sábado, 25 de julio de 2020

Estado de Poesía

          Primer año de la Secundaria: una nefasta profesora de Castellano nos hace pasar al frente y, como tarea, recitar un poema a elección de memoria delante de la clase, como si estuviéramos en los años '50. Nosotrxs, que tenemos 13 años y nos conocemos hace 6 meses, nunca jamás leímos uno ni de papel en esa circunstancia. No hay uno que no pase y se sienta humillado. Una compañera se toma el laburo de traducir y traer "Friday, I'm in Love", de The Cure. La devolución, me acuerdo como si fuese hoy, es: "Tampoco es que lo tradujo Cortázar".
          Tercer año de la Secundaria: una profesora de Literatura, más nefasta aun que la anterior, nos da una serie de poemas a leer en un cuadernillo junto con una serie de recursos poéticos para explicarlos y otros poemas más que ejemplifican los mismos. El análisis literario, entonces, se vuelve una disección del texto -como si fuese un cuerpo muerto- donde hay que encontrar los recursos que usó lx autorx para llegar al efecto estético. Los poemas son bloques de recursos puestos como ladrillos y la arquitectura final va en una sola dirección. El trabajo se vuelve un dificultoso desarme de esa construcción y, para los menos avezados en las letras, una adivinanza. "A ver, ¿qué recurso usó el autor acá? ¿¿Y por qué?? ¿¿Y qué quiso decir??", parecen susurrar las consignas con voz para niñxs. Lxs autores, entonces, pasan a ser unxs petulantes narcisistas que juegan al misterio y donde no los entendés queda en el aire la sensación de que "no te da", como un boludeo fino. Los tipos, entonces, escriben entre ellos, para ellos, y de una manera que saben que la gilada no los puede correr porque la emoción -por lo menos a esa edad- es que aun la poesía es "para algunos", "para unos pocos". Ojo, hay otras interpretaciones, eh, son válidas, se aceptan, pero siempre justificando de manera adecuada. Y la "adecuación", eso sí, parte y termina en el criterio de ellos, los profes. En un tiempo acotado, cuando hay evaluación. 
           En todo este tiempo, nunca, pero JAMÁS de los jamases, se nos pregunta qué pensamos respecto al poema, o qué nos genera, o cómo lo percibimos, cómo lo sentimos. Si lo escrito lo hubiésemos expresado de otra manera, si esa manera es la adecuada... 
           Primer año de la Licenciatura: un compañero, que luego será mi amigo, cuando le comento que hago poesía oral en vivo fin de semana por medio, me contesta: "Ah, yo no entiendo poesía". Pero no me lo dice despectivamente, eh, ni mirándome en menos. Lo dice como reconociendo una limitación, como diciendo "va más allá de mi alcance". Extraño, pues sospecho -y luego confirmaré- que este muchacho era y es muy inteligente. 
           La poesía -sobre todo la poesía escrita- suele ser vista, primero, con mucho desinterés. Luego, con mucho prejuicio, por lo mismo que acabo de contar. Y es una lástima pues puede ser una herramienta o un canal tan útil, una forma de expresión tan abierta que mostrarla y enseñarla de esa manera todo lo que genera es un efecto contraproducente. No digo que introducirnos a tan maravilloso género esté mal (al contrario) pero, ahora bien, pretender por ejemplo empatar las subjetividades de un par de infantes apenas en expansión... es riesgoso. Innecesariamente riesgoso. Pareciera casi una implantación de dichas subjetividades. "Esto es lo que hay que sentir", "esto es lo que hay que interpretar". La cosa no funciona así.
            No voy a explayarme mucho más pues no tengo mucho más que decir. Probé cerrar este texto de muchas maneras distintas pero ninguna me convencía. Mi único deseo es que, si alguien tuvo una repulsiva entrada a ese mundo, ojalá se dé una segunda oportunidad. Y, si por algún motivo, alguien que va a enseñar literatura está leyendo esto, tenga cuidado a la hora de ofrecer las primeras plantas a sus próximos alumnxs. Pocas cosas peores que el que te alejen de aquello que no sabés cuánto bien te puede hacer.

domingo, 2 de febrero de 2020

Disco, Baby Disco III/Ten Years Gone III

(Este posteo debió haber salido en Septiembre del año pasado pero hubo olvidos de por medio)

Un poco tarde pero el año pasado se cumplieron 10 años de no descargarme música. Lo decidí de sopetón, me acuerdo, mientras miraba la pantalla del Ares. Y empecé a comprarme discos como única fuente de ingreso musical. La radio ayudaba lo que podía. 
En realidad, era más por el tema de sentir que les estaba robando a mis artistas preferidxs si hacía eso que otra cosa. Un romanticismo que veía en lo "ilegal" una traición. Faltaba un rato para que me enterara que el trato con las discográficas dejaba más plata a la empresa que al artista -aunque ya lo sospechara. Una vez, de hecho, en 4° año, le pregunté a un profesor de derecho si había alguna posibilidad de iniciar una acción legal para ayudar en ese aspecto. ¡Sí, así de gorra! ¡Jaja! Y pensar que la ley S.O.P.A. recién se popularizó en 2012. Un visionario. Pero que se entienda: creía que el músico perdía mucho más con eso de por medio. Ni a palos me imaginaba que ellos lo tomarían como un elemento de pura difusión gratuita para arrastrar a más gente a sus shows, como finalmente sucedió. Inventé un mail y todo para gente que se quisiese encargar del asunto conmigo (está aquí en el blog sugerido y todo): al-rescate-del-rock@googlegroups.com. Creo que todavía funciona. 
Sólo quería que el resto lo viese (a los discos, al artista) como los veía yo: como una pequeña obra de arte. Hoy por hoy, la tecnología cambia y así los modos de escuchar. Pero es una lástima que aun así, por ejemplo, traperos o reggaetoneros no se animen a sacar discos en formato físico. Entiendo que ya casi no hay soportes para reproducirlos, pero también es una pérdida de oportunidad para sumar más material a su placa, de hacer algo más artístico aún. Sí, todo es industria: pero no estoy en posición de juzgar a nadie que publique material pues, lo banque o no, jamás puedo saber cómo va a desarrollarse su camino artístico a medida que pase el tiempo. Ya hacer un género en particular no es garantía de nada, ni en cuestiones materiales ni artísticas misma. Entonces, con el apoyo discográfico no se pierde nada intentando un poco más allá. Quién sabe si esto lo decidirán lxs artistas o no -yo supongo que no. A las disqueras quizá no les interese ahondar en eso. O sí, y el público con los años ha mostrado su desinterés. O cómo lo han desinteresado. Cambia la industria, cambia el consumo. Y viceversa. 
En fin, 10 años de escuchar música de una manera que prefiero por sobre otras (excepto vinilo, que nunca tuve), por calidad sonora y por el tiempo que implica escucharla. Hay decisiones estéticas tomadas alrededor de unos 40' promedio estipulados para un material ser oído. Una determinada manera de componer, de armar, de pensar un disco en base a disposiciones tecnológicas de la época. Y me cabe. Es una manera de entender el oído y la escucha de un tiempo (y los CDs/LPs dobles, la ambición de dicha banda o artista). No sé si me conformo con eso, tampoco. De una escucha individual "limitada" a una ilimitada mi única duda es si escuchamos "como corresponde" o solamente oímos. El incorporar música a razón de los discos que me compro (que son muy pocos, vista mi permanente situación económica) me dio y me da tiempo de apreciación y de re-escucha de aquello que quiero y poseo, y por eso no me canso ni me apuro: porque me permite -aun con cierta trampa- sorprenderme. Tal vez en eso viva la sorpresa, al fin y al cabo: en una imprecisa aritmética que sume tiempo y silencio.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Lo Que Vendrá III

En poco menos de un mes, Lxs Hijxs de los '90 empezaremos a cumplir 30 años. 
Destaco esto porque, dicen, esa es la edad -y hasta los 45- que tu generación comienza a tener el dominio de las cosas, el control de la situación. Cuando alcanzó la "madurez" tal como para tomar decisiones que cambien o fijen el rumbo. O lo designen, al menos. 

Es extraño el panorama que nos tocó: una gran mayoría atascada en el millenialismo y otra franja pequeña en el centennialismo según el estudio. Caímos en una época donde ya la tendencia a estirar hasta el ridículo la juventud está cada vez más anclada mientras más productos y nostalgia se construyen en base a eso -en el medio, se nos cae el pelo o nos salen canas más rápido-.
Fuimos criadxs bajo el cuento -TODXS- de que somos "especiales" (y por eso hay que entender unicxs. Y no como conjunto, sino cada unx superior a lxs demás) mientras la paja mental del menematto y los dibujos animados más la constante renovación de todas las plataformas de videojuegos nos sacaron un poco de la vereda o la plaza aunque más tarde las hayamos recuperado. Llegamos justo cuando la tecnología se volvía de bolsillo aunque los límites de su revolución aun están en el horizonte. Nos llevamos bien, pero nada quita que otra vuelta de tuerca nos deje chatos frente a lo que venga -a diferencia de quienes nos suceden, que son expertxs.
Crecimos en el medio de fuertes crisis socio-económicas, pero así como la ola vino también se fue y hubo una renovación en la confianza hacia la política que celebro. De no ser por la conciencia social trabajada hace unos años atrás, quién sabe qué podría haber pasado en estas tierras en el actual panorama. 
La cuarta ola -inesperada hace unos 4 años atrás- ya abandonó su adolescencia blanquinegra entendiendo que hay muchos feminismos dentro del feminismo y su amperímetro puede movernos hacia una cultura con otro pensamiento y comportamiento (no lo veremos hasta dentro de unos años). Ojo: donde se modifica la cultura, se puede modificar la economía.

