jueves, 11 de abril de 2013

Mejor No hablar de ciertas cosas

Tal vez parezca que este post va en contra de toda la filosofía de este blog, pero es en realidad un complemento. Generalmente opto por hablar de todo, por la sencilla razón de que no creo que haya tema que no merezca ser tocado, pero como sabemos ningún extremo es bueno.
Básicamente los temas que considero que "no se deben tocar" son aquellos que en realidad nos superan o no estamos conectados o no tenemos los suficientes conocimientos para hablar al respecto. O sea, los tocamos, pero no los tocamos todos.
Dos ejemplos: el primero que se me ocurre es el de la pena de muerte, más conocida como "el que mata tiene que morir". Este escrito, de hecho, fue inicialmente pensado para expresar mi opinión respecto a ese tema pero me detuve al pensar que 'dolor contra dolor no se puede combatir' y que no sé qué pasaría, si cambiaría la misma o no, en caso de que alguien cercano a mi sufriera algo como eso -esperemos que no. A lo que voy es que podría pasar que lo que pienso pudiera cambiar en caso de que algo así sucediera, y sacar conclusiones desde la bronca e impotencia podría nublar mi juicio. Por eso, a quienes -afortunadamente- no nos ocurrió una desgracia de ese tipo llamo a que nos callemos respecto a eso, porque al no estar en la piel de los que les pasó, seguramente no sabremos de qué carajo estamos hablando.
Otro caso es el tema del aborto: en este llamaría a silencio incluso a todos los varones, a lo sumo los únicos exentos en esto serían los médicos. Porque, a ver, los hombres no tenemos ni la menor idea de lo que es sufrir las menstruaciones, más tarde la menopausia, el llevar un pequeño humano (!) adentro de la panza 9 meses y un largo etcétera; con lo que creo que lo último que nos corresponde es opinar al respecto. Es obvio que fue necesario para que tal criatura se formara, pero en caso de representar algún peligro, sí creo que la mujer debería tener la última palabra. Ojo, estoy hablando de abortar en tanto "bien o mal" (rescato mucho las comillas), no del derecho a abortar con el que estoy completamente de acuerdo.
Insisto, no es que mande a callar para que no se escuchen otras voces, de hecho es para restar opiniones idiotas que no aportan nada esta idea. No significa que no haya gente con la cabeza suficientemente abierta como para tirar la solución acertada en ambos casos por más que no se relacione, pero la historia se cansó de mostrar que nunca ocupan los principales micrófonos. Por eso, frente a todo lo que no sabemos y otros sí, guardemos un respetuoso silencio.

jueves, 4 de abril de 2013

La Mosca y la Sopa


Tratando de lucirse, un chancho puede comer un jamón (siempre revelamos a lo que estamos sometidos).
La mosca está en la sopa... aceptémoslo.
Sentados a la mesa servida están  nuestros héroes. Esos tres bombones que creen que arman un gran cacao. Esos que han ganado reputación garcias a los papeles duros y los muñecos vudú de este sociedad espectáculo. 
El primero de los comensales rechaza de pleno el plato. El segundo quita la mosca del plato y toma la sopa. El tercero exprime la mosca dentro del plato hasta la última gotita y luego la come con fruición. 
Mientras tanto, lenta, muy lentamente, se les mete la muerte por donde los monos se meten la manzana. 
Queridos amigos, la franela no es como la gamuza. Puede que alguna de estas noches no nos encontremos aquí ya. Puede ser cualquiera de nosotros el que se va al pasado. Allí, un chimpancé viejito atiza el fogón.
Se llama Adán y es tu gran papito, ese mono que ríe, despacito, en la oscuridad.
Allí, y para siempre, aprendimos que ciertos fuegos no se encienden frotando dos palitos.

Texto encontrado en el interior del disco "La Mosca y la Sopa", de Patricio Rey y su Redonditos de Ricota

lunes, 1 de abril de 2013

Análisis de Discos V: Dark Side of the Moon [segunda parte]


Sin dar más vueltas, pasemos a las canciones. Ponemos el disco e inmediatamente comienza Speak to me [Háblame] y el latido de un corazón. Eso ya es clave, porque por más que el corazón vaya más lento que uno normal, ya está estableciendo un contacto natural y muy vivo con el oyente. Es un corazón que late, algo que cualquiera tiene si está con vida, y que se relaciona con el espectro y la línea verde que ayer mencionamos. Avanza la canción y nos vamos encontrando con voces, sonidos y efectos que aparecerán a lo largo del álbum. Las voces en particular, responden en suma a unas preguntas escritas en tarjetas por el propio Waters, cosa de ponerle más énfasis en el costado humano. Si bien arrancaban con algunas para romper el hielo, luego se complejizarán. Entre otras, figuraban: “¿Cuál es tu color favorito?” [What’s your favourite colour?], “¿Qué pensás del lado oscuro de la luna?” [What do you think of The Dark Side of the Moon?], “¿Le tenés miedo a la muerte?” [Are you afraid of dying?], ¿Cuándo fue la última vez que te pusiste violento [When were you last violent?] junto con ¿Estabas en lo correcto?/¿Tenías razón? [Were you in the right?], ¿Alguna vez pensaste que te estabas volviendo loco? [Do you ever think you’re going mad?] y “Si así fue, ¿porqué? [If so why?].
           
