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miércoles, 31 de diciembre de 2025

Sublimando

    En cine hay una regla muy clara que dice: "El cine no sugiere, el cine muestra". Esto es sencillamente porque el cine, como bella arte, tiene una vía de entrada muy directa -sino la más directa- a nuestra zona consciente: los sentidos, con la vista. Por lo tanto,  no se puede ser elemental a la hora de transmitir lo que se quiere decir como tampoco se puede narrar algo que no pasa. No se dice lo que ocurre, se muestra lo que ocurre.
    Con la literatura, pasa al revés: si bien la descripción evoca y puede llevar principalmente a imaginar algo en concreto (un saco rosado, un pozo en el pavimento), esto mismo no deja de ser una imagen acústica que se forma en nuestra cabeza y en el inconsciente, que busca ser funcional a la historia contada. El lector es fundamental para que el proceso literario funcione. 
    Para que el proceso cinematográfico funcione, también se necesita un espectador, obvio. Pero su imaginación, su proceso mental, va por otro lado. El saco rosado o el pozo en el pavimento está allí, en la pantalla, y tienen su forma particular. No tenemos la posibilidad, en el momento, de imaginar algo distinto (ni es la idea: para algo estamos viendo lo que nos están mostrando). Podemos en el antes o en el después, cuando re/construimos el suceso. Pero en el momento, más vale agarrarse de lo que lx directorx ofrece y seguirle el rumbo. Será mucho más funcional a los objetivos buscados tanto de un lado como del otro. Al fin y al cabo, lo que busca trabajar el séptimo arte es otra cosa. 
    Ahora bien, si el cine tiene esa enorme puerta de entrada que son las imágenes en movimiento para trabajar temáticas, sublimándolas vía varios discursos (relatos, luces, puntos de vista, enfoques), la literatura necesita hacerlo de otra manera: eso que el cine muestra visualmente, la escritura necesita describirlo y la mejor manera de hacerlo nunca es mediante algún subjetivema o adjetivo taxativo sino mediante la descripción de acciones cuyo sentido el mismo lector deba considerar y analizar. El cine trabaja a partir de lo que se puede ver con lo que no se puede ver. Con lo que pasa por encima o dentro de la historia. La literatura trabaja a partir de la interpretación. No sólo de los mensajes entrelíneas que puede sugerir lx autorx sino directamente desde las palabras: el proceso de lectura es interpretación semántica y semiótica. Ya el todo coherente dibuja una cierta interpretación en la cabeza. Por caso, la descripción de una entrada al delirio puede hacerse sin tener que decir "se estaba volviendo loco". Dichas palabras cierran muchísimo más el criterio que si uno va contando progresivamente cómo es ese proceso de ingreso a la locura sin mencionarla. De esta forma, el lector decide qué pasa y qué no, hasta dónde se identifica, qué nombre le pone. Si le cree a la narración, ¡incluso si está bien hecho! El cine tiene mil maneras de mostrar lo mismo: lo exquisito de la situación es cómo lo resuelve sin que sea obvio o incoherente, donde lo creativo está en mantener o concluir la tensión: qué se hace con tanto recurso y capacidad en simultáneo.
    Por supuesto, esto no quiere que cuando haya que dar un concepto o una imagen exacta no se haga. Si la historia o la narración exige ser escueto, breve o no dar vueltas en ciertos lugares, bienvenido sea el recurso, el recorte. Muy distinto es guiar una lectura a la bajada de línea o la vagancia intelectual/creativa. Conviene que lx autorx coloque ciertos rieles sobre los cuales moverse. El efecto estético abstracto que se busca provocar -aquello sobre lo cual trabaja la obra- es algo muy distinto y no necesariamente igual a lo que se transmite en forma explícita, inmediata. Pero, en pos de buscar dicho efecto, no está de más que quien escriba escoja su vocabulario de forma específica -de hecho, es condición necesaria- para que ocurra lo que busca. Cada palabra es un nuevo ladrillo en la construcción del autor. Y es importante que el molde de la construcción no se caiga. Luego puede ocurrir que hayas quienes no les guste la fachada, el edificio, o no la entiendan, o la comenten. Pero al menos está. Estar es un acto de realización, a menudo difícil de concretar. Este molde, esta escultura donde cada lector/a habita ha sido armada y desarmada, erigida y destruida muchas veces, con modificaciones antes y después. Cada martillazo ha sido puesto ahí por un motivo, sea correcto o no. La ausencia de bajada de línea es la entrada a la sublimación a la que invita la obra de arte. 

lunes, 11 de septiembre de 2023

Message in a Bottle (The Message)

     Nunca escuché "¿Cuál es?", aquel programa que dominó 10 años el aire radial de Mario Pergolini, estaba demasiado enfrascado escuchando la Mega. No me llamaba demasiado la atención el título, como que le faltaba algo: ¿cuál es qué? ¿Qué es lo que hay? ¿No debería ser 'cuál hay' o 'cuál está'? Si bien la retórica de la pregunta debía llevarme a contestarla escuchando el programa (bien pensado), lo cierto es que conmigo nunca funcionó.
    Este año encaré más decididamente la organización de eventos. Eventos culturales-artísticos under, para ser más específico. Difundir, promocionar artistas emergentes o de trayectoria no reconocida me ha parecido clave en este mundo, a punto de volverse mi leit motiv, desde mis tiernos 15 años. Hoy, con un poco más de recorrido y edad, me encargo de hacerlo en soledad desde Karvum Producciones, mi productora audiovisual independiente. 
    Un par de conclusiones al respecto: más difícil que hacer esto es mantenerlo. El impacto inicial de cualquier idea puede estar bueno y funcionar, pero sostenerlo con la misma regularidad y entusiasmo no es sencillo. Sobre todo porque empiezan a jugar factores que en una única ocasión quizás no afecten, pero a la larga sí. Ocurre si trabajás con las mismas personas, o con diferentes. El peor de los cánceres, siempre, es cuando del otro lado -cualquiera sea el otro lado- se descree de aquello que se está haciendo. Hablo de artistas y de organizadores, de difusores y dueños de locales. Al desgano vertido en un proyecto que debe ponerse de pie o empezar a caminar, nada lo vence, porque logra que se caiga solo. No se convoca, se deja estar el proyecto, se lo abandona, cae víctima de la procrastinación. Se espera que las cosas pasen porque sí. Cada tanto talla un 
curioso fenómeno recíproco: el espacio espero que el/la artista traiga a sus seguidores y, al mismo tiempo, este espera que al lugar caigan sus habitués, ambos para llenar la fecha -se pueden imaginar en qué deriva la cuestión. O, anclados en el éxito de otros ciclos/números, organizadores ni se molestan en defender algo incipiente porque no puede, no quieren o no le ven futuro. Resultante, una triste profecía autocumplida.
    Innecesario pues, con un poco de ganas, la cosa tranquilamente podría mejorar. Y no lo digo sólo en un sentido romántico, lo digo en un sentido comercial. No hace falta más que una buena curaduría para poder potenciar personas y que eso genere un circuito comercial entre más espectadores que conozcan un lugar y quieran habitarlo como consumidores. No va a ser un perfecto círculo virtuoso, pero tampoco existen los negocios perfectos. Luego queda superar los imponderables: el clima, la competencia con los servicios de streaming, los problemas personales y la situación económica general.

    Capital, obviedades al margen, no es Provincia. Las tarifas y las posiciones socio-económicas no son las mismas. Las distancias y las audiencias, tampoco. Y lo absurdamente caro que se volvió CABA debería, en teoría, mover al público hacia zonas más baratas (PBA). No obstante, la falta de costumbre + el acceso trabajoso no colocan a esta como la primera opción. El PRO apuesta y especula con la comodidad y vagancia de sus pobladores, que no van a ir a la insegura Provincia de Buenos Aires (excepto Olivos/Vte. López) a ver artistas nuevos para volver a cualquier hora, porque saben que al fin y al cabo todo está aquí. Buenos Aires no va a salir de su lugar protagónico y a ningún extranjero lleno de dólares -los principales apuntados- le importa la escena under de Bernal o Ramos Mejía. Para que ocurra lo contrario, debería haber una política de mejora económica (sobre todo en la clase media) y otra de transporte -algo que en esta enorme inmobiliaria feudal que es Ciudad de Buenos Aires hace 20 años que no pasa. 
    Frente a este panorama, buscar algo artísticamente trascendental y exitosamente comercial -características no necesariamente excluyentes- se torna complejo. ¿Debo obedecer ciegamente a la demanda -¿cuál demanda?- a pesar de que ello no me agrade o ir por sí o sí por donde me guíe el instinto? ¿Es posible combinar ambas cosas? Y si no, ¿cómo lograrlo con lo único que yo considero de calidad respetable? ¿Es tan solo falta de publicidad? ¿O de tiempo?
    [No voy a hablar de subsidios porque no es mi área, pero sí quiero dejar constancia de que no puede ser que entregarlo tarde entre 1 y 2 años: proyectos y lugares enteros pueden desplomarse en un lapso de tiempo así]
    Cuando no tenés una banda de gente que te siga a todos lados bancando la parada en la que sea o simplemente no tenés el aura social que hace falta para entusiasmar a lo que están alrededor tuyo (yo), la constancia de cierto ciclo o propuesta se agota. Puede estar buena la propuesta y todo, pero donde no hay público, la cuestión empieza a flaquear. Le adherimos las circunstancias que describí anteriormente y los dueños del local te empiezan a mirar, a decir con suspiros "hay que hacer algo con esto [terminarlo]". Todo debe cerrar clin-caja (y me parece perfecto). Mantener un bar o un centro cultural (sostenidos de la compra/venta de comida/bebida) no es fácil. No es nada fácil, de hecho.
    ¿Qué hacer entonces frente al desmoronamiento de propuestas, los cierres de lugares o los aprietes de los dueños? ¿Cómo hacer para enfrentar la depresión de ver cerrar o acabar una propuesta artística o lugar que las concentraba?