Somos un grupo de personas que vieron crecer las redes sociales en el medio de su adolescencia, lo que llevó a una gran confusión entre las nociones de ego, autoestima, sobreexposición y soledad. Lo mismo la manera de construir vínculos en su interna, que creció a velocidades inimaginadas (mi costado más optimista me sopla que eventualmente sabremos manejar muy bien a futuro cualquier situación comunicativa VISTA el tremendo fogueo que tuvimos). 
A eso se le suma la capacidad de, hipercomunicadxs, acceder a casi cualquier información que querramos. Estamos hiperprofesionalizadxs en un mundo con poderes cada vez más concentrados, brechas más amplias, empleos menos, menos plata y polarizaciones que no le hacen bien a nadie.

Quería marcar eso para desembocar en lo que creo el peor signo de nuestro/s tiempo/s: la ANSIEDAD. Es tremendo lo que marcan las estadísticas respecto a los sentimientos de soledad en el mundo y, la verdad, les doy la razón. No sólo sentimos que nadie nos escucha, que menos nos valoran, sino que al mismo tiempo vemos en esas mismas redes sociales que todxs compartimos la misma sensación y sin embargo no nos podemos ayudar ni sabemos cómo resolverlo (y menos somos tan inteligentes como para dejar esas prácticas venenosas de lado entre nosotrxs). Pero aquí el que no repite la fórmula para zafar, cae. 
Tampoco tenemos la más mínima idea de para dónde ir porque no hay futuro en ningún lado. Las formas de adaptarse siguen siendo las tradicionales, nadie en el medio local se anima a dar el salto (la economía tampoco acompaña), quienes las saben y manejan son pocxs y lxs que las descubren son de casualidad. Florecimos, aquí, en la sociedad con más psicólogxs per cápita del mundo. Hemos tenido una facilidad al acceso de drogas recreativas que asusta y la onda cultural (la música, sobre todo) ayudó poco o nada. La exponenció, a lo sumo. Se ve que nuestra ansiedad y depresión -también- son un gran negocio. 

Conscientes de un mundo globalizado, causas como el medio ambiente y el vegetarianismo son grandes y pisan fuerte pero les falta un montón para concretarse. Quizá seamos un puente -como buen fin de siglo- hacia quienes cierren cuentas por nosotrxs -una lástima, siempre me gustó ser protagonista. 
No sé qué esperar, sinceramente. Hay tantos motivos para ilusionarse como para deprimirse. Por lo pronto, si bien los extremos no son buenos, la ambigüedad de ciertos grises líquidos tampoco está ayudando demasiado.

sábado, 26 de octubre de 2019

Say No More V/ Ten Years Gone II

[Esta es una crónica por los 10 años del Concierto Subacuático. La original, más puber y niñata, también publicada en este blog en su momento, puede verse aquí]

Esto fue más o menos así: lo que primero costó conseguir fueron las entradas. Como no sabía comprarlas, porque nunca lo había hecho (no sabía si era presencial, con tarjeta, dónde o cuándo hacerlo), le pregunté a Ale Henestroza si podía hacerlo por mí -ya que toda su familia iba a ir- para luego pagársela. Aceptó y, faltando una semana, las entradas ya estaban en su poder.

En el medio caían notas desde el exterior donde se daban detalles de gira regreso con pasos previos por Perú y Chile para desembarcar finalmente en Vélez Sársfield para 58° cumpleaños el 23 de Octubre. Las críticas eran buenas o querían ser buenas -lo único que se anhelaba al fin y al cabo era verlo bien y de vuelta de ese infierno de 2007. Un amague se produjo en Luján unas semanas antes, enfrente de la Basílica, con un showcito improvisado de un momento para el otro. No alcanzaba. Hacía unas semanas también había empezado a rotar "Deberías Saber Por qué" en las radios y en la tele, un tema que no pegó pero cuyo video dejaba ver que estaba presente. Gordo e inflado pero VIVO (algunxs bobxs todavía preferían a ese flacucho que se suicidaba en directo). No alcanzaba.


Pero, a falta de un día, el compañero me comunica que no va a poder darme la entrada. Resultaban dos cosas: la primera, él era del turno mañana y yo de la tarde, o sea que entre horario de entrada y salida de cada uno -y nosécuántos pibxs más- era difícil coordinar. Eran épocas de Messenger y mensajes de texto. Si bien era fácil comunicarse, no era tan fácil como ahora. Los mensajes de Windows Live también podía pasarse por alto (WhatsApp no inventó nada). Lo segundo fue que, como al compañero no le iba bien en la cursada, su madre había decidido revender todas las entradas como castigo, incluida la mía. Sí, increíble.


Creo que me enteré de esto por chat, a la noche, y tendría la cara muy desinflada porque en la cena inmediata mi vieja me preguntó qué me pasaba y yo lo conté como al pasar, esperando nada, porque nada se me ocurría esperar (casi no la cuento -ja-, casi digo "no pasa nada" porque en mi cabeza las entradas ya habían volado a la mierda). Yo esperaba una respuesta del estilo "uy, qué paja. Bueno..., ya fue" de su momento. ¡Pero no! En un inesperado giro de los acontecimientos, en uno de los mejores plot twist de mi vida, mi vieja INDIGNADA -porque esa es la palabra- me dice: "No, no, vos vas a conseguir esas entradas". Yo me quedo como "Bueno, está bien... (?)" mirando para todos lados con los ojos abiertos sin saber muy bien qué hacer. Y con toda la seriedad de un adulto, con toda la vehemencia de mami, la señora movió hilos y mi viejo fue al otro día a buscarme la entrada. En ese momento, papá laburaba a 3 cuadras de mi escuela, así que a la mañana pasó a comprarlo y a las 6 de la tarde de ese mismo Viernes me entregó el bendito ticket.


Pero quedaba una aventura más: la del acompañante. Saber con quién iba a ir también es algo que me había encargado de resolver con antelación. También por sugerencia de Madre, había mensajeado a Fla Fiorio, que sabía que iba a ir Seba El Base Pasarín. Hoy con la compañera me une un oficio y con el compañero la militancia en una organización política, pero en ese momento nuestros planetas orbitaban distantes en el Sistema Solar de la Sexta. Winners y Losers nacemos de lados diferentes de la vida y los mismos tratos tenemos, y yo no estuve, no estoy, ni estaré de lado de los primeros. Entonces ya comulgar desde el escalafón social era algo que me daba bastante vergüenza, sentía que iba a incomodar en el ambiente, como cortando la fiesta. El que tiene que estar porque bueno, no queda otra vs. los que siempre sabemos que van a estar y queremos que estén. Pero por supuesto, cortando a todos los fantasmas de mi cabeza, fui bienvenido a acompañar (más tarde nos enteramos que Lau Fiasche también estuvo, gracias al Google-group de la división. Hoy lxs tres forman un estrecho círculo amistoso) 


Hubo sí un problema que me veía venir y quise evitar a toda costa: el cuándo estar dónde. El plan inicial era ir del colegio directo todxs a casa de Fla. Pero las cosas iban a variar, por supuesto: el Base pasaría primero por su choza a pegarse un duchazo y Flavia ya se había marchado a su rancho antes de decirme cómo llegar (yo tampoco le iba a estar atrás). El Base pegó entonces un telefonazo, me anotó la dirección en un papel y le avisó que yo ya estaba yendo para allá. Serían las 6 y media y el recital arrancaba como a las 9, pero porlas... Me fui en el subte con él, Dani y el Gordo, que me dieron indicaciones precisas para llegar más rápido. El metro fue y vino veloz, en la esquina donde me bajé cayó el bondi, cuya parada me dejaba a una cuadra del destino final, donde correctamente descendí. Hasta ahí, 10 puntos.


Y acá..., bueno, calculo que las cosas dan más bronca cuanto mejor pretenden hacerse. Porque cuando llego, en la dirección indicada hay... un garage. Ok, no era por ser prejuicioso, pero jamás había escuchado que Flavia viviese arriba de un estacionamiento. Para colmo, había tres timbres. Toco el primero: nada. El segundo, nada. El tercero, lo mismo. Vuelvo a tocar el primero. Nadie contestaba. Se había hecho de noche y yo no había sabido llegar a donde me habían indicado. Ellas no iban a salir hasta que yo llegara. O sí, en una de esas decían "ya fue, el recital arranca" y se iban a la mierda. Total, la responsabilidad de llegar era la mía, no suya. Y por ahí no se acuerdan, pero así como hoy se acaban los datos, antes se acababa el crédito y NO HAY TUTÍA, si te quedabas sin crédito, cagabas, no podías llamar ni que te llamen ni mensaje ni una mierda. Las recargas automáticas llegaron mucho después. Y yo -no importa cuándo leas esto- estaba sin crédito Y SIN UN MANGO. No podía comprar tarjeta.


