miércoles, 31 de diciembre de 2025

Sublimando

    En cine hay una regla muy clara que dice: "El cine no sugiere, el cine muestra". Esto es sencillamente porque el cine, como bella arte, tiene una vía de entrada muy directa -sino la más directa- a nuestra zona consciente: los sentidos, con la vista. Por lo tanto,  no se puede ser elemental a la hora de transmitir lo que se quiere como tampoco se puede narrar algo que no pasa. No se dice lo que ocurre, se muestra lo que ocurre.
    Con la literatura, pasa al revés: si bien la descripción evoca y puede llevar principalmente a imaginar algo en concreto (un saco rosado, un pozo en el pavimento), esto mismo no deja de ser una imagen acústica que se forma en nuestra cabeza y en el inconsciente, que busca ser funcional a la historia contada. El lector es fundamental para que el proceso literario funcione. 
    Para que el proceso cinematográfico funcione, también se necesita un espactador, obvio. Pero su imaginación, su proceso mental, va por otro lado. El saco rosado o el pozo en el pavimento está allí, en la pantalla, y tienen su forma particular. No tenemos la posibilidad, en el momento, de imaginar algo distinto (ni es la idea: para algo estamos viendo lo que nos están mostrando). Podemos en el antes o en el después, cuando re/construimos el suceso. Pero en el momento, más vale agarrarse de lo que lx directorx ofrece y seguirle el rumbo. Será mucho más funcional a los objetivos buscados tanto de un lado como del otro. Al fin y al cabo, lo que busca trabajar el séptimo arte es otra cosa. 
    Ahora bien, si el cine tiene esa enorme puerta de entrada que son las imágenes en movimiento para trabajar temáticas, sublimándolas vía varios discursos (relatos, luces, puntos de vista, enfoques), la literatura necesita hacerlo de otra manera: eso que el cine muestra visualmente, la escritura necesita describirlo y la mejor manera de hacerlo nunca es mediante algún subjetivema o adjetivo taxativo sino mediante la descripción de acciones cuyo sentido el mismo lector deba considerar y analizar. El cine trabaja a partir de lo que se puede ver con lo que no se puede ver. Con lo que pasa por encima o dentro de la historia. La literatura trabaja a partir de la interpretación. No sólo de los mensajes entrelíneas que puede sugerir lx autorx sino directamente desde las palabras: el proceso de lectura es interpretación semántica y semiótica. Ya el todo coherente dibuja una cierta interpretación en la cabeza. Por caso, la descripción de una entrada al delirio puede hacerse sin tener que decir "se estaba volviendo loco". Dichas palabras cierran muchísimo más el criterio que si uno va contando progresivamente cómo es ese proceso de ingreso a la locura sin mencionarla. De esta forma, el lector decide qué pasa y qué no, hasta dónde se identifica, qué nombre le pone. Si le cree a la narración, ¡incluso si está bien hecho! El cine tiene mil maneras de mostrar lo mismo: lo exquisito de la situación es cómo lo resuelve sin que sea obvio o incoherente, donde lo creativo está en mantener o conlcuir la tensión: qué se hace con tanto recurso y capacidad en simultáneo.
    Por supuesto, esto no quiere que cuando haya que dar un concepto o una imagen exacta no se haga. Si la historia o la narración exige ser escueto, breve o no dar vueltas en ciertos lugares, bienvenido sea el recurso, el recorte. Muy distinto es guiar una lectura a la bajada de línea o la vagancia intelectual/creativa. Conviene que lx autorx coloque ciertos rieles sobre los cuales moverse. El efecto estético abstracto que se busca provocar -aquello sobre lo cual trabaja la obra- es algo muy distinto y no necesariamente igual a lo que se transmite en forma explícita, inmediata. Pero, en pos de buscar dicho efecto, no está de más que quien escriba escoja su vocabulario de forma específica -de hecho, es condición necesaria- para que ocurra lo que busca. Cada palabra es un nuevo ladrillo en la construcción del autor. Y es importante que el molde de la construcción no se caiga. Luego puede ocurrir que hayas quienes no les guste la fachada, el edificio, o no la entiendan, o la comenten. Pero al menos está. Estar es un acto de realización, a menudo difícil de concretar. Este molde, esta escultura donde cada lector/a habita ha sido armada y desarmada, erigida y destruida muchas veces, con modificaciones antes y después. Cada martillazo ha sido puesto ahí por un motivo, sea correcto o no. La ausencia de bajada de línea es la entrada a la sublimación que invita la obra de arte. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Expresate como quieras, aca cualquier opinion es bienvenida