioca, el panorama cambió: “Estábamos en lo de los padres de Zoca en Belo Horizonte. Compraba discos en la plaza de Minas Gerais y pasaba las tardes escuchándolos en casa, que me parecía un buen ambiente, haciendo tapas de casetitos. Estaba muy copado con eso, y siempre tenía el Yamaha PS-55 a mano. Podía conectarlo con un grabador, hacer una música, cantar y tocar arriba de lo que hubiera hecho”, decía Charly. No obstante, Clics no fue la última producción Garciesca pre-Piano Bar: antes, se editó ‘Terapia Intensiva’. La misma es la banda sonora de la obra de teatro homónima de Antonio Gasalla. Una serie de instrumentales que lamentablemente pasaron sin pena ni gloria por las bateas del Rock. Para los fanáticos y coleccionistas, aun así es una pieza hermosa. Ale Sergi, de Miranda!, por ejemplo, considera que ‘Chicas muertas’ –el único track cantado- es uno de los mejores temas de los ’80.
La bomba caería mucho después. Si García quería “tomarse vacaciones” de la música, ésta no la dejó. Cuando las cosas tienen que pasar, pasan: “Mientras entretenía a los hermanos y amigos de Zoca con mis cosas, grababa y escribía canciones. Cuando tuve diez de esas, dije ‘mando’. Y volví a Buenos Aires: directamente al estudio”. Uno de los mejores discos del Rock Argentino se estaba gestando.
Hay canciones que nacieron para abrir discos, diría alguien. Tal es el caso de Demoliendo hoteles. Ese redoblante bien al palo y el bajo surfeando entre el rock y el pop ya es una marca bien García. Aquí se despliega algo interesante: además de querer captar la atención de entrada, Charly comenzará lo que la doctora en Letras Mara Favoretto definirá como “la construcción del yo-personaje”. Esto es: si bien antes García hablaba desde un “yo” más personal en épocas anteriores (Sui Generis), evaluando lo que pasaba para dentro suyo, cuando la situación se puso más jodida, evaluó desde sí mismo, en paralelo a los demás (La Máquina de Hacer Pájaros/Serú Girán); pero una vez consagrado, se da el lujo de juzgar desde arriba. Por supuesto, siempre con la pizca de humor correspondiente. Y a eso le es adicionado jugar con su imagen pública, riéndose de sí mismo, creando una parodia de aquella figura del artista que le permite codearse con cualquier escalón social a gusto. Entonces, desde esta postura, planteará una serie de letras muy interesantes.
            Para el caso de Demoliendo…, la letra –y la placa – arranca con una palabra muy precisa: “Yo”. Listo, es García, está acá. De allí en más, una historia de vida. Alguien que no nació en cuna de oro ni era nadie antes de ser. Y eso lo pone en directa consonancia con casi cualquier argentino. El hecho de que García ahí, a esa altura, no se la creyese, es francamente admirable. Porque desde esa postura más realista que nada puede seguir jugando el papel de antena captadora que siempre lo ha caracterizado. Por esa vía se desarrolla toda la letra: Yo que crecí con Videla/ Yo que nací sin poder/ Yo que luche por la libertad/ Pero nunca la pude tener”. Peleó por la libertad que se le negó. Como cualquier otro.
            Pequeñas delicias de la vida musical: gritar ‘Videla’ a apenas 2 años de finalizado el genocidio militar, cambiar dicho nombre por ‘Pinocho’ cuando lo cantaba en Chile, o tirar un ‘Perón!’ después del verso “Yo que viví entre fascistas…” –para dudas, chequear el video de la canción.
            De cualquier forma, el yo lírico marca que a pesar de haberse ido a vivir otra vida (hippie), aun se siente raro, incomprendido. Por lo tanto, lo único que le queda es “demoler hoteles” –canalizar violencia o diversión, por un lado o por otro. O sea, no es loco (o ‘anormal’) por su culpa: así lo trataron las cosas o lo forzaron las situaciones, sobre todo para aquellos que tratan de hacer las cosas bien yendo en contra de la corriente, y no los dejan. García en sí tuvo una vida como cualquier otro. El oído absoluto o el título de profesor de piano son anécdotas: también estuvo tras las rejas del secundario, se tuvo que bancar que sus compañeros abandonaran su banda y, para peor, tuvo que fumarse el servicio militar. No por nada –recuérdese – ya en 1982 se inquiría: “Yo me pregunto entonces/ Si aun estarías aquí/ Cuando yo no era nadie/ Y no tenía plata en el bolsillo” (Vos también estabas Verde, Yendo de la Cama al Living).