Es a partir de aquí que escuchamos respuestas tales como “He estado loco por muchos putos años, absolutamente años, he estado al borde por ‘yonks’. He estado trabajando mucho para bandas, creo. Caray…” [I’ve been mad for fucking years, absolutely years, I’ve been over the edge for yonks. Been working with bands so long, I think. Crikey...] ó “Siempre he estado loco, sé que he estado loco, como muchos de nosotros lo estamos. Es muy difícil de explicar porqué estás loco, incluso si no lo estás [I've always been mad, I know I've been mad, like the most of us are. It's very hard to explain why you're mad, even if you're not mad][1]. Lo que sería muy coherente es hacernos estas preguntas a nosotros mismos, si estamos locos, si somos, si no, qué es la locura o peor aun, qué es la normalidad.
            En el medio se cuelan risas diabólicas, cajas registradoras, sonidos de helicóptero, y gritos. Está bien, es lógico que alguien pida que le hablen en medio del estrés y la marabunta de todos esos sonidos. Buscar un par, un igual, alguien de quien tomar la mano y hablar el mismo idioma –si bien surgió del pedido en el estudio del experimentado productor de esta obra: Alan Parsons. Originalmente nadie iba a firmar esta canción, hasta que Mason mezcló los sonidos y se lo adjudicó. Dicho tema fue pensado como obertura y así funciona: anticipando lo que vendría.
Lo que se conecta inmediatamente es Breath (in the air) [Respiro (en el aire)], que constituyó un experimento para repetir la misma melodía en canciones consecutivas. Lo cierto es que la melodía se repite a lo largo del tema, pero va haciendo pequeñas pausas, cosa que esta también “respire”. Aunque bien podría tratar de todo lo que se respira en el ambiente: la locura del día a día, el estrés, la rutina, el correr sin cesar, la competencia, el egoísmo. Pero bien podría verse como un track que invita a tomarse un respiro, un momento, a pensar y reflexionar. Por más contradictoria que se presente la letra, lo que hace es mostrar las dos caras del mensaje: que el conejo cave un pozo y al terminar cave otro, abandonar a todos menos a quien te lo sugiere y elegir tu propio lugar, tuyo y de nadie más, que no te lo roben. Pero terminan apareciendo las lecciones de que todo lo que hagamos o no es nuestra vida, y podés estar en la cima de la ola transando con los demás, pero tené cuidado, porque también estás más cerca de la Muerte.
Como todas las letras son de Waters, aquí es donde comienzan a efluir sus ideas. Hasta hora balanceamos un instrumental y un vocal y el mensaje ya comienza a salir a la luz. Es cuestión de seguir escuchando para que los conceptos comiencen a cerrar.
De un salto vamos a On the Run [En carrera], construcción hecha a base de un tecleo en el VCS3. El VCS3 (Voltage Controlled Synthesizer 3 – Sintetizador de Voltage Controlado 3), como sus siglas lo indican, era una clase de sintetizador mediante el cual uno podía, con el teclado de la tapa, programar una melodía y modularla en volumen y rapidez según su antojo. Eso fue exactamente lo que pasó: para ‘Live at Pompeii’ ya había algo hecho, que Gilmour trató incluso de mejorar. Pero llegó el bajista, no le gustó, lo cambió y así quedó.
            La referencia de la canción atiende claramente la paranoia por el día a día que cada uno vive, el desconfiar del otro y más de una vez creer que nos están persiguiendo. Así también, enfoca en lo que es estar constantemente de gira, no perder los aviones y llegar a tiempo a un lugar, algo que Pink Floyd conocía muy bien (se llegaron a contabilizaron más de 400 shows sólo en 1972). De ahí que suenen los pasos, las voces del megáfono del aeropuerto, los efectos de ida y vuelta que van de un parlante a otro y en el medio el corazón que irremediablemente sigue latiendo… También aborda el miedo a volar que la banda iba tomando a medida que viajaba –sobre todo Rick Wright – y finalmente a morir en un accidente aéreo… que es lo que se escucha al final. Cabe destacar que en el demo original se incluían autos de carrera, bocinas, efectos que se apagaban, muchas más corridas y no se incluía la explosión final. Al contrario, se agregó la voz que dice “Live for today, gone tomorrow… that’s me ja ja ja” [Vivir hoy, irse mañana, ese soy yo ja ja ja] lo que abre aun más la idea de vivir hoy como se pueda de la mejor manera posible, aunque suene un tanto macabra la risa final.
Lenta, lentamente se escuchan relojitos… Boom explota la apertura de Time [Tiempo] que parece gritar ‘¡despertate, reaccioná!’ porque el tiempo sigue girando, tu vida también, y nada lo va a detener. Grabada de una relojería y sacado de ‘The Travel Sequence’, esta intro es perfecta para el aire carpe diem [aprovecha el día] de la canción: es cierto que la vida parece larga y ‘bueno, ya habrá tiempo para hacer eso’, pero la verdad es que la vida se va y eso que estás esperando no va a pasar a menos que vos le pongas ganas. El alrededor va a seguir igual, el/la que se va a marchitar sos vos. Y ahí nomás, asomando, se cuela Breathe (reprise); y así como el reloj siempre al principio, la historia se repite y este disco vuelve a la primer canción vocal, en una pequeña reflexión acotándonos lo bueno que es estar sano y seguro en casa (rodeado de los que te quieren). Fue una lección de vida en un poco menos de 7 minutos, mientras se desarrolló un buen sonido guitarrístico – que en los demos originales no aparecían ni tampoco se conectaba con la próxima pieza clave, The Great Gig in the Sky [El gran show en el cielo].
Cuenta la leyenda que los muchachos le dijeron ‘pensá en la Muerte’. Ella desmenuzó su garganta, y mientras los otros 4 quedaban boquiabiertos por lo que oían, ella salió avergonzada del estudio y les dijo ‘Perdón chicos, canté mal’. Se fue y nunca más la volvieron a ver. Esa es la historia de cómo se grabó el orgásmico grito de Clare Torry para esta canción. Obra de Rick Wright, el mismo se encargaba de decir que estaba muy orgulloso de cómo la obra evolucionaba de un Si menor a un Si bemol y aun así encajaba. Sí, definitivamente fue una genial interpretación con aquellos alaridos desaforados, desesperados, pero también sutiles, delicados, casi siniestros; mientras se va armando ese diálogo entre el piano y la batería. La que iba a llamarse “The Mortality Sequence” [La secuencia mortal] y tuvo su nombre final de uno provisorio, claramente quedó mejor que con las escuchas de la radio que inicialmente tenía, y mejor aun con las voces que afirman “... y no tengo miedo a morir, en cualquier momento que pase, no importa. ¿Por qué debería asustarme? No hay razón para eso, en algún momento te tenés que ir” [And I am not frightened of dying, any time will do I don't mind. Why should I be frightened of dying, there's no reason for it you've got to go some time] y “Nunca dije que me diera miedo morir” [I never said I was frightened of Dying].
Comienza la cara B y comienza esa rarísima base armada en 7/8 (¿No es un poco parecida a ‘How many more times’, de Led Zeppelin?). Con sonidos de moneditas y cajas registradoras, fue compuesta en base a un cuenco de alfarería que la mujer del bajista tenía e ir tirando monedas allí. De ahí salió este himno anti-capitalista y anti-sistema que es Money [Dinero], una canción que describe hasta el detalle y la exageración lo que es el afán de comprar y comprar sin medir las consecuencias, pudiéndose llegar al ridículo de comprar un jet o un equipo de futbol – cosa que hoy lamentablemente sucede. Ah!, eso sí, todo por tener, nada para dar al prójimo. Evidentemente la letra mantiene vigencia porque esas cosas de la época para acá no han cambiado nada… y así le va al mundo. Saquen ustedes sus propias conclusiones.
            He aquí que aparecen por primera vez el saxo de Dick Parry y los testimonios que contestan “I certainly was in the right” [Ciertamente estaba en lo correcto] ó “I don’t know, I was very drunk at the time” [No sé, estaba muy borracho en su momento] contestando a las preguntas de las tarjetas antes mencionadas (¿Cuándo fue la última vez que te pusiste violento? ¿Estabas en lo correcto?).
            Curiosamente, esta pieza fue editada como single en los Estados Unidos alcanzando el puesto número 13 en las listas… Contradicciones de la vida.
Lo que sucede a continuación es a mi criterio la mejor canción del disco, que es Us and Them [Nosotros y ellos]. Con una de las letras más interesantes, la misma desarrolla el hecho mismo de las divisiones humanas a partir de un contraste inicial en el primer verso de cada estrofa. Este tema es algo que toca directamente a Waters, ya que su padre murió en la Batalla de Anzio, Italia, en la II Guerra Mundial cuando él tenía apenas 5 meses de vida. Entonces, es muy fuerte la parabólica descripción de cómo una pelea a gran o pequeña escala son sólo decisiones de pocas cabezas pensadas para tener más poder, en tanto que el pueblo es sólo unas fichas del tablero.
            En esta ocasión tanto guitarra como saxo cobran un papel central en la canción, permitiéndose extender una música muy fluida y acorde a lo que la composición va cantando. Es notable como el in crescendo se afianza hasta el final, mediando pausas, como contraste conceptual sonoro.
Grito de por medio saltamos a Any Colour you like [Cualquier color que quieras], lo que libera un poco la mente entre tanto arreglo en un mismo disco – palabra de Mason. Es el único tema donde Roger no metió las narices en la composición, con lo que las ideas fluirán entre las guitarras de David y los teclados de Rick. Pareciera decirnos que, frente a todo lo dicho anteriormente, uno puede elegir el color o matiz que más le calce, volviendo una vez más al concepto de la tapa. También es preciso destacar que para ser el cuarto instrumental (!) está muy bien manejado, sobre todo en el sentido de que ningún instrumento “destaque” por sobre el resto.
Todo esto nos da una gran entrada para Brain Damage [Daño cerebral], pieza clave para la cual hay que remontarse a la historia de Syd Barret. La lírica describe que “and if the band you’re in starts playing different tunes/ I’ll see you on the dark side of the moon” [y si la banda en la que estás empieza a tocar diferentes melodías –que era lo que pasaba con Syd - / te veré en el lado oscuro de la luna]. Esto es tenebroso, ya que si Syd se volvió loco, ¿es ese el lado oscuro de la luna? ¿hemos estado escuchando lo que es el lado “claro” de la luna y nos quieren acercar de a poco al lado oscuro?; ¿por qué es el “lado oscuro”? ¿porque es aquel que nadie quiere ver y la sociedad ignora? Tal vez la llamada ‘locura’ sea un estado superior a la media condición normal humana que jamás entenderemos y por ese mismo motivo no la podemos juzgar. La confusión se agranda cuando escuchamos a alguien que dice “No puedo pensar en nada para decir excepto… que creo que es maravillosa ja ja ja” [I can’t think anything to say except… I think it’s marvellous ja ja ja]. La atmósfera hecha por pocas notas en la guitarra de Gilmour ambienta muy bien y tiene una cierta remisión a ‘Dear Prudence’, de The Beatles – recordemos David es un devoto fan  de los cuatro de Liverpool.
Pero faltaba un tema para cerrar esta obra maestra, y Waters sacó Eclipse de la galera. Una canción armada a partir de varios teclados y una estructura similar en todos los versos. También, en orden de volver a empezar, hay una referencia a la letra de ‘Breathe (in the air)’. Es una gran pieza de cierre, porque va describiendo que todo lo que hagamos, digamos, tengamos, pensemos, actuemos está en sintonía bajo la misma línea, pero… ¿Qué pasa si todo eso está eclipsado? Significa que automáticamente todos pasamos a estar en el lado oscuro, y quienes estaban en ese otro lado, van a parar al lado claro o brillante. Será que en el fondo todos estamos locos, y a quienes discriminamos por estar locos tal vez la tengan mucho más clara que nosotros. Para hacer un cierre todavía más genial, se incluye la frase más increíble posible para la ocasión: de parte de Gerry O’Driscoll, el portero de los estudios Abbey Road, que dijo “No hay lado oscuro de la luna, realmente. De hecho, es toda oscura” [There’s no dark side of the moon, really. Matter of fact is all dark].
            Y es lo mejor que se podría haber selecto –quedó descartada la voz de Paul McCartney – porque rompe con todo lo anteriormente dicho en el disco, y aun así encaja. No hay un lado oscuro, todo es oscuro. Locos, normales, violentos, pacíficos, de izquierda, de derecha, todos dentro de la misma bolsa. Todos en un mundo loco sin escape. Por eso toda la banda canta a coro al final, mientras el corazón otra vez se hace presente para finalizar de una vez esta maravillosa placa.
Cerrando la tapa se continúa el espectro que pasa por un prisma invertido para volver a ser luz. Fue un lindo viaje por el lado oscuro de la luna…
Desde ya que el disco fue un absoluto éxito. Esto puede atribuirse a varias causas: por supuesto la genialidad de las composiciones; pero también creo por la unión entre los cuatro músicos a hacer un disco en conjunto –al revés de las composiciones de Atom Heart Mother -, un equilibrio muy logrado entre temas vocales e instrumentales; una tapa muy llamativa y eficaz, el increíble apoyo de la discográfica en el exterior (teniendo en cuenta la máquina chupasangre que es EMI Records); y porque la opinión pública lo declara como un gran disco para tener sexo. En números fríos: se ha mantenido 763 semanas en el ránking 200 de Billboard y ha vendido más de 50 millones de copias (imagínense si la música no se pudiera descargar). Como curiosidad final, quisiera mencionar el efecto “Dark Side of the Rainbow”, que consiste en poner el disco al mismo tiempo que la película “El Mago de Oz” (1939) y la música va ambientando lo que sucede y describiéndolo también (!) – aunque según los músicos esto no fue más que una coincidencia.
En fin, hemos tenido un viaje sonoro y mental de otras épocas pero inoxidable en el tiempo. Surcando la galaxia del hombre, Pink Floyd nos llevó por todos los rincones humanos relacionados con la vida, la muerte, los miedos, el día a día; demostrando que todo lo dicho y hecho de una forma u otra cierra en un gran y esplendoroso círculo… como la vida misma.




