miércoles, 31 de diciembre de 2014

Análisis de Discos VII: Piano Bar


Uno de los aspectos más característicos de los discos clásicos es, sin lugar a dudas, su resistencia al paso del tiempo. En tal caso, discos hechos con el amor y el compromiso social y propio suficiente, sumado a la dosis justa de clásicos y hits correspondientes, y unas minúsculas gotas de azar, logran hacer de ellos pasiones inoxidables. Este es el caso de Piano Bar.
El tercer disco “oficial” de la carrera solista de Charly García llegó para marcar un quiebre y un cierre, para dejar en claro que si alguien tenía dudas de su independencia de Sui Generis o Serú Girán, debía despejarlas inmediatamente. Y hoy, en el año que se condecora su 30º aniversario de lanzamiento, nos sometemos al análisis en profundidad.
Un nuevo mundo se despertaba para la Argentina, para Charly, y para el Rock en general a principios de los años ’80. Que el mundo es y será turbulento lo saben todos. Ahora, saber adaptarse y estar a la altura de las circunstancias, no todo el mundo lo logra con rapidez. 1984 tal vez no terminó siendo lo que imaginó George Orwell pero muy lejos no estuvo: las principales dictaduras latinoamericanas ya se habían levantado o habían perdido suficiente legitimidad y poder antaño gozado como para sostenerse en el tiempo y buscaban una salida institucional hacia la democracia: Uruguay lo haría ese mismo año y en Paraguay se daría un hecho simbólico: Escolástico Covando, el preso político más antiguo de Latinoamérica, recuperaba su libertad. En lo que respecta a los demás, Ronald Reagan era reelecto en Estados Unidos mientras la URSS boicoteaba los Juegos Olímpicos y en Líbano comenzaban las millares de muertes, consecuencia de la hambruna.
Puertas adentro, Alfonsín descubría que con la democracia no era tan fácil comer, curar y educar. En el infierno inflacionario, los arreglos con los gremios eran complicados, no faltaría mucho para que le hagan un paro general al primer presidente electo post-dictadura; a pesar de haber sido el primero en haber dado una conferencia de prensa abierta sin restricciones, o el lanzamiento del Plan Alimentario Nacional (PAN). En paralelo, la CONADEP, con Ernesto Sábato a la cabeza, entregaba en mano a la cabeza de Estado el informe conocido como “Nunca Más”, donde registraban y confirmaban la desaparición de al menos 8960 personas por parte de la última dictadura militar. Se disolvía el Ente Cinematográfico Nacional y un tal César Milstein le daba otra vez a la Argentina un Premio Nobel, esta vez en medicina.
En definitiva, una época bisagra bastante complicada de leer y con un futuro cargado de incertidumbre. De parte del Rock, sonaban nombres bien distintos respecto a los de la última década. Prince y Bruce Sprigsteen sacarían dos álbumes legendarios: Purple Rain [Lluvia Púrpura] y Born in the USA [Nací en los Estados Unidos], respectivamente. También darían sus primeros pasos The Smiths con su disco homónimo, debut. Más hacia acá, la mezcla sería entre viejos y nuevos: Spinetta Jade y Los Abuelos de la Nada sacaban cada uno ‘Madre en Años Luz’ e ‘Himno de mi Corazón’ –y los líderes de ambas bandas ya habían sacado sus respectivos discos solistas: Luis Alberto Spinetta, Mondo di Cromo; y Miguel Abuelo, Buen día, día. Para las camadas nuevas, recién se abría el telón: Soda Stereo, La Torre, y GIT presentaban primeros discos, todos homónimos; y Fito Páez lanzaba Del ’63. Cabe aclarar que los últimos dos mencionados serían los integrantes de la banda que García usaría para tocar en su propio disco. Esto es: se rodeó de gente joven.
