miércoles, 18 de noviembre de 2020

Palabras Más, Palabras Menos II

[Escrito originalmente pensado y realizado para trabajo final de la materia Sociología, pero que descubrí que encajaba perfecto aquí (corregido y ampliado)]

"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios
- Juan 1:1-14

    Con la que podría ser una interminable generadora de tratados de semiótica, elijo esta frase extraída del Nuevo Testamento para arrancar esta columna pues considero que sintetiza bastante bien todos los procesos al día de hoy utilizados en torno a la herramienta fundamental de la especie humana (y de este trabajo): la palabra.

    Decir "Al principio fue el verbo" implica, por lo menos, dos grandes cosas: en primer lugar, que el verbo es acción. Por lo tanto, la palabra también. La palabra es acción, por ende es movimiento. Genera. Y es en esa generación propia de la puesta en sintagmas de fonemas que son conceptos que la humanidad ha podido sostenerse, construirse y desarrollarse en el tiempo. La palabra tiene la característica esencial de ser no sólo propia sino inherente a la especie humana. Ninguna otra la tiene. Ha sido, entonces, una construcción conjunta a lo largo del tiempo que se fue desarrollando mediante muy diversas ramas -los idiomas-, aunque siempre manteniendo una lógica interna. Lo rico de ella es que, sin haber sistema único, ella se ha mantenido organizada bajo un elemento que la forma a la vez que es formada: la gramática.

    Boris Groys, en su ensayo "Volverse público. Las transformaciones del arte en el ágora contemporánea" (Ed. Caja Negra. CABA, 2015), más específicamente en el capítulo "Google: el lenguaje más allá de la gramática", expuso sobre la falsa democratización de la palabra en tanto elemento que, inserto en la lógica del algoritmo de Google, perdía valor al estar desprendido de la gramática.

    La palabra también es un territorio en disputa, por todo lo expuesto anteriormente. Y Google, en tanto plataforma, busca un dominio y una apropiación de la misma ¿Cómo? Con un sistema parecido a lo que pasó con la llamada "acumulación originaria" pero en tanto captación y organización de toda la información disponible alrededor de lo que está compuesto el mundo (manifestado en palabras, una vez más) fue algo hecho "sin consulta" y sin mediaciones previas. O, en todo caso, quizás sí hubo una democratización previa luego comprada y configuraba bajo un solo ente. Dividido en un infinito campo de páginas web, se manifiesta un mecanismo de parcelación y división ya no de la tierra natural, sino de la nueva, la virtual, la de las palabras-concepto-mundo. Este otro territorio fue conquistado de manera cuasi invisible. La apropiación y el atropello cometidos en un lado fueron por la fuerza, mientras que por el otro -no lo sabemos con certeza- fue aceptado o, al menos, invisibilizado. Hoy por hoy hay un monopolio total y absoluto.

    El que haya acceso por parte de toda la población no quiere decir que se acceda a todos lados. Si bien la "democratización" de la palabra puede pensarse como algo construido entre todxs (como si constituyera su propio lenguaje) lo cierto es que todos dependemos del mismo buscador con su propio criterio a cuestas -excepto lxs que lograron superar esa paja-, el cual determina a su vez el criterio de nosotrxs, lxs usuarixs. Criterio reforzado a base de los resultados seleccionados, generando un círculo vicioso. Es cierto que Google redirige a páginas que contienen aquello que se busca y no páginas suyas de contenido propio (no se redirige a sí mismo -aunque no le haga falta-) pero, ¿qué quita que no lo haga en un futuro? ¿o que no nos redirija a donde de hecho le conviene?

    Aquí se vuelve a ver la influencia de la Teoría de los Campos de Pierre Bourdieu y su incidencia entre el algoritmo y la vida diaria. El algoritmo está formateando, justamente, aquello por lo que lxs usuarixs van a moverse y, por lo tanto, conectarse. El algoritmo busca que lxs usuarixs se queden en su plataforma la mayor cantidad de tiempo posible. Por ende, cada vez que haya una búsqueda sobre determinados objetos/conceptos (reducidos a "palabras", insisto), este irá a donde lea que es mejor para esx usuarix en particular ir y, además, le propondrá otros estímulos (publicidad, páginas, anuncios, videos similares relacionados con la página en cuestión) junto a o en la misma página sugerida. Y, cuando dos de estas búsquedas en el ocurre en el mismo o en diferentes usuarixs, el algoritmo lxs une. Si las respuestas -las páginas a las que estxs deciden entrar- son las mismas, más aun. Lxs conecta. Los campos de cada persona se van profundizando e intensificando, creyéndose libres e independientes por hacerlo, pareciéndose más entre sí en realidad. Es en esa búsqueda o la falta de ella que lx usuarix tiene la posibilidad implícita de ampliar su campo o su influencia en él. Como en un efecto dominó, el suministro de la misma información habilita automáticamente a una dominación del cuerpo y de la mente -por extensión- aun mayor, pues no solamente se les proponen los mismos productos/"necesidades" a comprar sino también a consumir los mismos artículos periodísticos, las mismas novedades, la misma información. Una cosa lleva a la otra. Se conectan porque se relacionan y TE conectan, al estar relacionados. Más consumís, más profundizás en una postura. El consumo formatea el pensamiento y la acción, finalmente.

    La palabra, en ese caso, pasa a ser una mercancía en términos similares a los que planteaba Karl Marx. Si bien dicha mercancía no es estrictamente comercializable o intercambiable -bah, en teoría- sí tiene un valor social al ser uno de los elementos/herramientas con los que, definitivamente, se ayuda a conformar la realidad. "Lo que no se nombra, no existe" supo decir George Steiner. No podemos hablar de un monopolio sobre la palabra en el sentido del término, pero el ser humano ha dejado hace rato de ser el mero creador y "distribuidor" de la palabra como objeto de valor. Sí es cierto que con la acción va derivando el lenguaje y viceversa, pero hemos llegado al punto donde un agente externo no humano (manejado por humanos, sí, pero no humano per sé) delega y genera su propio lenguaje a partir de su existencia. El algoritmo es tan poderoso y la incidencia de la tecnología tan fuerte, que es/sería muy difícil desligarse de su influencia en la construcción del imaginario. Michel Foucault hablaba de ciertas técnicas como las normas legales o los discursos para configurar un bio-poder sobre el cuerpo que impactara en la conducta del individuo. Aquí se desarrolla cuasi a la inversa: el individuo se ve obligado, en su gran mayoría, en tener que tratar con algún tipo de dispositivo tecnológico por el propio desarrollo del sistema. Y es el cuerpo el que queda atado a estas condiciones impuestas de tener que trabajar con ellos, el que termina amoldándose a ellxs, el que termina siendo controlado, en vez de ser la tecnología la que se amolde al cuerpo -ríe a lo lejos Marshall McLuhan-. Google sabe que tiene todas las riendas pues todo pasa por él y para todo tiene herramientas y aplicaciones.

    De esta forma, podemos concluir tristemente que, al igual que los campesinos que fueron erradicados en su momento de sus tierras trabajadas -como bien señaló Silvia Federici-, al ser humano transformado en usuario también se lo ha erradicado de su terreno de disputa: el lenguaje. A la palabra se la ha desterritorializado de su campo de poder, la gramática. Al ser humano se lo ha desterritorializado de la palabra, que también es acción y, como vimos al principio, Vida. Al ser humano, finalmente, se lo ha desterritorializado de sí mismo.

jueves, 8 de octubre de 2020

Cultura L!ve

[Este posteo tendría que haber salido hace exactos 45 días, pero bueno. Pasaron cosas y 5 materias]

Hace 10 años que tengo Facebook. Increíble pero real. Irónico, teniendo en cuenta que fue una red social de la que renegué muchísimo tiempo -y mis amigos se reirán pues pueden recordar perfectamente aquellas veces en las que decía a viva voz que "nunca me [iba] a hacer un FB" (o basta revisar, sino, los conceptos de "La Vanguardia es Así VIII"). El primer y único motivo, lógicamente, era una supuesta superioridad moral -que no era tal- ejercida por aquellos que mirábamos de reojo esa "cosa" y decíamos "¿cómo vas a estar en una red social, ahí, donde están todos los boludos alienados?".

Bueno, pesó más una cultura social y entender por dónde estaba pasando todo. Para 2009, todo el mundo tenía Facebook. Todos. Era obligatorio y, si no tenías, no te podían creer. El mundo, la vida pasaba por allí. Fue la primer red social realmente transgeneracional. Gente de hasta 60 o 70 años tuvo y/o tiene. Y así con todas las consecuencias que tuvo para ellxs. Yo no tuve hasta Agosto de 2010, tardísimo en términos de tecno-moda social. Aunque también hacerlo fue intencional: me lo creé porque escuché que mis ex compañeros de la primaria organizaban juntadas por allí -y hoy, soy yo el que capitanea esas juntadas (sí, soy de esos seres horribles). Gabote, del mismo grupo, cuando vio que finalmente ingresé a esta tierra, me dijo el famoso "nadie puede ganarle al sistema". De todas formas, mi mejor amigo de su momento, 10 veces más radical que yo, ya se lo había creado y aun así ni siquiera fui el último: el Mito Ayala y el Mogno Cohen se lo hicieron después de mí.