[1] Pido disculpas al lector que no soporta ver las traducciones pero no tengo porqué subestimar a aquellos que no saben inglés

Análisis de Discos V: Dark Side of the Moon [primera parte]


¿Por dónde se empieza a hablar de un disco del que ya se habló tanto? ¿Cómo evitar repetirse después de tanto palabrerío a lo largo de los años? Bueno, en principio sería correcto aclarar el porqué de este análisis de este disco en particular, que no es menor; y es porque –suenen bombos y platillos – se cumplieron 40 años de la salida de Dark Side of the Moon, de Pink Floyd. Esta gema, joya única del Rock Universal ha superado casi sin complejos las 4 décadas que le sucedieron y se mantiene inobjetablemente en vigencia – pero este último porqué lo veremos más adelante. Así que, al mismo estilo con el que abordamos ‘In Thought the Out Door’, de Led Zeppelin y ‘Vida’, de Sui Generis, nos abocamos al análisis de esta perla. Lo que sí, trataremos de darle un enfoque nuevo, un tanto más contemporáneo para no quedarnos atrapados en relojes sin sentido.
            Pero antes, situémonos sí en el contexto pasado para entender esto. En Historia general, Inglaterra ya venía con algún que otro problema. Ya durante Enero de 1972 había sucedido el trágico ‘Bloody Sunday’ [Domingo sangriento], donde un grupo de manifestantes que bogaban por los Derechos Civiles en Irlanda del Norte fueron atacados por las Fuerzas Armadas Británicas, dejando un saldo de 14 muertos y más de 30 heridos. En el medio, el primer ministro Edward Heath tuvo que vérselas con numerosas huelgas con numerosas huelgas de empresas estatales (puertos, ferrocarriles); sin embargo se vio beneficiado por la entrada  del Reino Unido a la Comunidad Económica Europea (CEE) y el voto de los ciudadanos de Irlanda del Norte a favor de pertenecer al R.U. en vez de sumarse a Irlanda (es curiosa la historia, ¿no?)
            Por otro lado, si bien 1973 es un año increíble para la música Rock, ‘DSotM’ daría el puntapié inicial para que esto sucediera. En los mismos 12 meses saldrían producciones tales como: ‘Quadrophenia’, de los Who; ‘Selling England by a pound’  [Vendiendo Inglaterra por una libra], de Genesis; ‘Band on the Run’ [Banda en el camino], de Paul McCartney and the Wings; ‘Goats Head Soup’ [Sopa de cabeza de cabra], de The Rolling Stones; ‘Tubular Bells’ [Campanas tubulares], de Mike Oldfield; y ‘Houses of the Holy’, de Led Zeppelin (que en mi opinión se quedaría un poquitín atrás); entre otros grandes discos.
            Ya el año pasado habían aparecido ‘Machine Head’ [Cabeza de máquina], de Deep Purple; ‘The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars’ [El ascenso y caída de Ziggy Stardust y las Arañas de Marte], David Bowie y ‘Exile on Main Street’ [Exilio en la calle central], de The Rolling Stones, entre otros. Con lo que el panorama general venía subiendo en globo, y Pink Floyd se iba a encargar de ponerle el moño.
            En tanto, la banda inglesa (conformada por David Gilmour en guitarras y voz; Roger Waters en bajo y voz; Richard Wright en teclados y voz; y Nick Mason en batería y percusión) también venía creciendo a grandes pasos. Ya estaban embarcados en la odisea de hacer música interpretado –exitosamente– por un ballet, dirigido por Roland Petit; y su aspiración musical lo había llevado tan alto que habían logrado que una sola canción ocupara toda una cara de su último Lp, ‘Meddle’. Esta canción, que mostraba sintéticamente a dónde apuntaba el conjunto, era ‘Echoes’. Admitido por el propio Gilmour, la misma sumaba todos los arreglos musicales y vocales que querían, sin reparar necesariamente en cuánto duraba el tema o si era apropiado para la radio o no. La misma después sería filmada en la película ‘Pink Floyd at Pompeii’, en vivo en el anfiteatro bajo el Vesubio, dirigido por Adrian Maben.  Floyd ya tenía guardado un cierto respeto y una cierta fama que podían usar sin tener que preocuparse demasiado por las ventas.
            A su vez, se dedicaron a realizar otro Lp –tal vez un poco relegado – denominado ‘Obscured by clouds’. La misma pieza es una banda sonora de la película francesa ‘La Vallée’ [El valle], de Berbet Schroeder (con quien la banda ya había cooperado con la banda de sonido de ‘More’). Esta placa, aunque parezca menor, terminó ejecutando un extraño doble efecto: por un lado, los críticos se las ensañaron con el álbum y los músicos –a tal punto que los propios compositores lo terminaron mirando medio mal –, en cambio el público lo compró de todas formas. Ninguna de las 2 cosas terminaron de caer bien en la banda. En entrevistas a la prensa, David Gilmour se lamentaría comentando que la audiencia a veces está ciega, e igual aplauden un buen que un mal concierto, o compran un buen o un mal disco, impresionados por la fama del grupo, sin análisis crítico, pensando que por ser ellos no pueden hacer nada malo y todo tiene que ser mejor que lo anterior. Esto, aunque parezca colgado, tendrá un importante efecto a futuro. Porque desnudo –quizá por primera vez totalmente – los miedos y las preocupaciones por parte de los artistas. Entretanto, las continuas giras alrededor del mundo seguían, y cualquiera podía sentir el cansancio, la exigencia, las presiones.
            Es entonces que esta combinación de factores se sumaría. Entre la maldición de satisfacer al público, seguir los estatutos del sistema, el panorama nacional e internacional, su situación personal, y el ambiente musical que se desarrollaba iba a re-guiar las ambiciones de los cuatro. Quiero agregar que, frente a lo que vendría, estuvo muy presente la capacidad de Pink Floyd de adaptarse a los tiempos musicales que tenían delante (ya fuera la psicodelia de fines de los ’60; el rock progresivo de los ’70; o el rock/pop de fines de los ’70 y principios de los ’80), porque supieron dar a tiempo el salto necesario hacia una nueva música, sin dejar atrás la que habían hecho, ligados a su último hijo. De aquí en más la historia es conocida: reunidos en la casa de Nick Mason, Roger Waters tomó un anotador y escribió todas aquellas cosas a las que les tenían miedo o estresaban: la muerte, el paso del tiempo, la locura, la necesidad del dinero; para luego desarrollarlas… El resultado haría historia.
Es preciso destacar que, dentro de todo, el año previo a la edición del disco (1972), sucederían bastantes cosas que condicionaron o se relacionaron con el álbum en forma indirecta. Es notable que, pese a anotar las cosas del sistema que le molestaban, todos los Floyd estaban bien en relaciones familiares. Y también que, más allá del mensaje que luego se desarrollaría, Waters más tarde haya declarado que la idea con Dark Side era que se volvieran “ricos y famosos”.
            Pero yendo a lo que atañe directamente; los muchachos lo desarrollarían durante todo 1972, en formato vivo. Es así también que durante este año, más copias piratas para de Pink Floyd hubo. Con lo que es comprensible que si tuvo un buen aceptación en vivo, lo tuviera en formato estudio –podría no haber pasado pero en este caso claramente influyó. La gira durante la cual a priori se presentó fue “Dark Side of the Moon, a piece of assorted lunatics” [El lado oscuro de la Luna, una pieza de variados lunáticos], aunque también varió con el título “Eclipse” –con el que originalmente se iba a llamar el álbum. Curiosamente, al momento de presentarlo a la prensa (Febrero del ’72) a estos no les fue muy novedoso y rápidamente se aburrieron (a veces la distancia entre un periodista de Rock y un músico es tan grande como decir y hacer); algo de lo que se arrepentirían más tarde.
Párrafo aparte, es importantísimo rescatar aquí la cuasi fantasmal presencia de Syd Barret. Nacido Roger Keith Barret, el oriundo de Cambridge había sido el alma y principal compositor, amparado bajo esa gran aura que tenía, según todos los que lo conocieron. Pero esto fue hasta Abril del ’68, cuando un estado mental y de salud general deteriorado comenzó a recabar profundamente en él. Recitales donde estaba totalmente ido y colgado, comportándose extrañamente, y rodeado de gente –no sus compañeros de banda – que le suministraban droga constantemente –sobre todo LSD –, tal vez esperando que por ella al genio le saliera alguna genialidad. Sucedió todo lo contrario. A la larga no sólo Barret se fue, sino que sus 2 álbumes ‘The Madcap laughts’ y ‘Barret’ (en los que colaboraron Roger y Rick) fueron muy criticados… En el Rock hay muchas injusticias, pero como esta, muy pocas.
Volviendo, pasemos de una buena vez al disco. Este, como todos sabemos, se llama “Dark Side of the Moon” ó “El lado oscuro de la Luna”. Pero, ¿qué es el lado oscuro de la luna? ¿Es una contradicción? ¿Es una metáfora? Pensemos en la luna: ese único punto claro en la oscuridad de la noche, esa redonda belleza retratada tantas veces en canciones, poesías y pinturas. Ahora, teniendo en cuenta que el álbum tiene un tinte muy humanista, transfigurémonos nosotros mismos en la luna. Nosotros, rodeados de oscuridad, en un mundo que no te comprende, que no te entiende, que impone reglas, que te hace creer que estás solo. Entonces, si somos nosotros los únicos que brillamos o somos diferentes en este mundo indiferente; significa que, por más que lo evitemos, también tenemos un lado oscuro.
O también podría verse así si en el medio de la oscuridad es el sistema el que aparece como único faro, ofreciéndote vida fácil y felicidad (artificial) en el medio de la rutina diaria, es lógico pensar que tiene un lado oscuro… como finalmente se verá.
(Quisiera agregar como dato de color que este título ya lo había usado otra banda en un álbum , pero al ser un fracaso comercial, se pudo volver a usar sin problemas).
Frente a nosotros, la tapa. Esta corresponde a una gran obra de Storm Thorgerson, trabajador de la mítica firma ‘Hipgnosis’. Para la misma, había tomado consejo del propio Wright que le había dicho de necesitar algo “simple y gráfico”; con lo que se abocó a la tarea concluyendo en siete trabajos, entre los que se encontraban una imagen de ‘Silver Surfer’ [El Surfista Plateado] y la que finalmente quedó (él mismo no recuerda las otras variantes).
Esta idea surge de varios lados: en un principio, el histórico y clásico juego de luces en vivo de Pink Floyd, el cual era cada vez más avanzado. Por otro lado, otra idea que venía trabajando Storm para otro disco, donde proyectaba planetas. Para cerrarla, se fue personalmente a El Cairo, Egipto, a tomar fotos de las pirámides que según él eran una visión cósmica del planeta, pero también una demostración de soberbia, demostración de poder y vanidad. Las fotos aparecen con la luna llena, en una clara referencia a la tapa (lo que logró tras sobornar a los de seguridad).
Aun así, es muy interesante ver cómo incluso en el prisma se puede jugar con la metáfora conceptual del disco. Es el prisma, aquello oscuro pero perfecto a la vista, lo que nos puede desnudar en mil colores distintos, dejando entrever que todo lo que es o se forma de luz, contiene matices. Tal vez el propio disco es el prisma, el que viene a mostrar que aquello que parece perfecto, en realidad está compuesto de mierda. El sistema es así y muchas veces nuestra vida es así. Muchas veces una cosa transforma a la otra para que sea así. Finalmente ese rayo de luz clara es algo más, mucho más de lo que parece.
            Aunque también, no tomando el lado negativo, sea ver un poco más allá de nuestras vidas y ver qué colores la componen. Total, como también muestra el dibujo, no hay en sí blancos o negros –que es la ausencia de luz – sino sencillamente una gama de tonos a respetar, ver y disfrutar. Depende qué cara se mire.
Desde ya que el efecto en la banda fue inmediato. En el estudio 3 de Abbey Road, el diseñador se los presentó al resto de los muchachos que, sin reparar en las demás, se lanzaron contra ella. Vanos e inútiles fueron los intentos del pobre Storm para hacer que vieran el resto, el prisma sencillamente los fascinó; incluso se limitaron a contestar “No nos vamos a fijar, nos tenemos que ir a hacer un disco”. Es que sí, cualquiera que quiera una tapa y no salir en ella, sea el disco que sea, la elegiría. A simple vista es hermosa, cómo algo tan pequeño y simple como un prisma puede hacer ver algo tan bello; juntando luz, oscuridad, y colores al mismo tiempo; mezclando la oscuridad del lado y la claridad de la luna. Waters se encargaría más tarde de hacer seguir el espectro en el interior de dicha placa, con el verde funcionando a ‘beat’ de corazón, en un adelanto de lo que vendría.