Empecé a tocar timbres en casas aledañas: "Hola, ¿esta es la casa de Flavia?" "No" "Mmh, ok, gracias". Pregunté en una y ninguna más porque me daba mucha vergüenza. Pasaba el tiempo y yo sin saber qué hacer divagaba por ahí. En el garage no había nadie. Se me ocurrió ir al kiosco de la esquina, que fue más deprimente aun: de pedo si había dos caramelos y tres puchos. Pero había cabina telefónica. Pagué con monedas. Llamé a mi viejo, que tenía auto, y le expliqué la situación:


- ¡¡Sos un pelotudo!! ¡¡Siempre lo mismo!! -blábláblá otra sarasa de insultos- Bueno, quedate ahí que te busco y te llevo. 


Estaba desalmado. Desanimado, decepcionado. Apelmazado con la situación. No entendía nada. Yo había hecho todo bien, quietito en mi lugar, sin molestar a nadie, había seguido las instrucciones respetado las indicaciones y ahora tenía que esperar hasta quién sabe qué hora y perderme quién sabía cuánto de recital porque NO SABÍA QUÉ CARAJO había salido mal ¡no merecía eso! ¡¡No, en absoluto!! ¡¿Por qué a mí?! ¡¿Qué mierda hice mal?! Y sin embargo, ahí estaba yo: triste, solitario y final, sentado en la esquina pensando cómo fui tan gil cuando escucho de la nada a mi derecha:+


- Hooooooola


Giro.

La compañera.

 - ¡Hola! - dije con esa voz agudita que me sale cuando estoy sorprendido.


Y qué hacés, cómo estás, dónde vivís, etcétera y efectivamente la compañera vivía ahí cerquita en una casa común y corriente -ya me veía subiendo las escaleras de un estacionamiento- por lo que traté de ver qué había fallado. Y, a ver, ¿cómo lo explico? Imaginen el número '3' con su "estante superior" dibujado de una forma tan pero tan chiquitita que parece un '5'. Adjunto una imagen debajo porque sino no se va a entender. Es más fácil verlo que explicarlo. Entonces si, por ejemplo, la casa quedaba al 33, esto me había mandado al 53. O sea, 20 números más adelante. No iba a llegar jamás. Y no es que no haya chequeado el papelito miles de veces, pero posta no se entendía nada, además de estar todo muy oscuro. No había llegado no por mi culpa, sino por un puto papel mal escrito en el apuro. Se pueden imaginar la bronca. Para colmo, lo primero que escucho ni bien entro a la casa es un "Síiii, Patri, quedate tranquila que acá llegó, no hay problema" de la madre de Fla hablando con la mía. No quiero imaginar lo que era el infierno del otro lado del teléfono. 


Al recital fuimos Fla, su hermana, una amiga de ella, el Base y yo. Nos llevaron en auto y al salir creo haber visto el coche de mi viejo en aquella bendita esquina. En fin, no importa. Recogimos al Base en Balvanera y ni bien se sube le pregunto si tenía problemas con su letra. "Sí, mi caligrafía no es muy buena que digamos", me dice. Y yo no soy católico pero me mandé un rosario de puteadas. Por dentro.


Ni bien bajamos nos encontramos con una amiga de ellas en la fila y, como si fuésemos mejores amigxs de toda la vida, nos quedamos ahí. Menos mal, porque la fila se extendía hasta el infinito. Y no se movía, eh, no se movía un carajo hasta que se empiezan a escuchar los primeros acordes d' El Amor Espera y la hilera se transforma de un momento para otro en un tren humano con la locomotora a vapor funcionando a todo motor sin parar. ¡Dale, Bukka!, me gritaban para que me apure. Íbamos encadenadxs corriendo y yo nunca fui rápido. Ni me acuerdo si me revisaron, pero tengo la imagen acá presente de estar entrando a Vélez con toda la marea de gente ya presente gritando y bailando Rap del Exilio y las torres de sonido y las lianas de tela con lo poco que la tormenta dejó preparar a Pichón Baldirú de la puesta en escena. 


Obvio que nos perdimos ni bien dimos dos pasos, pero bueno. Llegué y me fui lo más adelante posible, no sé por qué. Supongo que por la fantasía quinceañera de estar más cerca del ídolo. Con lluvia y anteojos no lo iba a ver bien ni tampoco escuchar mejor, pero no me di cuenta de eso en su momento ni me importaba. No me importaba nada. Quería ver eso, saber cómo era, cómo era eso de los recitales masivos y encuentros esporádicos tremendos y coserme a la memoria uno de los -esperaba yo- mejores momentos de mi vida. Cosechar adolescencia para sembrar alegría. Ya tenía experiencia en campo (Virus, Cerati; 2007) y estadio (Los Fabulosos Cadillacs; 2008) pero nunca las dos cosas conjugadas. Y allí estaba yo, rodeado de unxs hermosxs extrañxs entonando a coro con los brazos en alto No sooooooy un extraño. Ni bien escuché su voz pensé: 'Ufff'. Sí, no iba a ser la voz de Serú Girán -aunque luego haya tocado Llorando en el Espejo ("Una de los viejos tiempos", diría). Y así y todo ahí estaba el loco: cantando, gesticulando, de frac o de punta en blanco con un poncho homenaje a la Negra Sosa, su madrina musical, partida hacía menos de 20 días. "Voy a presentar a la Banda Say No More -arranca la intro de Yendo de la Cama al Living-: Fabián Quintieros, electrónica; ¡Tonio! en la batería; en bajo, Carlitos. En las guitarras, el Negro López y Kiuge. Y la princesa Hilda" da la bienvenida a la troupe -troupe que en realidad son sus amigxs: es una zapada con lxs pibxs en el Estadio de Liniers en vez del comedor de casa. "Ustedes son la otra Banda Say No More", agrega, como si hiciera falta. "Oh-lé-léOh-lá-láSi esto no es aguante,/ el aguante, ¡¿dónde está?!" contesta la masa enardecida. El Aguante, qué irónico. El único disco de donde no sacó temas. De todos los demás, sí. Incluso su proyectos colaborativos: Hablando a tu Corazón, Pasajera en Trance y...


Voy a presentar -dice- a mi ídolo y maestro -y extiende esa mano larga, interminable-: el señor... Luis Alberto Spinetta" y el delirio del público. Ya todxs sabíamos que se veía Rezo por Vos pero la alegría aun así era inconmensurable: los 2 pilares del Rock Argentino juntos en un escenario haciendo uno de los temas sino EL tema que reúne su genialidad conjunta para la horda desenfrenada. En los '80 les habían inventado una rivalidad entre ellxs. Hoy, nada más alejado.

Hay 2 momento que considero claves en esta canción, el absoluto epicentro de este show y encuentro: el primero es alrededor del minuto 02:11, cuando lo mira a Luis y cierra el puño cuando canta, interpretando, cantando, sintiendo esa canción, esa canción en ese puño. Esa potencia, esa fuerza, esa convicción, es ese estar ahí entregándose a toda la música que emana del ambiente en esos relámpagos junto a la magia de un público atronador, es ese "yo" pero también es "todxs nosotrxs", soy ese puño apretado de Charly García que grita "Y lo dejé todopor esta soledad". ¡¡Qué frase, por favor!!¡¡Y en qué momento!! Del show y de su vida, claro. El otro ocurre exactamente en el minuto 04:27, si lo buscan en YouTube, cuando el Flaco (que Charly redujo un poquito a coros) vuelve a cantar: "Rezo, rezo por vos" ahí, templante, definitivo, afinadísimo, como diciendo "acá estoy". Con esa tremenda remera de "Todos fuimos, todos somos, todos podemos ser" de Conduciendo a Conciencia. No hay vez que no escuche esa parte y no se me ponga la piel de gallina, me parece exquisito. Aun no se conocía la noticia de las Bandas Eternas (que sería mes y medio más tarde, mismo lugar) y esto fue un jocoso anticipo que repetirían más tarde el 4 de Diciembre. Lennon te bendiga, Flaco.

Y la lluvia. La lluvia sólo lo hizo más épico todavía. ¡CÓMO LLOVIÓ, LA CONCHA DE DIOS! La última vez que me mojé tanto fue aquella famosa ocasión en la que me metí a una pileta. Quisiera encontrar una metáfora que encaje con la situación y lo englobara todo. El agua, la gente, los ángeles, Dios, no sé, pero la verdad no puedo o no me sale. No puedo porque me excede. Quizás sí Charly pudo hacerlo ya en su momento cuando lo bautizó en vivo: "Este es el primer Concierto Sub-acuático del Mundo. Yo quería hacer música abajo del agua, ¿no? Está buenísimo, gracias". Y, ¿qué querés que te diga? Sí, conozco el dato, pero la verdad estaba para decirle sí a cualquier cosa ese día. Esa noche.


Aunque si lo pienso bien, fue un milagro que nadie muriera electrocutado ese día. Tengo entendido que en aquella ocasión al Zorro Vön Quintiero se le quemaron 3 teclados. "¡¿Qué son, los indios ranqueles?!", preguntó Charly al ver el batallón de pianos eléctricos cubiertos con bolsas de consorcio. Pero ayudó también a que una generación entera, que nunca lo había visto en vivo, se maraville por primera vez con su genialidad auténtica: en el medio de Chipi chipi, el tipo tiró: "Y no te olvides nunca que...: siempre que llovió, paró". Ola de aplausos. E inmediatamente: "¡¡Say No More es impermeable!!". Gritos. Ovación. Qué maestro. Qué bien que estuvo. Fue tan espontáneo. Si se presta atención al audio se puede escuchar una pequeña risita de Hilda Lizarazu que delata perfecto que no estuvo guionado. Fue una ocurrencia sencillísima en el momento justo en el lugar indicado. Pareciera que le estamos aplaudiendo cualquier boludez, pero no. Por todo lo que conté antes, entre expectativa, debut y regreso, se necesitaba una dosis de humor, y se la dio. Estábamos, literalmente, en un cumpleaños. Charly García, señoras y señores. El mito haciéndose carne frente a los ojos y oídos del mundo. La risa y la frase se pueden ver y apreciar en el DVD homónimo que salió más tarde al respecto.