            Después de abandonar un tema que musicalmente roza lo punk –y de hecho termina con un derrumbe, como yéndose todo a la mierda-, García acomete con una metáfora deliciosa en Promesas sobre el Bidet. “Por favor, no hagas promesas sobre el bidet”, que lisa y llanamente significa “no prometas allí donde te lavás el orto”. Impecable. Porque además, es una frase que se puede aplicar a cualquiera, incluso al propio Charly. Tómese en cuenta que si fuera un mensaje a sí mismo, sería una forma de decir “No te traiciones”, algo en consonancia directa con la anterior canción.
            A mi juicio, hay un error en el canto de la lírica. En un momento dice: “Por favor, yo te prometo te esperaré/ si es que paro de correr” y en otro “Por favor, yo te prometo te escribiré/ si es que para de llover”. Me parece mucho más elocuente enunciar “Por favor, yo te prometo te escribiré/ si es que paro de correr” y “Por favor, yo te prometo te esperaré/ si es que para de llover”, pero teniendo en cuenta las circunstancias que rodearon la génesis de la canción (y del disco en general), no me sorprendería que se haya equivocado, y aun así lo dejara tal cual. “En determinado momento puse el aparato (Yamaha PS-55) esperando que hiciera una cosa, pero se retobó e hizo otra. Me puse a descubrir qué era lo que estaba haciendo, y ahí apareció el riff de ‘Promesas sobre el bidet[…] Después de comer, me fui a bañar, y cuando estaba en la ducha, se me ocurrió todo lo que iba a hacer con ese riff que quedó grabado. Le pedí a Zoca que me trajera lápiz y papel. A todo esto, yo estaba con la ducha al mango y lleno de champú. Ella me trajo lo que le pedí y se sentó en el bidet. Yo escribía bajo el agua y la lluvia me lo iba borrando. Así salió”, comentó García sobre otro factor que incidió en la composición del disco: el ‘azar’. Llámeselo circunstancias o como se quiera, lo cierto es que no sería la única ocasión donde la involuntad metería la pata. De cualquier forma, ilustra bastante bien el final de la poesía: todos tenemos un ‘trip’ [viaje] diferente en el bocho, que no dominamos bien, y lo jugoso aquí está en lo que se puede dar en esa contradicción, ese antagonismo, ese juego de opuestos. “Ese tema ilustra cómo fue hecho todo Piano Bar: portátil. Por ejemplo, me iba a Ouro Preto, una ciudad con cien iglesias en el medio de la montaña y me llevaba todo”, concluyó el músico, aunque dejó una frase más linda para el después: “Para hacer una buena canción hace falta una brasileña divina y un bidet”. Tenía razón.
“Tac tac… Tac! Tac tac… Tac!” suena la percusión de Raros Peinados Nuevos, como sometiéndonos a una espera. Y sale el bicolor: “Y si vas a la derecha/ Y cambiás hacia la izquierda,/ Adelante”. Asumamos una eventual postura apolítica para evitar discusiones eternas y podridas, tomándolo como potencial metáfora de cambio. Está bien, es lo que se encargará de decir toda la canción. Y para mejor, siempre apuntando a la juventud: no se habla del doctor, se habla del enfermero –o sea, aquel que al fin y al cabo suministra la medicina. Si ponemos atención, podemos ver que la premisa no es tan desacertada: si la música es una forma de mantenerse joven, Charly siempre ha estado atento a la frecuencia modulada del mundo (algo tajantemente demostrado en Clics Modernos). Ok, los dinosaurios van a desaparecer, pero eso no necesariamente significa que se aliente a la juventud. “Tenemos que apoyar lo que está saliendo, hay que ayudar a los grupos nuevos. Los pibes están tocando bien”, opinaba en 1985.