Y hablando de Charly, nuestro personaje en cuestión no se encontraba aquí, sino en Brasil. En compañía de su eterna Zoca, las vacaciones llegaban después de una época turbulenta: éxito y desprecio con Clics Modernos, giras eternas, juicios, consagración como ídolo de Rock/pop, acusaciones de venta a la música yankee. “Tiene que ver mucho con lo de New York; con el haber venido con 'Clics modernos' y haber sido tan rechazado. Tuve que luchar contra mentalidades muy cuadradas que decían que me había vendido a los yankis y que hacía música 'chingui-chingui'. Y de alguna manera me rompieron la paciencia. Estaba enojado: me suspendieron una gira por la mitad, por ridiculeces, los juicios, todo eso. No importa lo que hagas, si sos un poco diferente vas a molestar mucho”- se descargaba en una entrevista posterior – “En la gira presentación tuve muchos problemas porque me decían que me había vendido a los Estados Unidos porque el disco lo grabé allá. ¿Y Gardel, loco? ¿De qué me están hablando? No es cuestión de venderse, es cuestión de progresar. Acá hay gente que tiene el rollo ese de que todo lo yanqui es malo”.
Pero en el país carioca, el panorama cambió: “Estábamos en lo de los padres de Zoca en Belo Horizonte. Compraba discos en la plaza de Minas Gerais y pasaba las tardes escuchándolos en casa, que me parecía un buen ambiente, haciendo tapas de casetitos. Estaba muy copado con eso, y siempre tenía el Yamaha PS-55 a mano. Podía conectarlo con un grabador, hacer una música, cantar y tocar arriba de lo que hubiera hecho”, decía Charly. No obstante, Clics no fue la última producción Garciesca pre-Piano Bar: antes, se editó ‘Terapia Intensiva’. La misma es la banda sonora de la obra de teatro homónima de Antonio Gasalla. Una serie de instrumentales que lamentablemente pasaron sin pena ni gloria por las bateas del Rock. Para los fanáticos y coleccionistas, aun así es una pieza hermosa. Ale Sergi, de Miranda!, por ejemplo, considera que ‘Chicas muertas’ –el único track cantado- es uno de los mejores temas de los ’80.
La bomba caería mucho después. Si García quería “tomarse vacaciones” de la música, ésta no la dejó. Cuando las cosas tienen que pasar, pasan: “Mientras entretenía a los hermanos y amigos de Zoca con mis cosas, grababa y escribía canciones. Cuando tuve diez de esas, dije ‘mando’. Y volví a Buenos Aires: directamente al estudio”. Uno de los mejores discos del Rock Argentino se estaba gestando.
Hay canciones que nacieron para abrir discos, diría alguien. Tal es el caso de Demoliendo hoteles. Ese redoblante bien al palo y el bajo surfeando entre el rock y el pop ya es una marca bien García. Aquí se despliega algo interesante: además de querer captar la atención de entrada, Charly comenzará lo que la doctora en Letras Mara Favoretto definirá como “la construcción del yo-personaje”. Esto es: si bien antes García hablaba desde un “yo” más personal en épocas anteriores (Sui Generis), evaluando lo que pasaba para dentro suyo, cuando la situación se puso más jodida, evaluó desde sí mismo, en paralelo a los demás (La Máquina de Hacer Pájaros/Serú Girán); pero una vez consagrado, se da el lujo de juzgar desde arriba. Por supuesto, siempre con la pizca de humor correspondiente. Y a eso le es adicionado jugar con su imagen pública, riéndose de sí mismo, creando una parodia de aquella figura del artista que le permite codearse con cualquier escalón social a gusto. Entonces, desde esta postura, planteará una serie de letras muy interesantes.
            Para el caso de Demoliendo…, la letra –y la placa – arranca con una palabra muy precisa: “Yo”. Listo, es García, está acá. De allí en más, una historia de vida. Alguien que no nació en cuna de oro ni era nadie antes de ser. Y eso lo pone en directa consonancia con casi cualquier argentino. El hecho de que García ahí, a esa altura, no se la creyese, es francamente admirable. Porque desde esa postura más realista que nada puede seguir jugando el papel de antena captadora que siempre lo ha caracterizado. Por esa vía se desarrolla toda la letra: Yo que crecí con Videla/ Yo que nací sin poder/ Yo que luche por la libertad/ Pero nunca la pude tener”. Peleó por la libertad que se le negó. Como cualquier otro.
            Pequeñas delicias de la vida musical: gritar ‘Videla’ a apenas 2 años de finalizado el genocidio militar, cambiar dicho nombre por ‘Pinocho’ cuando lo cantaba en Chile, o tirar un ‘Perón!’ después del verso “Yo que viví entre fascistas…” –para dudas, chequear el video de la canción.