Allí también se puede contemplar la horrenda e innecesaria distancia que curtía el Campo VIP con el general, vallado. Increíble que en Argentina aun no hayamos mandado a la mierda el Campo VIP. El general había salido unos $120 que, en su momento, eran un dinero. "Tirá la valla/ la puta que te parióooo" fue otro de los hits de la hinchada. Curiosamente, en la producción audiovisual no se pueden apreciar ni Adela en el Carrousel, No Me Dejan Salir y No soy... De 'Estoy Verde' en particular, recuerdo una chica subida a hombros agitando una remera a más no poder, como si fuera el último día de su vida. Yo estaba buscando techito, no sé por qué de manera disimulada, debajo de los paraguas. Era como el vigésimo tema y, tengo que reconocerlo, tenía ganas de irme. Pensé en más de un momento mandarme a la tribuna. Tuve que retrocedes en el campo porque ya me habían robado la billetera y casi me pierden una zapatilla. Sí, perdí la virginidad recitalera.


Pero no hubo tormenta, lluvia o tifón que nos parara cuando, después de No Toquen, vimos que aun quedaba el último bis: No se va a Llamar mi Amor. Cuenta la leyenda que Charly ya había entrado a camarines cuando dijo: "Me aburro" y decidió salir a hacer este tema de manera espontánea, casi improvisándolo o zapándolo. La imagen de la multitud volviendo a las corridas a escuchar un tema que apenas si duró un ratito es hermosa. Porque había que estar ahí, no importara cómo ni cuándo. Era una batalla ganada. Los Aliados fuimos (somos) un protagonista más durante toda la noche, bancándonos la que viniera, cantándole el feliz cumpleaños al Mr. ("Bueno..., ¡un año menos!", tiró el hijo de p...) o el final de No Voy en Tren: mediaba la parte de "Yo soy de la Cruz del Sur" y al momento de "¡Soy el que cierra y apaga la luz!" todo el José Amalfitani quedó a oscuras y lxs músicxs en silencio. Pero nosotrxs, firmes como rulo de estatua, como emulando la mejor base del mundo, completando la canción a todo pulmón.


Afortunadamente habíamos quedado con mis colegas en una esquina para encontrarnos a la salida ("Bukka no se va a perder" me pareció escuchar después. Si supieran... No se enteraron mi aventura para llegar hasta hoy). Como el agua dale que te dale, me mandé abajo de un techito, fui el primero en llegar. El auto estacionó en la esquina contraria -pero no de mala leche, sino por falta de lugar- y el primero en verlo fue el Base, que desde allí me localizó y me hizo una seña para que viniera. Un grande: supe que el tipo no sólo logró saltar la valla del Campo VIP sino que además se encontró un brazalete Say No More trucho tirado por ahí. Así también, una grossa la madre de la compañera que tuvo la grandeza de llevarme hasta la puerta de mi casa siendo que yo no vivía cerca de allí y quedábanle aun entre 2 y 3 viajes más con 5 adolescentes empapándole el auto. Si está leyendo esto, que sepa que le agradezco. Pero finalmente llegué a mi casa sano y salvo lo más bien después de una jornada muy extensa habiendo pensado 2 veces que me perdía este flor de concierto. ¿Lo más irónico? Después de tanta agua debajo, encima y todos lados del puente, ni bien pisé mi casa... ¡me pegué una ducha!

lunes, 2 de septiembre de 2019

Say No More IV

-   - Yo milito desde el arte. Voy a las marchas.
La compañera lo fulminó con la mirada. Había escuchado, por enésima vez quizá, la misma excusa de la que se agarra más de un pibe para justificar su accionar. Un rato antes, y sin que nadie más interviniera, la compañera se lo había cruzado al compañero en el ascensor y le preguntó -recriminando- sobre su uso del pañuelo de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito atado a su mochila. Esto viene a cuenta de un viejísimo debate.
    El último martes se volvió a presentar, por octava vez consecutiva, el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), que congregó una multitud de personas en los alrededores del Congreso de la Nación. Se vio una enorme mayoría de mujeres y cuerpos gestantes encabezando la propuesta. Aunque también se vio una cierta cantidad de varones. Y ahí otro sub-debate se volvió a instalar: ¿deben ir los varones a las marchas feministas?
    En principio, ¿está “mal” estar a favor de la Ley IVE? No. Ahora, ¿está “mal” portar el pañuelo verde siendo varón cisheterosexual, blanco y de clase media? Ahí la respuesta es distinta.
    En realidad, para contestar esa pregunta hay que volver a la madre de todas las batallas: ¿cuál es el rol del varón en el feminismo? La premisa es compleja. Existen, se sabe, muchos feminismos dentro del feminismo. Es coherente, por ende, que haya muchos puntos de vista al respecto. Concretamente en lo que refiere a la militancia día a día, hay un acuerdo general sobre evitar comentarios, conductas y chistes machistas (por ideología propia, no para zafar), además de estar atento al respecto para alertar y/o no compartir contenido del estilo en redes sociales o WhatsApp. Eso sin contar el profundo proceso de deconstrucción personal que, en los papeles, ya debería pasar si es uno consecuente con su pensamiento.
    Pero, ¿y en la vía pública? En marchas o actos oficiales, la cuestión es diferente. Es harto conocida la postura de buena parte de los colectivos que no quieren ni prefieren presencias masculinas en los actos del 8 de marzo o 3 de junio, por ejemplo. Puede haber todas las buenas intenciones, pero teniendo en cuenta el contexto político-cultural en el que la sociedad se ha criado y estamos, el varón aun actúa bajo un contexto que lo favorece, y esa presencia bien puede interpretarse como una apropiación del lugar y circunstancia donde el grupo históricamente perjudicado se está expresando. El hijo del dueño de la fábrica no va a la marcha del sindicato. Eso sin contar que cualquier chica puede encontrarse con algún “machito rescatado” que en algún momento la haya violentado.
    Con el pañuelo ocurre la misma lógica: el reclamo por la legalización del aborto ha sido una bandera históricamente enarbolada por el colectivo de mujeres y transgénero (recordemos, octava vez que se presenta el proyecto). Es, entonces, entre imprudente y soberbio portar un reclamo que no había sido tomado hasta que no hubo una posesión pública y masiva. Ingresar en una lucha donde muchas se han encontrado (y con una intimidad que el colectivo varonil desconoce) es, por lo menos, invasivo.
    Espacios para rehabitar y reflexionar como masculinidades -y de ahí contribuir al feminismo- abundan: desde los talleres dictados por el colectivo de mujeres Mala Junta hasta el Encuentro Latinoamericano de Varones Antipatriarcales (que este año tendrá su octava edición, en Uruguay) donde también diversos talleristas apuntan a deconstruir el mandato masculino, también aportan a un cambio útil. El cambio de roles “tradicionales” también es una estrategia: para el último Encuentro Nacional de Mujeres, realizado el año pasado en Trelew, Chubut, la organización La Poderosa llevó a un par de muchachos para que se encargaran del orden, cocina y cuidado de bebés, a fin de que sus compañeras pudieran ir a todas las reuniones y la marcha general sin tener que ocuparse de algo extra. Dicha decisión fue votada y tomada en asamblea previa.
    Y en lo estrictamente particular, tomar por ejemplo lo que dicen Diana Broggi y Mariel Martínez Cabrera: que los varones busquen “feminizarse”. “Pensamos el feminizarse como el aprender otros patrones culturales y relacionales”, dicen en su Carta a los Varones Desorientados. Feminizarse como el aprender a ver cómo fue tomado el rol de la mujer en una relación y que se puede rescatar y/o modificar de eso a fin de hacerla más sana. Se suma otra voz: “El hombre no tiene que estar ahí para ayudar a las mujeres. No los necesitamos. Necesitamos de espacios separados, sí. Pero el hombre tiene que participar de la lucha contra el mandato de masculinidad por sí mismo, para defender su posibilidad de transformarse en un sujeto pacífico, en un sujeto feliz”. Esta brillante síntesis nace de la boca de Rita Segato, eminencia si las hay dentro del campo del feminismo moderno.
    Las compañeras ya han demostrado que no quieren ni necesitan de presencia varonil en sus filas para tirar abajo el patriarcado. Los “aliados” bien pueden contribuir haciéndose a un costado y ver qué tienen para decir las compañeras sin necesidad de explicar cómo hacer lo que ellas ya estaban construyendo cuando llegaron. Si al final “no están buscando” que los aplaudan o feliciten por un cambio (al fin y al cabo, lo que hay que hacer) no hay necesidad de remarcarse ni llamar la atención.
    A mediados de los años ’90, Charly García sacó un disco/consigna titulado Say No More, donde se desquitó de ciertas críticas y atacó la música desde un costado más experimental, partiendo de todo su background y buscando que nadie le diga cómo hacer algo que él ya sabía hacer. Si bien la traducción literal es “No digas más (nada)”, el concepto significaba, según sus propias palabras, “callate y escuchá”. Esto, salvando las distancias y protagonista, es exactamente lo mismo.