            Ahora bien, apúntese lo siguiente: si bien el contenido de las frases es contundente (“…desenchufa el cable del parlante!” “¡Apagá el televisor!”), el tono y modo con que son pronunciados, más el eco, los silencios y la solemnidad subyacente dan cuenta de una actitud de desesperante tranquilidad. Si a eso le sumamos la pistola y la “sangre” (ketchup) que se ve en el video, la entonación llega al punto de ser siniestra. No obstante, García insiste en actuar en vez de aquietarse (quién mejor que él para decirlo).
            En el medio, mete una frase genial: “El silencio tiene acción/ El más cuerdo es el más delirante”. Si se analiza en detalle, los significados apuntan para todas partes. “El silencio tiene acción”: en principio, ¿quién mejor que un músico para definir/saber  qué es el silencio? Ya el gran Jimi Hendrix decía: “La música está en el silencio”. Aun así, es curioso ver que, por ejemplo, sería una buena metáfora de lo que es estar en el ojo del huracán: parece que no pero, en realidad, todo se mueve –igual que la escena mundial en el cenit de los ’80. Al mismo tiempo, “el más cuerdo es el más delirante”. O sea, aquel que más trata de mantenerse en la línea estándar es quien más “loco” está, ya que el modo de vivir que “vale la pena” se opone totalmente a esa alienación. O al contrario, aquel supuesto “delirante” tal vez entienda tan bien las cosas que termine siendo el más ‘cuerdo’ cuando ve qué hay que hacer para escapar –y por eso lo llamen ‘loco’. Como se ve, es manifiesta la polivalencia de sentidos en la frase –frase que empalma directamente con la legendaria “La mediocridad para algunos es normal/ la locura es poder ver más allá”, de ‘El Tuerto y los Ciegos’ (Pequeñas Anécdotas sobre las Instituciones, 1974), donde se formó la primogénita ambigüedad que hoy dispara para los cuatro puntos cardinales la pluma de García, maravillosamente dominada. Para colmo, se dio el lujo de declarar en un reportaje posterior que estaba “más cuerdo que nunca”: “
Yo sé que con todas las noticias que di este año -creo que salí más veces en policiales que en la Pelo- mucha gente debe pensar que estoy loco. Yo quiero decirle a la gente que lo que hago no lo hago de loco sino de cuerdo. No me banco un montón de cosas y estoy peleando por mis derechos”. En síntesis, García no es ningún idiota.
He aquí el tema clave. La canción que, a mi juicio, funcionará como corazón del disco –aquella que le da nombre: Piano Bar. Porque además de lo simbólico de replicar el nombre de la placa, encierra verdaderamente todo aquello que pretende transmitir el disco: “La idea salió imaginándome ‘Grandes Valores del Tango’, pero en el futuro: con todos nosotros ahí. Todo el ambiente, con pelucas, tomando tragos exóticos de colores verdes y rojos. Eso sería en la Confitería Ideal: tendría que ser ahí. Todo lleno de mármol. Y cada vez que se muere uno, poner un busto. Por ejemplo, hacer transfusiones de sangre para los que están muy reventados, mano clínica, y poner un pasillo largo que dé a un jardín. Entonces cuando uno ya no tiene ganas de vivir, va por ese camino y del otro lado hay una máquina que te aplasta.
            Claro que me veo ahí. Creo que si no te ves ahí, es como que no te ves mucho. Tenés que verte ahí porque es algo real: están ahí porque rememoran una época, y por ahí algo queda.
[…] Un paraíso artificial, de neón, bien moderno”, clarificaba Charly.
Amén de que Renata Schussheim y Jean Francois Casanovas abrieran realmente un lugar del estilo el año anterior –y de hecho, este iba a ser el original título ‘Clics…’-la relación de Charly con el tango en sí viene de larga data. De chico, la madre de García, Carmen Moreno, laburaba en la radio y traía diariamente LPs tanto de folklore como de tango a su casa, cuyo hijo futuro músico se encargaba de escuchar y registrar. Le Pera, Falú, Mercedes Sosa y el Zorzal pasaron por su reproductor. “Me gusta el tango. Gardel me parece un marciano”, le dijo en enero de 2012 a Felipe Pigna.