Y hoy no lo cierro no sólo porque bien utilizado es una herramienta útil (la comunicación es una herramienta útil: ¿Cuánta gente consiguió laburo por FB? ¿Cuántas a su actual pareja?) sino porque acumula una cierta cantidad de información, posteos, frases y anécdotas que, revisados mediante la pestaña Recuerdos, me posibilita ver qué y cómo pensaba yo y mis contemporáneos en su momento. Me interesa saber quién era yo hace no tanto tiempo: la pérdida de perspectiva histórica me parece una picardía al lado de lo que podría aprovecharse -además de ser una buena postal de época, para no olvidar cómo era la aldea virtual. 

A mí me tocó atravesarla en su momento de más vigor en el justo punto entre mis 16 y 18 años. Repito: todo pasaba por FB. Cuando volví de viaje de egresados, hubo compañeras de mi promoción que subieron fotos con horas de diferencia tras la llegada (no había celular de tanta capacidad como hacerlo vía Wi Fi). No importaba dormir tras viaje. No había tiempo que perder. Quien antes posteaba, ganaba. Ganaba la mayor cantidad de likes y, lógicamente, los comentarios más instantáneos y originales pues eran los primeros. Y así con todo: cada evento, salida o acontecimiento semi-privado/público que ameritaba una carrera de fotos, terminaba indefectiblemente en el muro virtual de su creadorx o del dueñx de la cámara digital pertinente, muy en boga en ese momento.

La parte positiva es que, también gracias a la realidad circulando por fibra óptica, la batalla por sobresalir en los inicios me dio una enorme perspectiva respecto a un montón de ciclos y lugares a los cuales asistir, que a su vez me dieron a un montón de personas. La cantidad de cosas que me han ayudado a conocer los eventos aquí publicados todavía las estoy contando. Para colmo, yo era uno de esos rarísimos casos que ponían Asistiré... y asistían. Me parecía casi una cuestión moral, mirá. Y para peor: llegaba temprano. Llegaba a la hora exacta a la que lxs organizadorxs citaban. Creo que nunca entendí cómo funciona realmente la paja general (la paja de la cara ajena) de moverse de un lado a otro, posiblemente porque vivo en la loma del orto y todo me queda lejos. 

Puedo decir, además, con descansada conciencia, que la gran mayoría de contactos que llegaron a mi vida gracias a esos eventos, circularon de la realidad real a la virtual, y no al revés. Esas relaciones bien se han acabado, deteriorado o fortalecido con el tiempo, dependiendo. Porque hablamos de gente que va desde el circuito cultural hasta la horda militante, que valieron y valen un montón -o nada, dependiendo, de nuevo, de quién hablemos. Pero ya no nos debemos enfrentar a la epidémica estrechez entre conexión real y conexión virtual personal y el paralelismo que eso significaba en sus días. Recordemos: en momento, aceptar o no a una persona en tu FB, o -peor aun- eliminarla, equivalía a decirle "no sos más parte de mi vida". Inutilísima proposición, obvio, incumplible desde todo punto de vista -pero bueno, la aceptación de que ambas realidades se correspondían entre sí corría como la sangre. 

Facebook, convengamos, es un lugar horrible. Horrendo. Lleno de gente de mierda. Stalkers, mala leches, cyberbullies y microfascistas. Gente que no entiende ironías ni sarcasmos, no distingue fake news de reales, se aplaude con espejos parecidos en sus grupos cerrados y sólo lleva agua para su propio molino. Es cierto que el algoritmo nos conoce de memoria y ya ni se gasta en mostrarnos cosas nuevas, pero convengamos que la gran mayoría reacciona de la manera más lineal posible ante el advenimiento de cualquier otro pensamiento distinto del suyo. Tal vez haya cierto masoquismo en ir a encontrarnos con lo indeseado (más interesante de discutir) por la adrenalina que genera la confrontación. Pero el río no deriva siempre en un mar de agua espumosa y, lejos de ello, hemos mudado de pieles a otras redes sociales donde fuimos a desarrollar la motricidad fina en el arte del pecado.

No pretendo con esto romantizar el pasado, en absoluto. En aquel momento, no te digo que había una lucha encarnizada, pero se hacía todo lo posible por tener la mayor cantidad de likes y, quien sacaba más en el mismo estado, ganaba. He visto capturas de pantalla con gente solicitando a otras personas likes, rogando por un Me Gusta, ese botón venenoso de este sitio del orto. La cantidad de cambios de foto de perfil en un mismo día. Los posteos, las firmas en muros ajenos. ¡Las frases de canciones con doble sentido! ¡Dios, qué enfermos de mierda!

🤦‍♂️

Estas prácticas probablemente hayan derivado de la lógica Windows Live Messenger, que la mierda esta, increíblemente, logró destronar. Créanme: nadie en 2009 sospechaba que Messenger, ni remotamente, iba a desaparecer (menos con el inbox de mierda que es y sigue siendo una poronga). Y cayó. En otros lares, Flogguer había terminado y Blogguer sólo era para frikis que disfruta(ba)mos de escribir. ¿Querés saber qué es el avance de la tecnología? El comprobar que tu vida perece al ritmo de la tecnología con la que te identificás.

No estoy muy seguro de a qué conclusión me lleva esto. Es un arma de doble filo de la que te podés desprender, pero en un mundo capitalmente imperialista de poderes ultraconcentrados, quién sabe qué tan buen o mal sea descartar un elemento por el que pasan tantos factores, tanta realidad -nos guste o no- a la deriva con otras telarañas (Instagram, Twitter, Tik Tok). Nos quedamos con FB porque asumo que más vale malo conocido que bueno conocer (¡la definitiva tóxica relación!), aunque no. Nos conocemos mucho para ser tan pocos y cada vez menos, visto el éxodo etario que hace años sufre la Cía. Estamos ahí porque las cosas pasan acá, del otro lado de la pantalla. Luego, en todo caso, pasan allá, donde hay árboles y pavimento. Y seguirá así hasta que un día, de mala gana, obligado o no, el monstruo se despierte sin ganas de nada, decidido a cagarse en su historia y cierre la primer y única cuenta que siempre (le) importó: la suya.

miércoles, 5 de agosto de 2020

Salsa!

    No porque esté totaaalmente en desacuerdo peeeero quiero señalar un pequeño efecto contraproducente en el típico discurso de manualidades "súper-fáciles, sencillísimas y en 5 minutos": la tremenda frustración que ocurre al fallar. 
    Lo traigo a colación pues el otro día estaba intentando cocinar algo muy simple (tan simple que me da vergüenza decirlo) y fallé estrepitosamente. Fue tal la amargura y el enfado que sentí que ese día directamente no almorcé. Llegué a dudar de la exactitud de nuestros vasos medidores -en los que ya he cocinado, dicho sea de paso.
    Digo, yo sé que en el fondo el problema es mío: la persona que explicó esto por YouTube lo hizo de una manera clara y -si bien no recuerdo exactamente ya- creo haber seguido los pasos tal cual. El tema es que no importa qué tan fácil o difícil sea la tarea a realizar: vos siempre podés ofrecerme una puerta muy grande para el "éxito" de cualquier cosa, sea ínfima o enorme. Ahora bien, si esa puerta tan grande es de vidrio, no importa: si no me avisás que existe, me voy a dar la ñata contra ella igual, quiera o no. No estaría mal, entonces, dejar notado que aun en estos casos un tropezón puede pasar. Más fácil parece subir, más duro es verse caer.
    Entiendo que es lo menos marketinero del mundo, pero no sé si suple el riesgo de que alguien que pretendía hacer algo, por frustrado que esté, no lo vuelva a intentar: en ese caso, es una reproducción menos en un video de un canal de YT, elemento clave para quien vive de esa plataforma. Yo ya sé que lo voy a reintentar, sí, pero hay quien estoy seguro de que no. Y esto es grave pensando en todos los campos a los que esa actitud se puede diseminar (volviendo al ejemplo youtubero, todos los videos y canales que no se van a reproducir ni seguir y todas las nuevas cosas que mucha gente no va a descubrirse haciendo -lo que vueeelve a ser menos plata para quienes de ello viven). Iluminar algo con tanta luz no sólo provoca más sombra -en quien es iluminado- sino que, en muchos casos, ciega. Es una metáfora horrible, pero lo que trato de decir es: no estaría de más que al final cada video, aunque sea, alguien se ocupe de poner un cartel y diga: "Che, si no les sale, está todo bien igual".