lunes, 11 de marzo de 2013

Immigrant Song

Este es un post que adeudo hace bastante tiempo. Se iba a hacer en diversas ocasiones: durante la toma del Parque Indoamericano; un día que me sucedieron una serie de cosas con extranjeros de todo tipo; pero que por diversas razones no salieron. Pero ahora, con la imagen que ustedes ven arriba, este post revivió. Es que sí, un tema como este no podía quedar afuera.
 Más allá de la imagen, lo sorprendente fue ver los comentarios más racistas que lei en mi vida. Es increíble, ¿cómo es posible que al día de la fecha siga habiendo xenofobia? O sea, no basta con entender, que -como digo más abajo- un límite es un línea que trazaron unas pocas personas, pensando en dividirnos? Está todo bien con la independencia de los países y etcétera; pero ¿qué tiene que ver con la actitud o la forma de ser? Algunos están enojados con los chilenos por su posición respecto a Malvinas. Pero ¿son todos los chilenos así acaso? ¿Significa por eso que los debemos odiar? Yo estuve en Chile hace algunos años y me han tratado fantástico. Lo mismo cuando insultan a bolivianos, paraguayos o peruanos: ¿qué onda, qué carajo nos hicieron? ¿No es a esta altura algo muy estúpido criticar a alguien por su color de piel? ¿A vos te gustaría que te dijeran algo por tu color de piel? ¿Eso te define, te hace más leal, más puro o algo? No.
Otra cosa increíble de parte de la sociedad más derechista -cuándo no- es el argumento de que 'los extranjeros nos vienen a sacar trabajo'. Claro, y seguramente nosotros cuando vamos a buscar laburo afuera para aceitar relaciones internacionales, para profesionalizarse, para ampliar nuestro mundo también estamos sacando trabajo. Se quejan de que en nuestros hospitales se atienden gratis. Repregunto: ¿no somos un ejemplo para el mundo, entonces, si todos se pueden venir a atender gratis a nuestros hospitales? ¿Se imaginan a ustedes teniendo un accidente en el exterior y que les digan 'no, no te podemos atender porque sos extranjero'? No, nadie tiene tan poca humanidad...
Tal vez no estoy poniendo argumentos como acostumbro, pero me parece que al contestarse esas preguntas -asumo- el problema está resuelto. La personalidad y pensamiento no tiene que ver con dónde naciste (si bien la historia de tu país puede marcártelo, es cierto), pero en el fondo me he dado cuenta que todos somos un poco más parecido de lo que pensamos, tenemos problemas parecidos y aplicamos soluciones parecidas.

Yo en Facebook publiqué el siguiente comentario. Creo que queda bien para cerrar este tema e invitar a quienes crean que vivir a una frontera de distancia cambia radicalmente la forma de ser:
¿Alguien se puso a pensar un minuto que un límite es sencillamente una línea trazada que nada tiene que ver con cómo se comporta o es cada persona en el mundo? No es más que otra separación arbitraria para dividir. Es increíble que en pleno Siglo XXI sigan habiendo comentarios que califican a alguien por su color de piel o condición económica o social. Por otro lado, a mi no me agrada que en el exterior se reboten argentinos -como ha pasado en España más de una vez- o nos califiquen como 'sudacas de mierda', por lo tanto me parece un gesto Mucho más inteligente unir todos los pueblos que constantemente más quieren alejar. No somos muy distintos en el fondo, se lo ve claramente con un poco de contacto con los demás. Vamos che, ¿realmente vamos a putear a alguien sólo porque no vive en el mismo país?

lunes, 25 de febrero de 2013

La Vanguardia es Así XV

101) Mataron al gato y le echaron la culpa a la curiosidad
102) Este sitio y este autor se declaran en contra de la descarga vía Internet de música
103) El único problema de la democracia es que hace parecer que cualquier idiota tiene razón
104) Creer no es imponer
105) Respetar no es obedecer

jueves, 14 de febrero de 2013

As the wind I'm gonna see


You didn't let me, baby
You didn't let me
And neither did I

You didn't let me, baby
You didn't let me
And neither did I

Ok, I know time's no precise
Don't know what ta' think

As the wiiiiind I'm gonna see
As the wiiiiind I'm gonna see
As the wind
If I can love you

Oh, baby...

You didn't let me, baby
You didn't let me
And neither did I

You didn't let me, baby
You didn't let me
And neither did I (baby no...)

Ok, I know time's infinite
Don't know what ta' think
As the wiiiiind I'm gonna see
As the wiiiiind I'm gonna see
As the wind
If I can love you
(Yeah, I can love you)

Bueno, siguiendo la idea de "I wanna see you dance", he aquí el traslado de "Como el viento voy a ver". La idea vino de ayer, en el medio de la reunión es Costanera Norte, cuando la empezaron a tocar, y se me fue ocurriendo la traducción en el momento, quizá porque la canción en sí tiene un aire muy "Since I've been loving you". Algunas aclaraciones a la hora de leerla: Conectar la 'i' de 'wind' con la 'i' de 'I'm', para que calce la métrica. Y el inglés permite ciertas licencias en escritura/pronunciación, como el ejemplo del "ta'", que lo puse porque con el 'to' no sonaba bien. Mi humilde homenaje al Flaco en el post-cumpleaños.

jueves, 7 de febrero de 2013

Lies

Todos alguna vez mentimos. Y el que dice que no... miente (?) Mentir es algo que lamentablemente aprendemos a hacer desde muy chicos -quizá culpa de quienes nos crían-. "No, yo no fui", "No hice la tarea porque me olvidé", "Yo no lo rompí" son frases que más de uno de nosotros habrá dicho. Para cuidarnos a nosotros mismos y a nuestro pellejo, o para no herir los sentimientos de los demás, elegimos la mentira para zafar.
 Creo que si uno de chico (y me refiero a tener 6, 8 años) no tuviera esa "certeza" de que los adultos son algo así como lo más, seguramente se mentiría menos. Uno al creer que el adulto es perfecto -y por ende el modelo a seguir- y ver que te mandaste una cagada, piensa "Uy, les voy a mentir para que no vean que me mandé una macana y no me reten (si me reta el 'perfecto' entonces no tengo lugar en su mundo), seguro no se van a dar cuenta, ellos nunca mintieron". Pero los 'adultos' no son perfectos ni mucho menos, ya han dicho y hecho muchas más mentiras en su vida, y claramente sabían cuándo mentíamos. Si simulaban creernos, asumo que era para probar nuestra viveza.
 Para mentir hay que ser o muy valiente, o muy, muy estúpido. Y en el 99% de los casos es por la segunda opción. La mecánica de la mentira es algo curioso: porque no se trata sólo de mentir o dar falsa información acerca de algo, sino modificar las circunstancias que lo rodean para que encajen con nuestro relato. El tema es que quien se atreva a indagar un poquito más allá puntualizando en cada detalle a la larga seguramente terminará descubriendo algo que no cierra. Conclusión, una de dos: o no nos damos cuenta cuándo nos mienten, o nos mienten más seguido de lo que pensamos.
 Quisiera mencionar, que mentir y ocultar información no son lo mismo. Mentir, por definición, es expresar información falsa, inducir algo contrario de lo que se sabe. Ocultar es directamente no decir, con lo que no puede haber mentira. No digo que esté bien ninguna de las 2, pero no confundamos.
 Por último, quisiera decir que uno puede mentir a mucha gente, a todos los que quiera, pero aquel que se miente a sí mismo está en la lona.Yo soy una persona que ha mentido mucho, más de lo que hubiera deseado. Pero hacerse la falsa ilusión de que las cosas son de una manera cuando en el fondo se sabe que son de otra es un error fatal. No solo porque "obliga" a actuar de forma diferente a como se debería, sino que constituye una pérdida de tiempo irrecuperable. Por eso rompo tanto las pelotas con conocerse a uno mismo. Asumo que si alguien conoce su modo de accionar, encontrará la manera más veloz de solucionar las cosas; y en caso de no hallarla, lo mejor que se puede hacer es hablarlo con alguien. Sacrificar el orgullo por una solución no me parece, es la decisión más inteligente que se puede tomar al respecto. Y a quien haga lo contrario, déjeme decirle que está cometiendo una gran estupidez.
 En fin, lo que nos queda después de todo esto no es más que decir la verdad, la mentira ya es prácticamente innecesaria. Total, como dijo el poeta, nunca es triste (Sabina) la verdad.