El tiempo y los gustos fueron ubicando al pianista en una vereda musical diferente, pero no por eso le hizo asco al género –no olvidemos aquel famoso tema que salió en reemplazo de Botal Locas en “Instituciones”: Tango en Segunda. Sacando la obviedad del título, la canción así fue pensada. No obstante lo cual, encontronazos con los principales exponentes, hubo. Después de haberles dedicado el nostálgico A los jóvenes de ayer a aquellos que bastardeaban el Rock, Charly se encontró con Ástor Piazzola –uno de los primeros críticos- en un banco de Nueva York y se produjo el siguiente diálogo:
-        ¿Vos sos Piazzola?
-       
-        Agarrame las bolas
Palo aparte para el creador de Libertango (disco que cumplía 10 años en el ‘84), García reivindicaría posturas en Yo no quiero Volverme tan Loco: “Escucho un tango/ y un rock/ y presiento que soy yo/ y quisiera ver al mundo de fiesta” (Yendo de la Cama al Living, 1982). No se olvide que la banda sonora del film Pubis Angelical, publicada el mismo año como disco anexo a Yendo… había sido definida por él mismo como “tango hecho por Pink Floyd”. Más tarde, incluso, llamaría Tango a la producción conjunta con Pedro Aznar; y en 2003 grabaría una versión de V.S.D. [Vos sos Dios] solo al piano titulada precisamente… Tango (Rock and Roll Yo, 2003). “Lo único que no me gusta [del tango] es quizás el sonido. O sea, me gusta la idea. Cuando yo recuerdo una canción de tango en mi mente, suena mejor que en el disco. Pero me sé un montón de tangos y algún día voy a hacer un ‘tango-tango’”, le aclaraba otra vez a Pigna en el programa ‘Qué fue de tu vida’.
Volviendo al punto, además de la resignificancia de un lugar, allí realmente entran todos: chicos y chicas, para vivir sus vidas, desde los caretas (“escoge tu disfraz”) hasta lo popularmente asignado a las clases bajas (el cabaret, el tango/bandoneón, las prostitutas – “Rubias de New York”). Y todo, en la última palabra: la ciudad. Ese es el verdadero “piano-bar”, allí donde estamos todos. Todos los que nacieron ahí, de una u otra forma también mueren allí.

Por último, y para cerrar la cara A del LP, ¿No te animás a despegar?, un tema compuesto para su amiga Fabi Cantilo, que en ese momento se estaba atravesando un duro momento en su lucha por la desintoxicación de drogas. Por eso García, además, le pregunta: “¿Por qué/ te quedás en vía muerta?/¿Por qué/ te quedás en la puerta?”. Más allá de la obvia y repetida metáfora de ‘tener que saltar’ o ‘pegar el salto’, el tema es que Charly le señala (y nos señala a todos) por qué nos quedamos en ese lugar del mundo cuando sabemos que es campo muerto, que es estéril. Cuando se sabe que ahí no pasa nada y nada va a pasar, ni a mejorar. Y así como la canción arrancó con clima suspicaz, escondido casi, lo mismo nos va a dejar el cantor con esa duda cuando entone: “Por qué…/ no te animás a despegar/ Yo te digo por qué…/ ¿Porqué?”. Parece que va a dar una respuesta (que para todo siempre tiene) y finalmente no. Tal vez porque no la tenga realmente, tal vez porque ya la dijo, tal vez porque la respuesta está en nosotros mismos, en nuestro interior.
Y así se nos va esta primera cara del LP, con suspenso, al contrario que la mayoría de los temas anteriores, que habían sido austeros, pero contundentes y conclusivos. Austero como las versiones de ambas tapas que tuvo esta placa. La primera mostraba una foto extraída de las sesiones de grabación (luego editadas en DVD) de nuestro músico, de frente, cantando. Una vez más: es Charly. La reedición en compacto sacó una versión un poco más divertida y original, donde se observaban las letras de las 6 primeras canciones escritas con puño y letra, en diferentes colores, por García. Una vez más, el Piano-Bar no deja de ser un lugar de referencia, de pertenencia, de auto-exilio, inclusive para el propio disco. Que por cierto, dará lugar, en la otra cara, a una particular historia de amor.