   [Texto originalmente pensado y escrito para una materia de la facultad que me di cuenta encajaba perfecto aquí]

domingo, 25 de agosto de 2019

Años VII

Hoy este blog cumple 10 años. Diez. 

No fue el primero (recordemos a Las Moiras Chamvres, a dúo con mi mejor amigo) pero sí el mío propio, el personal. La sensación y las ganas de decir cosas "importantes" era imperiosa en ese momento y el poder diferenciarme y establecer un límite entre lo que quería ser y lo que me parecía el mundo. También creía que mostrar una parte más "seria" ayudaría a que lxs demás me tomaran un poco en serio. Quería que se descubriera el "genio" que hay en mí (aclaro: esta expresión está hecha con palabras de la época).

Nunca había curtido fotolog porque me parecía la moda que finalmente fue. En MSN te podías comunicar con una sola persona, no daba hacer conversaciones conjuntas y no valía la pena publicar textos en conversaciones o pasarlos por archivo. Facebook aun estaba para boludeces. Faltaba un ratito para que más gente se lo tomara en serio. A Taringa! le tenía miedo (lo consideraba más freaki) y Tumblr nunca me interesó.
El puntapié para comenzar fue gracias a Maru Moretto Fraga, a quien le estaré eternamente agradecido. Maru escribía y escribe como el carajo. Siempre me pregunté de dónde sacaba ciertas imágenes, frases, elementos narrativos que a mí aun hoy y con toda la experiencia encima me siguen pareciendo inalcanzables. Qué prosa, qué poética. A lo largo y ancho de esta existencia se fueron sumando muchas más personas que hicieron respirar a este blog (Atenea, Jussy, Fideo Fassanelli, La Pelicana, Darío Martelotti, Agus Cotic, Jr., etc, etc...), a quienes agradezco un montón. Me ha encantado leerlos y charlarles y criticarlos y que me critiquen y mil cosas más. Este blog sumó muchos elogios. Realmente me creí 'alguien' en la vida de cierta gente. Creía que escribiendo por acá se podía llegar lejos.

Lamentablemente no pasó porque no sé promocionar ni hacer márketing de mis cosas y, además, nadie me sigue en lo que hago, ni mis amigxs. Correrla, entonces, se vuelve un poco más difícil. 
El primer subtítulo fue: "Un blog de Rock", en homenaje al subtítulo "Un programa de Rock" que llevaba el programa "Peter Capusotto y sus Videos", obligatorio para esa época (otro de mis agradecimientos va para Esteban). Esto luego evolucionó a "Tratando de poner los pies sobre la Tierra", porque mi viejo no se cansaba de repetirme en mi infancia: "Leandro, poné los pies sobre la tierra, bajá a tierra". Parece que yo estaba muy distraído en mi mundo y sólo decía/hablaba boludeces. Mucho tiempo más tarde me di cuenta que la realidad me aburre y me asusta y por eso prefería y prefiero mi mundo. Ojalá mi viejo predicara con el ejemplo. La estética rojinegra -que trajo más de un achique de ojos en lxs lectorxs- viene a cuenta de mi obsesión con el concepto "Say No More", de Charly García. Al día de hoy, no tengo ese disco.

En ese momento, me imaginaba escribiendo acá para siempre. Porque creía que los temas para hablar nunca se iban a acabar y siempre iba a tener algo para decir o quejarme y etcétera. Prontamente -en 2012- me di cuenta que los temas se repetían uno tras otro y hablar de una cosa era siempre hablar de lo mismo y me preocupaba. Y escribía que me preocupaba. Otras veces no posteaba porque había ciertas cuestiones cuya problemática desarrollada me parecía una vergüenza, por la falta de profundidad. Como con un contrato con mis lectores que no tenía (lxs lectores, no el contrato). La búsqueda a respuestas para ciertas preguntas han quedado la mayoría en el aire. Nunca llegaron; me las pregunto y me las sigo preguntando. Hay preguntas cuyas soluciones llegan en la falta de respuestas.

Acá publiqué mis primeros análisis de disco (los mismos que al día de hoy sigo encontrando únicos; nunca leí análisis como los míos, hablando únicamente de características de análisis) que luego derivaron en mi entrada en Rock N' Ball, donde aun sigo. Fue el lugar donde más profundice en escritura y periodismo, antes de convencerme que mi camino era el arte y, más precisamente, la música. Por acá pasaron tomas del Nacional Buenos Aires, recitales, lecturas de marchas, todo lo que yo considerase de rango como para postearse acá. Nunca publiqué nada "literario" porque sentía que no era el lugar. Eso lo dejé en Otras Palabras. 

No sé cuánto más voy a sostener el blog, lo cierto es que lo quiero mucho y no lo voy a dejar morir. Todavía siento que puede haber futurxs lectorxs a quienes el leer esto les interese. Incluso a mí, que a veces me encuentro con posteos y hasta con opiniones que no recuerdo. Pero en nombre de la vida y el amor a la vida escribir sigue siendo vivir así que hasta que no lo considere cerrado o no deje de pensar en él aunque sea momentáneamente, no acabará. Hasta siempre.

Say No More.

Un último dato de color: hoy cumple años mi abuela. La madrugada nocturna en la que creé el blog no me había percatado de la fecha. Y es hermoso pensar que un espacio tan querido surgió el mismo día que una de las personas que más apoyó mi amor a la lectura. Así que aguante vos, abu, y aguante escribir y leer por siempre. Feliz Cumpleaños 😊

jueves, 8 de agosto de 2019

Honestidad Brutal II

'Honestidad brutal' es aquel término con el que se suele tachar de desubicada o excesiva a la sincera honestidad con la que unx expresa realmente lo que quiere decir o siente. O sea, se condena a una verdad que busca ser dicha tal cual es, tal y como unx la siente. Unx que encima busca mostrar el respeto que siente por el otrx diciéndole las cosas tal cual cree que son, sin rasgos de hipocresía o eufemismos, es visto de manera violenta por lo que quiere expresar de forma genuina, legítima, sin filtros ni reparos

En otras palabras: sin tener en cuenta al otrx.

La violencia es real pero también es lineal. Eso es lo bueno y lo malo de la misma. Si es lineal no da lugar a grises (no da lugar a profundidad) y si es real es subjetivo (no es total). Y no lo digo por mera corrección política, al contrario. Soy bastante fan de esta llamada "honestidad brutal". Un cierto gusto por el costado más oculto de la gente me empuja a preferir situaciones verbal y emocionalmente violentas porque desnudan una parte del otrx que no se suele ver a diario. Ahí es donde aparece la novedad. Y no hace falta ser periodista o filántropx para verse maravilladx por algo nuevo delante de la máscara producida por quienes vemos a diario. Y si bien es cierto que jugar con estos matices da resultados muy interesantes -a veces-, también da paso a situaciones horribles donde tercerxs (lxs menos cínicxs en cuestión) sufren muchísimo más que el primero. Lo sé porque muchas veces me ha tocado ser ese primero. Pero esa sed de violencia simbólica e implícita no es algo que me aplauda. Es, de hecho, un problema, mío, personal, y me hago cargo. 

La pregunta del millón, entonces, es: si en una discusión o debate conviene siempre asentarse en una postura propia en pos de una independencia emocional mayor o acoplarse a la visión del otrx a fin de poder llegar a un resultado más decente. Y el rol de la honestidad brutal dependerá de la circunstancia en la que unx se halle, el evaluar si desenvolverla o no. Es cierto que muchas veces, si uno no dice las cosas como son (que, remarquemos, es una manera de decir "cómo las siente unx") se corre el riesgo de explotar -y eso escasamente ayuda. Bah, la catarsis generalmente afecta a aquellxs a quienes unx más quiere, porque es delante de ellxs que suele pasar. Y el estallar, producto de emociones no trabajadas en su debido momento, ya implica de antes una visión distorsionada de los acontecimientos. Unx cree que el otrx tiene la misma visión e interpretación de las cosas que unx, aun cuando no lo afectó de la misma manera. Si a esto se le suma la especulación o la imaginación sobre cómo podrían haber sido las cosas, más la ansiedad permanente, lo único en lo que puede desembocar es una redada falsa de hechos con emociones. Si encima esa explosión ocurre cerca de conocidxs, emulará la misma cadena imaginativa hacia el lado contrario (cada quien pensando o imaginando situaciones que no son ni pasaron). Se pierde la base real desde donde abordar la cuestión. 

Pero a veces está bueno estallar. Poco o mucho. Primero, para estar satisfecho con unx mismx (el sabor de la auto-honestidad es lindo) y segundo, para sacarse la mierda de encima. En estas explosiones, unx siente haber dicho toda la verdad, brutalmente honesta. Pero, aparte, haberla dicho de una manera implacable e inapelable. Lamentablemente o no, por lo mismo que dijimos antes, esto  es erróneo. El problema es creer que esa misma sensación de "satisfacción" que corre por unx también corre para lxs demás (al fin y al cabo, ¡¿qué puede ser mejor que decir la verdad tal y como unx la siente?!). Pero, como ya referimos, el encadenamiento al cual lleva esto puede acarrear cosas peores. No digo que explotar esté mal. Digo que no siempre es la mejor solución. 