jueves, 17 de enero de 2013

Mensajes del alma III

Una mano con tres dedos. Una guitarra y un bajo conectados a un par de amplificadores, una batería ajustada, ningún sospechoso en la sala: eso basta para tomar contacto con Manal, arder por adentro y orbitar alrededor de nosotros. En los estudios TNT, escuchamos con atención.
"No miro el techo para ver más que yeso/ y la ventana sirve para mirar/ un edificio con gente que desayuna, se peina y fuma/ en la rutina de continuar".
Llevan varias horas de grabación y varios registros del mismo tema que ninguno de los tres se anima a descartar. Alejandro regraba Informe de un día con el bajo distorsionado; logra un timbre distinto, realmente embriagador. A quienes lo recuerdan de sus primeras épocas, cuando integraba Los Seasons, les parece que sea imposible que sea el mismo que está condimentando Avellaneda Blues. Ahora su técnica parece más que suficiente.
Su tempo, muy sólido.
Pero Javier vuelve a aullar en los parlantes: "Y yo estoy aquí tan tranquilo/ revuelvo mi pelo me miro los pies/  Ellos están ahí/ no sé cómo los puedo ver sin mirar". La primera voz del trío se tironea el bigote y apronta a disparar Jugo de tomate frío con su voz negra, intensa. Mientras la nueva horneada de bateros se enrola en la nueva línea soul fluida (vía Estados Unidos o Inglaterra), él insiste en explorar los recursos inéditos del bombo, marca el beat en el redoblante, contragolpea con mucha frecuencia en los tontones. 
Preciso, con una mano izquierda muy libre subraya los reef, imprime en su golpeteo un swing propio del jazz. 
Luego, cuando el play-back de Avenida Rivadavia destaca la labor de Claudio, se notan las direcciones de su guitarra virtuosa: jazzística ortodoxa, bluseada no excesivamente rigurosa. En ambos casos, solvente cien por cien.
Adentro de la cabina, unos cuantos -técnicos y amigos- gozan por las caras iluminadas: ahí, en ese blues urbano, pariente del de Chicago, está el verdadero estilo de Manal. Una casa con diez pinos brota luego:una canción lenta pero recia. Todo el día me pregunto: el blues más blues del LP. 
De regreso, pienso en la depuración del conjunto, en el espectro de ritmos que abarca -del hard-rock al soul, del beat más rabioso al blues más sentimental-, en sus fraseos delirantes y exactos, en acordes dolientes pero vitales. Y anoto: spirituals porteños, el sonido de una generación que quiere crecer.

J.C. Kreimer

Texto ubicado en el interior del primer Lp de Manal, "Manal"

lunes, 14 de enero de 2013

In my Time of Dying


Más de una vez, todos, nos hemos puesto a pensar en la Muerte. La Parca, la Calva, la Vecchia Signora. Es inevitable, todos en algún momento nos ponemos a pensar en el momento en que llegará. Cómo, cuándo, dónde, en qué circunstancia, quién nos va a llorar...
 Algunos zarpados hemos llegado a imaginar qué canciones quisiéramos que sonaran al momento de la despedida: yo quisiera que, mientras transportan mi ataúd -no me cremen ni en pedo- sonara 'Canción para mi Muerte', de Sui Generis, seguida de 'Desconfío de la Vida', de Pappo's Blues, onda de pegarles a todos un bajón bárbaro, de tal forma que todos alcancen su punto más hondo de tristeza. Y a continuación, mientras el jonca baja comenzaría lo que yo considero la mejor canción de la historia del Rock: 'Stairway to Heaven', de Led Zeppelin*; cosa de decirles a todos que me voy a un lugar mejor. Como bis final, quisiera que sonara de fondo 'All you Need is Love', de Los Beatles, para recordarle a los que me quieren qué es lo importante y que nunca los voy a dejar. O sea: todo está pensado para que haya una depresión y al final una nueva pendiente, quizá en una sutil metáfora de la vida.
 Pero volviendo a donde estaba, no creo que hablar de la Muerte esté de más. Uno nunca termina enfoncándose en estos temas porque son tristes o no se mencionan, entonces queda qué hablar. Como considero que no hay que tenerle miedo, sino respeto, el hablar de la misma no es un gesto de timidez -por el hecho de atrevérsele- ni de arrogancia/canchereo, como aquella gente que juega todo el tiempo con el límite.
 Creo a la Muerte como el miedo final que mueve en última instancia todo lo que hacemos o no. Por ende, también la entiendo como la justificación a la hora de accionar por casi cualquier cosa. Es en ese sentido que aprovechar al máximo cada situación es imprescindible. Como ¿afortunadamente? no sabemos cuándo nos va a tocar, la condición es que hagamos lo más, en menos. Yo escribo esto porque el organismo me funciona y ninguna circunstancia atentó seriamente en mi contra. Más allá de que escribir sea una de mis pasiones también siento que tengo algo que transmitir y por eso, querido lector, si usted alguna vez abrió la cabeza, aprendió algo, o considera que algo cambió para bien leyendo mis escritos, entonces mi misión está cumplida.
 Para cerrar, quisiera decir que incluso la Muerte es superable. Al menos fuera del aspecto físico. Mozart, Beethoven, Marie Curie, San Martín, Einstein, Stephen Hawking, Janis Joplin, Cortázar, Gardel, Galeano son hombres y nombres que ya han superado a la Muerte (incluso aquellos que siguen vivos). Su obra y accionar es tan magnánimo que resultará casi imposible olvidarlos. Creo que es otro de los objetivos de la vida. Tratar de hacer las cosas tan bien en tu lugar que te autosuperes, y estar a pesar de haberse ido. A raíz de eso, apuntar a lo más alto, sin pisotear a nadie, puede ser uno de los caminos, o al menos es el que uso yo. Vamos, no tengo toda la vida.

*Quién sienta tener que discutir este punto, consultar directamente con el autor de esta entrada.

viernes, 4 de enero de 2013

No seas fanática

Vivimos en un mundo que está tan al revés, que hasta amar algo en demasía provoca daños. O mejor dicho, todo tiene un costado bueno y uno malo, lo que parece increíble es que hasta aquello que únicamente parece bueno, también puede ser perjudicial. Evidentemente, ningún extremo es bueno.
Todos acá tenemos una pasión (y sino buscate una). Algo de lo que estamos pendientes, sin la cual no podemos vivir: un equipo de fútbol, un instrumento, un libro, lo que sea. Ahora, lo feíto es cuando se defiende eso tan a rajatabla que no se tolera una opinión contraria. Pero no al punto de ser cabeza dura, sino al punto de ser violento. Pareciera que aceptar una opinión contraria es venderse al enemigo, sin la posibilidad de redención ó perdón.
Yo no considero un verdadero fanático a aquel que le gusta absolutamente todo de algo/alguien más allá de que esté bien o mal. Al contrario, creo que aquel que puede darse cuenta o tener cierto criterio para decir "esto no me gusta, pero aun así lo banco" tiene más valor como fan. No considero ni llamaría "traidor" a esa persona que tiene los huevos como para decir que tal cosa de su ídolo no le cayó bien. 
Yo no estoy (ni estaba) de acuerdo con que Charly se drogara, ni cuando se tiró del 9°B, ni cuando visitó a Menem; y aún así lo sigo yendo a ver. Pero, justamente, un ídolo no es aquel que hace todo lo que uno quiere, le gusta y no puede. Un ídolo es un ser humano como cualquier otra persona, y no tiene por qué siempre hacer lo que uno quiera.
Volviendo al tema, la cuestión es bajar un poco los humos. Evidentemente, la pasión lleva a la irracionalización, y es una cagada. El ejemplo que se me viene a la cabeza es el descenso de River a la B. Flaco, entiendo que te debe agarrar una bronca que no te entra, pero ¿era necesario romper la cancha? ¿No era mejor -digo- derramar lágrimas de vergüenza y orgullo, llorar con tus compañeros para bancarse mutuamente, a romper el estadio? ¿Con qué ayudás en eso? Es verdad, llorar no ayuda, pero no destruye.
Mi mamá suele decirme que no tiene ídolos porque "los ídolos tienen pies de barro", lo que me parece una frase de mierda. Para mi está bueno tener un modelo a seguir, más sobre todo si es alguien grosso - pero no ciegamente, claro está. No sé, a mi la idolatría por el Flaco Spinetta no se me cayó nunca.
Todo lo que puedo decir entonces es che, bancala con el fanatismo; nunca sabés cuándo tu ídolo puede hacer algo realmente feo, porque vas a quedar irremediablemente pegado a él. Y también porque odiar a otro sólo por no estar de acuerdo con vos puede afectar hasta donde no se sabe.
Para este año que está en pañales, espero que no ocurran tragedias de fanatismo en ningún ámbito. O disfrutar de un espectáculo va a ser cada vez más difícil.

lunes, 31 de diciembre de 2012

El último tren

Cuando pase
el último tren
yo me iré
muy lejos me iré
y no regresaré
nunca más al andén

Porque soy polvo
y donde termina la estación
Soy menos que oro
No valoro mi emoción