sábado, 25 de julio de 2020

Estado de Poesía

          Primer año de la Secundaria: una nefasta profesora de Castellano nos hace pasar al frente y, como tarea, recitar un poema a elección de memoria delante de la clase, como si estuviéramos en los años '50. Nosotrxs, que tenemos 13 años y nos conocemos hace 6 meses, nunca jamás leímos uno ni de papel en esa circunstancia. No hay uno que no pase y se sienta humillado. Una compañera se toma el laburo de traducir y traer "Friday, I'm in Love", de The Cure. La devolución, me acuerdo como si fuese hoy, es: "Tampoco es que lo tradujo Cortázar".
          Tercer año de la Secundaria: una profesora de Literatura, más nefasta aun que la anterior, nos da una serie de poemas a leer en un cuadernillo junto con una serie de recursos poéticos para explicarlos y otros poemas más que ejemplifican los mismos. El análisis literario, entonces, se vuelve una disección del texto -como si fuese un cuerpo muerto- donde hay que encontrar los recursos que usó lx autorx para llegar al efecto estético. Los poemas son bloques de recursos puestos como ladrillos y la arquitectura final va en una sola dirección. El trabajo se vuelve un dificultoso desarme de esa construcción y, para los menos avezados en las letras, una adivinanza. "A ver, ¿qué recurso usó el autor acá? ¿¿Y por qué?? ¿¿Y qué quiso decir??", parecen susurrar las consignas con voz para niñxs. Lxs autores, entonces, pasan a ser unxs petulantes narcisistas que juegan al misterio y donde no los entendés queda en el aire la sensación de que "no te da", como un boludeo fino. Los tipos, entonces, escriben entre ellos, para ellos, y de una manera que saben que la gilada no los puede correr porque la emoción -por lo menos a esa edad- es que aun la poesía es "para algunos", "para unos pocos". Ojo, hay otras interpretaciones, eh, son válidas, se aceptan, pero siempre justificando de manera adecuada. Y la "adecuación", eso sí, parte y termina en el criterio de ellos, los profes. En un tiempo acotado, cuando hay evaluación. 
           En todo este tiempo, nunca, pero JAMÁS de los jamases, se nos pregunta qué pensamos respecto al poema, o qué nos genera, o cómo lo percibimos, cómo lo sentimos. Si lo escrito lo hubiésemos expresado de otra manera, si esa manera es la adecuada... 
           Primer año de la Licenciatura: un compañero, que luego será mi amigo, cuando le comento que hago poesía oral en vivo fin de semana por medio, me contesta: "Ah, yo no entiendo poesía". Pero no me lo dice despectivamente, eh, ni mirándome en menos. Lo dice como reconociendo una limitación, como diciendo "va más allá de mi alcance". Extraño, pues sospecho -y luego confirmaré- que este muchacho era y es muy inteligente. 
           La poesía -sobre todo la poesía escrita- suele ser vista, primero, con mucho desinterés. Luego, con mucho prejuicio, por lo mismo que acabo de contar. Y es una lástima pues puede ser una herramienta o un canal tan útil, una forma de expresión tan abierta que mostrarla y enseñarla de esa manera todo lo que genera es un efecto contraproducente. No digo que introducirnos a tan maravilloso género esté mal (al contrario) pero, ahora bien, pretender por ejemplo empatar las subjetividades de un par de infantes apenas en expansión... es riesgoso. Innecesariamente riesgoso. Pareciera casi una implantación de dichas subjetividades. "Esto es lo que hay que sentir", "esto es lo que hay que interpretar". La cosa no funciona así.
            No voy a explayarme mucho más pues no tengo mucho más que decir. Probé cerrar este texto de muchas maneras distintas pero ninguna me convencía. Mi único deseo es que, si alguien tuvo una repulsiva entrada a ese mundo, ojalá se dé una segunda oportunidad. Y, si por algún motivo, alguien que va a enseñar literatura está leyendo esto, tenga cuidado a la hora de ofrecer las primeras plantas a sus próximos alumnxs. Pocas cosas peores que el que te alejen de aquello que no sabés cuánto bien te puede hacer.

domingo, 2 de febrero de 2020

Disco, Baby Disco III/Ten Years Gone III

(Este posteo debió haber salido en Septiembre del año pasado pero hubo olvidos de por medio)

Un poco tarde pero el año pasado se cumplieron 10 años de no descargarme música. Lo decidí de sopetón, me acuerdo, mientras miraba la pantalla del Ares. Y empecé a comprarme discos como única fuente de ingreso musical. La radio ayudaba lo que podía. 
En realidad, era más por el tema de sentir que les estaba robando a mis artistas preferidxs si hacía eso que otra cosa. Un romanticismo que veía en lo "ilegal" una traición. Faltaba un rato para que me enterara que el trato con las discográficas dejaba más plata a la empresa que al artista -aunque ya lo sospechara. Una vez, de hecho, en 4° año, le pregunté a un profesor de derecho si había alguna posibilidad de iniciar una acción legal para ayudar en ese aspecto. ¡Sí, así de gorra! ¡Jaja! Y pensar que la ley S.O.P.A. recién se popularizó en 2012. Un visionario. Pero que se entienda: creía que el músico perdía mucho más con eso de por medio. Ni a palos me imaginaba que ellos lo tomarían como un elemento de pura difusión gratuita para arrastrar a más gente a sus shows, como finalmente sucedió. Inventé un mail y todo para gente que se quisiese encargar del asunto conmigo (está aquí en el blog sugerido y todo): al-rescate-del-rock@googlegroups.com. Creo que todavía funciona. 
Sólo quería que el resto lo viese (a los discos, al artista) como los veía yo: como una pequeña obra de arte. Hoy por hoy, la tecnología cambia y así los modos de escuchar. Pero es una lástima que aun así, por ejemplo, traperos o reggaetoneros no se animen a sacar discos en formato físico. Entiendo que ya casi no hay soportes para reproducirlos, pero también es una pérdida de oportunidad para sumar más material a su placa, de hacer algo más artístico aún. Sí, todo es industria: pero no estoy en posición de juzgar a nadie que publique material pues, lo banque o no, jamás puedo saber cómo va a desarrollarse su camino artístico a medida que pase el tiempo. Ya hacer un género en particular no es garantía de nada, ni en cuestiones materiales ni artísticas misma. Entonces, con el apoyo discográfico no se pierde nada intentando un poco más allá. Quién sabe si esto lo decidirán lxs artistas o no -yo supongo que no. A las disqueras quizá no les interese ahondar en eso. O sí, y el público con los años ha mostrado su desinterés. O cómo lo han desinteresado. Cambia la industria, cambia el consumo. Y viceversa. 
En fin, 10 años de escuchar música de una manera que prefiero por sobre otras (excepto vinilo, que nunca tuve), por calidad sonora y por el tiempo que implica escucharla. Hay decisiones estéticas tomadas alrededor de unos 40' promedio estipulados para un material ser oído. Una determinada manera de componer, de armar, de pensar un disco en base a disposiciones tecnológicas de la época. Y me cabe. Es una manera de entender el oído y la escucha de un tiempo (y los CDs/LPs dobles, la ambición de dicha banda o artista). No sé si me conformo con eso, tampoco. De una escucha individual "limitada" a una ilimitada mi única duda es si escuchamos "como corresponde" o solamente oímos. El incorporar música a razón de los discos que me compro (que son muy pocos, vista mi permanente situación económica) me dio y me da tiempo de apreciación y de re-escucha de aquello que quiero y poseo, y por eso no me canso ni me apuro: porque me permite -aun con cierta trampa- sorprenderme. Tal vez en eso viva la sorpresa, al fin y al cabo: en una imprecisa aritmética que sume tiempo y silencio.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Lo Que Vendrá III

En poco menos de un mes, Lxs Hijxs de los '90 empezaremos a cumplir 30 años. 
Destaco esto porque, dicen, esa es la edad -y hasta los 45- que tu generación comienza a tener el dominio de las cosas, el control de la situación. Cuando alcanzó la "madurez" tal como para tomar decisiones que cambien o fijen el rumbo. O lo designen, al menos. 

Es extraño el panorama que nos tocó: una gran mayoría atascada en el millenialismo y otra franja pequeña en el centennialismo según el estudio. Caímos en una época donde ya la tendencia a estirar hasta el ridículo la juventud está cada vez más anclada mientras más productos y nostalgia se construyen en base a eso -en el medio, se nos cae el pelo o nos salen canas más rápido-.
Fuimos criadxs bajo el cuento -TODXS- de que somos "especiales" (y por eso hay que entender unicxs. Y no como conjunto, sino cada unx superior a lxs demás) mientras la paja mental del menematto y los dibujos animados más la constante renovación de todas las plataformas de videojuegos nos sacaron un poco de la vereda o la plaza aunque más tarde las hayamos recuperado. Llegamos justo cuando la tecnología se volvía de bolsillo aunque los límites de su revolución aun están en el horizonte. Nos llevamos bien, pero nada quita que otra vuelta de tuerca nos deje chatos frente a lo que venga -a diferencia de quienes nos suceden, que son expertxs.
Crecimos en el medio de fuertes crisis socio-económicas, pero así como la ola vino también se fue y hubo una renovación en la confianza hacia la política que celebro. De no ser por la conciencia social trabajada hace unos años atrás, quién sabe qué podría haber pasado en estas tierras en el actual panorama. 
La cuarta ola -inesperada hace unos 4 años atrás- ya abandonó su adolescencia blanquinegra entendiendo que hay muchos feminismos dentro del feminismo y su amperímetro puede movernos hacia una cultura con otro pensamiento y comportamiento (no lo veremos hasta dentro de unos años). Ojo: donde se modifica la cultura, se puede modificar la economía.

Somos un grupo de personas que vieron crecer las redes sociales en el medio de su adolescencia, lo que llevó a una gran confusión entre las nociones de ego, autoestima, sobreexposición y soledad. Lo mismo la manera de construir vínculos en su interna, que creció a velocidades inimaginadas (mi costado más optimista me sopla que eventualmente sabremos manejar muy bien a futuro cualquier situación comunicativa VISTA el tremendo fogueo que tuvimos). 
A eso se le suma la capacidad de, hipercomunicadxs, acceder a casi cualquier información que querramos. Estamos hiperprofesionalizadxs en un mundo con poderes cada vez más concentrados, brechas más amplias, empleos menos, menos plata y polarizaciones que no le hacen bien a nadie.