La supuesta empatía que unx debiera tener va simplemente de acuerdo a la circunstancia en la que cada unx se encuentre. Con quién, en dónde, y tras qué historia mediante. Sin embargo, esto habrá -por supuesto- que desarrollarlo, en vista de que no existe una ganancia de experiencia de un día para el otro. Por eso conviene hacerlo con aquella gente cercana o amiga que mencionábamos antes. Ellxs, de serlo, tienen la cancha y la perspectiva sobre unx tal que pueden entenderle y trabajarle dicha comunicación*. Y luego, si dicho tratamiento -recíproco- funciona, habrá más perspectiva y distancia a la hora de discutir con idiotas o decir cosas importantes a gente de valor.

Siempre y cuando esas mismas amistades no sean las idiotas, ¿no?

*(si antes dijimos que sería perjudicial 'estallar' delante de las mismas y eso hacerles formular toda una base de teorías e interpretaciones que tampoco se corresponden con la realidad, no es porque puedan hacer una cosa y no la otra; es porque el hacer catarsis implica mucha información en muy poco tiempo y con poca posibilidad de hacer una perspectiva de largo alcance de un momento para el otro. Lo que se propone es trabajo progresivo versus trabajo en el momento)

domingo, 6 de mayo de 2018

Embryo

La hipocresía clasemedia y mediopelo argentina parece no tener fin. Pongamos la lupa un momento en el reclamo: se agarran de la posibilidad de que aquel feto que pueda/vaya a ser abortado no tendría la oportunidad de desarrollarse profesionalmente. Más precisamente, de ser ingeniero.
Dime de qué te quejas y te diré qué tan imbécil eres. Varias cosas al respecto: fijémonos en la cantidad de conceptos que se esconden detrás de esta imagen. En primer lugar, los padres una vez más diciendo/decidiendo qué tiene que ser el feto. Nunca consultar, nunca preguntar. Es que, claro, no se le puede preguntar, ¡porque simplemente no se puede! (¿Cómo o por qué YA sabría qué “quiere ser” en la vida siendo un feto?) Como no se le puede preguntar si quiere venir a la vida o no. Quién sabe, quizá habría muchxs que no querrían. No se sabe si la cobardía es hereditaria pero, ¿qué nos sorprendería si así fuera?
En segundo lugar, miren: “Quiero ser Ingeniero”. “Abogado”. “Médico”. Todas profesiones pensadas para ofrecer un servicio a un tercero -y generalmente a un precio alto, a uno que muchxs no pueden acceder. Esto es: nace y servime. Nacé para servirme. Nacé para mí. De la mano con lo anterior, el venir a la vida se reduce a la profesión laboral del futuro. A “qué quiero ser”. Mirada más mercantilista, imposible. Y eso, hasta donde sé, es egoísmo en estado puro. ¿No es extraño que ninguno diga “quiero ser campesina”? ¿“Quiero viajar por el mundo”? ¿“Quiero ser militante”? Lo que me da paso a lo siguiente:
Ingeniero. Abogado. Médico. Contador. Agente. ¿Notan algo en común aparte de lo mencionado? ¿No? Yo se los señalo: “Quiero ser músico”. “Quiero ser pintora”. “Quiero ser actriz”. “Bailarín”. “Escultora”. “Artista”.
Como siempre, el campo de las bellas artes mirado en menos. “Porque no es redituable”. “Porque no sirve”. “Porque es un gasto”. Curioso, porque el arte es la primera rama en actividad dedicado casi exclusivamente a “servir” a un tercero -si seguimos la lógica anterior. Si jugando de manera abstracta con los sentidos y, conmoviendo sentimientos (primero) apuntamos a hacer reflexionar la psiquis (segundo), estamos cubriendo todos los planos internos del ser humano (cada uno verá a dónde ramifica luego). O sea que, de última, esa participación que pretenden ni siquiera es activa, es pasiva. Nada doy, solo obtengo.
Y, por último, lo que más me rompe las pelotas: parece que la ignorancia y la memoria selectiva van de la mano. Porque no hay que tener ni 20 años para saber que, hace 20 años, la vox populi dictaba que “soy ingeniero, manejo un taxi”. O tengo un kiosco. Da igual. Si el Estado no invierte en trabajos que precisen de estos profesionales, menos lo van a venir a hacer empresas extranjeras porque, ¡oh, sorpresa!, les convienen tenerlos trabajando en su país matriz. No invertir en un país que no otorga seguridades -a menos que vengan a robar abiertamente. Argentina es un país cuya oferta de egresados en ciencias exactas es sustantivamente menor a la de ciencias sociales, humanísticas o artísticas. Y ahí está la clave del reclamo: lo colocan porque no saben cómo es. ‘Como no sé cómo es, sólo sé que es difícil, que lleva muchos años, que comprende áreas que ni yo ni casi nadie entiende -y de eso me agarro- pero es importante y pagan bien, lo pongo de ejemplo’. De cualquier otra profesión, pareciera, se puede hablar abiertamente (“Los docentes son todos vagos"/ "Los artistas son unos narcisistas de mierda todos”).
Si esta gente fuese coherente con su pensamiento, se hubiese horrorizado con los recortes de personal en el INTI o el CONICET. Pero no: prefieren tragarse la mierda que les vende Clarín. No se dan cuenta que el organismo que debiera fomentar la carrera de ingeniería, en todo caso, es el Estado. Y el organismo que debiera promover una Educación Sexual Integral (y Feminista), métodos de prevención y separarse de la Iglesia… también es el Estado.
Pero no: mejor guiarse por la comodidad del prejuicio. Porque el enano fascista no necesita sentirse bien gobernado, sólo tener a mano un aparato de poder que justifique su pensamiento.

lunes, 19 de marzo de 2018

Disco, baby, disco II

Esto quizá parezca un remake del primer posteo con el nombre en cuestión. No obstante, aquí va una segunda parte complementaria, más avanzada y profesional.

Me estalla el placard de remeras. Literalmente: el otro día tuve que empezar a usar un estante inhóspito porque al que estaban destinadas está llenísimo. Cosa curiosa: yo nunca compro ropa. La última vez que me compré una remera por mi cuenta fue en 2012. ¿Cómo se explica, entonces? Mi madre y la madre de mi madre, mi abuela, tienen una pequeeeeeña obsesión con que su hijonieto esté bien vestido y, cada vez que viajan a un lugar barato, traen ropa. Entiendo el gesto de amor; lamentablemente mi vestir me importa menos que la final de polo juvenil de Turkmenistán, si es que tal cosa existe. Y eso lo sabe cualquiera que me haya visto 2 veces en la vida, no importa la distancia entre las ocasiones. Si a eso lo agregamos que cuido muy bien mi ropa... bueno, sumen.

Una lástima, porque hay cosas que sí me gustaría tener. No soy una persona muy materialista que digamos, pero hay 3 cosas que disfruto mucho coleccionar: discos, libros y películas, en ese orden. Como no escucho música por Internet (ni Spotify, ni Deezer, apenas conocí Grooveshark y un poco YouTube), mi único ingreso musical son los recitales en vivo, la radio y los discos originales. Y es raro: me veo conociendo con más detalles a ciertos artistas que mucha gente con acceso libre a todas esas plataformas pudiendo escuchar lo que desea. La paradoja de la "libertad": más se puede, menos se hace (algunos).

Nos gustan los discos. Parece que no, pero sí. Me basta con ver la cara de mis amigos cada vez que vienen a casa y se enfrentan a mi colección ya que en muchos casos están viendo sus placas favoritas en formato físico por primera vez. La gran mayoría de gente los considera lisa y llanamente una pérdida de plata ya que "¿para qué te vas a gastar plata en comprarlo pudiendo escucharlo por Internet?". 
Bueno, si yo ya sospechaba que no eras sólo un cúmulo de canciones apretadas en un plástico, estudiar música no hizo más que confirmarlo. Con el disco compacto (o vinilo o cassette) se establece una relación física. Orgánica, diría el gran Alfredo Rosso. Es porque dentro de ellos sentimos la vida que allí circula. Están desde los que enfrentaron el formato tradicional cuadrado ['Artaud' (Pescado Rabioso), 'Colmena' (El Otro Yo), 'Civilización' (Los Piojos), 'Historias Perdidas' (El Bordo)] a los que armaron un concepto o una historia en vez de canciones sueltas ['Freak Out!' (Mothers of Invention), 'The Wall' (Pink Floyd), 'Luzbelito' (Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota), 'Kill Gil' (Charly García)], sin contar los libritos internos con las fechas, la tapa, el lomo, la contratapa, el orden de los temas y miles de otros detalles. Ni hablar si vienen en ediciones remasterizadas, deluxe, aniversario o box-set.

Por eso adjunto aquí, además, una charla que explicita bastante bien esto que quiero decir. Conservar el formato físico para que el arte no se pierda en el maremágnum de la información. Y si alguna vez que me querés hacer feliz, o un regalo, regalame un disco. Con cualquiera -literalmente cualquiera- estoy satisfecho. Te lo devolveré en forma de poema, abrazo, o algo mejor.

martes, 13 de febrero de 2018

El León



"Llegar a ser libre en la música y en todas las cosas es amar.
La imaginación abre los caminos de la Libertad, allí el Universo de la Música toca el Infinito
Por eso el Rock"
(Texto hallado en la contratapa del disco "El León", de Manal)

jueves, 14 de septiembre de 2017

Cruz Diablo!


El infierno de Luzbelito
es un espejo para nuestra vergüenza.
Somos hijos de multivioladores muertos.
Somos los hijos de puta que van a beber de sus aguas y, ya sabemos, los hijos de puta no descansan nunca.