Siguiendo la misma lógica de la cara anterior, abre con un hit: No se va a llamar mi Amor. Dos minutos y monedas para una canción que simplemente hablaba de la estupidez de no poder titular una canción “Mi Amor” (cortesía de S.A.D.A.I.C.) al ya estar registrado. Abundan casos del estilo en el rock local: desde ¿Qué hago en Manila?, de Virus hasta todos los títulos del primer disco solista de David Lebón (cortesía de Pappo). No obstante, es interesante abstraer la letra de la burocrática circunstancia y notar cómo García se referirá a un “la” a lo largo de casi todas las demás canciones. “Estás prohibida,/ estás prohibida, ya/ […] pásenlo en la radio,/ ¡por mi amor!”: aquí al frase es abiertamente polisémica. Bien la “prohibida” podría ser la mujer, la música, la democracia, la denuncia…, todo englobado bajo el concepto de “mi amor”, que al mismo tiempo busca salir en libertad justificándose en sí misma. Que la pasen porque la tienen que pasar. Es el principio, el fin, y el camino.
Para cerrar esta locura, la grabación de una tarde cualquiera en Buenos Aires (tal vez, la implicada en el fondo): “Era la bendita época en ue había discos; yo no tenía el primer tema del lado dos, y grabábamos esa tarde. Me levanté a las diez de la mañana y me puse a grabar los ruidos de la calle. Justo pasó un colectivo, el 92, creo, y quedó. En Nueva York me preguntaban cómo era Buenos Aires, les ponía ese casete, y les decía ‘es esto”. No por nada esta canción cerró el Concierto Subacuático.
Ya que “no se iba a llamar” su amor, consecuentemente cayó Tuve tu Amor. Aquí, anticipando lo que vendrá, se menciona por primera vez el exilio. Charly jamás tuvo que exiliarse por cuestiones netamente políticas –tal vez sí musicales – pero el exilio pudo haberle pasado a cualquiera en cualquier momento. En la confusión hay idos, venidos, muertos, desaparecidos. Bien incluso la lírica podría travestir exilios internos, evadiendo realidades, a través de la cocaína, droga muy de moda en ese momento: “Los sitios girarán por siempre,/ sitios para transgredir…/ Hay algo en tu nariz/ que escondes muy bien,/ te encuentro feliz: triste”. Como buena letra de tango –otra vez – el yo se despide de su amor, prometiendo volver a tenerla consigo, “no importa dónde esté”.
Una vez que se alejó del objeto amoroso, a Garcia no le quedó otra que componer Rap del Exilio, una suerte de sacarina para la triste despedida que él y muchos más deben afrontar. Porque es ponerse en boca de todos decir “Tenía un sólido futuro artístico/ y me comí el bajón” –a punto tal que ahora tiene “mil años, y muy poco que hacer” al respecto. Aun así, empuja al “¡Vamo’ a bailar!”, con onda. Esto seguirá la línea de “bailar sobre los escombros” que más tarde catapultarían Sumo, Los Twist, Los Pericos, y Los Fabulosos Cadillacs, entre otros: bailar a pesar de todo, seguir, buscar diversión después del terror.
Y como epílogo de esta extraña historia de amor, el emblemático tema del disco: Cerca de la Revolución. Alguna vez electa mejor canción del Rock Argentino, este noveno track, grabado en vivo en el estudio, marca el grito definitivo de Charly: ante la falta de Amor, hacer una Revolución. No necesariamente una Revolución con armas, tal vez una Revolución de Amor en sí. El pueblo pide sangre, pero no más sangre, sino aquella de los desaparecidos, que urge (de)volver.  En este enigmático cierre, el bicolor vuelve a cantar a aquel objeto amoroso que tanto desea, siempre abierto a libre interpretación: la mujer, la música, la democracia… Y un estribillo eterno para dejar a todos con ganas de más: “Pero si insisto/ –yo sé muy bien –/ ¡te conseguiré –seguiré!”. A qué punto llegará el deseo del compositor que en un momento exclama: “Si estas palabras te pudieran dar fe,/ si esta armonía te ayudara a creer,/ yo sería tan feliz, tan feliz en el mundo,/ que moriría arrodillado a tus pies”, parafraseando al Che Guevara, recientemente mencionado. Para colgar esta canción en un cuadrito, el solo de Guyot puede pasar de simple, pero encaja perfecto con la obra. Colapso con el estribillo final pero dejándonos en ese exquisito precipicio que ya había abierto con la palabra “cerca”. Ni próxima, ni pasada: cerca. O sea, puede ocurrir en cualquier momento. Ojalá ocurra en cualquier momento.