            De cualquier forma, el yo lírico marca que a pesar de haberse ido a vivir otra vida (hippie), aun se siente raro, incomprendido. Por lo tanto, lo único que le queda es “demoler hoteles” –canalizar violencia o diversión, por un lado o por otro. O sea, no es loco (o ‘anormal’) por su culpa: así lo trataron las cosas o lo forzaron las situaciones, sobre todo para aquellos que tratan de hacer las cosas bien yendo en contra de la corriente, y no los dejan. García en sí tuvo una vida como cualquier otro. El oído absoluto o el título de profesor de piano son anécdotas: también estuvo tras las rejas del secundario, se tuvo que bancar que sus compañeros abandonaran su banda y, para peor, tuvo que fumarse el servicio militar. No por nada –recuérdese – ya en 1982 se inquiría: “Yo me pregunto entonces/ Si aun estarías aquí/ Cuando yo no era nadie/ Y no tenía plata en el bolsillo” (Vos también estabas Verde, Yendo de la Cama al Living).
            Después de abandonar un tema que musicalmente roza lo punk –y de hecho termina con un derrumbe, como yéndose todo a la mierda-, García acomete con una metáfora deliciosa en Promesas sobre el Bidet. “Por favor, no hagas promesas sobre el bidet”, que lisa y llanamente significa “no prometas allí donde te lavás el orto”. Impecable. Porque además, es una frase que se puede aplicar a cualquiera, incluso al propio Charly. Tómese en cuenta que si fuera un mensaje a sí mismo, sería una forma de decir “No te traiciones”, algo en consonancia directa con la anterior canción.
            A mi juicio, hay un error en el canto de la lírica. En un momento dice: “Por favor, yo te prometo te esperaré/ si es que paro de correr” y en otro “Por favor, yo te prometo te escribiré/ si es que para de llover”. Me parece mucho más elocuente enunciar “Por favor, yo te prometo te escribiré/ si es que paro de correr” y “Por favor, yo te prometo te esperaré/ si es que para de llover”, pero teniendo en cuenta las circunstancias que rodearon la génesis de la canción (y del disco en general), no me sorprendería que se haya equivocado, y aun así lo dejara tal cual. “En determinado momento puse el aparato (Yamaha PS-55) esperando que hiciera una cosa, pero se retobó e hizo otra. Me puse a descubrir qué era lo que estaba haciendo, y ahí apareció el riff de ‘Promesas sobre el bidet[…] Después de comer, me fui a bañar, y cuando estaba en la ducha, se me ocurrió todo lo que iba a hacer con ese riff que quedó grabado. Le pedí a Zoca que me trajera lápiz y papel. A todo esto, yo estaba con la ducha al mango y lleno de champú. Ella me trajo lo que le pedí y se sentó en el bidet. Yo escribía bajo el agua y la lluvia me lo iba borrando. Así salió”, comentó García sobre otro factor que incidió en la composición del disco: el ‘azar’. Llámeselo circunstancias o como se quiera, lo cierto es que no sería la única ocasión donde la involuntad metería la pata. De cualquier forma, ilustra bastante bien el final de la poesía: todos tenemos un ‘trip’ [viaje] diferente en el bocho, que no dominamos bien, y lo jugoso aquí está en lo que se puede dar en esa contradicción, ese antagonismo, ese juego de opuestos. “Ese tema ilustra cómo fue hecho todo Piano Bar: portátil. Por ejemplo, me iba a Ouro Preto, una ciudad con cien iglesias en el medio de la montaña y me llevaba todo”, concluyó el músico, aunque dejó una frase más linda para el después: “Para hacer una buena canción hace falta una brasileña divina y un bidet”. Tenía razón.
“Tac tac… Tac! Tac tac… Tac!” suena la percusión de Raros Peinados Nuevos, como sometiéndonos a una espera. Y sale el bicolor: “Y si vas a la derecha/ Y cambiás hacia la izquierda,/ Adelante”. Asumamos una eventual postura apolítica para evitar discusiones eternas y podridas, tomándolo como potencial metáfora de cambio. Está bien, es lo que se encargará de decir toda la canción. Y para mejor, siempre apuntando a la juventud: no se habla del doctor, se habla del enfermero –o sea, aquel que al fin y al cabo suministra la medicina. Si ponemos atención, podemos ver que la premisa no es tan desacertada: si la música es una forma de mantenerse joven, Charly siempre ha estado atento a la frecuencia modulada del mundo (algo tajantemente demostrado en Clics Modernos). Ok, los dinosaurios van a desaparecer, pero eso no necesariamente significa que se aliente a la juventud. “Tenemos que apoyar lo que está saliendo, hay que ayudar a los grupos nuevos. Los pibes están tocando bien”, opinaba en 1985.