ZIPPO

(Texto encontrado en el interior del disco "Luzbelito", de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota)

miércoles, 10 de agosto de 2016

Futuro Pobre

Nunca me sentí tan cerca de Silvio Astolfi, el protagonista de esa maravillosa novela de Roberto Arlt, “El Juguete Rabioso”, como en este momento. Desde que comencé mi etapa laboral, tuve 8 trabajos, sin contar changas o aportes gratuitos. Por mi formación y mi capacidad –y mis antecedentes, luego – no creo tener pocas condiciones como para desempeñarme eficientemente en una tarea. Aquell@s que me conocen saben que a veces me hago renegar pero no soy tan impotente como para no afrontar una tarea y menos una grupal. Ahora bien, la intolerancia de ciertas empresas y lugares es abominable. Y los que te tercerizan, todavía son honestos: no quieren dejar de hacerte ver que te van a forrear hasta siempre. Pero lo peor son los lugares “progres”. Porque allí el funcionamiento es exactamente el mismo. De la boca para afuera es una cosa, de la boca para adentro otra: cunde el amiguismo y el verticalismo. Ok, no digo que nunca un amigo o un familiar te acerquen tu primera oportunidad, pero después dejate de romper las pelotas. Y creo que ya todos sabemos, a esta altura, que profesionalismo es dejar de lado las diferencias humanas para que cada uno se concentre en sus virtudes y ventajas que pueda aportar. De última nos cagamos a trompadas en la esquina, después.
Otra más: tres meses de prueba. ¡¿Qué carajo son 3 meses de prueba?! ¡¿Para qué carajo necesitás 3 meses de prueba?! ¿3 meses te sirven para especular con mi ansiedad y nerviosismo a ver si quedo? ¿3 meses son los que voy a tardar en agachar la cabeza y entregar el orto? ¿En 3 meses esperás que no me mande Una cagada? Si me la mando el último día, ¿invalida todo lo que hice anteriormente? ¿3 meses me vas a tener cortando clavos con las cejas para ver si entro o no? Y eso porque no bajamos hasta la raíz primera todavía peor: “Pasa que acá buscamos a alguien que tenga más experiencia”. ¡¿Cómo voy a tener experiencia si nadie me da trabajo, forro?!

Y el problema, otra vez, no es la manera de trabajar: el problema es que la mosca la tienen los mismos de siempre. Vivo históricamente en un barrio de casas bajas donde es muy difícil mantener un negocio: la gran mayoría de su población es jubilada y su ingreso no es mayúsculo, con lo que no sorprende ver un comercio cerrar (y sí a la inversa). Sucede que después su lugar lo ocupa una cadena grande. Ya no sé cuántos locales de Havanna, Santander, Starbucks o Adidas vi nacer en el último tiempo por toda la Capital. Crecen como hongos, germinan como plantas.

A la larga o a la corta, pretendo ser trabajador independiente. Prefiero morir en la pobreza a que mi situación dependa de la calidad del pete que le hizo la amante a mi jefe la noche anterior. Pero esto no se trata exclusivamente de mí, eso está más que claro. No puedo pretender que todo el mundo quiera ser trabajador independiente. Habrá quienes no quieran, no pretendan, o no puedan. No se trata de mí porque me excede. Pero sí se trata de mí, también, porque abarca toda mi generación, que quiere y no puede, o puede poco. Con trabajos de mierda o sin trabajo,  encapsulados en un sistema económico-humano según el cual, si no triunfás, sos un fracasado, un pelotudo o un incapaz. O todo eso junto. No me extiendo en eso porque ya se ocuparon varios mucho antes y mejor que yo.

Pero por ese lado viene mi exclamación. Las empresas se quejan de la falta de creatividad en sus zonas. Disculpame, ¿cómo querés que sea creativo si me tenés todo el día con el fusil en la frente? No, en serio. Seriamente hablando, ¿me creés tan pelotudo o sos tan hijo de yuta? Porque, créanme, pocas cosas son tan horribles como que te echen de tu trabajo. Que te digan “no pasaste la prueba”, “no necesitamos más de tus servicios” o directamente “estás despedido”. Es DE MIERDA. Un navajazo a los huevos. Te sentís lo peor. Con vos y con el mundo. Y guarda: en mi caso hablamos de un varón blanco heterosexual instruido de clase media sin enfermedades venéreas ni hijos de por medio. Imagínense las demás variantes.


Voces cercanas me piden que me conforme. No me puedo conformar. No me voy a conformar. Si me conformo con 22 años, ¿qué me queda para los 30, 40? ¿Matarme? Una personalidad muy nefasta dijo una vez que “a los veinte años no se puede andar sin coche y sin plata”. No tengo auto ni quiero, pero es muy deprimente darse gustos a cuentagotas o regatear hasta el último centavo; más en una economía tan traicionera como la argentina, donde hoy por ahí te das una alegría y viajás a Chascomús y mañana no podés comprar manteca, aceite o gas. No creo en la dignidad ni en nada que deba ser dignificado porque no creo en un único criterio para el mundo a la hora de afrontar las cosas. Hasta la ética me parece personal y circunstancial. Pero el derecho a la paz y al bienestar es tan antiguo como el humano. Y no sé hasta dónde se podrá mantener la paz de seguir así o no poner un freno y que estos tipos cambien, porque van a terminar ahogados en su propio lodo. Aunque, si tengo que elegir un horizonte, prefiero volver al autor citado al principio y seguir su camino ya que “el futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo”.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Te aviso, te anuncio...

Jajaja, el título es una ironía. En breve, un pequeño aviso desde la administración de "Say No More"...
Desde aquí queremos informar que, simplemente, por cuestiones de calidad, prefiero no seguir posteando un maldito texto todos los meses con tal de cumplir con alguna especie de regla o rutina inventada. A partir de ahora se posteará cada vez que quiera, sin intención de forzar nada. Ya he escrito mil veces y más de una vez que el promedio de posteos estaba en decadencia y no quería dejar morir el blog. Pero, como se dijo en La Vanguardia es Así: blog que no cierra, blog que no muere. Por ende, por ahí más saltos entre un post y otro, pero todo hace a la calidad del sitio, sean cuantas sean sus visitas.
Así que si de algo sirve, esto seguirá funcionando. Más pausadamente, pero lo hará. Y no traicionaré la confianza de ningún lector, y menos de mí mismo.

Say No More

La Vanguardia es Así XVIII

116) "En el fondo, nadie es masoquista" - Florencia Almansi (18/01/15)
117) "Esto es la Vida" - Srta. Desconocida en marcha #NiUnaMenos (03/06/15)
118) "Prefiero ser feliz a estar cómoda" - Luli Díaz Colodrero (09/07/15)
119) "El que cree que puede controlar las drogas, está loco" - Cren Cha (04/11/15)
120) "La Poesía está para mirar a la Muerte con Dignidad" - Vicente Zito Lema (21/11/15)

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Análisis de Discos VIII: Physical Graffiti [segunda parte]

Zeppelin siempre se caracterizó por saber abrir discos y esta no sería la excepción: Custard Pie [Pastel de crema] era el indicado. El tema bebía de principalmente del ‘Shake ‘em Down’, de Bukka White, pero en realidad disparaba para todos lados: desde el ‘I want some of your Pie’, de Blind Boy Fuller (más tarde grabado como ‘Custard Pie Blues’, por Sony Terry y Brownie McGhee) hasta ‘Drop Down Mama’, de Sleepy John Estés y ‘Help me’, de Sonny Boy Williamson –nótese la similitud entre nombres y letrística. Letra que daba otra vuelta de tuerca sobre la proclama sexual de Plant, que decía: “Tu pastel de crema,/ dulce y lindo;/ cuando lo cortés, mami,/ guardame un pedazo’ –creo no hace falta aclarar de qué. Un demo del tema mostraba un solo de armónica donde finalmente iría la armonía sonando. Típicos elementos de Zep aquí mostrados: el riff, las voces, el solo más un fenomenal arreglo de Jones, interpretado con el clavinete.

A continuación, uno de los más –sino el más – menospreciados temas de Zeppelin: ‘The Rover’ [El vagabundo]. Primer tema donde el disco comienza a retroceder en el tiempo. Escrito en el ’70 y grabado en el ’72, es una lástima que no haya salido en su momento porque es un fuckin’ temazo y se termina perdiendo entre tanta genialidad que desprende todo el disco. Con una de las letras más interesantes de Plant, donde boga por los ideales perdidos de los ’60, preguntándose a dónde va a parar todo, desde  la ambigua figura del vagabundo: alguien que no lleva una vida media ni “normal”, pero que por eso mismo es dueño de su tiempo y tiene otra visión de las cosas. Sabe perfectamente qué está pasando en el mundo, porque tiene más calle que otra cosa (“He estado en Londres, visto las siete maravillas… He visto a los reyes que gobiernan a todos…”). Y, ¿no eran acaso Zeppelin unos “vagabundos” ellos también? Con tanta carretera y ruta entre gira y gira, caía casi de cantado que tuvieran un panorama global del mundo, literalmente hablando. De hecho, hubiera sido muy difícil que Zep hiciese la música que hizo de no ser por tener los miembros los pies sobre la tierra. Ningún hombre es una isla ni está desprendido de su entorno –y esta banda, menos.
Sí había un deseo que terminaba de condecorar la canción: “Si tan sólo pudiéramos tomarnos las manos”. Este salto tan radicalmente temático respecto al anterior track sería un patrón en esta placa –y en toda la carrera del grupo – pero ante la grandeza y eclecticismo que se habló antes, todo estaba permitido. Incluso cambiar de ingeniero de sonido. En los créditos aparece la frase: “Guitarra perdida cortesía de [Roy] Neveson…, salvada por la gracia de [Keith] Harwood”. Habla del accidente en el cual el primero perdió un canal de guitarra y recién el otro pudo salvar. Nadie tiene la culpa salvo él… o no. El trabajo sobre el disco se había vuelto tan desorganizado que, cuando el pobre ingeniero preguntó que había pasado con esa línea de guitarra, nadie supo responder, desconocían. Y, cansado de que lo levantaran a cualquier hora para grabar, decidió irse. No se sabía de nadie que se hubiese desmembrado antes un proyecto de Zeppelin, pero la noticia no cayó bien. Sobre todo para Bonzo, que le dijo de todo menos ‘lindo’. 

Si ‘The Rover’ había abandonado su versión de blues acústica original para terminar siendo lo que fue, los muchachos volverían rápidamente a su género preferido con ‘In my Time of Dying’ [Al momento de mi Muerte], la canción grabada y publicada más larga de toda su ornamenta. Aunque no original, era un cover que reconocía sus inicios en ‘Jesús make up my Dying bed’, de Blind Willie Johnson. Pero hasta ahora había sido conocida y reconocida por figurar en el álbum debut de Bob Dylan, que también la grabó, pero con una escueta duración de 2 minutos… al lado de esta, que dura 11. Grabada en vivo en el estudio, no tiene guitarra rítmica y, mientras Bonham va siguiendo la Danelectro con slide de Page, Jones la pasa de maravillas con un bajo freatless (sin trastes). En versiones que no llegaron, se puede escuchar a vocalista y baterista discutir sobre cómo entrar a tempo –se discutía un método similar a ‘Black Dog’ – y a Page calmándolos. Como para dejar el rastro casero, se escucha a Bonzo gritar a Nevison: “Vamos a escucharla ahora” Y otra frase más: “¿Es esta [la versión] que queda?”; “Oh, sí, gracias”. En vivo, el rubio cantante le dedicaría la pieza vilmente a Denis Haley, ministro de hacienda del partido laborista británico (básicamente quien les cobraba los impuestos) y a la Reina de Inglaterra. La lírica póstuma refiere a la “última voluntad” del protagonista –lo que hizo declinar su interpretación luego del accidente de Plant en el ’76.
Para apagar semejante tormenta de blues del lado A del primer disco, el lado B arrancaba con otra toma descartada: ‘Houses of the Holy’. La pista que nominaba el álbum anterior había sido dejada de lado porque “no encajaba” con la línea del disco. Extrañísimo, ya que “Houses…” es un disco por de más raro y cuya coherencia musical es, precisamente, ir por cuanto camino se encontrase. Tal vez por eso quedó afuera: como recae otra vez en la fórmula zeppelinera, peca de “cuadrada”. Un tema demasiado Zeppelin –incluso para Zeppelin. Por otro lado, la lírica tiraba para 2 partes: en principio, así llamaban los chicos a los lugares donde grababan y tocaban: las ‘Casas de los Santos’. Lugares donde joder, divertirse y pasarla bien. Aunque en otro plano, apuntaba directamente a los lugares “sagrados” donde sus fans –y los pibes en general – podían tener sus “rituales” de sexo y orgías tranquilos: teatros, cines (“Déjame llevarte a las películas/ déjame llevarte a los shows…”), jardines y sigue la lista. Otra arremetida más a la larga vanagloria sexual del grupo. Un interesante paralelismo con ‘Custard Pie’, que también alboreaba el vinilo.
En 1935, Robert Johnson grabó una canción llamada ‘Terraplane Blues’ [Blues del Terraplén]. Esta es la especie de ‘Terraplane Blues’ de Led Zeppelin; se llama… ‘Trampled Underfoot[Atropellado bajo los pies]”, así evocaba y aludía ante el público voraz del O2 Arena Robert Plant allá por 2007, presentando el hit y clásico de la banda. Lo decía porque, si bien el primero habla de una infidelidad y el otro es una metáfora sexual, ambos usan elementos automovilísticos para mencionar a la mujer (el “terraplén” era un modelo de auto de ese momento, no se confunda con el término geográfico). Lo que hoy llamaríamos, lisa y llanamente, una canción machista y era moneda corriente en ese momento. Igual, si alguien lo hizo transpirar a Plant fue el mismo Bonzo, cuando declaró delante de 15.000 personas –borracho, claro – que su amigo le había afanado directamente la letra de ‘Trampled…’ a ‘Terraplane…’. Aunque en el fondo, el tema le caía bien: “Un gran ritmo para un baterista […] Te permitía hacer un montón de adornos”. No era el único agradecido: Jones reconoció la influencia del ‘Superstition’ (1972) de Stevie Wonder a la hora de elaborar el riff. Incluso los Zeppelin juniors quedaron satisfechos: en 1979, Bonzo aprovechó y sentó –proféticamente – a su hijo Jason Bonham a la batería mientras la banda lo interpretaba en vivo. “Fue la primera vez que vi a Led Zeppelin en vivo”, dijo en su momento. Todos contentos. Definitivamente, una bisagra uniendo lo viejo y lo nuevo. Hablando del vivo, entre otras mañas, los muchachos se encargaban de sumar lásers en el medio, y Plant se encargaba de sumar líneas de ‘Gallows Pole’ (1970) hacia el final, luego de largas improvisaciones, a pesar de no estar en el mismo tono (y acá ‘Trampled…’ zafa, porque es una canción en un tono menor que parece de tono mayor).
Pero si hubo una canción destinada a dejar como una de las mayores y más grandes composiciones de todos los tiempos, esa fue, es y será ‘Kashmir’. La épica obra que el primer LP con sus 8 minutos y medio de duración sería la pieza central de todo el disco. Al punto ha llegado de querer ser, por parte de Plant, aquella creación con la cual quisiese que se recordase Zeppelin, incluso más que ‘Stairway to Heaven’. De más está decir que le parece la mejor canción. Jones no se queda atrás: “Ahí está todo, todos los elementos que definen a la banda”.
Y he aquí la curiosidad más majestuosa: la canción no estaba originalmente pensada así. De hecho, Page quería arrancar con la abrumadora caída orquestal hasta que Bonham sugirió que fuese al revés –y como finalmente terminó quedando –: con esa subida creciente para luego desembocar en el arreglo orquestal comandado por el mellotrón de Jones. Ahí está el aporte fundamental del baterista, que por supuesto luego hizo lo suyo con la sección rítmica y ese tempo rimbombante en toda la epiléptica canción. Por lo que se escucha, “parece” simple, pero no es para nada simple. Sobre esa muralla rítmica se sostiene todo lo demás. “El ritmo fue idea de Bonzo”, echaba a luz Plant. Por cierto que Page añadió que cree que el riff es el mejor de toda la amalgama que ostenta la banda.
El elemento calmo y majestuoso la aportó la pasión por Oriente que compartíamos Jimmy  y yo –comentaba Mr. Percy– Escribí la letra después de viajar en coche por el desierto del Sahara, porque sabía que iba de camino al Sahara español y Marruecos y España estaban en guerra. Circulaba por los baches de una pista polvorienta del desierto y no había nadie en kilómetros y kilómetros”. De esta manera hacía referencia el autor a la letra de lo que inicialmente iba a ser una pieza instrumental y poco más tarde ‘Driving Through Kashmir’ [Conduciendo a través de Kashmir] –se puede apreciar las razones, claramente. Aunque no existe ningún lugar llamado así cabalmente, la región que más se le acerca es Cachemira, en el sudeste asiático. Cachemira es en sí un terreno en disputa entre China, Pakistán y la India donde los miembros de la banda… no estuvieron nunca. A pesar del “Cachemira es el sitio ideal. Creo que, si tuviera ocasión, tendría que ir allí y quedarme una buena temporada. O, si llegado el momento lo necesito, podría ser mi refugio, mi Shangri-la[1]” del vocalista. O a pesar de haber escrito sobre desiertos e imágenes que evocaban paisajes cálidos aludiendo a una zona húmeda y montañosa. Pero forma parte de la psicodelia y el existencialismo. Una lírica que habla de preguntas sin respuestas, de un todo por revelarse, y la necesidad de sentirse acompañado en ese viaje “a través del tiempo y el espacio”. Tal vez toda la imagen que encerraba el desierto más el silencio de la ruta hayan hecho reflexionar profundamente a Plant al respecto y de allí sacar una letra tan abierta. Como un pensamiento dentro de un sueño, el tema se va apagando en un lento fade-out que deja una ambigua sensación tanto de vacío como de plenitud –dependiendo de cada uno. Ahí se fue el evento sonoro supremo de esta banda de Rock. Todo Led Zeppelin compacto en una obra.
Así se fugaba la primera parte del disco total. Hasta ahora, sólo se tenía un temazo atrás de otro. Ante cada una de las cimas, cuando parecía que no se podía dar más, aparecía algo que lo hacía cada vez mejor. Las expectativas estaban cumplidas con creces. Restaba ver qué seguía.



[1] Shangri-la es un lugar ficticio descripto en la novela Horizontes perdidos, de James Hilton. Se sobreentiende que es un paraíso terrenal, alejada del mundo exterior, que siempre se la está buscando.