Cuando pase 
el último tren 
yo me iré 
por las colinas, detrás
por sobre el monte
encima del mar.
Caminaré hasta jamás
No podrán verme ya

Es que si no hay calor
no me valoro
Si no hay amor
ya nada logro

Cuando pase 
el último tren
y el mundo se acabe
me desvaneceré

Esta historia es un poco larga. Algo así como cuando yo tenía 8 años, insistía en que me regalaran una copia del disco "A mis niños de 30 años", de Miliki. No lo consiguieron y me regalaron una copia de un disco de María Elena Walsh. Este traía una canción llamada "Canción del último tranvía", y yo pensaba que era tristísimo, sólo por ser 'el último tranvía'. Hace poco refloté ese recuerdo y lo trasladé al tren, que para mi es una metáfora de la vida. Por eso también es triste, porque pensaba "¿Quién va a manejar 'el último tren'? ¿Quién se va a subir? ¿Quién se va a bajar? ¿A dónde va a ir?", y por eso, cuando pase "el último tren", me voy a desvanecer.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Necesitamos más acción

No es la tele, no es la computadora, no es la play-station lo que va a matar a mi generación. Es la paja. Flojera, fiaca, ganas de no hacer nada; llámenla como quieran, hasta que no podamos deshacernos de ella no avanzaremos realmente. Y no hay peor enemigo para deshacerse que el que se hace pasar por amigo. Es verdad que vagancia o pocas ganas de hacer las cosas hubo siempre, pero en esta época en particular, sinceramente asusta. Y no lo digo yo por ser la persona más responsable, (casi) todo lo contrario.
Pero lo peor de todo es que esto puede tener incumbencia en áreas no deseadas o directamente no pensadas. La educación, sumada a las naturales pocas ganas de estudiar y a las infinitas falencias del sistema educativo, se nos ve afectada gravemente (muy fácil de comprobar en nuestra notas). El trabajo, por ineficacia. Incluso las salidas. Yo no puedo creer que haya gente que no se junte con otra sólo por paja. Ese punto me resulta directamente estúpido. Para colmo, estamos dentro de una enorme industria del entretenimiento que nos ofrece la distracción por todos lados (con la compu e Internet a la cabeza).
Mi viejo sostiene una teoría -muy convencido- de que gran parte de la culpa la tiene Facebook, porque en el intento de concretar un encuentro, la red social nos permite acercarnos mucho, pero claramente no se equipara con encontrarse alguien cara a cara. Es verdad por otro lado que se pueden arreglar fiestas y reuniones por FB, pero la imposibilidad de comprobar si el otro lo vio o no permite mentir del otro lado con grandeza.
También quisiera completar esa teoría diciendo que no nos movemos, entre otras cosas, por falta de ideología. La ausencia de "algo" concreto por lo que moverse hace que falten motivos a la hora de querer hacer algo. Si bien no siempre hace falta moverse exclusivamente por algo -y de hecho lo espontáneo suele salir bien-,siempre es bueno tener una causa para acaparar más gente.
En fin, todo lo que puedo decir es que tratemos de movernos lo más posible. Encontrar algo que nos anime, que nos saque de la resaca mental, que nos movilice por sentimiento. Siempre pienso que si usara los minutos que ocupo en FB para el piano, probablemente me iría mejor. Al fin y al cabo, es una cuestión de ir de a poco, con pequeñas acciones. Vale la pena intentar.

lunes, 17 de diciembre de 2012

"Por favor, yo te prometo te escribiré..." VI

"Hace ocho años que vivo en Cromañón. Ocho años de tristeza e incertidumbre. Han tratado de criminalizar a mi persona desde el poder y los medios. Me han juzgado, salvo en el juicio, con el diario de Lunes. Siempre estoy buscando situaciones o sensaciones que me hagan sentir bien y siempre vuelven a mi mente y a mi alma los recuerdos de aquella noche.

Todo se disfruta o se llora a medias porque me han apuntado con el dedo inquisidor y nunca se me trató como sobreviviente o víctima de lo que pasó. No pude hacer mi duelo porque tuve que tener la guardia en alto durante todos estos años. El dolor extra es el de haber confiado sin firmar un contrato y verme estafado y luego usado como un 'perejil'.

Esa noche fuimos a actuar sin conocimiento alguno sobre las transformaciones que hicieron de este lugar una trampa mortal para quienes más amamos: nuestras familias y nuestros seguidores; e incluso nosotros mismos.

Sigo teniendo Esperanza... Esperanza en que la Justicia en este nueva instancia revea el caso y desde la verdad - realidad histórica, espero recuperar mis ansias de vivir y ser feliz.

Cromañón no sólo me arrancó la juventud, también me enajenó al punto de pensar que la vida no vale la pena. Por eso es que busco siempre estar fuerte ante todo. Por eso es que trato de creer en la Justicia de mi país. País al que amo por sobre todas las cosas."

Patricio "Pato" Santos Fontanet

Carta pública de su autoría publicada en su sitio web

lunes, 10 de diciembre de 2012

Say No More III


El Luna Park está lleno, está que explota. No cesan los cantos que piden por García, y la verdad es que tenemos razón, estamos ansiosos y llevamos cerca de media hora de espera. Sabemos que, si bien Charly se va a estar presentando gratis próximamente el 9 de Diciembre, en esta ocasión está cerrando la gira donde presenta 60 x 60, su última producción, donde reúne en vivo 3 discos repasando toda su carrera en vivo.
Se apagan las luces, la emoción crece. Comienza a proyectarse en la pantalla una parte de la serie The Twilight Zone (nada que ver con Crepúsculo), una famosa serie de ciencia ficción y terror –conocida aquí como “La Dimensión Desconocida”-, proyectada entre los años ’50 y ’60, creada por Rod Serling, para los interesados. Pero en eso se va a basar el resto del recital, y el Maestro Say No More se va a encargar de dejárnoslo en claro.
A continuación, un histórico diálogo entre Charly y Marilyn Manson, donde este no deja de comentarle que los discos que el propio Charly le mandó están buenísimos, le gustaron mucho. Y una épica parte donde un periodista, encargados de conectar a estas 2 estrellas del rock le regala un reloj con un Cristo y Manson pregunta: “¿Este es Charly García?” La tribuna explota en aplausos y sale Charly García a escena, ya mismo interpretando una versión instrumental de Tango en segunda, un viejo tema de Sui Generis; que se conecta directamente con El Amor espera, cantado ya desde la segunda estrofa, como acostumbra.

No se hace esperar y saluda: “Buenas noches. Hoy vamos a entrar a la 4ªDimensión, la ‘Dimensión desconocida’”. La intriga crece, pero el máster nos señala que vino pensando en el concepto del recital desde antes de venir, y que vamos a iniciar un viaje. En realidad, el viaje ya había empezado, no nos habíamos dado cuenta. Sin perder tiempo continúa Rezo por vos, cantado a viva voz, para Cerati, para el Flaco, para Mercedes, para quien usted quiera. A continuación Promesas sobre el bidet, y aquí se empieza a ver la entrada de la orquesta dirigida por Alejandro Terán que va tomando forma, ya que el solo de la canción lo interpreta… el xilofonista. Gran cambio si lo hay.
Saltamos a otro clásico, Pasajera en Trance, donde se luce la (muy) bella Rosario Ortega, corista hija de Palito que acompaña a Charly, la que se ve claramente que ya se ha adaptado a la maquinaria de los recitales de este gira. Dos temas del disco ‘Influencia’ lo continúan: ‘I’m not in love’ y ‘Tu Vicio’, donde nuestro pianista se encarga de aclararnos que un vicio que es más que una droga, es la historia de una pareja que la pasa mal y uno sencillamente no puede dejar al otro. Y la pregunta es ¿porqué no me podés dejar? Al final soy solamente un vicio más. Es fuerte ver cómo las canciones de García se re-significan de muchas maneras. Nos retrasamos unos discos y cantamos a viva voz ‘Nos siguen pegando abajo’.

Vamos a pasar a presentar a otro integrante de la dimensión desconocida: el señor… ¡¡Nito Mestre!! La gente grita de incredulidad (tengo al lado mío a una chica que por poco se pone a llorar) y –contrariamente a lo que muchos pensábamos- arranca ‘El día que apagaron la luz’. Se nota que ninguno de los 2 se cree la estrella, se van repartiendo las partes vocalizadas. Nito canta como siempre, o sea, increíblemente bien. Le sigue ‘Instituciones’, y es aquí donde se sigue notando el efecto orquesta-electrónica: el efecto de tanto instrumento le dan inicios extravagantes a las canciones, pero una vez reconocida la melodía, no parás. Nito se va y  nos deja esperanzados para una futura vuelta para otra canción. Es verdad, Sui Generis no se reunió en 2010 como se decía que iba a pasar, pero estas 2 canciones bastaron para generar una alegría fulgurante.
Una canción de una época donde no había Dvd’s, sino… Ojos de video-tape. Suena este clásico y, como dice él, se cierra como sus discos –de vinilo-, apagandose…
Tanto pantalla como escenografía complementan muy bien. Hay por lo menos 3 sillones antiguos, 1 maniquí y medio (roto), una heladerita (!) y un reloj antiguo. Las pantallas a los costados van proyectando a los músicos en blanco y negro, en un claro efecto de hacerlos pertenecer a esta zona. Se capta la idea de la serie, estamos todos en esta otra dimensión. También así García se encarga de aclarar que en la 4ª, hay una puerta en el medio del campo, donde sólo pasa un tren que lleva hasta Anhedonia. Suena otro clásico con aire de tango en Canción de 2 x 3 y el acordeón se lleva una parte importante de la pieza. Evidentemente la orquesta no es decoración, ni un poco.
Charly se pone a recordar los años 60 y en eso reflexiona “uno que ya ha roto tantas cosas, tantas guitarras e instrumentos sobre el escenario, al final se termina destruyendo a uno mismo también, pero… ¿por cuánto tiempo se puede destruir uno a uno mismo?”. Es un genio. Es un genio, no se puede sacar otra conclusión. En una frase te dejó pensando, reflexionando, te atravesó. Es una frase pero es un disparo, y te dejó roto en mil y un partes. A uno le agarra que no quiere que la próxima canción empiece para poder pensar un ratito más. Pero no coreábamos en la previa por nada, así que marcha ‘Asesíname’, con el viejo video-clip de corte, en conjunto con Celeste Cid, reproducido en la pantalla. Termina la primera parte.