            Ahora bien, apúntese lo siguiente: si bien el contenido de las frases es contundente (“…desenchufa el cable del parlante!” “¡Apagá el televisor!”), el tono y modo con que son pronunciados, más el eco, los silencios y la solemnidad subyacente dan cuenta de una actitud de desesperante tranquilidad. Si a eso le sumamos la pistola y la “sangre” (ketchup) que se ve en el video, la entonación llega al punto de ser siniestra. No obstante, García insiste en actuar en vez de aquietarse (quién mejor que él para decirlo).
            En el medio, mete una frase genial: “El silencio tiene acción/ El más cuerdo es el más delirante”. Si se analiza en detalle, los significados apuntan para todas partes. “El silencio tiene acción”: en principio, ¿quién mejor que un músico para definir/saber  qué es el silencio? Ya el gran Jimi Hendrix decía: “La música está en el silencio”. Aun así, es curioso ver que, por ejemplo, sería una buena metáfora de lo que es estar en el ojo del huracán: parece que no pero, en realidad, todo se mueve –igual que la escena mundial en el cenit de los ’80. Al mismo tiempo, “el más cuerdo es el más delirante”. O sea, aquel que más trata de mantenerse en la línea estándar es quien más “loco” está, ya que el modo de vivir que “vale la pena” se opone totalmente a esa alienación. O al contrario, aquel supuesto “delirante” tal vez entienda tan bien las cosas que termine siendo el más ‘cuerdo’ cuando ve qué hay que hacer para escapar –y por eso lo llamen ‘loco’. Como se ve, es manifiesta la polivalencia de sentidos en la frase –frase que empalma directamente con la legendaria “La mediocridad para algunos es normal/ la locura es poder ver más allá”, de ‘El Tuerto y los Ciegos’ (Pequeñas Anécdotas sobre las Instituciones, 1974), donde se formó la primogénita ambigüedad que hoy dispara para los cuatro puntos cardinales la pluma de García, maravillosamente dominada. Para colmo, se dio el lujo de declarar en un reportaje posterior que estaba “más cuerdo que nunca”: “
Yo sé que con todas las noticias que di este año -creo que salí más veces en policiales que en la Pelo- mucha gente debe pensar que estoy loco. Yo quiero decirle a la gente que lo que hago no lo hago de loco sino de cuerdo. No me banco un montón de cosas y estoy peleando por mis derechos”. En síntesis, García no es ningún idiota.
He aquí el tema clave. La canción que, a mi juicio, funcionará como corazón del disco –aquella que le da nombre: Piano Bar. Porque además de lo simbólico de replicar el nombre de la placa, encierra verdaderamente todo aquello que pretende transmitir el disco: “La idea salió imaginándome ‘Grandes Valores del Tango’, pero en el futuro: con todos nosotros ahí. Todo el ambiente, con pelucas, tomando tragos exóticos de colores verdes y rojos. Eso sería en la Confitería Ideal: tendría que ser ahí. Todo lleno de mármol. Y cada vez que se muere uno, poner un busto. Por ejemplo, hacer transfusiones de sangre para los que están muy reventados, mano clínica, y poner un pasillo largo que dé a un jardín. Entonces cuando uno ya no tiene ganas de vivir, va por ese camino y del otro lado hay una máquina que te aplasta.
            Claro que me veo ahí. Creo que si no te ves ahí, es como que no te ves mucho. Tenés que verte ahí porque es algo real: están ahí porque rememoran una época, y por ahí algo queda.
[…] Un paraíso artificial, de neón, bien moderno”, clarificaba Charly.
Amén de que Renata Schussheim y Jean Francois Casanovas abrieran realmente un lugar del estilo el año anterior –y de hecho, este iba a ser el original título ‘Clics…’-la relación de Charly con el tango en sí viene de larga data. De chico, la madre de García, Carmen Moreno, laburaba en la radio y traía diariamente LPs tanto de folklore como de tango a su casa, cuyo hijo futuro músico se encargaba de escuchar y registrar. Le Pera, Falú, Mercedes Sosa y el Zorzal pasaron por su reproductor. “Me gusta el tango. Gardel me parece un marciano”, le dijo en enero de 2012 a Felipe Pigna.