    Y es ahí, entonces, cuando entiendo la pregunta inicial que me hice aquí, cómo se completa esa pregunta inconclusa: ¿cuál es el mensaje? ¿cuál es la que hay que hacer? ¿Qué mensaje les damos a futuros músicos, artistas y trabajadores de la cultura en general si bajamos los brazos? Sea cual sea el resultado final entre las opciones, es imperioso el uso y obtención de información, de conocimiento. Teniendo en cuenta que es muy complicado llevar producciones adelante -y más haciéndolo por propia cuenta, como a mí-, no queda otra que cruzar data. En el mejor de los casos, si hay un encuentro con otro en la misma sintonía o tras el mismo objetivo, planes o proyectos espontáneos pueden surgir. Esto es una semilla que debe nutrirse de sí misma y de lo que provea el suelo -me disculparán la metáfora hippie- pues no podemos especular con que vaya llover. Especular no sirve de nada (en la vida).
    Durante mi adolescencia, lamenté nunca haber encontrado a la banda que me marcara e identificara toda la vida durante su actualidad. Lo más cercano que tuve fue Proyecto Infinito, la banda de un ex amigo que nunca llegó tan alto como se merecía, y Duratierra que, si bien son buenísimos, hacen mayoritariamente folcklore, y yo quería Rock, ja. Puede que me haya perdido a "esa banda" por prejuicioso, pero al menos me hubiera gustado tener la posibilidad de elegir. Esto que escribo acá también viene a ese cuento: para entregarle a alguien la chance de conocer ese fenómeno artístico que lo ayude a pasar más amenamente la vida, a comprenderla y comprenderse, a destruirse y rearmarse. 
    No sé cuál es la respuesta a todos los interrogantes que planteo, sé que no hay una sola y que pretender dominarlo todo no es la correcta, pues los imponderables siempre van a existir. Mi deseo es que entre quienes organizamos podamos pasarnos info y hacer que la misma circule para poder re-traccionar entre todos el circuito cultural independiente de forma tal que reditúe en buena manera para todas las partes. No es una misión dictada por nadie, pero como objetivo macro-cultural a largo plazo, puede ser muy benévolo ver en qué puede transformarse y decantar una política de cultura under conjunta. Resultados positivos, a lo largo de la historia, no han faltado.

miércoles, 16 de agosto de 2023

La Memoria III

 [Manuscrito hallado en un cuaderno, fechado el 04/07/2022, en CEMIC, Saavedra]

    Como se sabe, la memoria nunca es real ni total, cada unx juega al juego que más le conviene o le gusta o se convence: unx se basa en aquello que se acuerda o cree que se acuerda y cómo se lo cuenta y/o autovalida. Por ende, todo el relato y autojustificación que uno hace con su historia e identidad es son subjetividades sobre subjetividades. Una historia incorrecta y vestida de los juicos personales de la época -también personal- de cada uno. Ergo, el nivel de relevancia de la memoria también pasa a ser subjetivo, y la formación de la personalidad/identidad, reflejo de los reflejos de aquello que uno quiere, pretende o le gustaría -a lo sumo- reflejar.

    Construir es modificar destructivamente algo que estaba e incorporar algo que se irá modificando a lo largo del tiempo. Los actos se agotan pero se renuevan, ¿no? Con otro nombres pero sigue pasando. Vivir es inevitable. Y eso es una porquería porque en ningún momento se le puede poner pausa. Ni siquiera dormido, ni siquiera en coma. Morirse es una angustia, un deleite. Siempre está pasando y todo parece apuntar hacia allí. Como si la vida, metafísica, fuese adicta. Solo quiere escaparse hacia allí. La puta madre que lo parió, las mentes conscientes no nos merecemos tan poco...

miércoles, 16 de noviembre de 2022

¿Qué ves? II

     Hace un buen par de años, noté que mi falta de conocimiento a nivel películas era horroroso. Me propuse ver más, más seguido, y -lista mediante- logré aumentar considerablemente la cantidad. La pandemia lo profundizó aun más, haciéndome llegar a las 100 pelis por año. Para algunos, mucho; para otros, poco. 

    Toda esta perorata de entrada viene a cuento de que, cuando uno más y más se va adentrando en el mundo del cine, más comienza a cruzarse con la historia, comentarios, críticas, comparaciones, recursos, y demás... Y, si bien eso no te vuelve un experto, ya no ves las cosas de la misma manera, y te empezás a hacer -consecuentemente- un par de preguntas.

    Por ejemplo, una inquietud que viene dándome vueltas hace años en base a esto es: ¿cuánta distancia hay entre lo que veo y lo que efectivamente me están mostrando? Digo, al momento de ver una película, ¿estoy viendo lo que la película propone o estoy viendo lo que quiero ver, lo que yo estoy queriendo o buscando ver? ¿Cuál es la diferencia, dónde está el límite? Es tan grande mi miedo en general a no ver lo que el film me propone, lo que realmente quiere decir de fondo, que muchas veces me privo -sin buscarlo- del disfrute. También es cierto que podría rever aquello que ya vi, pero no acostumbro, jaja. Me juzgo caprichoso en ese sentido, pero no dejo de pensar que donde reveo un film podría estar viendo otro nuevo. A revisar esta conducta, me falta mucho crecer como espectador.

    Ocurre que esto tranquilamente se podría trasladar a la gente con la que me relaciono día a día. Uno elige qué mostrar y qué no, pero nunca en su totalidad. Los errores hablan, el inconsciente habla, el lenguaje corporal habla. Y al mismo tiempo, del otro u otros lados, se decide qué ver, no ver, oír, e incluso hacer con ese material. ¿Cómo se hace, entonces, para ver la película completa de los demás? ¿Cuántos revisionados hace falta para entender a quienes tenemos adelante? Creo que era Kant quien decía que uno nunca llegaba a conocer realmente la esencia de las cosas -y, si bien entiendo la metáfora, no somos "cosas" en este caso, sino sujetos atravesados por el tiempo. Tiempo que para colmo todos atravesamos y sentimos de manera diferente, y cuyos cambios en la vida nos van influyendo gota a gota, hasta hacerse casi imperceptibles en ciertos casos. Con los mismos hay que lidiar día a día primero con uno y luego con cientos de demás. 

    Pensando que uno puede ni va a ser siempre el director o el protagonista de su película -y el montajista, mucho menos- ¿qué relato o acción es creíble en uno o los demás y dónde está el límite para asimilarlo? Reflexionar acerca de todo con el criterio de unx mismx es algo súmamente difícil, puesto que al conocer los colores o grises que tiene la vida en cualquier situación, poder asentar una base o una columna de pensamiento desde la cual pensar por unx mismx con seguridad es harto complicado, pues todo criterio que tenemos siempre será basado en el de alguien, o algo más. Recientemente lo figuré como si unx tuviera un puerta delante abierta donde hay muchas situaciones de todo tipo y colores ocurriendo simultáneamente al punto de no distinguirse exactamente qué está pasando en ninguna de las situaciones y uno, fuera de la misma, como a punto de entrar, pero conectado vía un cable rojo en el ombligo a esta suerte de universo, que se pierde al pasar por la puerta, se difumina. 

    Pero, por fuera de esta puerta, en los alrededores, nada. Todo blanco. Yo no puedo verme a mí mismo allí -aunque asumo que estoy- pero teniendo en cuenta todo lo demás, puedo suponer que sí. De lo contrario sería raro puesto que mi criterio no puede estar conectado a otra cosa sino a un cúmulo de situaciones deriva en la formación de un sujeto (no al revés) -lo que significa que, en todo caso, a muchos otros sujetos le ocurre lo mismo en paralelo, con sus respectivas experiencias e impresiones, análisis y conclusiones. Qué difícil todo, loco. 

    Con el oxígeno de los días, me agrego el pensar que tener no un único criterio sino un pensamiento único (o sea, una misma raíz para todos ellos) sería terminar directamente en la esquizofrenia total, ya que no habría nadie para contradecirnos o, al menos ampliar nuestro punto de vista. Y, como diría un conocido que seguramente esté leyendo esto, la mente acostumbra -¿por instinto de supervivencia?- a elaborarnos escenarios dramáticos y la perspectiva propia de la distancia mental que se ejecuta con el discurso del tercero presente ayuda a apagar varios incendios mentales. La sociedad, ese mal necesario por excelencia. 

    Pensar es como surfear sobre un subibaja. Un acto naturalmente violento con unx mismx pero también con lxs demás. No por malintención, sino por el natural choque y colapso de pequeños universos cognitivos, de donde puede surgir un big bang o un apocalipsis. Depende mucho de la persona que coopte ese choque mental lo que ocurra. Y allí, una vez más, la dependencia de circunstancias, etc, etc como neuronas inquietas haciendo sinapsis entre todas. Lo único que puedo concluir es que, sobre el criterio y la manutención de independencia de criterio y pensamiento, el juez que decidirá o no todo al respecto será el tiempo. Ojalá uno pudiera adelantarse a sus propios juicios en el tiempo. Pero qué debe haber más difícil que saltar la propia pared temporal de uno. ¿Puede uno adelantarse a su propio tiempo? ¿Cómo se hace para ganarle a lo implacable?

martes, 6 de septiembre de 2022

Civil War

     Me atraviesan tantos pensamientos respecto a lo que pasó el último Jueves 1° de Septiembre que no sé por dónde empezar. Tal vez estoy demasiado tiempo en redes sociales. Pero lo ocurrido el otro día con el intento de magnicidio de la actual vicepresidenta de la Nación de dejó el ánimo por el suelo. O cargado de bronca, no lo sé. Son demasiadas cosas. Y demasiadas cosas negativas. Cómo será que me volvió a llamar a escribir. No encontraba una buena excusa o un entusiasmo suficiente hace meses y este acontecimiento giró la manivela. Escribir siempre fue, es y será una buena manera de descargar.

    Repito, no sé ni por dónde empezar. Quisiera decir -¿a quién? No importa-, en primer lugar, que para mí no fue un auto-atentado. No fue ficcionalizado ni actuado. Fue real. Pudo haber pasado, como no. Si fue actuado, y abusan de mi inocencia, prefiero indignarme después a cuestionar un evento que podría haber desatado un desastre inédito (para mi generación). No tiene sentido el teatro. Mostrarle a la sociedad entera que cualquiera puede acercarse a la segunda cabeza de la Nación y dispararle es todo menos algo inteligente. Un par de energúmenos han esbozado un ímpetu de la protagonista por volverse mártir y así zafar de los juicios por causas que tiene. En otras palabras, alguien de casi 70 años, con nietos de pocos años, prefiere estar muerta a encarcelada, ajá. No resiste el menor análisis. 

    No sé si podría haber visto venir. Yo creo que no. No estamos acostumbradxs a este tipo de caso -por lo menos, quienes nacimos ya en democracia-. Puede haber otro tiempo donde sí, pero hoy no. Hace tiempo. Sí, todos se amenazan con la Justicia y qué sé yo, pero sabemos perfectamente que una vez que llegan las urnas, el aire vuelve a la tranquilidad. No es la única instancia, pero es la "decisiva": la que dice si sí o si no. Por lo menos, así se acordó del '83 en adelante. Y hasta acá, venimos cumpliendo. Más o menos. Con muchas falencias. Pero cumpliendo, dentro de todo. 

    Esto me da pie a lo que sigue: por qué este asunto ameritó el -mal llamado- feriado, que en mis palabras debería haberse llamado "asueto". No sólo estamos hablando de la Presidenta de la Cámara de Senadores, sino por todo el poder simbólico y real que conlleva. El Poder no es un cuadro sinóptico donde los que hablan son sólo cargos y no nombres. Eso no tiene sentido. Las relaciones de poder existen entre 2 personas cualesquiera, o más. Ese poder se construye, se constituye, se pierde y se gana. Hay tiempo e historias ahí detrás. No algo indistinto e inerte. Hay personas. Y hay personas que confían en otras personas para otorgarles una jerarquía y un poder a cargo de que ejecuten medidas en favor de aquellos que los votaron Y NO. Yo no soy una mente brillante y lo entiendo. ¿Cuestionás el sistema republicano y democrático representativo? Ningún problema, debatamos. 

    Pero debatamos. Y no lo digo sólo por los demás. No lo digo por los forros de Macri, Bullrich, López Murphy, Arietto, Granata y el marido de Pampita. Lo digo también por mí, que estoy expuesto a lo dicho en redes sociales y a todo tipo de medios de comunicación digital, y que más de una vez me pongo a pensar en blanco y negro. ¿Por qué hago esto? ¿Por qué lo hago, si sé que no está bien? Asumo que porque todo el tiempo soy estimulado a eso (Clarín y La Nación publicando sobre cómo cargar correctamente un arma, hijos de puta). Pero someterme a ese tipo de pensamiento es darles la victoria a ellos.