Quería marcar eso para desembocar en lo que creo el peor signo de nuestro/s tiempo/s: la ANSIEDAD. Es tremendo lo que marcan las estadísticas respecto a los sentimientos de soledad en el mundo y, la verdad, les doy la razón. No sólo sentimos que nadie nos escucha, que menos nos valoran, sino que al mismo tiempo vemos en esas mismas redes sociales que todxs compartimos la misma sensación y sin embargo no nos podemos ayudar ni sabemos cómo resolverlo (y menos somos tan inteligentes como para dejar esas prácticas venenosas de lado entre nosotrxs). Pero aquí el que no repite la fórmula para zafar, cae. 
Tampoco tenemos la más mínima idea de para dónde ir porque no hay futuro en ningún lado. Las formas de adaptarse siguen siendo las tradicionales, nadie en el medio local se anima a dar el salto (la economía tampoco acompaña), quienes las saben y manejan son pocxs y lxs que las descubren son de casualidad. Florecimos, aquí, en la sociedad con más psicólogxs per cápita del mundo. Hemos tenido una facilidad al acceso de drogas recreativas que asusta y la onda cultural (la música, sobre todo) ayudó poco o nada. La exponenció, a lo sumo. Se ve que nuestra ansiedad y depresión -también- son un gran negocio. 

Conscientes de un mundo globalizado, causas como el medio ambiente y el vegetarianismo son grandes y pisan fuerte pero les falta un montón para concretarse. Quizá seamos un puente -como buen fin de siglo- hacia quienes cierren cuentas por nosotrxs -una lástima, siempre me gustó ser protagonista. 
No sé qué esperar, sinceramente. Hay tantos motivos para ilusionarse como para deprimirse. Por lo pronto, si bien los extremos no son buenos, la ambigüedad de ciertos grises líquidos tampoco está ayudando demasiado.

sábado, 26 de octubre de 2019

Say No More V/ Ten Years Gone II

[Esta es una crónica por los 10 años del Concierto Subacuático. La original, más puber y niñata, también publicada en este blog en su momento, puede verse aquí]

Esto fue más o menos así: lo que primero costó conseguir fueron las entradas. Como no sabía comprarlas, porque nunca lo había hecho (no sabía si era presencial, con tarjeta, dónde o cuándo hacerlo), le pregunté a Ale Henestroza si podía hacerlo por mí -ya que toda su familia iba a ir- para luego pagársela. Aceptó y, faltando una semana, las entradas ya estaban en su poder.

En el medio caían notas desde el exterior donde se daban detalles de gira regreso con pasos previos por Perú y Chile para desembarcar finalmente en Vélez Sársfield para 58° cumpleaños el 23 de Octubre. Las críticas eran buenas o querían ser buenas -lo único que se anhelaba al fin y al cabo era verlo bien y de vuelta de ese infierno de 2007. Un amague se produjo en Luján unas semanas antes, enfrente de la Basílica, con un showcito improvisado de un momento para el otro. No alcanzaba. Hacía unas semanas también había empezado a rotar "Deberías Saber Por qué" en las radios y en la tele, un tema que no pegó pero cuyo video dejaba ver que estaba presente. Gordo e inflado pero VIVO (algunxs bobxs todavía preferían a ese flacucho que se suicidaba en directo). No alcanzaba.


Pero, a falta de un día, el compañero me comunica que no va a poder darme la entrada. Resultaban dos cosas: la primera, él era del turno mañana y yo de la tarde, o sea que entre horario de entrada y salida de cada uno -y nosécuántos pibxs más- era difícil coordinar. Eran épocas de Messenger y mensajes de texto. Si bien era fácil comunicarse, no era tan fácil como ahora. Los mensajes de Windows Live también podía pasarse por alto (WhatsApp no inventó nada). Lo segundo fue que, como al compañero no le iba bien en la cursada, su madre había decidido revender todas las entradas como castigo, incluida la mía. Sí, increíble.


Creo que me enteré de esto por chat, a la noche, y tendría la cara muy desinflada porque en la cena inmediata mi vieja me preguntó qué me pasaba y yo lo conté como al pasar, esperando nada, porque nada se me ocurría esperar (casi no la cuento -ja-, casi digo "no pasa nada" porque en mi cabeza las entradas ya habían volado a la mierda). Yo esperaba una respuesta del estilo "uy, qué paja. Bueno..., ya fue" de su momento. ¡Pero no! En un inesperado giro de los acontecimientos, en uno de los mejores plot twist de mi vida, mi vieja INDIGNADA -porque esa es la palabra- me dice: "No, no, vos vas a conseguir esas entradas". Yo me quedo como "Bueno, está bien... (?)" mirando para todos lados con los ojos abiertos sin saber muy bien qué hacer. Y con toda la seriedad de un adulto, con toda la vehemencia de mami, la señora movió hilos y mi viejo fue al otro día a buscarme la entrada. En ese momento, papá laburaba a 3 cuadras de mi escuela, así que a la mañana pasó a comprarlo y a las 6 de la tarde de ese mismo Viernes me entregó el bendito ticket.


Pero quedaba una aventura más: la del acompañante. Saber con quién iba a ir también es algo que me había encargado de resolver con antelación. También por sugerencia de Madre, había mensajeado a Fla Fiorio, que sabía que iba a ir Seba El Base Pasarín. Hoy con la compañera me une un oficio y con el compañero la militancia en una organización política, pero en ese momento nuestros planetas orbitaban distantes en el Sistema Solar de la Sexta. Winners y Losers nacemos de lados diferentes de la vida y los mismos tratos tenemos, y yo no estuve, no estoy, ni estaré de lado de los primeros. Entonces ya comulgar desde el escalafón social era algo que me daba bastante vergüenza, sentía que iba a incomodar en el ambiente, como cortando la fiesta. El que tiene que estar porque bueno, no queda otra vs. los que siempre sabemos que van a estar y queremos que estén. Pero por supuesto, cortando a todos los fantasmas de mi cabeza, fui bienvenido a acompañar (más tarde nos enteramos que Lau Fiasche también estuvo, gracias al Google-group de la división. Hoy lxs tres forman un estrecho círculo amistoso) 


Hubo sí un problema que me veía venir y quise evitar a toda costa: el cuándo estar dónde. El plan inicial era ir del colegio directo todxs a casa de Fla. Pero las cosas iban a variar, por supuesto: el Base pasaría primero por su choza a pegarse un duchazo y Flavia ya se había marchado a su rancho antes de decirme cómo llegar (yo tampoco le iba a estar atrás). El Base pegó entonces un telefonazo, me anotó la dirección en un papel y le avisó que yo ya estaba yendo para allá. Serían las 6 y media y el recital arrancaba como a las 9, pero porlas... Me fui en el subte con él, Dani y el Gordo, que me dieron indicaciones precisas para llegar más rápido. El metro fue y vino veloz, en la esquina donde me bajé cayó el bondi, cuya parada me dejaba a una cuadra del destino final, donde correctamente descendí. Hasta ahí, 10 puntos.


Y acá..., bueno, calculo que las cosas dan más bronca cuanto mejor pretenden hacerse. Porque cuando llego, en la dirección indicada hay... un garage. Ok, no era por ser prejuicioso, pero jamás había escuchado que Flavia viviese arriba de un estacionamiento. Para colmo, había tres timbres. Toco el primero: nada. El segundo, nada. El tercero, lo mismo. Vuelvo a tocar el primero. Nadie contestaba. Se había hecho de noche y yo no había sabido llegar a donde me habían indicado. Ellas no iban a salir hasta que yo llegara. O sí, en una de esas decían "ya fue, el recital arranca" y se iban a la mierda. Total, la responsabilidad de llegar era la mía, no suya. Y por ahí no se acuerdan, pero así como hoy se acaban los datos, antes se acababa el crédito y NO HAY TUTÍA, si te quedabas sin crédito, cagabas, no podías llamar ni que te llamen ni mensaje ni una mierda. Las recargas automáticas llegaron mucho después. Y yo -no importa cuándo leas esto- estaba sin crédito Y SIN UN MANGO. No podía comprar tarjeta.


Empecé a tocar timbres en casas aledañas: "Hola, ¿esta es la casa de Flavia?" "No" "Mmh, ok, gracias". Pregunté en una y ninguna más porque me daba mucha vergüenza. Pasaba el tiempo y yo sin saber qué hacer divagaba por ahí. En el garage no había nadie. Se me ocurrió ir al kiosco de la esquina, que fue más deprimente aun: de pedo si había dos caramelos y tres puchos. Pero había cabina telefónica. Pagué con monedas. Llamé a mi viejo, que tenía auto, y le expliqué la situación:


- ¡¡Sos un pelotudo!! ¡¡Siempre lo mismo!! -blábláblá otra sarasa de insultos- Bueno, quedate ahí que te busco y te llevo. 