El tiempo y los gustos fueron ubicando al pianista en una vereda musical diferente, pero no por eso le hizo asco al género –no olvidemos aquel famoso tema que salió en reemplazo de Botal Locas en “Instituciones”: Tango en Segunda. Sacando la obviedad del título, la canción así fue pensada. No obstante lo cual, encontronazos con los principales exponentes, hubo. Después de haberles dedicado el nostálgico A los jóvenes de ayer a aquellos que bastardeaban el Rock, Charly se encontró con Ástor Piazzola –uno de los primeros críticos- en un banco de Nueva York y se produjo el siguiente diálogo:
-        ¿Vos sos Piazzola?
-       
-        Agarrame las bolas
Palo aparte para el creador de Libertango (disco que cumplía 10 años en el ‘84), García reivindicaría posturas en Yo no quiero Volverme tan Loco: “Escucho un tango/ y un rock/ y presiento que soy yo/ y quisiera ver al mundo de fiesta” (Yendo de la Cama al Living, 1982). No se olvide que la banda sonora del film Pubis Angelical, publicada el mismo año como disco anexo a Yendo… había sido definida por él mismo como “tango hecho por Pink Floyd”. Más tarde, incluso, llamaría Tango a la producción conjunta con Pedro Aznar; y en 2003 grabaría una versión de V.S.D. [Vos sos Dios] solo al piano titulada precisamente… Tango (Rock and Roll Yo, 2003). “Lo único que no me gusta [del tango] es quizás el sonido. O sea, me gusta la idea. Cuando yo recuerdo una canción de tango en mi mente, suena mejor que en el disco. Pero me sé un montón de tangos y algún día voy a hacer un ‘tango-tango’”, le aclaraba otra vez a Pigna en el programa ‘Qué fue de tu vida’.
Volviendo al punto, además de la resignificancia de un lugar, allí realmente entran todos: chicos y chicas, para vivir sus vidas, desde los caretas (“escoge tu disfraz”) hasta lo popularmente asignado a las clases bajas (el cabaret, el tango/bandoneón, las prostitutas – “Rubias de New York”). Y todo, en la última palabra: la ciudad. Ese es el verdadero “piano-bar”, allí donde estamos todos. Todos los que nacieron ahí, de una u otra forma también mueren allí.

Por último, y para cerrar la cara A del LP, ¿No te animás a despegar?, un tema compuesto para su amiga Fabi Cantilo, que en ese momento se estaba atravesando un duro momento en su lucha por la desintoxicación de drogas. Por eso García, además, le pregunta: “¿Por qué/ te quedás en vía muerta?/¿Por qué/ te quedás en la puerta?”. Más allá de la obvia y repetida metáfora de ‘tener que saltar’ o ‘pegar el salto’, el tema es que Charly le señala (y nos señala a todos) por qué nos quedamos en ese lugar del mundo cuando sabemos que es campo muerto, que es estéril. Cuando se sabe que ahí no pasa nada y nada va a pasar, ni a mejorar. Y así como la canción arrancó con clima suspicaz, escondido casi, lo mismo nos va a dejar el cantor con esa duda cuando entone: “Por qué…/ no te animás a despegar/ Yo te digo por qué…/ ¿Porqué?”. Parece que va a dar una respuesta (que para todo siempre tiene) y finalmente no. Tal vez porque no la tenga realmente, tal vez porque ya la dijo, tal vez porque la respuesta está en nosotros mismos, en nuestro interior.
Y así se nos va esta primera cara del LP, con suspenso, al contrario que la mayoría de los temas anteriores, que habían sido austeros, pero contundentes y conclusivos. Austero como las versiones de ambas tapas que tuvo esta placa. La primera mostraba una foto extraída de las sesiones de grabación (luego editadas en DVD) de nuestro músico, de frente, cantando. Una vez más: es Charly. La reedición en compacto sacó una versión un poco más divertida y original, donde se observaban las letras de las 6 primeras canciones escritas con puño y letra, en diferentes colores, por García. Una vez más, el Piano-Bar no deja de ser un lugar de referencia, de pertenencia, de auto-exilio, inclusive para el propio disco. Que por cierto, dará lugar, en la otra cara, a una particular historia de amor.