Nos descubre la voz en off de Graciela Borges, reproduciendo frases famosas de las canciones de Charly a medida que van pasando imágenes con fondo musical de Pubis Angelical. Vuelve el cantautor con toda su orquesta y comienza una segunda parte más rockera. Y en principio, aparece guitarra en mano para interpretar ese curioso cover de Television en castellano “Cayendo en brazos de la Venus de Milo”, contando cómo la historia retrata a un chico que va caminando por las calles de Broadway, mientras que sus amigos le preguntan si está bien o mal, y el protagonista contesta con el título. No mucha gente se la sabe, así que nos dedicamos a escuchar.
Pero el repertorio García no se hace esperar y suena a todo volumen ‘Cerca de la Revolución’ cantada, saltada y festejada a grito pelado. En eso, Charly, que ya llevaba por lo menos 3 tazas tomadas –no sé de qué- se pide algo de la heladerita y Rosario le alcanza una latita de Coca. Es allí que suelta un “yo auspicio a Coca Cola”, que claramente es en tono de ironía, pero a más de uno le sonó polémico. Aun así, el maestro no se va a dejar llevar por las polémicas y Nostradamus García, que ya había adelantado bastante para esa hora, se desenvuelve con ‘Yendo de la cama al living’. En continuado –y sin estar fuera de programa- la banda, a pedido propio, interpreta el instrumental Despertar de mambo, con unos buenos arreglos de violín.
Lo que sigue, una perlita: ‘Marilyn, la Cenicienta y las Mujeres’, una excelente pieza de la segunda banda de Charly, La Máquina de Hacer Pájaros. Curioso, ya que es una obra que ni siquiera está incluida en ‘60 x 60’, pero aun así la llevó a cabo. Los que estuvimos ahí podemos considerarnos privilegiados, García hacía rato que no interpretaba una de La Máquina. Y como si fuera poco, se la lleva conectada a una versión instrumental de ‘Cinema Verité’.

Cada vez que me preguntan cuál es mi mejor disco, siempre contesto, por una cuestión de tecnicismos y época, ‘Clics modernos’” afirma antes de dar paso a una de las canciones quizá más infravaloradas del disco “Plateado sobre plateado (huellas en el mar)”. Y al revés de cómo hizo al principio, saltamos esta vez a ‘Influencia’, del disco homónimo antes mencionado.
A la hora de hacer este tema, me robé el espíritu de Miles Davis. Me llevó hasta su placard, lo abrí y vi que tenía 20 trajes verdes, todos exactamente uno igual al otro” y se despacha el maestro con este instrumental de Serú Girán. Es gracioso ver cómo va jugando con los 3 pianos que lo rodean, además de otro que se encontraba a un costado. “Bueno, yo decía que Los Dinosaurios iban a desaparecer… ¡y desaparecieron!” dice antes de salirse con este temazo, que cantamos a coro todos y cada uno de nosotros. La violinista se manda un solo espectacular y derechito nomás se conecta con una extraña versión de No toquen, como para volver a agarrar al Rock por las piernas. Y como cierre de esta segunda etapa, el tema más urbano de Charly, ‘Fanky’, donde todos nos soltamos y empezamos a bailar, sin parar.
Mr. Say No More se va de escena, junto con toda su orquesta, y el público –siempre insaciable-, reclama más y más, un último tema, un último tema. ‘Borombon bón/Borombon bón/esta es la banda/de Say No Mooooore’, ‘Olé, olé, olé, olé, Charlyyy, Charlyyy’ se escucha. Y escucharon.

La banda sale a escena por última vez. “Así como George Harrison en su momento trató de unir Oriente con Occidente tocando el sitar, yo traté de unir el Rock con el Tango en este disco”, así es como da paso a ‘Piano Bar’. La cual, una vez terminada, da paso a un final brillante, a toda orquesta, con ‘Eiti Leda’ (¡como si hicieran falta más clásicos!).
El show acaba. No hay nada más que decir. Nos queda una última imagen de Charly, tocando el piano, con una sonrisa, esa sonrisa mezcla de picardía, simpatía, alegría, tranquilidad por volver a estar en su espacio, con su gente, sus aplausos, sin un solo desperfecto. Lo saludamos a él y a toda su banda (el Negro García López en guitarra, el Zorrito Vön Quintiero en teclados, su banda The Prostitution en guitarra secundaria, bajo y batería, y la orquesta dirigida por Alejandro Terán) que coronaron un concierto magnífico y un genial cierre de gira. Desde el Luna Park, la dimensión desconocida, para la República Argentina, en un viaje espectacular, nada más que decir. Say No More.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Análisis de discos IV: Vida

Finalmente llegó. Ya había analizado algún disco de la carrera del Flaco, de Pappo y Led Zeppelin, faltaba aquel que fuera de otro de mis ídolos musicales: Charly García. Y celebrando que se cumplen 40 años de este disco en el mundo, decidí tirarme al análisis de este.