    ¿Otra vez con el 'ellos o nosotros'? No, me refiero a quienes hubieran preferido que el inicio de Septiembre hubiese sido signado por un asesinato público o nada. Una porción de la población no quiere -o no puede- entender que el otro día podría haberse desatado una guerra civil. No exagero, el horno no está para bollos. Y en mi caso, que no soy fundamentalista ni mucho menos, sí que hubiese salido a la calle igual. Imagínense a alguien más fiel o comprometido con su partido. No hay vuelta atrás. Podría haber sido terrible y quién sabe dónde se hubiese detenido -si se hubiera detenido. Hay personas dispuestas a dar la vida por ciertas causas. Hay gente dispuesta a dar la vida por otras personas -sobre todo, si esas personas sean la cara visible de ciertas causas. 

    En eso también deriva la resolución política inmediata. El feriado dado básicamente para calmar las aguas y para -otra vez- demostrar un simbólico apoyo a Cristina y, de fondo, a la democracia. No porque sean exclusivamente sinónimos, pero sí por el papel que toman hoy día. Una es, en este momento, la representante de un puesto político dentro del sistema que, dijimos, en mayor o menor medida, permite llevar una vida más o menos en paz. Sí, con muchas falencias, errores. Pero no peor que otros tiempos vividos -sin ser precisamente dictatoriales. Aquí se ha bombardeado Plaza de Mayo. Y la reconstrucción histórica del aparato político ha llevado un tiempo signado por mil eventualidades económicas. Entonces, la cantidad de gente en diferentes plazas -pocas, para mí, viendo las que fueron- era súmamente necesario. Si cumplió con las expectativas o no, concluirá cada uno. Lamentablemente, me da la sensación de que la mayoría de la población "se enojó" con la medida, sin contar que directamente no creen en el asunto. No salimos a defender a Cristina, salimos a defender el sistema democrático. 

     Sistema, digamos, atacado constantemente tanto de un lado como de otro. Pero no al mismo tiempo ni al mismo precio, eh. Lo digo porque la tan mentada "grieta" le sirve a ambas partes, lo sabemos. La política también se define en ciertos casos por la existencia de un enemigo, de un rival. De quién "no ser". Pero no es ni a ganchos lo mismo la violencia de un lado que del otro. De uno tenemos un oficialismo débil, manejado más por la ilusión y el poder democrático, sosteniéndose pero con mil quilombos. Del otro, el aparato mediático y político opositor atacando 24x7, ya sea con fake news, con escándalos, con mentiras, tergiversaciones, etcétera. Ni siquiera voy a ahondar en CFK por ser femenina, eso ya ha sido apuntalado infinidad de veces, y todas ellas con razón. He escuchado algunas voces que piden ya por favor una Colegio de Periodistas que regulen esta actividad: te la regalo. No me quiero imaginar el recontra quilombo que sería. Más si empezamos a hablar del tema pauta y censura. La bola ha crecido demasiado rápido y mal. Hubo muy pocas agallas de parte de muchos funcionarios como para dejar que la cosa no empeore. Y del otro lado se han aprovechado y aprovechan a más no poder.

    Van a usar todo lo que tengan y no a su alcance para hacer mierda lo que tengan por delante y llegar a donde quieren. Ya lo están haciendo: del vocabulario del "armado" del atentado a saber si fue intencional o no, auto-implicado o no, lo ficticio o no, las imágenes intervenidas, son todas maneras de licuar o relativizar lo que pasó. Hay quienes ni siquiera repudiaron. Como dije antes, si se demostró que un cualquiera puede hacer eso, hacerlo más liviano sólo va a engrandecer esa puerta. El desastre no pasó hoy pero puede pasar mañana. Hay quienes lo saben y hay quienes lo esperan (el cinismo es directamente proporcional a la hijaputez). Después, repito, no se sorprendan de las consecuencias. 

    Para cuando estaba terminando de redactar esto, la policía -cuándo no- estaba mandándose cagadas con la data del celular secuestrado del neonazi este. Nada que no aumente las especulaciones de un lado ni del otro. Ya escucho que a la Jefa están tratando de limpiarla desde adentro. No lo puedo creer, no lo entiendo. Qué desconcierto. Cómo no entender a un montón de gente cansadísima y humillada. Y con las mejores intenciones, eh, ojo. El único "alivio" que me queda es que cuando a unx se le acaba la energía -física, mental- siempre hay otro dispuesto al ruedo ¡que quizás también estaba cansado! y ahora puede volver. Que la única forma de sacarnos de encima a nazis y fachos (gente a la que no se le debe dar un espacio nunca) es laburando entre todos. Otra no queda porque otra opción, que sea la plural, no hay.

viernes, 31 de diciembre de 2021

Empty Spaces II/Desconexión Sideral

     Hace un tiempo escribí esto (2012), esto (2013) y esto otro (2019). Sumado a una de las últimas reflexiones aquí posteadas, quería agregar un detalle que siempre me quedó salteado. 

    Durante mucho tiempo tuve la increíble capacidad de cruzarme en la calle con cualquier conocido en casi cualquier momento. Donde fuera, a la hora que fuera. Una vez fui a hacer de extra a un corto en la Federación Argentina de Boxeo, y como equivoqué el camino 2 cuadras, me terminé cruzando con 3 conocidos distintos en un lapso de 10 minutos (!) Una vez de excursión en Tilcara me crucé con una ex compañera de la primaria que no veía hace años porque me reconoció por mi caminar (?) Mis compañeros de ETER se sorprendían cuando volvíamos bajando por Scalabrini Ortiz porque todas las semanas me cruzaba con alguien, fuese más o menos conocido. Y ni hablar si a eso le sumamos la bicicleta: literalmente tenía una lista. Breves grandes reencuentros se han dado en más de una ocasión gracias a ello.

    Bueno, ha dejado de pasar. Y hace rato. No, no estoy hablando del tema pandemia ni del recelo de encerrarse. Estoy hablando de algo que me ocurre hace años y no entiendo por qué. Y no es porque yo haya dejado de conocer gente, al contrario, cada vez busco conocer más. Sí, por supuesto que tengo en cuenta que se trabaja, pero en ese momento también se trabajaba y no necesariamente me cruzaba con gente de mi edad: me cruzaba con gente y ya. Yo también he trabajado, y sin embargo seguía pasando. Sigo saliendo -o seguía, antes de todo esto- y la cuestión había cesado de ocurrir. 

    Hablo porque de costumbre me preocupa y decepciona un poco la escasa presencia de las mayorías en las calles. Quedo como un viejo gritándole a una nube, pero sólo porque leo que las salidas cada vez más escasas parecen profundizar un aislamiento que no está bueno para la sociedad en conjunto. Encontrarse con los demás es una buena manera de salirse de la burbuja particular de unx, para no quedar hipnotizadx y masticadx por la realidad recortada y guiada de los medios de comunicación -y, al menos, tener miradas recortadas y guiadas propias que salir a compartir con extraños, más genuinas. En la propia dinámica de las relaciones se puede terminar de entender qué tan compleja es esta sociedad o cómo la misma sociedad entiende la complejidad misma. Temo un poco que se rompan los tejidos sociales gracias a todo este desarrollo pandémico. Exagero, sí, y la tecnología sanea o ayuda a pilotear situaciones, pero ya verificamos que la comunicación real y virtual no son lo mismo.

    La asimilación de esta forma de vida (que ya lleva de 2 años para 3) es posible que nos vuelva más sedentarios -pues el mercado profundizó una tendencia que ya venía desarrollando- por lo que uno deberá "salir a pelear" por ese volver a salir. Quizás sea todo una fantasía mía, quizás sí hay conexiones sólo que de otra forma (virtual) o quizás sí las demás personas se siguen cruzando con otras y simplemente conmigo no más. Pero no se me ocurre otra manera de solucionar cuestiones que no sea hablando cara a cara y qué mejor estímulo que aquel que muestra que algo "nuevo" se mueve -o que simplemente hay movimiento. Estamos a tiempo de enfrentarnos a las ineludibles consecuencias sociales que dejará esta pandemia, ojalá no desperdiciemos la oportunidad de anticipar.

sábado, 27 de noviembre de 2021

Different People

    El pasado Sábado 20/11 asistí a un espectáculo de Luis Pescetti junto a Juan Quintero en el Teatro "El Picadero", por la zona de Callao y Corrientes. Hasta ahí, todo bien: el espectáculo genial, el ambiente de 10, con ubicaciones bárbaras. El tema vino después (o, mejor dicho, ya se estaba desarrollando):

    Al salir del show, el público se distribuyó por la vereda, esperando a tercerxs, comentando la jornada. Y ahí veo algo que me llamó la atención: yo podría haber sido conocido de cualquiera de todas esas personas. Sé que suena estupidísimo, pero lo menciono porque se veían como personas que ya conozco y que tranquilamente podría conocer. Como si pudiera reunir toda la heterogeneidad de los 20/30 en una sola vereda. Como si cualquiera de todas esas caras o cuerpos podría estar en bares o boliches o tertulias a las que tradicionalmente voy por gusto o costumbre, ¡o para descubrir!

    Nada que no pase en un recital, podrá decirme alguien. Total, allí ves a todos reunidxs por la misma causa, y con una vestimenta similar. Pero no, porque allí sabés que eso es lo que vas a ver y no es sorpresivo. Aquí fue como ver toda la compilación de cierto modo de mostrarse/vestirse durante la última década en un pedazo de ciudad y no necesariamente atravesada por todas las clases sociales (como  ocurre en un recital popular, por ejemplo).

    Tal vez porque era la primera vez que iba a ver a Pescetti, aunque creo que fue más el susto de ver cierta homogeneidad entre lo que apreciamos y me preocupa cómo todxs nos empezamos a parecer sin proponérnoslo. A ver, un tatuaje no es una moda, un color de pelo no es una moda. Existe un mercado, sí, e imposiciones de moda, también. Pero no vamos vestidos con la misma camisa aquí, ni con el mismo color de pelo. Y claramente no importa. Claramente no es algo que nadie de lxs que estemos aquí nos vamos a fijar (¿a lo sumo para elogiar, para criticar en voz baja?). Noes algo que pese en este ambiente o espectáculo. No había un aspecto similar en común, o específico. Pero sentía que ya había visto a esas personas en otras personas, como si dentro de la costumbre del disfraz ya hubiera visto todos los modelos posibles y ahora sólo veo repeticiones o variantes de esos modelos. 

    Cuando una amiga me preguntó iguales a qué o encajonadxs en qué lugar, el contesté: "en el gusto de la clase media". Es verdad que la clase económica es el principal (sino EL) formateador de gustos (no sabemos lo que de/preciaríamos si no perteneciéramos a esa clase), pero no deja de llamarme la atención cómo, en todo caso, cierta área de consumo de productos ya no nos diferencia -a mis ojos, al menos- lxs unxs de lxs otrxs. Quizás sí hay una heterogeneidad dentro de la homogeneidad pero me sorprende cómo aún no encontramos otro horizonte, con la cantidad de información circulando u otro meollo donde identificarnos. 