Estaba desalmado. Desanimado, decepcionado. Apelmazado con la situación. No entendía nada. Yo había hecho todo bien, quietito en mi lugar, sin molestar a nadie, había seguido las instrucciones respetado las indicaciones y ahora tenía que esperar hasta quién sabe qué hora y perderme quién sabía cuánto de recital porque NO SABÍA QUÉ CARAJO había salido mal ¡no merecía eso! ¡¡No, en absoluto!! ¡¿Por qué a mí?! ¡¿Qué mierda hice mal?! Y sin embargo, ahí estaba yo: triste, solitario y final, sentado en la esquina pensando cómo fui tan gil cuando escucho de la nada a mi derecha:+


- Hooooooola


Giro.

La compañera.

 - ¡Hola! - dije con esa voz agudita que me sale cuando estoy sorprendido.


Y qué hacés, cómo estás, dónde vivís, etcétera y efectivamente la compañera vivía ahí cerquita en una casa común y corriente -ya me veía subiendo las escaleras de un estacionamiento- por lo que traté de ver qué había fallado. Y, a ver, ¿cómo lo explico? Imaginen el número '3' con su "estante superior" dibujado de una forma tan pero tan chiquitita que parece un '5'. Adjunto una imagen debajo porque sino no se va a entender. Es más fácil verlo que explicarlo. Entonces si, por ejemplo, la casa quedaba al 33, esto me había mandado al 53. O sea, 20 números más adelante. No iba a llegar jamás. Y no es que no haya chequeado el papelito miles de veces, pero posta no se entendía nada, además de estar todo muy oscuro. No había llegado no por mi culpa, sino por un puto papel mal escrito en el apuro. Se pueden imaginar la bronca. Para colmo, lo primero que escucho ni bien entro a la casa es un "Síiii, Patri, quedate tranquila que acá llegó, no hay problema" de la madre de Fla hablando con la mía. No quiero imaginar lo que era el infierno del otro lado del teléfono. 


Al recital fuimos Fla, su hermana, una amiga de ella, el Base y yo. Nos llevaron en auto y al salir creo haber visto el coche de mi viejo en aquella bendita esquina. En fin, no importa. Recogimos al Base en Balvanera y ni bien se sube le pregunto si tenía problemas con su letra. "Sí, mi caligrafía no es muy buena que digamos", me dice. Y yo no soy católico pero me mandé un rosario de puteadas. Por dentro.


Ni bien bajamos nos encontramos con una amiga de ellas en la fila y, como si fuésemos mejores amigxs de toda la vida, nos quedamos ahí. Menos mal, porque la fila se extendía hasta el infinito. Y no se movía, eh, no se movía un carajo hasta que se empiezan a escuchar los primeros acordes d' El Amor Espera y la hilera se transforma de un momento para otro en un tren humano con la locomotora a vapor funcionando a todo motor sin parar. ¡Dale, Bukka!, me gritaban para que me apure. Íbamos encadenadxs corriendo y yo nunca fui rápido. Ni me acuerdo si me revisaron, pero tengo la imagen acá presente de estar entrando a Vélez con toda la marea de gente ya presente gritando y bailando Rap del Exilio y las torres de sonido y las lianas de tela con lo poco que la tormenta dejó preparar a Pichón Baldirú de la puesta en escena. 


Obvio que nos perdimos ni bien dimos dos pasos, pero bueno. Llegué y me fui lo más adelante posible, no sé por qué. Supongo que por la fantasía quinceañera de estar más cerca del ídolo. Con lluvia y anteojos no lo iba a ver bien ni tampoco escuchar mejor, pero no me di cuenta de eso en su momento ni me importaba. No me importaba nada. Quería ver eso, saber cómo era, cómo era eso de los recitales masivos y encuentros esporádicos tremendos y coserme a la memoria uno de los -esperaba yo- mejores momentos de mi vida. Cosechar adolescencia para sembrar alegría. Ya tenía experiencia en campo (Virus, Cerati; 2007) y estadio (Los Fabulosos Cadillacs; 2008) pero nunca las dos cosas conjugadas. Y allí estaba yo, rodeado de unxs hermosxs extrañxs entonando a coro con los brazos en alto No sooooooy un extraño. Ni bien escuché su voz pensé: 'Ufff'. Sí, no iba a ser la voz de Serú Girán -aunque luego haya tocado Llorando en el Espejo ("Una de los viejos tiempos", diría). Y así y todo ahí estaba el loco: cantando, gesticulando, de frac o de punta en blanco con un poncho homenaje a la Negra Sosa, su madrina musical, partida hacía menos de 20 días. "Voy a presentar a la Banda Say No More -arranca la intro de Yendo de la Cama al Living-: Fabián Quintieros, electrónica; ¡Tonio! en la batería; en bajo, Carlitos. En las guitarras, el Negro López y Kiuge. Y la princesa Hilda" da la bienvenida a la troupe -troupe que en realidad son sus amigxs: es una zapada con lxs pibxs en el Estadio de Liniers en vez del comedor de casa. "Ustedes son la otra Banda Say No More", agrega, como si hiciera falta. "Oh-lé-léOh-lá-láSi esto no es aguante,/ el aguante, ¡¿dónde está?!" contesta la masa enardecida. El Aguante, qué irónico. El único disco de donde no sacó temas. De todos los demás, sí. Incluso su proyectos colaborativos: Hablando a tu Corazón, Pasajera en Trance y...


Voy a presentar -dice- a mi ídolo y maestro -y extiende esa mano larga, interminable-: el señor... Luis Alberto Spinetta" y el delirio del público. Ya todxs sabíamos que se veía Rezo por Vos pero la alegría aun así era inconmensurable: los 2 pilares del Rock Argentino juntos en un escenario haciendo uno de los temas sino EL tema que reúne su genialidad conjunta para la horda desenfrenada. En los '80 les habían inventado una rivalidad entre ellxs. Hoy, nada más alejado.

Hay 2 momento que considero claves en esta canción, el absoluto epicentro de este show y encuentro: el primero es alrededor del minuto 02:11, cuando lo mira a Luis y cierra el puño cuando canta, interpretando, cantando, sintiendo esa canción, esa canción en ese puño. Esa potencia, esa fuerza, esa convicción, es ese estar ahí entregándose a toda la música que emana del ambiente en esos relámpagos junto a la magia de un público atronador, es ese "yo" pero también es "todxs nosotrxs", soy ese puño apretado de Charly García que grita "Y lo dejé todopor esta soledad". ¡¡Qué frase, por favor!!¡¡Y en qué momento!! Del show y de su vida, claro. El otro ocurre exactamente en el minuto 04:27, si lo buscan en YouTube, cuando el Flaco (que Charly redujo un poquito a coros) vuelve a cantar: "Rezo, rezo por vos" ahí, templante, definitivo, afinadísimo, como diciendo "acá estoy". Con esa tremenda remera de "Todos fuimos, todos somos, todos podemos ser" de Conduciendo a Conciencia. No hay vez que no escuche esa parte y no se me ponga la piel de gallina, me parece exquisito. Aun no se conocía la noticia de las Bandas Eternas (que sería mes y medio más tarde, mismo lugar) y esto fue un jocoso anticipo que repetirían más tarde el 4 de Diciembre. Lennon te bendiga, Flaco.

Y la lluvia. La lluvia sólo lo hizo más épico todavía. ¡CÓMO LLOVIÓ, LA CONCHA DE DIOS! La última vez que me mojé tanto fue aquella famosa ocasión en la que me metí a una pileta. Quisiera encontrar una metáfora que encaje con la situación y lo englobara todo. El agua, la gente, los ángeles, Dios, no sé, pero la verdad no puedo o no me sale. No puedo porque me excede. Quizás sí Charly pudo hacerlo ya en su momento cuando lo bautizó en vivo: "Este es el primer Concierto Sub-acuático del Mundo. Yo quería hacer música abajo del agua, ¿no? Está buenísimo, gracias". Y, ¿qué querés que te diga? Sí, conozco el dato, pero la verdad estaba para decirle sí a cualquier cosa ese día. Esa noche.


Aunque si lo pienso bien, fue un milagro que nadie muriera electrocutado ese día. Tengo entendido que en aquella ocasión al Zorro Vön Quintiero se le quemaron 3 teclados. "¡¿Qué son, los indios ranqueles?!", preguntó Charly al ver el batallón de pianos eléctricos cubiertos con bolsas de consorcio. Pero ayudó también a que una generación entera, que nunca lo había visto en vivo, se maraville por primera vez con su genialidad auténtica: en el medio de Chipi chipi, el tipo tiró: "Y no te olvides nunca que...: siempre que llovió, paró". Ola de aplausos. E inmediatamente: "¡¡Say No More es impermeable!!". Gritos. Ovación. Qué maestro. Qué bien que estuvo. Fue tan espontáneo. Si se presta atención al audio se puede escuchar una pequeña risita de Hilda Lizarazu que delata perfecto que no estuvo guionado. Fue una ocurrencia sencillísima en el momento justo en el lugar indicado. Pareciera que le estamos aplaudiendo cualquier boludez, pero no. Por todo lo que conté antes, entre expectativa, debut y regreso, se necesitaba una dosis de humor, y se la dio. Estábamos, literalmente, en un cumpleaños. Charly García, señoras y señores. El mito haciéndose carne frente a los ojos y oídos del mundo. La risa y la frase se pueden ver y apreciar en el DVD homónimo que salió más tarde al respecto.