Contexto internacional
Empecemos por donde corresponde, el contexto. Y como en cualquier examen, corresponde ir de lo general a lo particular. Corría el año 1972, y el mundo, en su sana costumbre, no dejaba de autodestruirse. Había más de una dictadura a lo largo del mundo, ataques de grupos como el ETA, se desarrolla el famoso Bloody Sunday en Irlanda y continuaba la carrera espacial (o ‘Guerra de las Galaxias’) entre USA y la URSS.
A nivel Rock, varios clásicos desembarcaban en el mundo: ‘Machine Head’, de Deep Purple; ‘Transformers’, de Lou Reed; el simple ‘Pink Moon’, de Nick Drake; y 2 álbumes fundamentales: ‘The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars’, de David Bowie; y el recientemente remasterizado ‘Exile on Main Street’, de The Rolling Stones. Y por lo menos el año pasado ya habían saltado al mercado ‘RAM’, de Paul McCartney; ‘Aqualung’, de Jethro Tull; ‘Sticky Fingers’, de los mismos Stones; ‘Who’s Next’, de The Who; y ‘Meddle’, de Pink Floyd. O sea que desde afuera, la mano venía seria.
Contexto nacional
Por otro lado, en Argentina la mano no venía mucho mejor. Aún estaba Lanusse en el poder, con lo que el encierro, la persecución y la represión aún se podían sentir en el ambiente. En tanto, Montoneros y el E.R.P. seguían en lucha constante matando al Jefe del Segundo Cuerpo del Ejército Juan Carlos Sánchez, por ejemplo; el Ejército contestaba con la Massacre de Trelew. Para hacer más loca esta ensalada, Perón volvía al país de su exilio dando la candidatura de Cámpora, para luego volverse a ir. En definitiva, el país en su acostumbrada turbulencia, mucha muerte por todos lados.
El Rock Argentino, jamás ajeno a la situación –contrariamente a lo que sucede hoy en día -, se encargó muy bien de reflejar la misma, tanto intencionalmente como no. Se pondrían de manifiesto letras como “Pueblo Nuestro que estás en la Tierra”, de Pedro y Pablo; y “Sudamérica”, de Arcoíris. Comienzan a salir los primeros álbumes de las bandas derivadas de Almendra: Aquelarre (homónimo), Color Humano (homónimo), Pescado Rabioso (Desatomentándonos); y otros como ‘Vida y Vida de Sebastián’, de Vivencia. Vox Dei editaría otro clásico como ‘Jeremías Pies de plomo’; Piero sacaba ‘Coplas de mi país’ y Pappo volvería de Inglaterra para grabar el increíble ‘Pappo’s Blues Vol. 2’. Otra cosa rescatable estaba en el arte de tapas como el de ‘Descarga’, de Tótem; o ‘Rock de las Heridas’, de Piel de Pueblo. Para colmo, ese año moría Tanguito arrollado por un tren y se llevaba a cabo el famoso “Rompan todo”, de La Pesada del Rock and Roll en el Luna Park, aunque este último punto está sujeto a discusión. Pero sin lugar a dudas la violencia estaba en el ambiente y el Rock no iba a estar dispuesto a quedarse afuera, sino a dar batalla.
Sui Generis
La vida de Charly García no era ni un poco ajeno a esto. Sui Generis la venía remando por lo menos desde 1968 tratando de sacar algún lugar en teatritos y colegios. Pero como la cosa no marchaba, muchos de ellos (Juan Bellia, Carlos Piégari, Alejandro Correa y Beto Rodríguez) fueron emigrando. La banda salida del colegio Dámaso Centeno, de Caballito; fusión de otras dos llamadas ‘To Walk Spanish’ y ‘The Century Indignation’ –bandas de Charly y Nito, respectivamente-, y cuyo nombre salió del nombre de una montaña, parecía encontrarse más muerta que viva. Entre otras cosas, porque una buena porción de padres (sobre todo la de Nito) se oponían a que sus hijos se dedicaran a la música, o mejor dicho, que ‘se caguen de hambre’. Aunque si faltaba algo más faltaba, llegó lo peor: a Charly le cayó la colimba.
Esto aceleró las cosas – para mal. Sui Generis pasó a ser un punto muerto, casi literalmente. Si bien finalmente García pudo zafarse después de 2 meses (y se vendría con una perlita bajo el brazo), encontró las cosas peor que como las dejó: el único que seguía en pie era Nito.
Tiempo más tarde, a causa de estar grande y tener que buscar lugar propio, potenciado por las peleas con su papá, Charly emigraría a un departamentito ya emparejado con María Rosa Yorio a quien había conocido gracias a las presentaciones en el teatro ABC. Es así que el pianista se va a buscar una oportunidad a las discográficas. Cabe y mucho aclarar que esto tampoco fue fácil: los directivos de estas empresas, asquerosos como siempre, le reclamaban poner determinadas canciones comerciales del otro lado del Lp, cosa a la que García se negaba terminantemente (llegó a salir llorando de una entrevista con Lalo Fransen, de RCA). Quisiéramos destacar también lo que simboliza esta situación: si bien hoy sabemos que el disco fue un éxito, en esa época poder adivinarlo era dificilísimo y probablemente nadie se lo imaginaba seriamente. Por eso plasmamos la venturosidad tanto de Charly como de Nito a la hora de decidir qué hacer con su trabajo. Ante la posibilidad de quedar pobres, la siguieron remando. Un ejemplo.
No va a ser entonces hasta que el gordo Pierre Bayona (más conocido como “Pierre, el vitricida”) los contacte con Jorge Álvarez (prócer no reconocido de nuestro Rock), dueño del sello Talent, anexo de Microfón, que ya había editado a más bandas. Álvarez en principio no se mostraba muy convencido pero Bayona conectó los cables justos. “El álbum se lo grabaron casi de lástima” llegó a declarar MRY. Con la participación de Alejandro Medina y Cludio Gabis (ambos ex – Manal y pertenecientes a La Pesada), el disco se grabó en los estudios Phonalex. E incluso allí mismo la pasaron un toque mal; Nito afirmaba que cantaba las canciones y al otro lado de la vidriera se le reían por su “rock blandito”.
En fin, todo este clima de violencia, inestabilidad, tensión y represión es para hacer notar cómo el grupo irrumpiría en el mundo dándole a su primer Long play un título tal como Vida. Esto da lugar a varias lecturas: mostrar cómo es y era la vida a partir de las canciones que contenía este LP; o en código de mensaje diciendo: Hermano, acá hay esperanza, acá hay vida. El marco de la tapa es de un color pardo bordó, un poco más oscura que la sangre. La foto central aparece con los chicos entre sombras, en blanco y negro, en una construcción de la calle Medrano. A su vez, en la contratapa, aparecen ellos entre edificios de la calle Vidt –donde vivía Charly – como si fueran ángeles o presencias (¿muertos después de vida?) pero sonriendo al fin.
Si tuviéramos que definir a este disco en una palabra sería “adolescente”. ‘Vida’ es un disco adolescente. Y no por falta de elaboración (todo lo contrario). Pero sí porque describe el mundo desde un punto de vista muy juvenil, casi en las palabras exactas que todo puberto quisiera escuchar. De hecho, en lo personal considero a Sui Generis como la banda que toda persona de entre 13 y 18 años debería escuchar. Y eso que Charly tenía 21 ya.
El disco toca muchos temas que florecen o se vuelven más palpables a esta edad: el amor, la amistad, la madurez, las relaciones humana, la mentira, la hipocresía, las decepciones, el desengaño. En una frase, todo lo que constituye la vida.
Todas las composiciones, exceptuando una coproducida, son de Charly García (que en ese momento firmaba como Charlie García). No sabemos si por paja o falta de inspiración de Nito; o porque el bicolor necesitaba expresarse a toda costa, pero lo cierto es que predomina la pluma y música del pianista. A partir de acá se hace evidente por qué el piano está tan armado y suena con ciertos matices clásicos (no olvidemos que con esa música se formó Carlitos). Pero vamos a lo importante: las canciones.
Las canciones
Es así que, como si quisiera tomarnos el pelo desde el principio, el grupo inaugura “Vida” con… ‘Canción para mi muerte’. Una pieza que se transformará en un clásico, que Charly había compuesto nada menos que durante su estadía en la colimba (la ‘perlita’ que antes mencionamos) después de haberse empastillado mal y haber tenido una visión de un ángel durante un segundo. Es allí donde relata toda su vida como si ya se supiera próximo a irse para siempre (sensación que seguramente experimentó). Quisiera resaltar la metáfora empleada para expresar el dejar morir de pie al protagonista a la hora de usar el “sólo me quiero arreglar”. Si se va a ir, al menos va a hacerlo bien. Para tener en cuenta.
A continuación, ‘Necesito’ donde los chicos reclaman por la presencia de alguien que tenga de todo un poco: envestida en forma de mujer, alguien con corazón de madre, ternura de abuela, energía de amante, amor de compañera. Que lo libere de sus problemas pero que lo haga reparar en mínimos detalles (¿allí donde la felicidad se encuentra?). Una figura idílica que es un poco deseo de todos, utopía difícil de encontrar.
Sigue con ‘Dime quién me lo robó’, que bien podría ser el resumen de un diario íntimo. El relato de la escuela primario – católica, el banco, el patio, el barrio, hasta que el protagonista se da cuenta que ha crecido y necesita llevar una vida a cabo. Es allí donde trata de encarar una relación con su amada y ésta, concretando el miedo de todo varón enamorado, lo rechaza. Pero luego nos daremos cuenta que estos no son sino recuerdos de alguien a quien todos esos deseos y esperanzas le fueron arrebatados. No encuentra salida ni cosa en la que confiar ni por dónde escapar, por lo que quiere saber quién se lo robó. Es muy ingeniosa la expresión porque no es que lo perdió ni se dejó estar, se lo robaron. ¿Quién? ¿La sociedad? ¿La gente? ¿O la ‘vida’?
Acá arranca una zona donde los muchachos dejan a un lado el costado tan personalista que venía teniendo el disco para empezar a contar historias. La primera mezcla un poco de ambos y es ‘Estación’, una simple historia de amor de verano narrada en tercera persona, acompañada por una hermosa flauta dulce; el tema más corto del disco. Mas de inmediato salta a algo que parece descolocado como ‘Toma dos blues’, un blues que le había pedido La Pesada a cambio de sus participaciones en el disco. A través de esto, García parecería estar contestando a una pregunta como “¿Querés un blues? Toma dos blues”. Con un letra simple (como el blues), donde el personaje parece estar –una vez al menos – más acompañado; para que luego todos los instrumentos [bajo, guitarra, batería, armónica e incluso el violín (!) de ) destaquen.
Pero si de historias vamos a hablar, nada como las dos que se vienen. La primera es ‘Natalio Ruiz, el hombrecito del sombrero gris’, el único tema co-escrito… con Carlos Piégari. La breve historia de un hombre de la Recoleta que ya no está más (¿desaparecido?), pero que sirve para describir a un típico personaje de la alcurnia porteña (cualquier similitud con la realidad contemporánea no es pura coincidencia). No hay que olvidar que García es un tipo que a pesar de vivir en Palermo le sobra calle y bien podría haber percibido a personajes como este.
Mejor salgamos del aburrimiento y pasemos a la segunda historia: ‘Mariel y el Capitán’. Una historia trágica, donde la envidia de las demás mujeres hacia Mariel logra matar el amor entre estos 2 personas cortando las cuerdas del ascensor del edificio donde vive el buen hombre. Bien emo la cosa.
Pasando a otra sub-parte del disco, entramos en mi favorita. Comienza con ‘Amigo, vuelve a casa pronto’, a mi gusto uno de los temas más trabajados. Tiene un aire a texto de carta enviado a alguien lejana, pero querido y anhelado, en una versión más realista de ‘Necesito’. Con solo mediante, la canción atraviesa un vuelco temporal y al regreso de la letra, aquel parece estar más cerca, dispuesto a atravesar con su hermano los tiempos turbulentos que se le aproximan (algo que a todos, todos nos debería pasar cuando nosotros o algún ser querido pase malos tragos).
A todo esto, pasamos a una sección acústica muy linda con “Quizás, por qué”. Una pieza que deslumbra por su sencillez, pero ahí es donde desembarca su genialidad. Ya sabemos que para que algo sea bueno no necesariamente tiene que ser complejo, y los Beatles se cansaron de demostrar esto. Aquí, el autor pone de manifiesto todos sus pensamientos frente a un sujeto amoroso, describiéndole todos sus defectos y debilidades, su pobreza y escasez humana, pero con una profundísima honestidad. Porque todo eso hace al espíritu de la canción: la humildad. Es una canción humilde, y es gracias a eso que el sujeto amoroso está hoy en su lecho.
Ya acercándonos al final, nos encontramos con un temazo: ‘Cuando comenzamos a nacer’. Una breve reseña de la vida de cualquiera. Describiendo cómo nos encierran, nos esconden, nos mienten, nos enseñan a tirar nuestros ideales abajo, nos denigran, nos discriminan. Todo para mantener un orden y canon social de mierda que no hace otra cosa que pudrir a quien esté inserto (y a quien no, también). Por eso Sui Generis lo plantea desde el primer disco, desde la primera frase. Todo es un continuado explicando claramente qué es lo que hace mucha gente y con ellos mismos. Una última interpretación categórica.
Como cierre, la breve interpretación de ‘Posludio’, una palabra que no existe pero claramente se opone a preludio. Un instrumental que sí existe, pero que lamentablemente pasa desapercibido. Lástima, vale la pena. Aparece como algo que marca el final de la vida, donde ya no queda voz, sino algo de él en el ambiente, que configura la salida final.
Conclusiones
Y también marca el final de todo. Acabás de pasar por algo más de media hora donde 2 pibitos, con una guitarra, un piano y una flautita te pintaron la vida. Es muy posible que te hayas sentido identificado. Bien, era la intención.
Al disco no se le puede recriminar mucho más. Tal vez suene un poco bajo, pero en su momento no importó para que la placa llegase a vender 80.000 copias y sonara todo el tiempo en la radio, llegando a hacer que los chicos aparecieran en el documental “Rock hasta que se ponga el Sol”, generando la envidia de más de un rockero “pesado”. En definitiva, un disco bello pero triste, simple pero disfrutable (un poco como The Beatles, si lo pensamos bien) para sumar otra joya a nuestra música nacional. Que sea Rock