    A lo mejor todas las opciones fueron cooptadas por el mercado, no tenemos nada nuevo que decir u ofrecer o nada del mundo de afuera nos llama la atención. O quizás aquello que portamos realmente nos gusta, y estamos bien con ello, y no necesitamos demostrar más nada. Que haya ofertas que el mercado satisface por un par de gustos no me parece concluyente, sobre todo si en un momento u otro hay que vestirse. Hay estímulos, pero nada que no pueda esquivar alguien de ese rango etario, de esa clase social.

    Y al mismo tiempo, tampoco. Porque si tal cosa pasara, o lo que en el fondo me hace ruido, es por qué si "tan cómodxs" nos sentimos, nos siguen lastimando las mismas cosas, o estamos cada vez más tristes o más violentos. A lo mejor porque todas esas banderas que uno llevaba se cayeron y sólo viven de la nostalgia o su recuerdo. A lo mejor porque definitivamente nadie escucha nuestra remera. Pero aun así es notable cómo, compartiendo las mismas problemáticas, no le podemos dar una solución conjunta. No pueden haber tantas casualidades encadenadas . A menos que nosotrxs también seamos parte del problema...

jueves, 25 de marzo de 2021

La Memoria II

       Ayer, por un nuevo aniversario del último golpe militar, el 24 de Marzo, decidí volver a ver "La Historia Oficial", de Luis Puenzo, motivo por el cual surgió de improviso este escrito que redacto mientras una tenue lluvia amolda la Ciudad de Buenos Aires. 

    La había visto por primera vez a los 15 años, lo recuerdo porque se lo mencioné a una profesora en una clase de apoyo que se daba en mi secundaria para aprobar a esa misma profesora. Le dije que no había entendido el final -más precisamente, la última toma- y tenía el vago recuerdo de, a pesar de "entender" por qué era una película buena, no captar porque había sido tan merecedora de un Oscar. 

    Hoy volví a verla. Es un peliculón. De punta a punta. Un 10. Agradezco un poco la posibilidad que nos da el cine y el tiempo para poder olerla con otro gusto y sabor a través de los años y que nuestro entendimiento también abrace otra madurez colectiva al momento de crecer. Vi que claramente me faltaba mucho cine y muchas sub-lecturas por dentro en su momento para terminar de ver qué era lo que estaba apreciando. Recuerdo que me dio un poco de vergüenza en aquel entonces no saber o no entender en profundidad qué era lo que contaba.

    Al mismo tiempo, ahora que he vuelto a cierto mar de redes sociales, es alarmante encontrar cómo ciertos retrógrados se siguen basando en datos difusos o discursos que no llevan a ningún lado con tal de despreciar una lucha de años. Y aquí es donde ocurre algo similar a lo que me ocurrió a mí con la película: esta gente, en su afán de demostrar, invita a una "relectura" de la situación para tratar de anquilosar cierta justicia de su lado (o lo que ellos llaman justicia) a fin de poner en pie de igualdad una militancia venida abajo con el terrorismo de Estado apoyado en y por grupos económicos y de poder internacionales más la complicidad civil y eclesiástica. O negar un número a fin de enfriar cierta cifra y que se dé una discusión en el plano de lo aritmético. Si hay una posibilidad de que no hayan sido 30.000, es porque fueron -y seguramente hayan sido- muchísimos más. Creer que porque un buen día regresó la democracia delegativa se dejó de trabajar bajo los mecanismos operados durante casi 8 años y todo el mundo pudo ir a denunciar lo más tranquilo es sencillamente absurdo o insano. Todo se acompleja cuando no hay registros oficiales. Abran los archivos.

    También puede haber, sin embargo, otro tipo de relectura: una donde no sólo uno encuentre cosas al re-estudiar sino que acabe por entender la magnificencia de lo ocurrido, y cómo es irremediable nuestra labor y tarea, nuestra responsabilidad a la hora de atender estos crímenes y dejar en claro que quisieron hacer naufragar a un pueblo entero. Nosotrxs, lxs de mi generación ("Lxs Hijxs de los '90") no podemos y por suerte nunca seremos capaces de entender completamente el horror que se vivió en esos años y posteriores. Lo único que podemos hacer es recrearlo mediante obras artísticas y su interpretación, aunque también tenemos la franca tarea de mantener un ejercicio de memoria activo pues lo único que nos toca de cerca en ese período es lo simbólico. Sí, muchas prácticas de aquella época -secuestros, desapariciones- siguen ocurriendo, en otro tono (o no tanto). Pero si no nos comprometemos a terminar con lo simbólico de aquellos tiempo -que no es otra cosa que un camino más largo hacia lo real, con lo que mucha gente lamentablemente se identifica- en vano será desear que un dejo de la situación cambie o un culpable se exponga. 

    Y por nosotrxs mismos también: también se puede hacer una relectura de la memoria de uno, que no es sino el libro donde vamos registrando grabado lo que queremos y podemos de nuestra vida. ¿Cómo era tu memoria antes de ser esta? ¿Cómo podés leerla? ¿Está satisfecha? ¿Puede estar orgullosa tu memoria de ayer de aquello que sos hoy? No es pecado ocuparse de unx mismx. Al fin y al cabo, si buscamos ser pueblo, nos podemos mover en conjunto pero necesariamente las piezas deben estar lo más aceitadas y estabilizadas consigo mismas posible. Hay otras humanidades que merecen otro futuro y otras que merecen un castigo. Por ambas peleamos. Hay otro arco de lucha hoy en día que varía en lo simbólico desde el mismo momento en que varía el terreno espacial de disputa. Adentrarse en ellos dependerá de cada sujetx, así como hacer una relectura y profundización día a día de sus sentimientos. Una memoria activa sentintelectual es y será clave para saber por qué estamos del lado que estamos y elegimos estar. Y que ojalá lo recordemos para siempre. 

domingo, 10 de enero de 2021

"Que decir aborto suene a legal..."/Revolution

Algunos apuntes sobre la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo en Argentina

     Una Revolución es aquello que, cuando creías que era imposible que algo ocurriese, pasa. Lo del último 30/12/20 fue algo de todo ello. Algunx se reirá comparándolo con otras revoluciones, pero al fin y al cabo las circunstancias definen muchas cosas (todo, bah) y tal vez la Revolución sea nomás un estado mental. 

    Estuve aquella histórica jornada de Diputados del 14 de Junio de 2018 y la alegría inconmensurable, espontánea, sin igual de aquella vez que se vivió era realmente que se había logrado -parcialmente- lo que sonaba lejísimo en el tiempo. Y en una sociedad argentina donde ya se sabe cómo opera la mentalidad a la hora de la jugada política, lo conseguido tenía un peso simbólico difícil de ignorar y menos de dejar de lado. Ya era un mojón en la historia muy importante. Se sospechaba -en su momento- que la votación no superaría Senadores -como efectivamente pasó. Pero hay una historia y un termómetro social medible en las redes. Se puede hacer algo con ello. Es recortado y subjetivo pero por una razón presente y futuro no son lo mismo. 

    Si mi hermano escribiera acá (?) diría algo así como que quienes votaron lo hicieron por conveniencia política, etc. Sí, entiendo que sea difícil creer que de buenas a primeras quienes ayer votaron en contra o cajonearon el proyecto hoy voten a favor pero quedará en el eterno limbo de no saber si es por convicción, rédito político, soborno, rosca interna o todo eso y más. La política en toda su expresión. 

    Aunque todo esto no hubiese sido posible sin la batalla ganada en las calles. Y esta es central. La constante y persistente presencia de las Verdes ayudó a forjar un inconsciente colectivo de presencia masiva y repetida que no iba a ser fácil ni de sacar ni de vencer. Seamos honestos -bah, yo voy a serlo, trístemente serlo-: no creo, no sé si una mayoría a nivel país quiere o quería una legalización de la IVE. Más por estar en contra del aborto mismo, pero qué importa. Y me hace ruido ir "en contra" de lo que la mayoría de la población quiere, en teoría. ¡Aunque podría estar equivocado! ¡Y ampliamente! Pero aun así hay 2 argumentos que se oponen fuerte al simple esgrimir de la mayoría simple. Lo primero, es que efectivamente estamos tocando cuerpos ajenos. No, no me refiero a esos, me refiero a ellas. Es realmente invadir un cuerpo ajeno; y si bien yo sé que hay mujeres que se oponen a esto, mi opinión personal cuenta un poco menos pues nací y me identifico con "el otro lado" y nunca voy a estar ni cerca de vivir una situación semejante. 

    El segundo argumento -y el que personalmente más me pega- es el de "los abortos van a seguir ocurriendo". Se puede ignorar la realidad pero no las consecuencias de ignorarla. Y lo cierto es que, mientras nos hacíamos los boludos con ley sí ley no, un montón de pibas se morían en abortos clandestinos frente a la desidia del Estado, que no las protegió frente a esa situación. LISTO. Finish, caput. Se acabó la discusión. Lo digo siendo una persona que, a pesar de estar a favor de la ley, si un día una pareja mía viniese y en el medio del embarazo me dijera "me arrepentí, no lo quiero tener", me generaría un mar de cosas por dentro. No es fácil -y al mismo tiempo, si no es fácil para mí, imagínense para la otra parte: de nuevo, estamos operando con un cuerpo ajeno (un cuerpo gestante ajeno). Pero bueno, no tiene por qué ser siempre una situación tan extrema o tan estresante. Esto amplía margen de acción, amplía derechos. Se juega con otras reglas.

    Reglas que, por supuesto, habemus de hacer cumplir. Hablando de idiosincrasia argentina, si fue difícil llegar hasta acá, ni hablar de lo que será que esta ley se cumpla. No objeto la objeción de conciencia, valga la redundancia. Qué sé yo... Afortunadamente, nuestro sistema de salud ofrece varias salidas alternativas. Anyway, hará falta un potente trabajo de hormiga (otro más y van...) para que la corrupción típica no socave tanto esfuerzo concentrado.

    Respecto al esfuerzo concentrado, algo que quise poner antes y el hilo del diálogo/post me desvió: el simbolismo presencial jugó su papel pues copar Callao demostró que hay más gente interesada en cambiar las cosas que interesada en que no cambien. Y no es lo mismo. Emplear el cuerpo -lo único de lo que somos dueñxs, en teoría- y el propio tiempo de unx no es superficial. No es lo mismo estar que no estar. Porque unx podría creer que lxs Celestes no fueron por una cuestión de pandemia o porque confiaron en que las bases sólidas de la tradición no se moverían, y por ello no veían motivos para movilizar y manifestarse. Crasso error. No se manifestaron porque en el fondo les da paja y no quieren saber nada con ir a poner el cuerpo por una causa. No saben qué ni cómo es eso. No entienden su lógica -nada difícil- porque jamás estuvieron en una. No saben lo que es defender una convicción. Y lo sabían hacia adentro. Sabía que iban a ser pocxs, y quedarían marcados numéricamente para abajo, marcándoles otra derrota a nivel presencia. Y por más obvio que suene, no es algo menor. No es lo mismo verlo que no verlo. 