Allí también se puede contemplar la horrenda e innecesaria distancia que curtía el Campo VIP con el general, vallado. Increíble que en Argentina aun no hayamos mandado a la mierda el Campo VIP. El general había salido unos $120 que, en su momento, eran un dinero. "Tirá la valla/ la puta que te parióooo" fue otro de los hits de la hinchada. Curiosamente, en la producción audiovisual no se pueden apreciar ni Adela en el Carrousel, No Me Dejan Salir y No soy... De 'Estoy Verde' en particular, recuerdo una chica subida a hombros agitando una remera a más no poder, como si fuera el último día de su vida. Yo estaba buscando techito, no sé por qué de manera disimulada, debajo de los paraguas. Era como el vigésimo tema y, tengo que reconocerlo, tenía ganas de irme. Pensé en más de un momento mandarme a la tribuna. Tuve que retrocedes en el campo porque ya me habían robado la billetera y casi me pierden una zapatilla. Sí, perdí la virginidad recitalera.


Pero no hubo tormenta, lluvia o tifón que nos parara cuando, después de No Toquen, vimos que aun quedaba el último bis: No se va a Llamar mi Amor. Cuenta la leyenda que Charly ya había entrado a camarines cuando dijo: "Me aburro" y decidió salir a hacer este tema de manera espontánea, casi improvisándolo o zapándolo. La imagen de la multitud volviendo a las corridas a escuchar un tema que apenas si duró un ratito es hermosa. Porque había que estar ahí, no importara cómo ni cuándo. Era una batalla ganada. Los Aliados fuimos (somos) un protagonista más durante toda la noche, bancándonos la que viniera, cantándole el feliz cumpleaños al Mr. ("Bueno..., ¡un año menos!", tiró el hijo de p...) o el final de No Voy en Tren: mediaba la parte de "Yo soy de la Cruz del Sur" y al momento de "¡Soy el que cierra y apaga la luz!" todo el José Amalfitani quedó a oscuras y lxs músicxs en silencio. Pero nosotrxs, firmes como rulo de estatua, como emulando la mejor base del mundo, completando la canción a todo pulmón.


Afortunadamente habíamos quedado con mis colegas en una esquina para encontrarnos a la salida ("Bukka no se va a perder" me pareció escuchar después. Si supieran... No se enteraron mi aventura para llegar hasta hoy). Como el agua dale que te dale, me mandé abajo de un techito, fui el primero en llegar. El auto estacionó en la esquina contraria -pero no de mala leche, sino por falta de lugar- y el primero en verlo fue el Base, que desde allí me localizó y me hizo una seña para que viniera. Un grande: supe que el tipo no sólo logró saltar la valla del Campo VIP sino que además se encontró un brazalete Say No More trucho tirado por ahí. Así también, una grossa la madre de la compañera que tuvo la grandeza de llevarme hasta la puerta de mi casa siendo que yo no vivía cerca de allí y quedábanle aun entre 2 y 3 viajes más con 5 adolescentes empapándole el auto. Si está leyendo esto, que sepa que le agradezco. Pero finalmente llegué a mi casa sano y salvo lo más bien después de una jornada muy extensa habiendo pensado 2 veces que me perdía este flor de concierto. ¿Lo más irónico? Después de tanta agua debajo, encima y todos lados del puente, ni bien pisé mi casa... ¡me pegué una ducha!

lunes, 2 de septiembre de 2019

Say No More IV

-   - Yo milito desde el arte. Voy a las marchas.
La compañera lo fulminó con la mirada. Había escuchado, por enésima vez quizá, la misma excusa de la que se agarra más de un pibe para justificar su accionar. Un rato antes, y sin que nadie más interviniera, la compañera se lo había cruzado al compañero en el ascensor y le preguntó -recriminando- sobre su uso del pañuelo de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito atado a su mochila. Esto viene a cuenta de un viejísimo debate.
    El último martes se volvió a presentar, por octava vez consecutiva, el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), que congregó una multitud de personas en los alrededores del Congreso de la Nación. Se vio una enorme mayoría de mujeres y cuerpos gestantes encabezando la propuesta. Aunque también se vio una cierta cantidad de varones. Y ahí otro sub-debate se volvió a instalar: ¿deben ir los varones a las marchas feministas?
    En principio, ¿está “mal” estar a favor de la Ley IVE? No. Ahora, ¿está “mal” portar el pañuelo verde siendo varón cisheterosexual, blanco y de clase media? Ahí la respuesta es distinta.
    En realidad, para contestar esa pregunta hay que volver a la madre de todas las batallas: ¿cuál es el rol del varón en el feminismo? La premisa es compleja. Existen, se sabe, muchos feminismos dentro del feminismo. Es coherente, por ende, que haya muchos puntos de vista al respecto. Concretamente en lo que refiere a la militancia día a día, hay un acuerdo general sobre evitar comentarios, conductas y chistes machistas (por ideología propia, no para zafar), además de estar atento al respecto para alertar y/o no compartir contenido del estilo en redes sociales o WhatsApp. Eso sin contar el profundo proceso de deconstrucción personal que, en los papeles, ya debería pasar si es uno consecuente con su pensamiento.
    Pero, ¿y en la vía pública? En marchas o actos oficiales, la cuestión es diferente. Es harto conocida la postura de buena parte de los colectivos que no quieren ni prefieren presencias masculinas en los actos del 8 de marzo o 3 de junio, por ejemplo. Puede haber todas las buenas intenciones, pero teniendo en cuenta el contexto político-cultural en el que la sociedad se ha criado y estamos, el varón aun actúa bajo un contexto que lo favorece, y esa presencia bien puede interpretarse como una apropiación del lugar y circunstancia donde el grupo históricamente perjudicado se está expresando. El hijo del dueño de la fábrica no va a la marcha del sindicato. Eso sin contar que cualquier chica puede encontrarse con algún “machito rescatado” que en algún momento la haya violentado.
    Con el pañuelo ocurre la misma lógica: el reclamo por la legalización del aborto ha sido una bandera históricamente enarbolada por el colectivo de mujeres y transgénero (recordemos, octava vez que se presenta el proyecto). Es, entonces, entre imprudente y soberbio portar un reclamo que no había sido tomado hasta que no hubo una posesión pública y masiva. Ingresar en una lucha donde muchas se han encontrado (y con una intimidad que el colectivo varonil desconoce) es, por lo menos, invasivo.
    Espacios para rehabitar y reflexionar como masculinidades -y de ahí contribuir al feminismo- abundan: desde los talleres dictados por el colectivo de mujeres Mala Junta hasta el Encuentro Latinoamericano de Varones Antipatriarcales (que este año tendrá su octava edición, en Uruguay) donde también diversos talleristas apuntan a deconstruir el mandato masculino, también aportan a un cambio útil. El cambio de roles “tradicionales” también es una estrategia: para el último Encuentro Nacional de Mujeres, realizado el año pasado en Trelew, Chubut, la organización La Poderosa llevó a un par de muchachos para que se encargaran del orden, cocina y cuidado de bebés, a fin de que sus compañeras pudieran ir a todas las reuniones y la marcha general sin tener que ocuparse de algo extra. Dicha decisión fue votada y tomada en asamblea previa.
    Y en lo estrictamente particular, tomar por ejemplo lo que dicen Diana Broggi y Mariel Martínez Cabrera: que los varones busquen “feminizarse”. “Pensamos el feminizarse como el aprender otros patrones culturales y relacionales”, dicen en su Carta a los Varones Desorientados. Feminizarse como el aprender a ver cómo fue tomado el rol de la mujer en una relación y que se puede rescatar y/o modificar de eso a fin de hacerla más sana. Se suma otra voz: “El hombre no tiene que estar ahí para ayudar a las mujeres. No los necesitamos. Necesitamos de espacios separados, sí. Pero el hombre tiene que participar de la lucha contra el mandato de masculinidad por sí mismo, para defender su posibilidad de transformarse en un sujeto pacífico, en un sujeto feliz”. Esta brillante síntesis nace de la boca de Rita Segato, eminencia si las hay dentro del campo del feminismo moderno.
    Las compañeras ya han demostrado que no quieren ni necesitan de presencia varonil en sus filas para tirar abajo el patriarcado. Los “aliados” bien pueden contribuir haciéndose a un costado y ver qué tienen para decir las compañeras sin necesidad de explicar cómo hacer lo que ellas ya estaban construyendo cuando llegaron. Si al final “no están buscando” que los aplaudan o feliciten por un cambio (al fin y al cabo, lo que hay que hacer) no hay necesidad de remarcarse ni llamar la atención.
    A mediados de los años ’90, Charly García sacó un disco/consigna titulado Say No More, donde se desquitó de ciertas críticas y atacó la música desde un costado más experimental, partiendo de todo su background y buscando que nadie le diga cómo hacer algo que él ya sabía hacer. Si bien la traducción literal es “No digas más (nada)”, el concepto significaba, según sus propias palabras, “callate y escuchá”. Esto, salvando las distancias y protagonista, es exactamente lo mismo.

   [Texto originalmente pensado y escrito para una materia de la facultad que me di cuenta encajaba perfecto aquí]

domingo, 25 de agosto de 2019

Años VII

Hoy este blog cumple 10 años. Diez. 