Siguiendo la misma lógica de la cara anterior, abre con un hit: No se va a llamar mi Amor. Dos minutos y monedas para una canción que simplemente hablaba de la estupidez de no poder titular una canción “Mi Amor” (cortesía de S.A.D.A.I.C.) al ya estar registrado. Abundan casos del estilo en el rock local: desde ¿Qué hago en Manila?, de Virus hasta todos los títulos del primer disco solista de David Lebón (cortesía de Pappo). No obstante, es interesante abstraer la letra de la burocrática circunstancia y notar cómo García se referirá a un “la” a lo largo de casi todas las demás canciones. “Estás prohibida,/ estás prohibida, ya/ […] pásenlo en la radio,/ ¡por mi amor!”: aquí al frase es abiertamente polisémica. Bien la “prohibida” podría ser la mujer, la música, la democracia, la denuncia…, todo englobado bajo el concepto de “mi amor”, que al mismo tiempo busca salir en libertad justificándose en sí misma. Que la pasen porque la tienen que pasar. Es el principio, el fin, y el camino.
Para cerrar esta locura, la grabación de una tarde cualquiera en Buenos Aires (tal vez, la implicada en el fondo): “Era la bendita época en ue había discos; yo no tenía el primer tema del lado dos, y grabábamos esa tarde. Me levanté a las diez de la mañana y me puse a grabar los ruidos de la calle. Justo pasó un colectivo, el 92, creo, y quedó. En Nueva York me preguntaban cómo era Buenos Aires, les ponía ese casete, y les decía ‘es esto”. No por nada esta canción cerró el Concierto Subacuático.
Ya que “no se iba a llamar” su amor, consecuentemente cayó Tuve tu Amor. Aquí, anticipando lo que vendrá, se menciona por primera vez el exilio. Charly jamás tuvo que exiliarse por cuestiones netamente políticas –tal vez sí musicales – pero el exilio pudo haberle pasado a cualquiera en cualquier momento. En la confusión hay idos, venidos, muertos, desaparecidos. Bien incluso la lírica podría travestir exilios internos, evadiendo realidades, a través de la cocaína, droga muy de moda en ese momento: “Los sitios girarán por siempre,/ sitios para transgredir…/ Hay algo en tu nariz/ que escondes muy bien,/ te encuentro feliz: triste”. Como buena letra de tango –otra vez – el yo se despide de su amor, prometiendo volver a tenerla consigo, “no importa dónde esté”.
Una vez que se alejó del objeto amoroso, a Garcia no le quedó otra que componer Rap del Exilio, una suerte de sacarina para la triste despedida que él y muchos más deben afrontar. Porque es ponerse en boca de todos decir “Tenía un sólido futuro artístico/ y me comí el bajón” –a punto tal que ahora tiene “mil años, y muy poco que hacer” al respecto. Aun así, empuja al “¡Vamo’ a bailar!”, con onda. Esto seguirá la línea de “bailar sobre los escombros” que más tarde catapultarían Sumo, Los Twist, Los Pericos, y Los Fabulosos Cadillacs, entre otros: bailar a pesar de todo, seguir, buscar diversión después del terror.
Y como epílogo de esta extraña historia de amor, el emblemático tema del disco: Cerca de la Revolución. Alguna vez electa mejor canción del Rock Argentino, este noveno track, grabado en vivo en el estudio, marca el grito definitivo de Charly: ante la falta de Amor, hacer una Revolución. No necesariamente una Revolución con armas, tal vez una Revolución de Amor en sí. El pueblo pide sangre, pero no más sangre, sino aquella de los desaparecidos, que urge (de)volver.  En este enigmático cierre, el bicolor vuelve a cantar a aquel objeto amoroso que tanto desea, siempre abierto a libre interpretación: la mujer, la música, la democracia… Y un estribillo eterno para dejar a todos con ganas de más: “Pero si insisto/ –yo sé muy bien –/ ¡te conseguiré –seguiré!”. A qué punto llegará el deseo del compositor que en un momento exclama: “Si estas palabras te pudieran dar fe,/ si esta armonía te ayudara a creer,/ yo sería tan feliz, tan feliz en el mundo,/ que moriría arrodillado a tus pies”, parafraseando al Che Guevara, recientemente mencionado. Para colgar esta canción en un cuadrito, el solo de Guyot puede pasar de simple, pero encaja perfecto con la obra. Colapso con el estribillo final pero dejándonos en ese exquisito precipicio que ya había abierto con la palabra “cerca”. Ni próxima, ni pasada: cerca. O sea, puede ocurrir en cualquier momento. Ojalá ocurra en cualquier momento.