La edición original del LP coronaba con Total Interferencia, al primer composición García/Spinetta de la historia. Brota aquí una de las mejores características del Rock: con sumas tan simples se pueden hallar resultados extraordinarios. En este caso, el Flaco fue a visitar a Charly a una quinta que había alquilado, y este le propuso hacer un tema. Así fue que mientras el maestro de piano y solfeo básico (que en este tema da fucking cátedra) generaba desde las teclas, el otro músico generaba desde la cabeza e iba sugiriendo estructuras y partes. Así salió este maravilloso opus que habla de la vida día a día y deja una frase certera que brilla de actualidad: “Violamos todo lo que amamos para vivir”.
Fito Páez estaba en la consola al momento de grabar esta pieza, que de hecho, no iba a entrar. “Era la primera vez que un tema de Charly y Luis iba a tener registro. Charly no lo quiso poner y yo le insistí para que lo pusiera. […] Yo estaba del otro lado de la consola con [Jorge] Da Silva [N.R: técnico de los estudios ION] y tuvimos una larga charla de 20 minutos, él en el micrófono, en donde decidió que iba a hacer el tema, que lo iba a cantar, y que lo iba a meter en el disco. Después de todo es muy sugerente: un tema de Charly y Luis que se llame ‘Total Interferencia’ parece como si fuera una suerte de emblema argentino. […] Yo percibí que el asunto tenía una gravedad histórica”, comentó el rosarino.
La salida en CD se encontró con una “extraña” versión de Canción para mi Muerte, de Sui Generis (Vida, 1972) incluida como bonus track con Daniel Melingo al saxo. Si volvemos al concepto principal de Piano Bar, encaja bien –sobre todo ubicándose al final, al contrario de su álbum de aparición. Pero si algún ingrediente faltaba en esta ensalada, fue el proceso de locura que sobrevino a la mezcla. García tenía originalmente que ir a Nueva York a mostrarle el material a Joe Blaney, quien ya había mezclado Clics…, pero en el medio, Amílcar Gilavert le propuso al bicolor hacer el primer disco digital de la Argentina. Todo marchaba bien, con pistas mezcladas en una semana; ahora sólo había que conseguir un sistema Pal-N en Nueva York para dárselo a Ted Jensen, uno de los mejores “cortadores” de discos a nivel mundial, para que terminara de cocinar el trabajo.
Pero el sistema fue imposible de operar debido a un decodificador muy complicado de conseguir. Charly volvió a los brazos de papá Blaney, a este no le gustaba el sonido, y de a poco se iba abriendo una grieta de duda más grande respecto a la “obra maestra” del argentino (¡si hasta la esposa de Blaney se percató de los errores!). Resultado: volver a mezclar todas las pistas de vuelta. Tanto jolgorio y quilombo en algún momento tenían que tirar alguna pálida. Esa fue la ocasión donde Joe tiró su famosa frase: “los casetes son para las putas, los compacts para los yuppies, y un disco es un disco”. Nada tan a la altura de esta aventura.
Piano Bar fue un disco incomprendido en su momento. Con el fantasma de ‘Clics’ todavía detrás, sumado a la edición cercana a fin de año (septiembre), la placa recién comenzó a tomar relevancia al año siguiente. Sin embargo, esto no opacó que García coronara una trilogía legendaria: ‘Yendo de la Cama al Living’ – ‘Clics Modernos’ - Piano Bar’. Como esos discos simbólicos destacados al principio, P.B. es uno de aquellos que sigue tirando la posta, aun muchos años después: “Afuera se cae el mundo y el Piano Bar sigue inamovible, batiendo lo que pasa afuera”, le dijo el músico más tarde a la revista Humor Registrado. No en vano fue el disco con más “seleccionados” para El Concierto Subacuático. La demostración final sencillamente es su vigencia, perseverancia, y honestidad tanto lírica como musical –enjuto proyecto para un artista que estaba en la cima (y la volvería a conquistar) pero que no arrugó cuando dijo lo que había que decir y que, finalmente, se animó a despegar.