No fue el primero (recordemos a Las Moiras Chamvres, a dúo con mi mejor amigo) pero sí el mío propio, el personal. La sensación y las ganas de decir cosas "importantes" era imperiosa en ese momento y el poder diferenciarme y establecer un límite entre lo que quería ser y lo que me parecía el mundo. También creía que mostrar una parte más "seria" ayudaría a que lxs demás me tomaran un poco en serio. Quería que se descubriera el "genio" que hay en mí (aclaro: esta expresión está hecha con palabras de la época).

Nunca había curtido fotolog porque me parecía la moda que finalmente fue. En MSN te podías comunicar con una sola persona, no daba hacer conversaciones conjuntas y no valía la pena publicar textos en conversaciones o pasarlos por archivo. Facebook aun estaba para boludeces. Faltaba un ratito para que más gente se lo tomara en serio. A Taringa! le tenía miedo (lo consideraba más freaki) y Tumblr nunca me interesó.
El puntapié para comenzar fue gracias a Maru Moretto Fraga, a quien le estaré eternamente agradecido. Maru escribía y escribe como el carajo. Siempre me pregunté de dónde sacaba ciertas imágenes, frases, elementos narrativos que a mí aun hoy y con toda la experiencia encima me siguen pareciendo inalcanzables. Qué prosa, qué poética. A lo largo y ancho de esta existencia se fueron sumando muchas más personas que hicieron respirar a este blog (Atenea, Jussy, Fideo Fassanelli, La Pelicana, Darío Martelotti, Agus Cotic, Jr., etc, etc...), a quienes agradezco un montón. Me ha encantado leerlos y charlarles y criticarlos y que me critiquen y mil cosas más. Este blog sumó muchos elogios. Realmente me creí 'alguien' en la vida de cierta gente. Creía que escribiendo por acá se podía llegar lejos.

Lamentablemente no pasó porque no sé promocionar ni hacer márketing de mis cosas y, además, nadie me sigue en lo que hago, ni mis amigxs. Correrla, entonces, se vuelve un poco más difícil. 
El primer subtítulo fue: "Un blog de Rock", en homenaje al subtítulo "Un programa de Rock" que llevaba el programa "Peter Capusotto y sus Videos", obligatorio para esa época (otro de mis agradecimientos va para Esteban). Esto luego evolucionó a "Tratando de poner los pies sobre la Tierra", porque mi viejo no se cansaba de repetirme en mi infancia: "Leandro, poné los pies sobre la tierra, bajá a tierra". Parece que yo estaba muy distraído en mi mundo y sólo decía/hablaba boludeces. Mucho tiempo más tarde me di cuenta que la realidad me aburre y me asusta y por eso prefería y prefiero mi mundo. Ojalá mi viejo predicara con el ejemplo. La estética rojinegra -que trajo más de un achique de ojos en lxs lectorxs- viene a cuenta de mi obsesión con el concepto "Say No More", de Charly García. Al día de hoy, no tengo ese disco.

En ese momento, me imaginaba escribiendo acá para siempre. Porque creía que los temas para hablar nunca se iban a acabar y siempre iba a tener algo para decir o quejarme y etcétera. Prontamente -en 2012- me di cuenta que los temas se repetían uno tras otro y hablar de una cosa era siempre hablar de lo mismo y me preocupaba. Y escribía que me preocupaba. Otras veces no posteaba porque había ciertas cuestiones cuya problemática desarrollada me parecía una vergüenza, por la falta de profundidad. Como con un contrato con mis lectores que no tenía (lxs lectores, no el contrato). La búsqueda a respuestas para ciertas preguntas han quedado la mayoría en el aire. Nunca llegaron; me las pregunto y me las sigo preguntando. Hay preguntas cuyas soluciones llegan en la falta de respuestas.

Acá publiqué mis primeros análisis de disco (los mismos que al día de hoy sigo encontrando únicos; nunca leí análisis como los míos, hablando únicamente de características de análisis) que luego derivaron en mi entrada en Rock N' Ball, donde aun sigo. Fue el lugar donde más profundice en escritura y periodismo, antes de convencerme que mi camino era el arte y, más precisamente, la música. Por acá pasaron tomas del Nacional Buenos Aires, recitales, lecturas de marchas, todo lo que yo considerase de rango como para postearse acá. Nunca publiqué nada "literario" porque sentía que no era el lugar. Eso lo dejé en Otras Palabras. 

No sé cuánto más voy a sostener el blog, lo cierto es que lo quiero mucho y no lo voy a dejar morir. Todavía siento que puede haber futurxs lectorxs a quienes el leer esto les interese. Incluso a mí, que a veces me encuentro con posteos y hasta con opiniones que no recuerdo. Pero en nombre de la vida y el amor a la vida escribir sigue siendo vivir así que hasta que no lo considere cerrado o no deje de pensar en él aunque sea momentáneamente, no acabará. Hasta siempre.

Say No More.

Un último dato de color: hoy cumple años mi abuela. La madrugada nocturna en la que creé el blog no me había percatado de la fecha. Y es hermoso pensar que un espacio tan querido surgió el mismo día que una de las personas que más apoyó mi amor a la lectura. Así que aguante vos, abu, y aguante escribir y leer por siempre. Feliz Cumpleaños 😊

jueves, 8 de agosto de 2019

Honestidad Brutal II

'Honestidad brutal' es aquel término con el que se suele tachar de desubicada o excesiva a la sincera honestidad con la que unx expresa realmente lo que quiere decir o siente. O sea, se condena a una verdad que busca ser dicha tal cual es, tal y como unx la siente. Unx que encima busca mostrar el respeto que siente por el otrx diciéndole las cosas tal cual cree que son, sin rasgos de hipocresía o eufemismos, es visto de manera violenta por lo que quiere expresar de forma genuina, legítima, sin filtros ni reparos

En otras palabras: sin tener en cuenta al otrx.

La violencia es real pero también es lineal. Eso es lo bueno y lo malo de la misma. Si es lineal no da lugar a grises (no da lugar a profundidad) y si es real es subjetivo (no es total). Y no lo digo por mera corrección política, al contrario. Soy bastante fan de esta llamada "honestidad brutal". Un cierto gusto por el costado más oculto de la gente me empuja a preferir situaciones verbal y emocionalmente violentas porque desnudan una parte del otrx que no se suele ver a diario. Ahí es donde aparece la novedad. Y no hace falta ser periodista o filántropx para verse maravilladx por algo nuevo delante de la máscara producida por quienes vemos a diario. Y si bien es cierto que jugar con estos matices da resultados muy interesantes -a veces-, también da paso a situaciones horribles donde tercerxs (lxs menos cínicxs en cuestión) sufren muchísimo más que el primero. Lo sé porque muchas veces me ha tocado ser ese primero. Pero esa sed de violencia simbólica e implícita no es algo que me aplauda. Es, de hecho, un problema, mío, personal, y me hago cargo. 

La pregunta del millón, entonces, es: si en una discusión o debate conviene siempre asentarse en una postura propia en pos de una independencia emocional mayor o acoplarse a la visión del otrx a fin de poder llegar a un resultado más decente. Y el rol de la honestidad brutal dependerá de la circunstancia en la que unx se halle, el evaluar si desenvolverla o no. Es cierto que muchas veces, si uno no dice las cosas como son (que, remarquemos, es una manera de decir "cómo las siente unx") se corre el riesgo de explotar -y eso escasamente ayuda. Bah, la catarsis generalmente afecta a aquellxs a quienes unx más quiere, porque es delante de ellxs que suele pasar. Y el estallar, producto de emociones no trabajadas en su debido momento, ya implica de antes una visión distorsionada de los acontecimientos. Unx cree que el otrx tiene la misma visión e interpretación de las cosas que unx, aun cuando no lo afectó de la misma manera. Si a esto se le suma la especulación o la imaginación sobre cómo podrían haber sido las cosas, más la ansiedad permanente, lo único en lo que puede desembocar es una redada falsa de hechos con emociones. Si encima esa explosión ocurre cerca de conocidxs, emulará la misma cadena imaginativa hacia el lado contrario (cada quien pensando o imaginando situaciones que no son ni pasaron). Se pierde la base real desde donde abordar la cuestión. 

Pero a veces está bueno estallar. Poco o mucho. Primero, para estar satisfecho con unx mismx (el sabor de la auto-honestidad es lindo) y segundo, para sacarse la mierda de encima. En estas explosiones, unx siente haber dicho toda la verdad, brutalmente honesta. Pero, aparte, haberla dicho de una manera implacable e inapelable. Lamentablemente o no, por lo mismo que dijimos antes, esto  es erróneo. El problema es creer que esa misma sensación de "satisfacción" que corre por unx también corre para lxs demás (al fin y al cabo, ¡¿qué puede ser mejor que decir la verdad tal y como unx la siente?!). Pero, como ya referimos, el encadenamiento al cual lleva esto puede acarrear cosas peores. No digo que explotar esté mal. Digo que no siempre es la mejor solución. 

La supuesta empatía que unx debiera tener va simplemente de acuerdo a la circunstancia en la que cada unx se encuentre. Con quién, en dónde, y tras qué historia mediante. Sin embargo, esto habrá -por supuesto- que desarrollarlo, en vista de que no existe una ganancia de experiencia de un día para el otro. Por eso conviene hacerlo con aquella gente cercana o amiga que mencionábamos antes. Ellxs, de serlo, tienen la cancha y la perspectiva sobre unx tal que pueden entenderle y trabajarle dicha comunicación*. Y luego, si dicho tratamiento -recíproco- funciona, habrá más perspectiva y distancia a la hora de discutir con idiotas o decir cosas importantes a gente de valor.