La edición original del LP coronaba con Total Interferencia, al primer composición García/Spinetta de la historia. Brota aquí una de las mejores características del Rock: con sumas tan simples se pueden hallar resultados extraordinarios. En este caso, el Flaco fue a visitar a Charly a una quinta que había alquilado, y este le propuso hacer un tema. Así fue que mientras el maestro de piano y solfeo básico (que en este tema da fucking cátedra) generaba desde las teclas, el otro músico generaba desde la cabeza e iba sugiriendo estructuras y partes. Así salió este maravilloso opus que habla de la vida día a día y deja una frase certera que brilla de actualidad: “Violamos todo lo que amamos para vivir”.
Fito Páez estaba en la consola al momento de grabar esta pieza, que de hecho, no iba a entrar. “Era la primera vez que un tema de Charly y Luis iba a tener registro. Charly no lo quiso poner y yo le insistí para que lo pusiera. […] Yo estaba del otro lado de la consola con [Jorge] Da Silva [N.R: técnico de los estudios ION] y tuvimos una larga charla de 20 minutos, él en el micrófono, en donde decidió que iba a hacer el tema, que lo iba a cantar, y que lo iba a meter en el disco. Después de todo es muy sugerente: un tema de Charly y Luis que se llame ‘Total Interferencia’ parece como si fuera una suerte de emblema argentino. […] Yo percibí que el asunto tenía una gravedad histórica”, comentó el rosarino.
La salida en CD se encontró con una “extraña” versión de Canción para mi Muerte, de Sui Generis (Vida, 1972) incluida como bonus track con Daniel Melingo al saxo. Si volvemos al concepto principal de Piano Bar, encaja bien –sobre todo ubicándose al final, al contrario de su álbum de aparición. Pero si algún ingrediente faltaba en esta ensalada, fue el proceso de locura que sobrevino a la mezcla. García tenía originalmente que ir a Nueva York a mostrarle el material a Joe Blaney, quien ya había mezclado Clics…, pero en el medio, Amílcar Gilavert le propuso al bicolor hacer el primer disco digital de la Argentina. Todo marchaba bien, con pistas mezcladas en una semana; ahora sólo había que conseguir un sistema Pal-N en Nueva York para dárselo a Ted Jensen, uno de los mejores “cortadores” de discos a nivel mundial, para que terminara de cocinar el trabajo.
Pero el sistema fue imposible de operar debido a un decodificador muy complicado de conseguir. Charly volvió a los brazos de papá Blaney, a este no le gustaba el sonido, y de a poco se iba abriendo una grieta de duda más grande respecto a la “obra maestra” del argentino (¡si hasta la esposa de Blaney se percató de los errores!). Resultado: volver a mezclar todas las pistas de vuelta. Tanto jolgorio y quilombo en algún momento tenían que tirar alguna pálida. Esa fue la ocasión donde Joe tiró su famosa frase: “los casetes son para las putas, los compacts para los yuppies, y un disco es un disco”. Nada tan a la altura de esta aventura.
Piano Bar fue un disco incomprendido en su momento. Con el fantasma de ‘Clics’ todavía detrás, sumado a la edición cercana a fin de año (septiembre), la placa recién comenzó a tomar relevancia al año siguiente. Sin embargo, esto no opacó que García coronara una trilogía legendaria: ‘Yendo de la Cama al Living’ – ‘Clics Modernos’ - Piano Bar’. Como esos discos simbólicos destacados al principio, P.B. es uno de aquellos que sigue tirando la posta, aun muchos años después: “Afuera se cae el mundo y el Piano Bar sigue inamovible, batiendo lo que pasa afuera”, le dijo el músico más tarde a la revista Humor Registrado. No en vano fue el disco con más “seleccionados” para El Concierto Subacuático. La demostración final sencillamente es su vigencia, perseverancia, y honestidad tanto lírica como musical –enjuto proyecto para un artista que estaba en la cima (y la volvería a conquistar) pero que no arrugó cuando dijo lo que había que decir y que, finalmente, se animó a despegar.

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