    A lo que voy con todo esto: el sentido común inmoviliza. Los tipos confiaron en que sus representantes dentro del recinto (¡qué quilombo la democracia delegativa!) iban a hacer su laburo e iban a juntar el suficiente poder como para que la cosa no se modifique como el año anterior Y FALLARON. El sentido común donde reside la tradición y hace creer que lo que está instalado está bien es algo que tenemos que desterrar de raíz ya. No ayuda a pensar que las cosas puedan cambiar. Su lucha en contra es clave a la hora de ofrecer un parámetro de transformación. La deconstrucción -dicen, y confirmo- si no es incómoda, no es tal. La deconstrucción del sistema es necesaria y urgente. No podemos seguir viviendo como vivimos. No se puede vivir más así. Lo de ayer fue un pasazo en la transformación de la sociedad. No nos quedemos atrás. Salgamos riendo que las cosas pueden cambiar mucho más.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Palabras Más, Palabras Menos II

[Escrito originalmente pensado y realizado para trabajo final de la materia Sociología, pero que descubrí que encajaba perfecto aquí (corregido y ampliado)]

"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios
- Juan 1:1-14

    Con la que podría ser una interminable generadora de tratados de semiótica, elijo esta frase extraída del Nuevo Testamento para arrancar esta columna pues considero que sintetiza bastante bien todos los procesos al día de hoy utilizados en torno a la herramienta fundamental de la especie humana (y de este trabajo): la palabra.

    Decir "Al principio fue el verbo" implica, por lo menos, dos grandes cosas: en primer lugar, que el verbo es acción. Por lo tanto, la palabra también. La palabra es acción, por ende es movimiento. Genera. Y es en esa generación propia de la puesta en sintagmas de fonemas que son conceptos que la humanidad ha podido sostenerse, construirse y desarrollarse en el tiempo. La palabra tiene la característica esencial de ser no sólo propia sino inherente a la especie humana. Ninguna otra la tiene. Ha sido, entonces, una construcción conjunta a lo largo del tiempo que se fue desarrollando mediante muy diversas ramas -los idiomas-, aunque siempre manteniendo una lógica interna. Lo rico de ella es que, sin haber sistema único, ella se ha mantenido organizada bajo un elemento que la forma a la vez que es formada: la gramática.

    Boris Groys, en su ensayo "Volverse público. Las transformaciones del arte en el ágora contemporánea" (Ed. Caja Negra. CABA, 2015), más específicamente en el capítulo "Google: el lenguaje más allá de la gramática", expuso sobre la falsa democratización de la palabra en tanto elemento que, inserto en la lógica del algoritmo de Google, perdía valor al estar desprendido de la gramática.

    La palabra también es un territorio en disputa, por todo lo expuesto anteriormente. Y Google, en tanto plataforma, busca un dominio y una apropiación de la misma ¿Cómo? Con un sistema parecido a lo que pasó con la llamada "acumulación originaria" pero en tanto captación y organización de toda la información disponible alrededor de lo que está compuesto el mundo (manifestado en palabras, una vez más) fue algo hecho "sin consulta" y sin mediaciones previas. O, en todo caso, quizás sí hubo una democratización previa luego comprada y configuraba bajo un solo ente. Dividido en un infinito campo de páginas web, se manifiesta un mecanismo de parcelación y división ya no de la tierra natural, sino de la nueva, la virtual, la de las palabras-concepto-mundo. Este otro territorio fue conquistado de manera cuasi invisible. La apropiación y el atropello cometidos en un lado fueron por la fuerza, mientras que por el otro -no lo sabemos con certeza- fue aceptado o, al menos, invisibilizado. Hoy por hoy hay un monopolio total y absoluto.

    El que haya acceso por parte de toda la población no quiere decir que se acceda a todos lados. Si bien la "democratización" de la palabra puede pensarse como algo construido entre todxs (como si constituyera su propio lenguaje) lo cierto es que todos dependemos del mismo buscador con su propio criterio a cuestas -excepto lxs que lograron superar esa paja-, el cual determina a su vez el criterio de nosotrxs, lxs usuarixs. Criterio reforzado a base de los resultados seleccionados, generando un círculo vicioso. Es cierto que Google redirige a páginas que contienen aquello que se busca y no páginas suyas de contenido propio (no se redirige a sí mismo -aunque no le haga falta-) pero, ¿qué quita que no lo haga en un futuro? ¿o que no nos redirija a donde de hecho le conviene?

    Aquí se vuelve a ver la influencia de la Teoría de los Campos de Pierre Bourdieu y su incidencia entre el algoritmo y la vida diaria. El algoritmo está formateando, justamente, aquello por lo que lxs usuarixs van a moverse y, por lo tanto, conectarse. El algoritmo busca que lxs usuarixs se queden en su plataforma la mayor cantidad de tiempo posible. Por ende, cada vez que haya una búsqueda sobre determinados objetos/conceptos (reducidos a "palabras", insisto), este irá a donde lea que es mejor para esx usuarix en particular ir y, además, le propondrá otros estímulos (publicidad, páginas, anuncios, videos similares relacionados con la página en cuestión) junto a o en la misma página sugerida. Y, cuando dos de estas búsquedas en el ocurre en el mismo o en diferentes usuarixs, el algoritmo lxs une. Si las respuestas -las páginas a las que estxs deciden entrar- son las mismas, más aun. Lxs conecta. Los campos de cada persona se van profundizando e intensificando, creyéndose libres e independientes por hacerlo, pareciéndose más entre sí en realidad. Es en esa búsqueda o la falta de ella que lx usuarix tiene la posibilidad implícita de ampliar su campo o su influencia en él. Como en un efecto dominó, el suministro de la misma información habilita automáticamente a una dominación del cuerpo y de la mente -por extensión- aun mayor, pues no solamente se les proponen los mismos productos/"necesidades" a comprar sino también a consumir los mismos artículos periodísticos, las mismas novedades, la misma información. Una cosa lleva a la otra. Se conectan porque se relacionan y TE conectan, al estar relacionados. Más consumís, más profundizás en una postura. El consumo formatea el pensamiento y la acción, finalmente.

    La palabra, en ese caso, pasa a ser una mercancía en términos similares a los que planteaba Karl Marx. Si bien dicha mercancía no es estrictamente comercializable o intercambiable -bah, en teoría- sí tiene un valor social al ser uno de los elementos/herramientas con los que, definitivamente, se ayuda a conformar la realidad. "Lo que no se nombra, no existe" supo decir George Steiner. No podemos hablar de un monopolio sobre la palabra en el sentido del término, pero el ser humano ha dejado hace rato de ser el mero creador y "distribuidor" de la palabra como objeto de valor. Sí es cierto que con la acción va derivando el lenguaje y viceversa, pero hemos llegado al punto donde un agente externo no humano (manejado por humanos, sí, pero no humano per sé) delega y genera su propio lenguaje a partir de su existencia. El algoritmo es tan poderoso y la incidencia de la tecnología tan fuerte, que es/sería muy difícil desligarse de su influencia en la construcción del imaginario. Michel Foucault hablaba de ciertas técnicas como las normas legales o los discursos para configurar un bio-poder sobre el cuerpo que impactara en la conducta del individuo. Aquí se desarrolla cuasi a la inversa: el individuo se ve obligado, en su gran mayoría, en tener que tratar con algún tipo de dispositivo tecnológico por el propio desarrollo del sistema. Y es el cuerpo el que queda atado a estas condiciones impuestas de tener que trabajar con ellos, el que termina amoldándose a ellxs, el que termina siendo controlado, en vez de ser la tecnología la que se amolde al cuerpo -ríe a lo lejos Marshall McLuhan-. Google sabe que tiene todas las riendas pues todo pasa por él y para todo tiene herramientas y aplicaciones.

    De esta forma, podemos concluir tristemente que, al igual que los campesinos que fueron erradicados en su momento de sus tierras trabajadas -como bien señaló Silvia Federici-, al ser humano transformado en usuario también se lo ha erradicado de su terreno de disputa: el lenguaje. A la palabra se la ha desterritorializado de su campo de poder, la gramática. Al ser humano se lo ha desterritorializado de la palabra, que también es acción y, como vimos al principio, Vida. Al ser humano, finalmente, se lo ha desterritorializado de sí mismo.

jueves, 8 de octubre de 2020

Cultura L!ve

[Este posteo tendría que haber salido hace exactos 45 días, pero bueno. Pasaron cosas y 5 materias]

Hace 10 años que tengo Facebook. Increíble pero real. Irónico, teniendo en cuenta que fue una red social de la que renegué muchísimo tiempo -y mis amigos se reirán pues pueden recordar perfectamente aquellas veces en las que decía a viva voz que "nunca me [iba] a hacer un FB" (o basta revisar, sino, los conceptos de "La Vanguardia es Así VIII"). El primer y único motivo, lógicamente, era una supuesta superioridad moral -que no era tal- ejercida por aquellos que mirábamos de reojo esa "cosa" y decíamos "¿cómo vas a estar en una red social, ahí, donde están todos los boludos alienados?".

Bueno, pesó más una cultura social y entender por dónde estaba pasando todo. Para 2009, todo el mundo tenía Facebook. Todos. Era obligatorio y, si no tenías, no te podían creer. El mundo, la vida pasaba por allí. Fue la primer red social realmente transgeneracional. Gente de hasta 60 o 70 años tuvo y/o tiene. Y así con todas las consecuencias que tuvo para ellxs. Yo no tuve hasta Agosto de 2010, tardísimo en términos de tecno-moda social. Aunque también hacerlo fue intencional: me lo creé porque escuché que mis ex compañeros de la primaria organizaban juntadas por allí -y hoy, soy yo el que capitanea esas juntadas (sí, soy de esos seres horribles). Gabote, del mismo grupo, cuando vio que finalmente ingresé a esta tierra, me dijo el famoso "nadie puede ganarle al sistema". De todas formas, mi mejor amigo de su momento, 10 veces más radical que yo, ya se lo había creado y aun así ni siquiera fui el último: el Mito Ayala y el Mogno Cohen se lo hicieron después de mí.

Y hoy no lo cierro no sólo porque bien utilizado es una herramienta útil (la comunicación es una herramienta útil: ¿Cuánta gente consiguió laburo por FB? ¿Cuántas a su actual pareja?) sino porque acumula una cierta cantidad de información, posteos, frases y anécdotas que, revisados mediante la pestaña Recuerdos, me posibilita ver qué y cómo pensaba yo y mis contemporáneos en su momento. Me interesa saber quién era yo hace no tanto tiempo: la pérdida de perspectiva histórica me parece una picardía al lado de lo que podría aprovecharse -además de ser una buena postal de época, para no olvidar cómo era la aldea virtual. 

A mí me tocó atravesarla en su momento de más vigor en el justo punto entre mis 16 y 18 años. Repito: todo pasaba por FB. Cuando volví de viaje de egresados, hubo compañeras de mi promoción que subieron fotos con horas de diferencia tras la llegada (no había celular de tanta capacidad como hacerlo vía Wi Fi). No importaba dormir tras viaje. No había tiempo que perder. Quien antes posteaba, ganaba. Ganaba la mayor cantidad de likes y, lógicamente, los comentarios más instantáneos y originales pues eran los primeros. Y así con todo: cada evento, salida o acontecimiento semi-privado/público que ameritaba una carrera de fotos, terminaba indefectiblemente en el muro virtual de su creadorx o del dueñx de la cámara digital pertinente, muy en boga en ese momento.

La parte positiva es que, también gracias a la realidad circulando por fibra óptica, la batalla por sobresalir en los inicios me dio una enorme perspectiva respecto a un montón de ciclos y lugares a los cuales asistir, que a su vez me dieron a un montón de personas. La cantidad de cosas que me han ayudado a conocer los eventos aquí publicados todavía las estoy contando. Para colmo, yo era uno de esos rarísimos casos que ponían Asistiré... y asistían. Me parecía casi una cuestión moral, mirá. Y para peor: llegaba temprano. Llegaba a la hora exacta a la que lxs organizadorxs citaban. Creo que nunca entendí cómo funciona realmente la paja general (la paja de la cara ajena) de moverse de un lado a otro, posiblemente porque vivo en la loma del orto y todo me queda lejos. 

Puedo decir, además, con descansada conciencia, que la gran mayoría de contactos que llegaron a mi vida gracias a esos eventos, circularon de la realidad real a la virtual, y no al revés. Esas relaciones bien se han acabado, deteriorado o fortalecido con el tiempo, dependiendo. Porque hablamos de gente que va desde el circuito cultural hasta la horda militante, que valieron y valen un montón -o nada, dependiendo, de nuevo, de quién hablemos. Pero ya no nos debemos enfrentar a la epidémica estrechez entre conexión real y conexión virtual personal y el paralelismo que eso significaba en sus días. Recordemos: en momento, aceptar o no a una persona en tu FB, o -peor aun- eliminarla, equivalía a decirle "no sos más parte de mi vida". Inutilísima proposición, obvio, incumplible desde todo punto de vista -pero bueno, la aceptación de que ambas realidades se correspondían entre sí corría como la sangre. 

Facebook, convengamos, es un lugar horrible. Horrendo. Lleno de gente de mierda. Stalkers, mala leches, cyberbullies y microfascistas. Gente que no entiende ironías ni sarcasmos, no distingue fake news de reales, se aplaude con espejos parecidos en sus grupos cerrados y sólo lleva agua para su propio molino. Es cierto que el algoritmo nos conoce de memoria y ya ni se gasta en mostrarnos cosas nuevas, pero convengamos que la gran mayoría reacciona de la manera más lineal posible ante el advenimiento de cualquier otro pensamiento distinto del suyo. Tal vez haya cierto masoquismo en ir a encontrarnos con lo indeseado (más interesante de discutir) por la adrenalina que genera la confrontación. Pero el río no deriva siempre en un mar de agua espumosa y, lejos de ello, hemos mudado de pieles a otras redes sociales donde fuimos a desarrollar la motricidad fina en el arte del pecado.

No pretendo con esto romantizar el pasado, en absoluto. En aquel momento, no te digo que había una lucha encarnizada, pero se hacía todo lo posible por tener la mayor cantidad de likes y, quien sacaba más en el mismo estado, ganaba. He visto capturas de pantalla con gente solicitando a otras personas likes, rogando por un Me Gusta, ese botón venenoso de este sitio del orto. La cantidad de cambios de foto de perfil en un mismo día. Los posteos, las firmas en muros ajenos. ¡Las frases de canciones con doble sentido! ¡Dios, qué enfermos de mierda!

🤦‍♂️

Estas prácticas probablemente hayan derivado de la lógica Windows Live Messenger, que la mierda esta, increíblemente, logró destronar. Créanme: nadie en 2009 sospechaba que Messenger, ni remotamente, iba a desaparecer (menos con el inbox de mierda que es y sigue siendo una poronga). Y cayó. En otros lares, Flogguer había terminado y Blogguer sólo era para frikis que disfruta(ba)mos de escribir. ¿Querés saber qué es el avance de la tecnología? El comprobar que tu vida perece al ritmo de la tecnología con la que te identificás.

No estoy muy seguro de a qué conclusión me lleva esto. Es un arma de doble filo de la que te podés desprender, pero en un mundo capitalmente imperialista de poderes ultraconcentrados, quién sabe qué tan buen o mal sea descartar un elemento por el que pasan tantos factores, tanta realidad -nos guste o no- a la deriva con otras telarañas (Instagram, Twitter, Tik Tok). Nos quedamos con FB porque asumo que más vale malo conocido que bueno conocer (¡la definitiva tóxica relación!), aunque no. Nos conocemos mucho para ser tan pocos y cada vez menos, visto el éxodo etario que hace años sufre la Cía. Estamos ahí porque las cosas pasan acá, del otro lado de la pantalla. Luego, en todo caso, pasan allá, donde hay árboles y pavimento. Y seguirá así hasta que un día, de mala gana, obligado o no, el monstruo se despierte sin ganas de nada, decidido a cagarse en su historia y cierre la primer y única cuenta que siempre (le) importó: la suya.

miércoles, 5 de agosto de 2020

Salsa!

    No porque esté totaaalmente en desacuerdo peeeero quiero señalar un pequeño efecto contraproducente en el típico discurso de manualidades "súper-fáciles, sencillísimas y en 5 minutos": la tremenda frustración que ocurre al fallar. 
    Lo traigo a colación pues el otro día estaba intentando cocinar algo muy simple (tan simple que me da vergüenza decirlo) y fallé estrepitosamente. Fue tal la amargura y el enfado que sentí que ese día directamente no almorcé. Llegué a dudar de la exactitud de nuestros vasos medidores -en los que ya he cocinado, dicho sea de paso.
    Digo, yo sé que en el fondo el problema es mío: la persona que explicó esto por YouTube lo hizo de una manera clara y -si bien no recuerdo exactamente ya- creo haber seguido los pasos tal cual. El tema es que no importa qué tan fácil o difícil sea la tarea a realizar: vos siempre podés ofrecerme una puerta muy grande para el "éxito" de cualquier cosa, sea ínfima o enorme. Ahora bien, si esa puerta tan grande es de vidrio, no importa: si no me avisás que existe, me voy a dar la ñata contra ella igual, quiera o no. No estaría mal, entonces, dejar notado que aun en estos casos un tropezón puede pasar. Más fácil parece subir, más duro es verse caer.
    Entiendo que es lo menos marketinero del mundo, pero no sé si suple el riesgo de que alguien que pretendía hacer algo, por frustrado que esté, no lo vuelva a intentar: en ese caso, es una reproducción menos en un video de un canal de YT, elemento clave para quien vive de esa plataforma. Yo ya sé que lo voy a reintentar, sí, pero hay quien estoy seguro de que no. Y esto es grave pensando en todos los campos a los que esa actitud se puede diseminar (volviendo al ejemplo youtubero, todos los videos y canales que no se van a reproducir ni seguir y todas las nuevas cosas que mucha gente no va a descubrirse haciendo -lo que vueeelve a ser menos plata para quienes de ello viven). Iluminar algo con tanta luz no sólo provoca más sombra -en quien es iluminado- sino que, en muchos casos, ciega. Es una metáfora horrible, pero lo que trato de decir es: no estaría de más que al final cada video, aunque sea, alguien se ocupe de poner un cartel y diga: "Che, si no les sale, está todo bien igual".

sábado, 25 de julio de 2020

Estado de Poesía

          Primer año de la Secundaria: una nefasta profesora de Castellano nos hace pasar al frente y, como tarea, recitar un poema a elección de memoria delante de la clase, como si estuviéramos en los años '50. Nosotrxs, que tenemos 13 años y nos conocemos hace 6 meses, nunca jamás leímos uno ni de papel en esa circunstancia. No hay uno que no pase y se sienta humillado. Una compañera se toma el laburo de traducir y traer "Friday, I'm in Love", de The Cure. La devolución, me acuerdo como si fuese hoy, es: "Tampoco es que lo tradujo Cortázar".
          Tercer año de la Secundaria: una profesora de Literatura, más nefasta aun que la anterior, nos da una serie de poemas a leer en un cuadernillo junto con una serie de recursos poéticos para explicarlos y otros poemas más que ejemplifican los mismos. El análisis literario, entonces, se vuelve una disección del texto -como si fuese un cuerpo muerto- donde hay que encontrar los recursos que usó lx autorx para llegar al efecto estético. Los poemas son bloques de recursos puestos como ladrillos y la arquitectura final va en una sola dirección. El trabajo se vuelve un dificultoso desarme de esa construcción y, para los menos avezados en las letras, una adivinanza. "A ver, ¿qué recurso usó el autor acá? ¿¿Y por qué?? ¿¿Y qué quiso decir??", parecen susurrar las consignas con voz para niñxs. Lxs autores, entonces, pasan a ser unxs petulantes narcisistas que juegan al misterio y donde no los entendés queda en el aire la sensación de que "no te da", como un boludeo fino. Los tipos, entonces, escriben entre ellos, para ellos, y de una manera que saben que la gilada no los puede correr porque la emoción -por lo menos a esa edad- es que aun la poesía es "para algunos", "para unos pocos". Ojo, hay otras interpretaciones, eh, son válidas, se aceptan, pero siempre justificando de manera adecuada. Y la "adecuación", eso sí, parte y termina en el criterio de ellos, los profes. En un tiempo acotado, cuando hay evaluación. 
           En todo este tiempo, nunca, pero JAMÁS de los jamases, se nos pregunta qué pensamos respecto al poema, o qué nos genera, o cómo lo percibimos, cómo lo sentimos. Si lo escrito lo hubiésemos expresado de otra manera, si esa manera es la adecuada... 
           Primer año de la Licenciatura: un compañero, que luego será mi amigo, cuando le comento que hago poesía oral en vivo fin de semana por medio, me contesta: "Ah, yo no entiendo poesía". Pero no me lo dice despectivamente, eh, ni mirándome en menos. Lo dice como reconociendo una limitación, como diciendo "va más allá de mi alcance". Extraño, pues sospecho -y luego confirmaré- que este muchacho era y es muy inteligente. 
           La poesía -sobre todo la poesía escrita- suele ser vista, primero, con mucho desinterés. Luego, con mucho prejuicio, por lo mismo que acabo de contar. Y es una lástima pues puede ser una herramienta o un canal tan útil, una forma de expresión tan abierta que mostrarla y enseñarla de esa manera todo lo que genera es un efecto contraproducente. No digo que introducirnos a tan maravilloso género esté mal (al contrario) pero, ahora bien, pretender por ejemplo empatar las subjetividades de un par de infantes apenas en expansión... es riesgoso. Innecesariamente riesgoso. Pareciera casi una implantación de dichas subjetividades. "Esto es lo que hay que sentir", "esto es lo que hay que interpretar". La cosa no funciona así.
            No voy a explayarme mucho más pues no tengo mucho más que decir. Probé cerrar este texto de muchas maneras distintas pero ninguna me convencía. Mi único deseo es que, si alguien tuvo una repulsiva entrada a ese mundo, ojalá se dé una segunda oportunidad. Y, si por algún motivo, alguien que va a enseñar literatura está leyendo esto, tenga cuidado a la hora de ofrecer las primeras plantas a sus próximos alumnxs. Pocas cosas peores que el que te alejen de aquello que no sabés cuánto bien te puede hacer.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Lo Que Vendrá III

En poco menos de un mes, Lxs Hijxs de los '90 empezaremos a cumplir 30 años. 
Destaco esto porque, dicen, esa es la edad -y hasta los 45- que tu generación comienza a tener el dominio de las cosas, el control de la situación. Cuando alcanzó la "madurez" tal como para tomar decisiones que cambien o fijen el rumbo. O lo designen, al menos. 

Es extraño el panorama que nos tocó: una gran mayoría atascada en el millenialismo y otra franja pequeña en el centennialismo según el estudio. Caímos en una época donde ya la tendencia a estirar hasta el ridículo la juventud está cada vez más anclada mientras más productos y nostalgia se construyen en base a eso -en el medio, se nos cae el pelo o nos salen canas más rápido-.
Fuimos criadxs bajo el cuento -TODXS- de que somos "especiales" (y por eso hay que entender unicxs. Y no como conjunto, sino cada unx superior a lxs demás) mientras la paja mental del menematto y los dibujos animados más la constante renovación de todas las plataformas de videojuegos nos sacaron un poco de la vereda o la plaza aunque más tarde las hayamos recuperado. Llegamos justo cuando la tecnología se volvía de bolsillo aunque los límites de su revolución aun están en el horizonte. Nos llevamos bien, pero nada quita que otra vuelta de tuerca nos deje chatos frente a lo que venga -a diferencia de quienes nos suceden, que son expertxs.
Crecimos en el medio de fuertes crisis socio-económicas, pero así como la ola vino también se fue y hubo una renovación en la confianza hacia la política que celebro. De no ser por la conciencia social trabajada hace unos años atrás, quién sabe qué podría haber pasado en estas tierras en el actual panorama. 
La cuarta ola -inesperada hace unos 4 años atrás- ya abandonó su adolescencia blanquinegra entendiendo que hay muchos feminismos dentro del feminismo y su amperímetro puede movernos hacia una cultura con otro pensamiento y comportamiento (no lo veremos hasta dentro de unos años). Ojo: donde se modifica la cultura, se puede modificar la economía.

Somos un grupo de personas que vieron crecer las redes sociales en el medio de su adolescencia, lo que llevó a una gran confusión entre las nociones de ego, autoestima, sobreexposición y soledad. Lo mismo la manera de construir vínculos en su interna, que creció a velocidades inimaginadas (mi costado más optimista me sopla que eventualmente sabremos manejar muy bien a futuro cualquier situación comunicativa VISTA el tremendo fogueo que tuvimos). 
A eso se le suma la capacidad de, hipercomunicadxs, acceder a casi cualquier información que querramos. Estamos hiperprofesionalizadxs en un mundo con poderes cada vez más concentrados, brechas más amplias, empleos menos, menos plata y polarizaciones que no le hacen bien a nadie.

Quería marcar eso para desembocar en lo que creo el peor signo de nuestro/s tiempo/s: la ANSIEDAD. Es tremendo lo que marcan las estadísticas respecto a los sentimientos de soledad en el mundo y, la verdad, les doy la razón. No sólo sentimos que nadie nos escucha, que menos nos valoran, sino que al mismo tiempo vemos en esas mismas redes sociales que todxs compartimos la misma sensación y sin embargo no nos podemos ayudar ni sabemos cómo resolverlo (y menos somos tan inteligentes como para dejar esas prácticas venenosas de lado entre nosotrxs). Pero aquí el que no repite la fórmula para zafar, cae. 
Tampoco tenemos la más mínima idea de para dónde ir porque no hay futuro en ningún lado. Las formas de adaptarse siguen siendo las tradicionales, nadie en el medio local se anima a dar el salto (la economía tampoco acompaña), quienes las saben y manejan son pocxs y lxs que las descubren son de casualidad. Florecimos, aquí, en la sociedad con más psicólogxs per cápita del mundo. Hemos tenido una facilidad al acceso de drogas recreativas que asusta y la onda cultural (la música, sobre todo) ayudó poco o nada. La exponenció, a lo sumo. Se ve que nuestra ansiedad y depresión -también- son un gran negocio. 

Conscientes de un mundo globalizado, causas como el medio ambiente y el vegetarianismo son grandes y pisan fuerte pero les falta un montón para concretarse. Quizá seamos un puente -como buen fin de siglo- hacia quienes cierren cuentas por nosotrxs -una lástima, siempre me gustó ser protagonista. 
No sé qué esperar, sinceramente. Hay tantos motivos para ilusionarse como para deprimirse. Por lo pronto, si bien los extremos no son buenos, la ambigüedad de ciertos grises líquidos tampoco está ayudando demasiado.

jueves, 8 de agosto de 2019

Honestidad Brutal II

'Honestidad brutal' es aquel término con el que se suele tachar de desubicada o excesiva a la sincera honestidad con la que unx expresa realmente lo que quiere decir o siente. O sea, se condena a una verdad que busca ser dicha tal cual es, tal y como unx la siente. Unx que encima busca mostrar el respeto que siente por el otrx diciéndole las cosas tal cual cree que son, sin rasgos de hipocresía o eufemismos, es visto de manera violenta por lo que quiere expresar de forma genuina, legítima, sin filtros ni reparos

En otras palabras: sin tener en cuenta al otrx.

La violencia es real pero también es lineal. Eso es lo bueno y lo malo de la misma. Si es lineal no da lugar a grises (no da lugar a profundidad) y si es real es subjetivo (no es total). Y no lo digo por mera corrección política, al contrario. Soy bastante fan de esta llamada "honestidad brutal". Un cierto gusto por el costado más oculto de la gente me empuja a preferir situaciones verbal y emocionalmente violentas porque desnudan una parte del otrx que no se suele ver a diario. Ahí es donde aparece la novedad. Y no hace falta ser periodista o filántropx para verse maravilladx por algo nuevo delante de la máscara producida por quienes vemos a diario. Y si bien es cierto que jugar con estos matices da resultados muy interesantes -a veces-, también da paso a situaciones horribles donde tercerxs (lxs menos cínicxs en cuestión) sufren muchísimo más que el primero. Lo sé porque muchas veces me ha tocado ser ese primero. Pero esa sed de violencia simbólica e implícita no es algo que me aplauda. Es, de hecho, un problema, mío, personal, y me hago cargo. 

La pregunta del millón, entonces, es: si en una discusión o debate conviene siempre asentarse en una postura propia en pos de una independencia emocional mayor o acoplarse a la visión del otrx a fin de poder llegar a un resultado más decente. Y el rol de la honestidad brutal dependerá de la circunstancia en la que unx se halle, el evaluar si desenvolverla o no. Es cierto que muchas veces, si uno no dice las cosas como son (que, remarquemos, es una manera de decir "cómo las siente unx") se corre el riesgo de explotar -y eso escasamente ayuda. Bah, la catarsis generalmente afecta a aquellxs a quienes unx más quiere, porque es delante de ellxs que suele pasar. Y el estallar, producto de emociones no trabajadas en su debido momento, ya implica de antes una visión distorsionada de los acontecimientos. Unx cree que el otrx tiene la misma visión e interpretación de las cosas que unx, aun cuando no lo afectó de la misma manera. Si a esto se le suma la especulación o la imaginación sobre cómo podrían haber sido las cosas, más la ansiedad permanente, lo único en lo que puede desembocar es una redada falsa de hechos con emociones. Si encima esa explosión ocurre cerca de conocidxs, emulará la misma cadena imaginativa hacia el lado contrario (cada quien pensando o imaginando situaciones que no son ni pasaron). Se pierde la base real desde donde abordar la cuestión. 

Pero a veces está bueno estallar. Poco o mucho. Primero, para estar satisfecho con unx mismx (el sabor de la auto-honestidad es lindo) y segundo, para sacarse la mierda de encima. En estas explosiones, unx siente haber dicho toda la verdad, brutalmente honesta. Pero, aparte, haberla dicho de una manera implacable e inapelable. Lamentablemente o no, por lo mismo que dijimos antes, esto  es erróneo. El problema es creer que esa misma sensación de "satisfacción" que corre por unx también corre para lxs demás (al fin y al cabo, ¡¿qué puede ser mejor que decir la verdad tal y como unx la siente?!). Pero, como ya referimos, el encadenamiento al cual lleva esto puede acarrear cosas peores. No digo que explotar esté mal. Digo que no siempre es la mejor solución. 

La supuesta empatía que unx debiera tener va simplemente de acuerdo a la circunstancia en la que cada unx se encuentre. Con quién, en dónde, y tras qué historia mediante. Sin embargo, esto habrá -por supuesto- que desarrollarlo, en vista de que no existe una ganancia de experiencia de un día para el otro. Por eso conviene hacerlo con aquella gente cercana o amiga que mencionábamos antes. Ellxs, de serlo, tienen la cancha y la perspectiva sobre unx tal que pueden entenderle y trabajarle dicha comunicación*. Y luego, si dicho tratamiento -recíproco- funciona, habrá más perspectiva y distancia a la hora de discutir con idiotas o decir cosas importantes a gente de valor.

Siempre y cuando esas mismas amistades no sean las idiotas, ¿no?

*(si antes dijimos que sería perjudicial 'estallar' delante de las mismas y eso hacerles formular toda una base de teorías e interpretaciones que tampoco se corresponden con la realidad, no es porque puedan hacer una cosa y no la otra; es porque el hacer catarsis implica mucha información en muy poco tiempo y con poca posibilidad de hacer una perspectiva de largo alcance de un momento para el otro. Lo que se propone es trabajo progresivo versus trabajo en el momento)

martes, 13 de octubre de 2015

Go your Own Way

De la mano con lo anterior, esto podría ser una especia de segunda parte de lo anterior. El Revolver de este Rubber Soul.
Habíamos (había) quedado en que ante la falta de estímulos había pocas chances -o un camino innecesariamente más dificultoso a la hora- de descubrirse a uno mismo. Esto viene a cuento de lo siguiente: ¿no será que al no tener los estímulos alrededor uno no tendrá más remedio que salir a buscarlos? Y por salir a buscarlos me refiero a dos emergencias de acción.
La primera, que consiste en romper la burbuja que lo acontece a cada uno y acceder a otros lugares, ir a otros mundos, conocer otra gente. En lo metafórico y en lo literal. La segunda, en lo que refiere a educarse por uno mismo. Ir cada uno a su velocidad, sin compromisos, sin exámenes, sin nada que lo ponga a prueba más que la vida misma todos los días. Cada uno podría entender las cosas a su tiempo sin nada que lo detenga o poder salir/conocer elementos cada vez que se lo proponga. Con la ayuda de Internet hoy en día que en épocas anteriores. No está todo allí, pero no quita que no sea una gran herramienta. 
Ojo, por supuesto no descarto que en el medio -lamentablemente- haya que conseguir el mango, la guita, la tarasca. Es una mierda tener que implementar tiempo en eso (a menos que sea una materia que te encante) pudiendo ser útil ese momento en otro motivo. Gastar tiempo en algo que te hace sufrir es el gran cáncer de este mundo. Si para colmo se piensa que en la gran mayoría de los casos no sirve para otra cosa que acumular para pagar deudas que te impone una institución que miente diciendo que es tuya y te ayuda (y finalmente es todo lo contrario), el doble de bronca. Yo no sé si voy a poder saber todo lo que quiero ("Daría todo lo que sé por la mitad de lo que ignoro", decía Descartes) y sinceramente me da mucho miedo no poder lograrlo debido al tiempo que voy a tener que ocuparme gastando energías en algo que me dé de comer. ¿No es horrible eso, acaso? Pero la sociedad, la familia, requieren que haya "tiempo productivo" inmediato, para probar que su hijo no es una inversión al pedo. Qué estupidez pensar que alguien que se avoca seriamente al estudio es un desperdicio.
Por eso, para no irme por las ramas y conectar con lo anterior, el construirse camino por uno mismo tal vez sea la solución más provechosa. Desearía -o tal vez no- que la vida no me empujara a ser "tan valiente", pero a las claras las cosas así están planteadas. El armarse uno de sus propias herramientas puede allanar el camino para más adelante poder sostenerse uno por su cuenta.

[Entrada Nº 200 del Blog!!]

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Vos, ¿sabés?

Reconozco que históricamente, a través de este blog, bogo y bogaré por el descubrirse y conocerse a uno mismo. Y no está mal, no voy a negar algo que vine afirmando durante años. No de orgulloso, pero sí porque quisiera rescatar algo que no es blanco y negro. También porque me convenzo cada vez más de lo mismo, pero lo que sigue es un punto de apoyo, u otra arista de referencia, en lo que respecta al tema. También se crece en estas cuestiones. Y como otra manera de que sigan siendo ciertas. A modo de importancia colectiva.
La posmodernidad, entre otras cosas, hizo todo demasiado fácil. E hizo que, al no tener nada un punto fijo, nada es 'correcto' o 'incorrecto', todo es variable y maleable, nada sirve de referencia. Y lo que esto deja de campo abierto a ideas, caminos, pensamientos, puntos de vista; lo suprime en tanto anclas a las cuales aferrarse. Quiero decir que hoy por hoy, para los escépticos y descreídos del mundo -entre los cuales me cuento-, no tenemos una puta referencia de la cual agarrarnos.
La historia ya fue, se demostró que las ideologías pueden traer cosas piolas, pero son mejores fabricantes de fundamentalistas que otra cosa y no creo que ninguna idea valga totalmente la vida de un hombre. Amén de aquellos que se han sacrificado por una idea hasta el fin de sus días, desde ya que su tarea es sumamente rescatable y valorable pero, ¿hace falta sacrificarse por una idea siendo el mundo un lugar tan amplio y aceptable a las diferencias? Está bien que la realidad nos supera como seres objetivos -algo bastante lógico- pero no hay que olvidar que las ideas también son subjetivas. Ok, no se matan y todo eso. Está bien, pero eso no significa que tengan que matar.
De esta manera, al no ser ninguna idea "segura", ¿de qué carajo cazarse? Más allá de todo, se entiende que tener una salida segura también sería demasiado fácil y aburrido, pero al no tener un faro es muy complicado avanzar. Y esto atenta directamente contra el auto-descubrimiento. Claro, ¿cómo puede haber respuestas sin nada que lo estimule? Y si la realidad es embolante o repetitiva, ¿cómo se puede descubrir otras sensaciones o respuestas novedosas (para uno)?
Entonces, mucho cuidado con quién es uno y quién cree ser. Porque no es lo mismo responder a estímulos (de mierda) que fabricarse una personalidad propia. Por supuesto que uno y otro van de la mano -pero insisto en que si hubieran provocativas adecuadas. Yo estaba convencido, pero seriamente, de qué quería desarrollar para mi vida de esta edad en adelante. Que por favor no se me prejuzgue por tener 21 (uno se cree dueño del mundo a esta edad, se sabe), pero pasan períodos cada vez más largos de tiempo hasta que (re)descubro (¿o me re-desengaño?) de que lo que quería no era tan así. O no lo quería de esa forma. Por ende, una vez más hay que calar hondo, profundo, rigurosamente, con estilo, con precisión, con hermetismo, para saber a qué carajo apuntar todas tus fuerzas.
No me quejo del esfuerzo (todo árbol bien tratado da sus frutos), pero sólo espero que para aquellos que nos esforzamos día a día en encontrar una luz, hallemos algo al final del túnel.

jueves, 30 de julio de 2015

I am a Loser [?]

Ahora que las aguas se calmaron, me gustaría hacer un breve reparo sobre una altisonante palabra que emerge siempre y cada vez que le toca una derrota de tono medianamente importante a nuestra Selección Argentina de Fútbol: la palabra 'Fracaso'.
Se sabe que por lo general, cuando un término -o cualquier cosa en sí - es utilizado con demasiada frecuencia es porque o bien se lo está amplificando al pedo ("Periodismo"), o bien porque la gran mayoría de gente no sabe ni entiende de qué mierda está hablando -y sino, pregúntenle a Dios o a la Democracia. 
Si vuelvo sobre este sustantivo es porque en lo particular giraba satelitalmente a mi alrededor en los albores de la primaria. Sin importar el porqué, creo que puedo sumar algo a la discusión, y el/la que crea que no, puede pasar a otro post.
Se tiende a utilizar el concepto 'Fracaso' como aquel punto de no retorno donde la derrota, la frustración, el dolor, la impotencia, la tristeza son tales que uno no puede darse siquiera el lujo de pensar en una nueva oportunidad  -y en consecuencia, es de fácil acoso para los demás, que no pueden (ni quieren) evitar apuntarle con el dedo, burlarse, gastarlo. Total, es blanco de broma fácil y cualquier ínfimo intento de respuesta se verá automáticamente bloqueado debido a su 'fracaso', y a que su 'fracaso' es tal que no puede abrir la boca ni para defenderse.
Bien, hagamos zoom out: estamos hablando de un partido de fútbol. Y creo que hasta el más ignoto en materia de balonpié sabe o escuchó decir que "el fútbol siempre da revancha". Y no me extiendo sobre lo que es esta camada de jugadores en particular para no irme por las ramas...
Lo preocupante es ver Qué se toma por fracaso. Qué es de tan asqueroso fulgor que ni siquiera merece ser tratado como tal.
¿Fracaso? Fracaso es no tener amigos. Fracaso es no tener un Amor. No sentir Amor o sentir que nunca tuvieron Amor por vos (que es más o menos lo mismo). Fracaso es no tener un objetivo en la Vida. Fracaso es no tener una mínima duda en la cabeza. Fracaso es que tu vida imaginaria sea una fiesta y tu realidad, vomitiva. Fracaso es que no veas ni tus propias contradicciones. Fracaso es aplaudir sola y únicamente a cualquiera que te diga lo que querés escuchar. Fracaso es no tener UN sueño. Fracaso es memorizar excusas e ignorar argumentos. Fracaso es tener una imaginación de 48 pulgadas...
ESO es fracasar. ESO es estar en el fondo de la mismísima mierda y no hacer el más minúsculo intento por tirar arriba. Fracasar es errar, equivocar (en un principio) y no tener la Valentía ni la Dignidad de volverlo a intentar.
Por eso digo, creo, que Fracaso es una palabra que le queda demasiado grande incluso a la gente que abusa de ella. 
Porque si llegaste, volviendo, a un lugar como la Selección, en Algún momento te tenés que haber equivocado, en Algún momento tuviste que fallar, pero de la misma manera, irrevocablemente lo tuviste que volver a intentar. Se sabe que el que quiere puede, y si puede, es porque se equivocó, lo intentó, y mejoró. Y por esa conducta constante mereció el llamado a la Selección. Si sos solicitado para jugar con los mejores representantes del deporte más popular de la República Argentina y del Mundo, me parece que no sos un fracasado. Y si encima te toca hacerlo al lado de alguien como Messi, me parece que tampoco...

lunes, 29 de junio de 2015

El Genio del... [?]

A riesgo de polémicas, me animaría a decir que hay solo 3 cosas "naturales" en la Vida, o que vienen con ella: el Amor; el Miedo, su contrario (no así el Odio); y la necesidad de comunicarse. Por lo demás, creo que el resto es completamente prescindible -siempre que no hablemos del aspecto o psicológico. 
Ahora bien, ¿cómo se explicarían ciertas habilidades "innatas" que tiene cierta gente? ¿Cómo se justificaría aquello que a uno le sale "naturalmente" bien y muestra destreza en sus primeros signos de incursión? Lo único que se me ocurre es que estas actividades contienen rasgos más atractivos para aquellos que los descubren y permite, nuevamente, a cada uno descubrir su personalidad (en el sentido más etimológico de la expresión) porque encajan en mayor que los demás con lo mismo. O porque directamente uno lo entiende con más facilidad y en base a eso, elige profundizar al respecto -al fin y al cabo, nada mejor que verse a uno haciendo las cosas bien. 
Con todo esto quiero decir que, en principio, no creo que haya "elegidos" ni genios innatos en absolutamente nada. En principio porque no tendría ningún sentido. Debería existir para el caso un designio divino que justifique quién tiene que hacerse cargo de qué. Y con eso, una cadena inquebrantable que pese como carga. ¿Por qué alguien tendría que "nacer" para algo? Con eso también se coartaría la posibilidad de cambiar. Basta recordar el caso de Ernesto Sábato, que iba a dedicarse a la física -con el visto bueno de Bernardo Houssay, incluso - y hoy lo recordamos por su labor como escritor. 
Por otro lado, es muy triste ver cómo los medios de comunicación pintan a los artistas -o a cualquier profesional medianamente destacado de su rubro- como a alguien que llegó hasta su puesto porque es un superdotado y todo le sale bien. Tal vez sea porque a los jefes de marketing les conviene que así sea y por eso pagan, o porque esa es la bajada de línea del medio -y quieren así cortar la posibilidad de que surgan más, a fin de que el público consumidor se quede con las ideas y el prejuicio. "No, si para ser músico tenés que tener oído"; "Si no tenés buen pie en el fútbol, no triunfás", "Hay que tener pulso para dibujar", etc...
Pero no. No, loco. Quien crea que sólo se es bueno por algo "natural" está incursionando en un grave error y me gustaría advertirle al respecto. Porque lo que se menciona siempre es el talento, pero se borra todo lo que es el trabajo por detrás. Ser "un genio" no es una nota halagando a un artista por su obra. Es todo el laburo que se tomó el artista para llegar a donde llegó, haciéndole frente a las negativas, juzgando críticamente, sin temor al "qué dirán"; es todo lo que transpiró para ser y hacer lo que se proponía, todo lo que se equivocó para pegar un acierto. Es Hendrix sacando una canción cada 2 días (cuando no era nadie); es Charly tocando 8 horas por día al piano en las épocas de Sui Generis; es Hemingway sentándose religiosamente a escribir durante una parte del día. No me acuerdo si fue el bajista de Megadeth o Metallica que contó que él no era bueno al principio, pero que se pasó 6 horas tocando todos los días al punto que llegó a agarrarle tendinitis. Y hoy está donde está -diferencias musicales aparte. 
Si no fuera por la filosofía del trabajo, ¿cómo se explica que cierta gente con dificultades -de cualquier tipo- sean hoy una eminencia en su rubro? Pensemos en Miles Davis y la discriminación que sufría por su color de piel. Django Reinhardt tenía ausentes 2 dedos y medio y sin embargo es considerado uno de los mejores guitarristas de jazz de toda la historia. Un hermano de Ludwig Wittgenstein estaba falto de un brazo y  así y todo llegó a ser un renombrado pianista, al punto que le dedicaron un concierto (en tanto obra) entero para él. Maradona, 'Maravilla' Martínez emergiendo de la pobreza...
En fin, no se trata de sentir únicamente un aprecio por algo y despuntar el talante sin querer ir más allá, pretendiendo que las cosas caigan solas. Y si uno bien puede ver desde afuera que un otro consigue que las cosas le salgan "naturalmente" mejor, sin que implique un esfuerzo mayúsculo como en el caso propio, atino a preguntar: ¿quién tendrá, al final, mayor mérito? ¿Aquel que las cosas le salgan 'de por sí' mejor, o quien que se esforzó para que las cosas le salgan, y conoce más errores y caminos que el primero? Lo que sea, pero que al fin y al cabo sirva para que veamos que genio no se nace, sino que se hace.