Siempre y cuando esas mismas amistades no sean las idiotas, ¿no?

*(si antes dijimos que sería perjudicial 'estallar' delante de las mismas y eso hacerles formular toda una base de teorías e interpretaciones que tampoco se corresponden con la realidad, no es porque puedan hacer una cosa y no la otra; es porque el hacer catarsis implica mucha información en muy poco tiempo y con poca posibilidad de hacer una perspectiva de largo alcance de un momento para el otro. Lo que se propone es trabajo progresivo versus trabajo en el momento)

domingo, 6 de mayo de 2018

Embryo

La hipocresía clasemedia y mediopelo argentina parece no tener fin. Pongamos la lupa un momento en el reclamo: se agarran de la posibilidad de que aquel feto que pueda/vaya a ser abortado no tendría la oportunidad de desarrollarse profesionalmente. Más precisamente, de ser ingeniero.
Dime de qué te quejas y te diré qué tan imbécil eres. Varias cosas al respecto: fijémonos en la cantidad de conceptos que se esconden detrás de esta imagen. En primer lugar, los padres una vez más diciendo/decidiendo qué tiene que ser el feto. Nunca consultar, nunca preguntar. Es que, claro, no se le puede preguntar, ¡porque simplemente no se puede! (¿Cómo o por qué YA sabría qué “quiere ser” en la vida siendo un feto?) Como no se le puede preguntar si quiere venir a la vida o no. Quién sabe, quizá habría muchxs que no querrían. No se sabe si la cobardía es hereditaria pero, ¿qué nos sorprendería si así fuera?
En segundo lugar, miren: “Quiero ser Ingeniero”. “Abogado”. “Médico”. Todas profesiones pensadas para ofrecer un servicio a un tercero -y generalmente a un precio alto, a uno que muchxs no pueden acceder. Esto es: nace y servime. Nacé para servirme. Nacé para mí. De la mano con lo anterior, el venir a la vida se reduce a la profesión laboral del futuro. A “qué quiero ser”. Mirada más mercantilista, imposible. Y eso, hasta donde sé, es egoísmo en estado puro. ¿No es extraño que ninguno diga “quiero ser campesina”? ¿“Quiero viajar por el mundo”? ¿“Quiero ser militante”? Lo que me da paso a lo siguiente:
Ingeniero. Abogado. Médico. Contador. Agente. ¿Notan algo en común aparte de lo mencionado? ¿No? Yo se los señalo: “Quiero ser músico”. “Quiero ser pintora”. “Quiero ser actriz”. “Bailarín”. “Escultora”. “Artista”.
Como siempre, el campo de las bellas artes mirado en menos. “Porque no es redituable”. “Porque no sirve”. “Porque es un gasto”. Curioso, porque el arte es la primera rama en actividad dedicado casi exclusivamente a “servir” a un tercero -si seguimos la lógica anterior. Si jugando de manera abstracta con los sentidos y, conmoviendo sentimientos (primero) apuntamos a hacer reflexionar la psiquis (segundo), estamos cubriendo todos los planos internos del ser humano (cada uno verá a dónde ramifica luego). O sea que, de última, esa participación que pretenden ni siquiera es activa, es pasiva. Nada doy, solo obtengo.
Y, por último, lo que más me rompe las pelotas: parece que la ignorancia y la memoria selectiva van de la mano. Porque no hay que tener ni 20 años para saber que, hace 20 años, la vox populi dictaba que “soy ingeniero, manejo un taxi”. O tengo un kiosco. Da igual. Si el Estado no invierte en trabajos que precisen de estos profesionales, menos lo van a venir a hacer empresas extranjeras porque, ¡oh, sorpresa!, les convienen tenerlos trabajando en su país matriz. No invertir en un país que no otorga seguridades -a menos que vengan a robar abiertamente. Argentina es un país cuya oferta de egresados en ciencias exactas es sustantivamente menor a la de ciencias sociales, humanísticas o artísticas. Y ahí está la clave del reclamo: lo colocan porque no saben cómo es. ‘Como no sé cómo es, sólo sé que es difícil, que lleva muchos años, que comprende áreas que ni yo ni casi nadie entiende -y de eso me agarro- pero es importante y pagan bien, lo pongo de ejemplo’. De cualquier otra profesión, pareciera, se puede hablar abiertamente (“Los docentes son todos vagos"/ "Los artistas son unos narcisistas de mierda todos”).
Si esta gente fuese coherente con su pensamiento, se hubiese horrorizado con los recortes de personal en el INTI o el CONICET. Pero no: prefieren tragarse la mierda que les vende Clarín. No se dan cuenta que el organismo que debiera fomentar la carrera de ingeniería, en todo caso, es el Estado. Y el organismo que debiera promover una Educación Sexual Integral (y Feminista), métodos de prevención y separarse de la Iglesia… también es el Estado.
Pero no: mejor guiarse por la comodidad del prejuicio. Porque el enano fascista no necesita sentirse bien gobernado, sólo tener a mano un aparato de poder que justifique su pensamiento.

lunes, 19 de marzo de 2018

Disco, baby, disco II

Esto quizá parezca un remake del primer posteo con el nombre en cuestión. No obstante, aquí va una segunda parte complementaria, más avanzada y profesional.

Me estalla el placard de remeras. Literalmente: el otro día tuve que empezar a usar un estante inhóspito porque al que estaban destinadas está llenísimo. Cosa curiosa: yo nunca compro ropa. La última vez que me compré una remera por mi cuenta fue en 2012. ¿Cómo se explica, entonces? Mi madre y la madre de mi madre, mi abuela, tienen una pequeeeeeña obsesión con que su hijonieto esté bien vestido y, cada vez que viajan a un lugar barato, traen ropa. Entiendo el gesto de amor; lamentablemente mi vestir me importa menos que la final de polo juvenil de Turkmenistán, si es que tal cosa existe. Y eso lo sabe cualquiera que me haya visto 2 veces en la vida, no importa la distancia entre las ocasiones. Si a eso lo agregamos que cuido muy bien mi ropa... bueno, sumen.

Una lástima, porque hay cosas que sí me gustaría tener. No soy una persona muy materialista que digamos, pero hay 3 cosas que disfruto mucho coleccionar: discos, libros y películas, en ese orden. Como no escucho música por Internet (ni Spotify, ni Deezer, apenas conocí Grooveshark y un poco YouTube), mi único ingreso musical son los recitales en vivo, la radio y los discos originales. Y es raro: me veo conociendo con más detalles a ciertos artistas que mucha gente con acceso libre a todas esas plataformas pudiendo escuchar lo que desea. La paradoja de la "libertad": más se puede, menos se hace (algunos).

Nos gustan los discos. Parece que no, pero sí. Me basta con ver la cara de mis amigos cada vez que vienen a casa y se enfrentan a mi colección ya que en muchos casos están viendo sus placas favoritas en formato físico por primera vez. La gran mayoría de gente los considera lisa y llanamente una pérdida de plata ya que "¿para qué te vas a gastar plata en comprarlo pudiendo escucharlo por Internet?". 
Bueno, si yo ya sospechaba que no eras sólo un cúmulo de canciones apretadas en un plástico, estudiar música no hizo más que confirmarlo. Con el disco compacto (o vinilo o cassette) se establece una relación física. Orgánica, diría el gran Alfredo Rosso. Es porque dentro de ellos sentimos la vida que allí circula. Están desde los que enfrentaron el formato tradicional cuadrado ['Artaud' (Pescado Rabioso), 'Colmena' (El Otro Yo), 'Civilización' (Los Piojos), 'Historias Perdidas' (El Bordo)] a los que armaron un concepto o una historia en vez de canciones sueltas ['Freak Out!' (Mothers of Invention), 'The Wall' (Pink Floyd), 'Luzbelito' (Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota), 'Kill Gil' (Charly García)], sin contar los libritos internos con las fechas, la tapa, el lomo, la contratapa, el orden de los temas y miles de otros detalles. Ni hablar si vienen en ediciones remasterizadas, deluxe, aniversario o box-set.

Por eso adjunto aquí, además, una charla que explicita bastante bien esto que quiero decir. Conservar el formato físico para que el arte no se pierda en el maremágnum de la información. Y si alguna vez que me querés hacer feliz, o un regalo, regalame un disco. Con cualquiera -literalmente cualquiera- estoy satisfecho. Te lo devolveré en forma de poema, abrazo, o algo mejor.

martes, 13 de febrero de 2018

El León



"Llegar a ser libre en la música y en todas las cosas es amar.
La imaginación abre los caminos de la Libertad, allí el Universo de la Música toca el Infinito
Por eso el Rock"
(Texto hallado en la contratapa del disco "El León", de Manal)

jueves, 14 de septiembre de 2017

Cruz Diablo!


El infierno de Luzbelito
es un espejo para nuestra vergüenza.
Somos hijos de multivioladores muertos.
Somos los hijos de puta que van a beber de sus aguas y, ya sabemos, los hijos de puta no descansan nunca.

ZIPPO

(Texto encontrado en el interior del disco "Luzbelito", de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota)